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@thenewxage
Llyfr
[Evidentemente, también es atrasado]
Había despertado en la habitación más acogedora en la que había estado jamás. Era un tanto clásica, si, medieval incluso, pero el olor.. Las sabanas de seda, el fuego a tierra.
Alguien la había vestido y la había bañado, algunas cosas estaban borrosas en su mente, pero recordaba lo suficiente. No se había dado un baño en semanas, y curiosamente eso la preocupaba más que el saber dónde estaba. Había visto a Nik, por lo tanto Nik la había visto a ella, en consecuencia la había olido. Qué verguenza.
Tras deambular por unos diez minutos por aquellos infinitos pasadizos de lo que le parecía un castillo, topó con alguien que no era ni de fiar, ni de desconfianza. Pero le dijo que la estaban esperando, y si algo destacaba de Rhian Burgnam, era su curiosidad.
La llevaron hasta una enorme sala, divisando en cuanto se abrieron los portones una larga mesa de madera. Una cena, porque era de noche según parecía. Reconoció a Nicole, a Zane, a Kahlan... Y no conocía a la otra mujer.
-Rhian -Caireen se levantó -Por favor. Únete a nosotras. Debes de estar famédica.
Al ver a Rhian, Nicole tuvo el claro impulso de levantarse pero no había podido hacerlo por lo que le hizo una señal lamentando el no acercarse. Al igual que Rhian, y seguramente también las demás, estaba hambrienta. También se había duchado y lo había agradecido de buena gana. Su cabello, ahora suelto en una melena rojiza, caía ondulado por su espalda y olía a jazmín. Unos tejanos y un suéter que seguramente era dos tallas más grande que la suya era todo lo que tenía la cazadora. Eso, claro, sin contar con los tonos morados que tenía en una mejilla debido al golpe del ataque de Elanor; así como un corte profundo que había sido esterilizado pero que todavía era visible en la frente.
-Riri. -susurró a tiempo que sonreía. La había echado tanto de menos... y el tener tres costillas rotas y varios golpes y cortes por todo el cuerpo había valido la pena, porque ahora la volvía a tener a su lado.
Rhian correspondió a la sonrisa de Nicole arrugando el ceño, y aunque dubitativa se acercó a la mesa, sentándose dónde Caireen le indicaba. Junto a Kahlan. Tensó la mandíbula.
-¿Celebramos algo?
-Tu regreso, por supuesto -Caireen volvió a acomodarse, recogiendo su caliz con vino -¿Como te encuentras?
Zane miró de reojo a Nik, a Rhian y después se llevó el tenedor a la boca, tras haber pinchado de la carne en su plato.
Nicole notó la mirada de Zane con lo que respondió mirándola e imitando su gesto. Pero luego miró a Caireen. Aquella mujer, su forma de actuar... todo aquello le daba mal rollo a la cazadora. Sin embargo, no había dicho nada porque... ¿de qué serviría? Desde bien pequeña que había desconfiado mucho de los demás, y por eso le había costado -y todavía le costaba- tener un grupo de amigos amplio.
-¿Dónde estoy?
-Escocia -contestó Caireen -Supongo que no te sorprende, eres una bruja, sabes.. Que el espacio no es una limitación para nosotras.
-¿Y dónde estaba? -Rhian pasaba la mirada por la mesa, lo cierto es que si, estaba famédica, pero no quería probar bocado.
-Montana. Pero olvidemos eso, ahora estás lejos de Eleanor. A salvo.
-Deberías comer -sugirió Zane, aunque con cuidado -Te dará fuerzas.
Nicole buscó con la mirada a Rhian para invitarla a seguir el consejo de Zane. Comer le sentaría igual de bien que el baño y el descanso de los que ya había gozado horas antes.
-Sí, Rhian. -dijo con un tono suave.- Luego ya hablaremos de lo demás.. si quieres.
-¿Por qué no me haces la pregunta? -Rhian ignoró el consejo y miró a Caireen -Adelante.
La sacerdotisa frunció el ceño, y negó encogiéndose de hombros. La bruja sonrió, había tanto desprecio en su mirada. Era igual que Eleanor, era de los de la antigua religión, esa ropa, esas costumbres, maldición, estaba en un jodido castillo en escocia, como si tuviese que ser muy lista para sacar conclusiones.
-Quieres saber dónde tengo el Llyfr.
-Asumo... Que si has estado cautiva durante cuatro meses y sigues con vida es porque supiste ponerlo en lugar seguro y sabías no debías ceder a los interrogatorios.
-¿Sabes qué creo? Creo que ni a ti, ni a Eleanor ni a nadie le importan una mierda esas brujas. Las buscáis, las convencéis de que vuestro bando es el correcto y cefinite.
