Quiérete
que afuera abundan las buenas intenciones
los abrazos honestos y los besos cálidos
el cine, las quesadillas y los dulces gratis
la sonrisa de niños en el bus,
las margaritas, los girasoles,
las cobijas calientitas
y los caballeros que te ceden el asiento,
los ‘salud’ cuando estornudas,
los gracias en la fila del súper.
Y los chocolates kit kat inesperados,
y el agua de naranja
y las chamarras prestadas porque hace frío…
Y mirarte al espejo y sonreírle a tus espinillas,
a tus cejas extrañas
y a ese lunar en tu mejilla izquierda
qué crees que es lo único bonito
que Dios le puso a tu cara…
Y sonreírle a tus miedos.
A tu miedo de estar tan loca y tan sola,
de esperar por quien no viene
de hacer ruido para que alguien venga
de querer sanar pero no saber cómo…
de buscar tu paz y no encontrarla…
Rayar con coraje
y gritarle a la almohada con miedo
porque no sabes qué es lo que sientes
pero ya no quieres sentirlo.
Buscar donde no hay nada.
Encerrarte en el silencio.
No más lastima ni pena ajena.
El vacío dentro que no te explicas…
Quiérete que allá afuera hay algo…
Y no necesariamente el miedo…