El reloj no detiene su curso y entre más avanza menos tiempo nos queda.
El sol aparece y desaparece.
La luna se llena y se desvacía.
Las rosas florecen y se marchitan.
Aparecen los días nublados con mucho frío, luego el sol intenso con un calor abrazador, después la fuerte lluvia que borra todas nuestras penas y por último el viento que sopla fuertemente haciendo caer las hojas de los árboles quienes se mudan de ropa para un nuevo comienzo.
Los años nos han avanzado.
Una vuelta al sol, dos, tres, cuatro, cinco, seis... y así sucesivamente. Mientras que tú y yo seguimos en el mismo lugar, inertes, inmóviles, inactivos, viendo como pasa el tiempo frente a nuestros ojos sin poder detenerlo. Por eso te propongo lo siguiente:
¿Y si nos arriesgamos a amarnos?
¿Y si nos arriesgamos a tenernos uno al otro?
¿Y si nos arriesgamos a ser solo tú y yo?
¿Y si nos arriesgamos a unirnos y ser solo uno?
Nadie dijo que sería fácil, nadie dijo que sería color de rosa, nadie dijo que no tendríamos que enfrentar y vencer obstáculos.
Las decisiones más grandes se toman con miedo, con el riesgo de perder; pero mientras nos tengamos el uno al otro los miedos se disipan, los riesgos se convierten en grandes victorias y nuestro final feliz será haberlo hecho.