La cazadora sostuvo el tenedor y el cuchillo, uno en cada mano, a escasos milímetros de su plato. Los dejó en el aire mientras tragaba de forma lenta y miraba tanto a Rhian como a Caireen. Lo cierto era que ella misma se había preguntado porqué Caireen no le había preguntado a Rhian antes, pero lo había preferido de esta forma. O, almenos, hasta que Rhian sacó el tema a relucir. Rhian y ella habían vivido muchas cosas juntas en muy pocos meses, y coincidían en la mayoría de opiniones. Y esta no era diferente.
Por eso, Nicole miró a Zane y a Kahlan dándoles, así, una advertencia. Si Caireen preguntaba a la fuerza, se levantaba o hacía cualquier gesto que la cazadora no viera conveniente, la atacaría sin piedad. Por muy inmortal que fuera.
-¿A ti te parece esto un interrogatorio forzado? -Caireen señaló el banquete -Carne. Pan. Vino. Fruta.. ¿Es la clase de comportamiento que tuvieron en Montana contigo?
-Solo eres un pelo más dulce -ironizó Burgnam -El mal tiene muchas caras. Pero todas las caras tienen el mismo patrón, poder. Y tu no eres diferente -susurró aquello último, bajando la mirada y suspirando profundamente -Quiero irme.
-Puedes irte -aseguró Caireen -No eres una prisionera.
Zane cerró un instante los ojos. Entendía a Rhian, pero no podía seguir ocultando el libro. Nimue estaba directamente protegida por la diosa, era su enlace, la suma y suprema sacerdotisa de la luz, no habría lugar en el que el Llyfr estuviese más seguro que con ella.
-No todos somos como Eleanor, Rhian -aseguró la de ojos azules y grandotes -No queremos el libro. Lo que queremos, es que te liberes de la responsabilidad que conlleva.
-¿Ah si? -Rhian miró a Zane -Porque yo creo que Eleanor seguirá creyendo que yo tengo el libro, y si no lo tengo me matará. Para mi ahora es una cláusula de supervivencia, un plan B, C, D, y puedo seguir con todo el maldito abecedario.
Al igual que Zane, Nicole también entendía a Rhian pero hiciera lo que hiciera, nada terminaría bien. Podía darle el libro a Caireen, pero Caireen, tal y como ya había dicho Rhian, era como todos los demás. Viejos seres sedientos de poder. O podía dárselo a Zane, pero Zane no quería responsabilidad alguna. Y si lo mantenía para ella misma, Elanor vendría a por Rhian, y si Rhian estaba en la OCEU... Elanor las mataría a ambas, así como a todos los demás.
Mirase por donde lo mirase, la cazadora no le encontraba un buen final.
-Da igual quién sepa donde está el libro o quién lo tenga. Elanor irá a por todas nosotras. Primero caeremos Rhian y yo por razones obvias porque si esa zorra piensa que puede acercarse a alguien que quiero otra vez voy a ir a por ella y no será bonito, y entonces irá a por vosotras pero vosotras no podéis morir con lo que... bueno, es la misma cantinela de siempre. Los mortales perdemos y los inmortales os pasáis unos cuantos cuentos de años peleando entre vosotros.
Zane volvió a cerrar los ojos y dejó la servilleta sobre la mesa, levantándose al retirarse hacia atrás con la silla.
-Disculpadme.
Kahlan, que no había mediado palabra en toda la cena ni había opinado siguió a su madre con la mirada hasta que la vio salir de la sala, al balcón.
-El libro debe estar dónde estaba. Nimue, aunque sea una falta de respeto imperdonable decirlo, cometió un error al dártelo.
-Quería salvar a las brujas que servían a la luz -contratacó la rubia -Porque a Nimue parece importarle, por las razones que sea, que sigan estando de su bando.
Nicole observó como Zane y Kahlan se levantaban ambas de la mesa, y las siguió con la mirada hasta que las vio salir de la sala. Luego miró al suelo, avergonzada. Era obvio que Zane aborrecía la inmortalidad y su último comentario no había tenido tacto alguno, pero era la verdad. Los inmortales, a pesar de cargar con responsabilidades durante toda una eternidad, no morían y eran lo suficientemente poderosos como para modificar las cosas a su antojo. En cambio, Rhian y ella eran mortales, y los mortales siempre, SIEMPRE... salían perdiendo.
-Dejando de lado a Nimue y a Elanor, nosotras... -dijo señalando a la rubia y a ella misma- nos estábamos encargando de las brujas. Yo no... yo no quiero que tengan que escoger un bando. Yo quiero que esas brujas sean libres y que, si tienen curiosidad y quieren aprender, vengan a nosotras. Forzar a alguien; decirle que no hay tonos grises no hace más que enfadar a la gente, y no sirve de nada. Es algo que he aprendido por experiencia.
