La moda centenaria, con su organización dual de medida/confección, era una formación híbrida semiaristocrática y semidemocrática; al expurgar de su funcionamiento un polo claramente elitista y al universalizar el sistema de la producción en serie, el prêt-à-porter ha impulsado la dinámica democrática inaugurada de modo parcial en la fase anterior. Simultáneamente, la oposición creación original de lujo/reproducción industrial de masa, ha dejado de regir el funcionamiento del nuevo sistema. Cierto que cada temporada vemos aparecer las colecciones de vanguardia de los grandes creadores del prêt-à-porter, pero, por su parte, la moda industrial de masa ya no puede ser asimilada a la copia vulgar y degradada de los prototipos más cotizados. El prêt-à-porter difusión ha adquirido una relativa autonomía en relación con la innovación experimental: espiral de audacia y competencia por parte de los creadores y menor subordinación mimética por parte de la gran producción industrial, así se presenta la nueva situación de la moda. A medida que los industriales del prêt-à-porter han recurrido a los estilistas, que la fantasía, el deporte y el humor se han afirmado como valores dominantes, y que la moda ha dejado de excluir imperativamente cada año la corriente anterior, el vestido de gran serie ha ganado en calidad, en estética, en originalidad, aunque no haya comparación posible con las «locuras» dc las colecciones de los modistos y cercadores.









