ayer una amiga me dijo eso de que le gustan los hijos de los otros por un rato, pero no el compromiso que implica ser padre. yo he pensado eso un montón de veces y por eso me he quedado con un nudo de ganas de decir lo que pienso ahora que soy mamá: no tiene nada que ver.
es verdad que nuestra única referencia cuando pensamos en ser padres es lo que hacemos o cómo nos lo pasamos al estar con otros bebes/niños pero la experiencia real, guau, eso es harina de otro costal.
como todas las vivencias íntimas y personales cada historia es distinta y la mía con Mia también. hoy me han dado ganas de compartirla.
Mia nació el 24 de diciembre del 2012, de una forma completamente opuesta a la que mi mente naif había imaginado y ahí de la forma más cruda, salvaje y real tuve mi primera lección de paternidad. La única forma de disfrutar de este asunto es dejarse llevar, dejarse sorprender, ser flexible y seguir la ruta de tu hijo. Normal, es su vida, que haces tu intentando planearle nada.
al principio fue duro duro para mí. Mezcla un ser-humano-cóctel-de-hormonas con un ser-humano-manojo-emociones-que-no-sabe-nada-ni-puede-aprender en una realidad completamente nueva que cambia de un día para otro (si si, nueve meses para prepararte, ja). Los recién nacidos son adorables, pero leerlos es muy difícil y no recibir ningún feedback de su parte lo hace todavía más.
el tiempo hace su labor y de pronto empiezas a entender de qué va el rollo, al mismo tiempo que esa criatura diminuta se va convirtiendo en un bebé que empieza a tener personalidad, que aprende cosas nuevas cada día, que cuando te mira despliega una sonrisa gigante que llena de felicidad tus agujeros más sombríos y cuyo peso llena tus brazos de un olor caliente y delicioso.
ser padre te saca de tu zona de confort tanto física como mentalmente, te hace más hábil, te hace más creativo, te hace más flexible, te desarrolla la empatía y la paciencia a machetazos y sobretodo te hace jodidamente feliz.
la guinda más rica y jugosita del pastel es descubrir en tu chico al padre más divertido, más paciente, más cariñoso... y encima lo hace sin apenas despeinarse.
"tot plegat" le deseo a todos mis amgos que algún día les llegue su san martín (y no es que os esté llamando cerdos ;))