-No se trata de bandos -explicó la sacerdotisa -Vuestro Dios creó a los ángeles, nuestras diosas crearon a las brujas. La magia, la sintonía con la naturaleza, las criaturas que habéis visto hoy.. Son obra de una diosa que quizá haya sido olvidada con el avance de vuestra religión, pero sigue siendo importante, y omnipresente. Poderosa. Tan poderosa como para maldecir con la vida eterna a toda.. Una dinastía de brujas, magos y druidas. No os confundáis, vuestra magia no viene del cristianismo ni de vuestro dios, vuestra magia viene de la antigua religión y sin quererlo, el alma toma una decision. Luz, o oscuridad. Duna o Morrigan. Los actos de una bruja, como decide usar su don, determinan a quién sirven y para qué viven. Pero no es una decisión permanente, y todas las brujas que por sus hazañas han servido a la luz, podrían verse envueltas en las sombras y acabar atadas a la Morrigan.
Kahlan se apoyó en el borde del balcón, junto a su madre. Intentó callarse, pero tuvo que preguntar.
-¿Qué sucede?
-Pensaba en Thunder.
-Estará bien. El marido de Nik..
-No quiero que sea como yo. No quiero que... Viva para siempre.
-Desgraciadamente, eso no es algo que tu puedas cambiar.
Aquello, pensó Nicole, se parecía cada vez más a un partido de tennis. Nicole sabía que todo el discurso que les había dado Caireen hacía pocos segundos era cierto, porque lo era. Por lo que entonces miró a Rhian preguntándose si estaba bien para ella misma el preguntarse si Rhian debía de ser responsable de o bien darle el libro o revelárselo a Caireen, o no. ¿Podría Rhian soportarlo? ¿Qué haría? Lo cierto era que ni ella misma sabía qué era lo correcto. Después del batacazo que se dieron con Elanor, ¿quién les decía que Caireen no lo quería también por razones equivocadas?
-Sé que desconfías de mi. No te culpo, después de lo que has pasado estos meses -Caireen se humedeció los labios -Y no puedo obligarte a darme el libro, de hecho, no lo quiero. Nimue tiene miedo, un miedo que le ha transferido Duna al creer que Morrigan está ganándole la partida. Quiero morir -confesó -Quiero.. Descansar. Y la única forma de hacerlo es comportarnos como jamás hicimos. Respetar... a los humanos, respetar la mortalidad, y usar nuestros dones para protegeros, no para sentenciaros. El libro debe regresar a Nimue, dónde debe estar. Ya encontraremos a las brujas de otra forma.. Pero si cae en manos de Eleanor, creeme cuando te digo que ella no tiene ni un ápice de interés en acabar con nuestra maldición -miró a Nicole -Puedo ofreceros protección hasta Avalon. Pero cuantos más de nosotros nos movamos, más fácil será rastrearnos.
-No hace falta -murmuró Rhian -Conozco a alguien más capacitado para llevar el libro, capaz de pasar desapercibido. Ha estado con él todo este tiempo.
Nicole se encogió de hombros antes el comentario sobre su protección.
-Podemos ocultarnos de ellos. -admitió.
-No, no puedes. Eres bruja.
-No.. hace falta -insistió Rhian entre dientes -El libro estará en Avalon pronto. Espero que volvamos pronto a casa, Nik -dijo cuando se levantó.
Al escuchar su nombre y ver cómo su rubia compañera se levantaba, ella hizo lo mismo. Al fin y al cabo, ella quería irse a casa lo antes posible también. Apoyó sus manos en los brazos de la silla para ayudarse. Una vez de pie, se quedó a su lado, aunque mirando a Caireen.
-Gracias por prestarme tu ayuda para encontrar a Rhian. -dijo de forma muy sincera, pues así lo sentía.- Por pelear, por protegerla y por acogernos en tu... morada y vendarnos las heridas. Estamos muy agradecidas.
-Y yo creía que Zane me caía bien -comentó cuando salieron de la sala, avanzando por el pasillo -Cojeas. Tengo que curarte.
Antes de salir de la sala, Nicole se despidió con un gesto de cabeza. Podía no confiar plenamente en Caireen, pero eso no significaba que debira ser una maleducada.
Ya una vez fuera, caminó al lado de Rhian mientras la escuchaba hablar. Era todo un alivio que lo hiciera, y estaba segura de que no iba a estropearlo para hacerle preguntas de ningún tipo.
-Nah. -dijo negando con la cabeza -Prefiero que esta vez se curen... solas. Que sea un recuerdo que me ayude a no olvidar lo que Elanor nos ha estado haciendo. Sé que parece una estupidez, pero..
-Esta ropa me da alergia. Me pican las tetas. Justo debajo ¿Sabes? -habló casi en un siseo por la rabia, rascándose -Pillo todo eso de que sean de la edad media, pero podrían al menos vestirse a la moda. No les costaría tanto, y darían menos yuyu. No necesitas las heridas para recordar lo que Eleanor hace, ya te lo recordaré yo cuando necesites un chute de adrenalina. Te haces la machota pero por dentro estás "au, ay, au, ouch".
Ante aquello, Nicole no pudo evitar largas una risilla que terminó por confirmar lo que acabaBa de decir Rhian: se moría de dolor.
-Sí, bueno, es posible. Pero si las curas, quiero que dejes el corte en la frente. Me hace parecer una tía dura, ¿Verdad?
-Que va, te estropea la cara. Más -añadió, ladeando una sonrisa -¿Vamos a coger un avión o..? Fijate -se detuvo en el pasillo, admirando un cuadro. Se veía de época -¿Cuanta pasta valdrá esto? No contestes -lo descolgó, pesaba más que un muerto -Nos lo llevamos. Descarta el avión.
Nicole negó con la cabeza y terminó por darle unos toques en la espalda a la rubia.
-Vamos, deja eso. -dijo. -Busquemos primero a Zane y Kahlan para darles las gracias también. Han luchado por tí. -añadió cuidadosamente.- Y luego recogeré mi mochila, que está en la entrada.
Sacred blood | Season three
Character: Eleanor
Character: Caireen
[Post bastante atrasado, sorry not sorry]
Agachada entre la maleza congelada y todavía bajo la nieve, Nicole se alegró de haber añadido capas de tejido anticongelante en el traje enterizo que ahora vestía, así como se alegraba de haber traído botas de montaña. Zane y Kahlan no le habían dicho dónde exactamente se encontraba Rhian, con lo que el frío, la nieve e incluso el hielo habían sido sorpresas non-gratas para la cazadora.
Miró hacia su derecha, donde a menos de dos metros se encontraba Kahlan. La estudió durante un par de minutos ya harta de analizar el castillo que tenían a unos cien metros, así como el bosque que las rodeaba. Kahlan parecía querer ayudar de verdad; de corazón. Y aquél fue un hecho de conmovió y preocupó a la vez a Nicole.
¿Por qué había cambiado tanto Kahlan? ¿Tando efecto había tenido el engaño de Elanor hacia ella? Pero entonces, la cazadora se dijo que sí, porque a ella misma le ocurriría lo mismo.
Luego miró a Zane, quién charlaba con Caireen, aunque en realidad parecía que estaban debatiendo la ejecución de un plan del que nadie había informado ni a Kahlan, ni a ella misma. Y por eso, mientras Caireen y Zane terminaban de charlar, que la cazadora puso ambas rodillas en la nieve y se colocó un gorro de lana bien gorda en la cabeza. No cubría toda su melena pero aquello era lo de menos.
Mientras, pensaba en Caireen. Parecía ser una persona realmente poderosa y tenía muy claro que la gente, así como otros seres mágicos, la respetaban tan sólo con mirarla. Pero aquél efecto, y ya siendo algo normal, no lo había tenido en Nicole quién ya antes de que Elanor las traicionara, dijo que no confiaba en ella. ¿Debía sentirse o pensar igual en lo referente a Caireen, o resultaría Caireen ser alguien que ayudaba sin motivación oculta alguna? Entonces pensó que la tendría, porque siendo honestos, ni la vida de Nicole ni la de Rhian eran importantes para nadie. Eran dos brujas; dos cazadoras más. No eran nadie importante. Pero entonces… ¿Por qué estaba Caireen con ellas?
-Rhian es afortunada por tenerte –le dijo Kahlan a Nik, su mirada en cambio estaba incada en lo que se extendía frente a la maleza tras la que se ocultaban. No había movimiento alrededor de la edificación de aquella propiedad, probablemente ni si quiera los inmortales andaban con ganas de soportar el gélido ambiente de afuera. Entonces, la rubia miró a Nicole –Se alegrará de verte.
-¿La sientes? –inquirió Zane a Caireen, una vez llegaron a un acuerdo en cuanto al plan. Caireen tenía razón, si aparecían todos como una manada de perros rabiosos perderían cualquier factor sorpresa, era importante que Eleanor pensase que venían solas, que se regozijase, lo importante no solía ser quién reía primero, sino quién reía último.
-Si. Puedo distingirla entre todas las demás –Caireen arrugó apenas el ceño –Pero está débil. Y asustada. Sigue viva, eso significa que Eleanor aún no tiene el libro. Es una buena señal.
-Ya. Díselo a ella –murmuró Zane, y ante la mirada confundida de Caireen se movió hacia Nicole y Kahlan, agazapándose junto a la primera –Nos acercaremos ahora. ¿Estás preparada? Quédate siempre detrás de Caireen, ese traje puede ser útil contra las balas, pero no van a dispararte. Son malditos, inmortales, brujos y druidas. No necesitan pistolas.
Nicole no había terminado de sonreírle y agradecerle el gesto a Kahlan cuando tuvo bien cerca a Zane. Entonces escuchó las palabras de la morena de forma atenta, aunque nada de lo que le dijera sería una sorpresa. Asintió, porque no era la primera vez que Nicole participaba en una misión como esta. Había sido soldado y entendía las órdenes y las tácticas, y puesto que Zane parecía tener el cargo de líder, la General de la OCEU decidió que no la desobedecería... todavía.
-Sí, claro. -respondió -Aunque no son balas normales. No te preocupes por mí, sé protegerme.
Sanders frunció los labios. En algún momento se había dicho que no se preocuparía por nadie, se había convencido de que era lo mejor, después de todo solo había hecho que fastidiarla siempre. Pero acababa de descubrir que era una misión perdida de antemano, preocuparse era inevitable. Asintió a Kahlan cuando ésta le devolvió la mirada, su hija le preocupaba menos que ella misma, después de todo era tan inmortal como ella y tenía el plus de conservar su magia, ella en cambio solo contaba con sus puños y piernas. Y no es que se le diese mal, pero se había acomodado tiempo atrás, siempre refugiándose en su magia.
Kahlan y Zane se incorporaron cuando Caireen lo hizo, avanzando campo a través hasta la cerca que separaba el bosque de la propiedad privada. Estaba empezando a nevar.
-ymosodiadau –murmuró Caireen.
Pudo oírse un rugido desde el cielo. Y aunque solo se distiguió una enorme ala negra y con contados toques rojizos, no fue difícil imaginar de qué se trataba. El dragón descendió desde lo más alto, por fin mostrándose y no dirigió su vuelo hacia otra parte que la gran mansión. ¿Puertas? No necesitaba puertas, a la velocidad en la que descendía bastó para que se precipitase contra el muro del segundo piso, la dura y fría roca que guardaba las paredes rompiéndose.
Para ese entonces, las cuatro que iban por su cuenta ya corrían campo a través, y el ceño de Kahlan se frunció cuando algo en todo aquél verde que empezaba a helarse y a cubrirse de blanco distinguió unos barrotes. Era una jaula.
Nicole corría junto a las demás como si la vida le fuera en ello porque, en realidad, se le iba. Al igual que Kahlan, la cazadora también vio la jaula pero entonces, vislumbró una melena rubia. Y entonces, lo supo. Lo supo porque desde que conoció a Rhian que ambas habían tenido una conexión especial y podían percibir la presencia de la otra, pero era obvio que después de tanto tiempo aquella conexión ya no fuera tan fuerte.
-Creo que es Rhian. -susurró la cazadora meintras seguía con su carrera. Registró las caras de sorpresa de las otras dos mujeres, mientras que Caireen actuó como si ella la supiese.
Dentro de la mansión, acababa de desencadenarse el caos. Los inmortales que servían a Caireen y su propósito habían aparecido como huéspedes sin invitación, la sangre empezaba a manchar las paredes. La de unos dejaría una muerte, la de los recipientes que ocupaban los demonios a las órdenes de Eleanor y Salomon, y otros volverían a alzarse pues la muerte no les llegaría nunca.
Eleanor seguía en su aposento, junto a la ventana, observando tras la fina cortina como más hombres y mujeres penetraban en su territorio, por ahora siendo aletargados por los suyos, pero no duraría mucho. Caireen había estado ya antes en batalla, no era una sacerdotisa de sentarse y mirar, era una guerrera. Todo parecía estar en su contra, pero Eleanor sonrió.
-Rhian –Zane incó las rodillas en el suelo, envolviendo los helados barrotes con las dos manos –Rhian. Despierta, estamos aquí.
-Awen –Caireen le pidió que se apartase, y cuando nadie estuvo interponiéndose volvió a murmurar unas palabras en gales antiguo, un conjuro que hizo estallar el candado que encerraba a la bruja.
Nicole deseó como nunca ser la primera en llegar hasta su amiga, pero decidió que Zane y Caireen podrían hacer mucho más por Rhian de lo que ella podía en un principio. Por eso les dio la espalda a ambas y se quedó de pie, quieta, como desafiando al enemigo. PEro entonces alzó un arma muy pequeña y la empuñó a la altura de su pecho. La sujetó de forma firme esperando a que las atacaran y cuando vislumbró dos sombras provinientes por entre la niebla y la nieve, disparó.
Ni siquiera parpadeó, ya que quería ver si las balas en las que habían estado trabajando durante casi tres meses llegaban a alcanzar la misión que tenían. No tardó mucho en ver que los efectos habían sido, exactamente, los esperados. Era posible que aquellos fueran demonios o inmortales, pero aquellas balas tenían efecto en todo el mundo. Estaban rellans de hielo y un hechizo de paralización inscrito en el interior, lo que se traslabdaba en que cualquier persona que fuera alcanzada por dicha bala se quedaría traspuesto; tieso... y congelado. Puede que no los matara, pero aquello les daría cierta ventaja.
Kahlan se acercó a Nicole y con el ceño fruncido estudió la pistola, y el resultado de los dos disparos.
-Creo que voy a pedirte una de esas.
-Te tengo –murmuraba Zane una y otra vez a la rubia que aún no reaccionaba, sacándola de la jaula y abrazándola contra si. Estaba helada, completamente helada. Alzó la mirada y vio que Caireen parecía ver más arriba, así que ella siguió la trayectoría hasta divisar los ojos claros de Eleanor en aquél ventanal. Frunció el ceño. ¿Eso era todo? ¿Iba a dejar que se llevaran a Rhian sin más?
Pero cuando parpadeó, Eleanor se esfumó de su rango visual. Atacada por la repentina ansiedad Zane miró a su alrededor, y alcanzó a dislumbrar una figura tras Nik y Kahlan.
-¡Cuidado!
Eleanor parecía saber cual debía ser su objetivo, lo más sensato, ir a por la mortal. Herir a alguien que podía regenerarse no tenía tanta gracia después de todo. No obstante la advertencia de Zane fue suficiente para que Kahlan se alertase, y dándose la vuelta moviese a Nik justo antes de que la druida enterrase la daga en su espalda.
-Kahlan... –Eleanor sonrió, ladeando la cabeza a un lado –¿Con esa fiereza recibes a tu abuela? Antes estábamos en sintonía.
-Me he pasado de emisora –murmuró la rubia, sus ojos destellando en un dorado fulgente.
Nicole apenas tuvo tiempo de reaccionar, ya que lo primero que vio fue a Kahlan empujándola, y luego toda aquella nieve sobre la que acabaBa de caer. Se dio la vuelta rápidamente, ya acostumbrada a este tipo de ataques sorpresa. Y entonces, escuchó. ¿Elanor era... abuelas de Kahlan? ¿Elanor era la madre de Zane...? Por algún motivo, todas aquellas ideas que ella misma había tenido sobre quién podía ser Elanor para conseguir cambiar tanto a Kahlan, habían sido olvidadas y ahora, todo parecía ser una sorpresa todavía más grande e inusual.
Pero la General no se dio tiempo a más, ya que mientras Kahlan le respondía a Elanor, Nicole se había acercado corriendo, con puñal en mano y le había cortado una mano a Elanor.
Algo que no pasó desapercibido por nadie, aunque se hubiese esperado grito de calvario alguno por parte de Eleanor, ésta solo arrugó el ceño y vio la sangre gotear. Clavó la mirada en quién acababa de enfadarla notablemente y más arrugas poblaron su frente.
-Seriously?
Bastó con que sus ojos centellearan para que Nicole saliese despedida, empotrándose contra uno de los muros de la mansión, y fue un buen golpe, algunas piedras se agrietaron y el polvo se alzó mezclándose con los incesantes copos de nieve que caían desde las nubes grises, ocultando la luna llena.
Zane llamó a Caireen y le pidió que se quedase con Rhian, sacó su daga, la única arma que llevaba consigo y por primera vez en meses, plantó cara a su madre.
-Admítelo. Sin Merlin no eres nadie. Te siguen porque te tienen miedo, aunque me cueste admitirlo, a mi padre le seguían porque tenía una reputación. Tu solo eres la furcia druida a la que se tiró más veces que a otras... Estás perdiendo y ni si quiera hemos atacado con todo.
Eleanor enarcó las cejas.
-¿Perdiendo? –inquisitiva a qué se refería, Eleanor vio su mano volver a regenerarse, dedo a dedo, aunque aún hubiese sangre que le recordase lo que había pasado –¿Me hablas a mi sobre perder? Awen... Como puedes ser tan patética. ¿A quién pretendes convencer? No tienes tus poderes, has recurrido a una sucia sacerdotisa para que haga el trabajo sucio por ti, y lo peor es que en esa cabecita tuya –se señaló la sien –Prevalece la idea de que si esa bruja llega sana y salvo a casa es gracias a ti. Por favor –rió, y cerró la mano derecha en un puño. Acto seguido, Zane parecía asfixiarse, llevándose la mano al cuello –Esos quinientos sesenta años en la nada te han convertido en un chiste. Solo eres útil porque solo tu sabes dónde está el libro de las sombras.
La misma sensación que dejaba sin aire a Zane la sintió ella, teniendo que actuar del mismo modo, llevándose la mano al cuello como si pudiese sacarse lo que oprimía su tráquea. Kahlan dio un paso con el brazo extendido.
-Entonces preocupate por mi.
-Nik.. –ajena a todo lo que sucedía, temblorosa y presa de la hipotermia, Rhian intentó despegar los párpados y reconocer a quién veía, pero no era Nik.
Gran parte del golpe lo había recibido en la cabeza, con lo que la cazadora despertó después de haber estado u par de minutos inconsciente. Hacía tanto que no la lanzaban como si fuera una muñeca de trapo que había olvidado lo que era que te doliera hasta el alma. Se levantó como pudo, quedándose sentada en la fría nieve mientras la misma caída de forma rápida sobre su propio cuerpo. a apenas unos centímetros tenía el puñal con el que le había cortado la mano a Elanor. Pero entonces escuchó la vocecilla de Rhian. Calculó que estaba relativamente lejos de donde estaba ella, pero no conseguía verla.
-¿Rhian? ¡RHIAN! –gritó desesperada con la esperanza de encontrarla.
Pero no lo hizo. Sin embargo, vio cómo una sombra se aproximaba a ella, corriendo. Nicole pensó que sería Kahlan con lo que extendió los brazos dispuesta a detenerla para que supiera que estaba ahí, pero... no era Kahlan.
Una mujer que de apariencia parecía tener dos años más que la cazadora, pero que seguramente tendría cientos más de ellos, la volvió a lanzar contra los cimientos contra los que había sido lanzada con anterioridad. La diferencia fue que esa vez no tuvo tiempo de levantarse, sacuridse o incluso orientarse. La mujer había saltado sobre ella y sujetaba lo que parecía un puñal pequeño, probablemente centenario, y lo acercaba cada vez con más peligrosidad hasta su garganta.
La cazadora hizo fuerza con sus brazos, intentando que la mujer soltara el cuchillo, pero lo único que consiguió fue cogerle con la mani bien abierta la barbilla, y aquella fue su oportunidad. Apretó y apretó, pensando que sería necesario para matar a su atacante. Sin embargo, y segundos después del toque inicial, la piel de la mujer se volvía color gris ceniza y terminaba por deshacerse en cuestión de segundos haciendo que, la bruja, muriera.
Ahora Nicole sólo veía la ceniza y la piedra que una vez habían formado a una persona. Se sorprendió, ya que su habilidad de matar nunca se había presentado de esa forma. Y se alegró, porque... esa mujer había resultado ser una mortal y no alguien como Elanor, quién le habría podido degollar antes de que ella misma hubiera tenido la oportunidad de defenderse.
Los músculos y articulaciones de Rhian reaccionaron solamente cuando aquella criatura enorme aterrizó tan cerca de ella. Uno de los tres dragones de Caireen se inmiscuyó en la batalla entre Kahlan y la druida que servía a Morrigan, su rugido con aliento infernal alertó lo suficiente a Eleanor para que su ataque hacia Zane cesase.
Ésta no cayó, pero si trastabillo hacia atrás y pasando la mirada por Caireen y su hija, acabó arrodillándose con la primera.
-Hay que sacarla de aquí.
-Podemos derrotarla. Encerrarla –siseó la sacerdotisa –Dejará de ser un problema.
-Tal vez mañana –negó Zane, tragando saliva, y le dolió –Pero no hoy. Ya tenemos a por quién vinimos.
Eleanor retrocedió, su cuello hacia atrás para poder mirar los ojos profundos y peligrosos de aquella criatura ancestral. Pero ella no se quedó atrás, le desafió, el dorado en sus ojos demostró que no se acobardaría, pero si tuvo que desmaterializarse y desvanecerse para evitar que las llamas que escupió el ánimal como si fuese un cañón ardiente la alcanzasen y la friesen.
-Nik –Kahlan recogió a Nicole, apartándole el cuerpo de la bruja de encima y ayudándola a levantarse. Tendría alguna que otra costilla rota, pero se pondría bien. Con los días.
Caireen sentía la mirada de Zane clavada en ella, recordándole la promesa que había hecho, no era momento de derrotar a Eleanor. No estaban preparados, no sabían cuantos más de los suyos llegarían, y esas batallas nunca tendrían sentido alguno, nadie ganaba, nadie perdía, solo era un derrame de sangre a raudales y sin consecuencias.
-Rhian necesita ayuda –añadió para acabar de convencerla. Esa chica moriría si no recibía atención, necesitaba agua caliente, subir la temperatura de sus órganos.
Con bastante dificultad se levantó la cazadora. Miró a Kahlan y luego a su alrededor. No conseguía ver nada, ya que tanto la nieve como una espesa nube de humo negro las engullía. Asintió respecto a lo de Rhian, así que se ayudó de Kahlan para acercarse donde su amiga. Pero antes se agachó para poder buscar su mochila, ya que estaba segura de que había caído cerca. Palpó con las manos congelándolas en apenas unos segundos, pero aquello no le importó.
Una vez que hubo encontrado la mochila, la abrió a toda prisa y alcanzó a sacar un suéter de color beige que ella había echado por si debía cambiarse de ropa. Se lo tendió a Kahlan para que ayudara a su amiga, mientras que ella se llevaba las manos a las costillas. No estaba segura de cuánto daño había sufrido, pero las costillas y la contusión en la cabeza indicaban que el daño había sido bastante, aunque moderado. Por lo menos no había muerto.
-Nos vamos –anunció Caireen, después de mucho debate consigo misma.
-¿Y los demás? –Zane arrugó el ceño –¿No ordenas retirada?
-No voy a negarles estirar un poco las piernas y romper unos cuantos cuellos. Volverán al castillo por si solos –Caireen echó una mirada a Kahlan.
Ésta asintió, y sin permiso tomó del brazo a Nicole. Hora de irse. Caireen desapareció con Rhian, y Zane se puso en pie para acercarse a Kahlan y la cazadora, rozando la mano de su hija, quién en cuanto notó el tacto de su madre hizo lo mismo que la sacerdotisa, desvanecerse.
En el aposento principal de aquél viejo pero conservado castillo, la inmensa sala del trono, Caireen habló en su idioma a uno de sus hombres, alguien se había quedado por supuesto a guardar el fuerte, no podían lanzarse todos a la ofensiva sin cuidar lo que una vez ganaron con sangre y sudor.
Le había pedido una manta, y era lo que el muchacho traía con prisa.
Se la puso por encima a Rhian, además del súeter que ya tenía encima de Nicole, envolviéndola y frotándole los brazos para que entrase en calor.
Kahlan soltó entonces a la cazadora y a su madre, necesitando un momento para respirar. Hacía mucho tiempo que no usaba sus poderes, y para atacar a Eleanor había necesitado usar gran parte de su potencial, por lo que ahora se sentía agotada.
Hacía mucho, demasiado, que no la teletransportaban, con lo que al tocar suelo firme Nicole tuvo que omitir una arcada que de seguro no iba a terminar bien. Todavía con la mano en las costillas, se acercó a Rhian, quién temblaba de forma frenética y le fregó los brazos para que entrara en calor, aunque también terminó por bajarse la cremallera de su traje especial, quedándose en una camiseta de manga larga. Luego abrazó a Rhian, haciendo su pecho contacto con el de la rubia. Si ésta entraba en calor de forma muy rápida y no gradual como intentaba hacer, rhian entraría en shock y todo se complicaría en exceso.
Por eso, la abrazó fuerte y la atrajo contra su cuerpo. Rodeó el pequeño cuerpo de su amiga con un brazo, mientras que con el otro le acariciaba la nuca.
-Estás a salvo, ya está, rhian. Estás a salvo. –susurró.
-N.Ni.Nik –tartamudeó a causa de los constantes temblores y espasmos la joven Burgnam, siendo capaz de ladear una sonrisa, aunque corresponder el abrazo ya era algo más complicado, no sentía las piernas, no sentía los brazos, no sentía nada, de hecho a pesar de estar helada tenía la sensación de que se quemaba –Sa.. Sabía que.que ven. vendrías.. A por. Por mi.
Caireen se puso en pie y se dirigió a su súbdito.
-Preparad un baño. El agua templada, si está caliente te arrancaré los ojos.
Zane puso los ojos en blanco y miró al pobre muchacho.
-Lo que intenta decir es que si el agua está demasiado caliente la bruja entrará en shock, y que si serías tan amable de templarla.
La sacerdotisa arrugó el ceño. ¿No era eso lo que había dicho?
SACRED BLOOD | SEASON THREE
[Four months later]
Cada día eran las mismas preguntas, pareciese que ella pretendía adelantarse a sus captores en cuanto a la tortura, preguntándose una y otra vez si su gente, aquellos que había considerado amigos, aquél que había llegado a amar aunque jamás llegó a admitirlo, si sus amigos estarían a salvo.
Conocía lo suficiente la OCEU, Nicole y todos aquellos cazadores que pusieron fin a una guerra infernal sabían defenderse, sabían como mantenerse ocultos, como protegerse. Intentaba desde hacía meses ser fiel a esa creencia, no permitir que nada de lo que le dijesen la quebrase, pero su fe empezaba a flaquear, y con el pasar de los días esa certeza en la razón de por qué debía ser fuerte se esfumaba, estaba sola, hablar quizá pondría fin a esa pesadilla.
Pero no lo hacía solamente por todas aquellas brujas que de entregar el libro de Nimue acabarían en las sucias manos de Elanor, lo hacía también por ella. La necesitaban con vida siempre y cuando el secreto no fuese desvelado, en cuanto hablase se desharían de ella, ya no les sería útil, era simple después de todo, callar para asegurar su supervivencia. Tan simple como egoísta.
Acurrucada en si misma sobre la cama, Rhian despegó la frente de sus brazos entre los que había estado oculta su cabeza mientras divagaba en sus pensamientos al oír la puerta de hierro abrirse. Cada día venían más temprano, podía sentir cuanta prisa tenían, y hubiese sonreído porque suponía una victoria, pero el hambre, la sed, la soledad la habían destrozado de algún modo, sonreír parecía un imposible a esas alturas.
Fue un muchacho quién entró. Arthur. Sabía su nombre porque la primera vez que entró en su celda jugó la carta de la amabilidad, intentando convencerla de buenas maneras de que entregar el Llyfr era su mejor opción, presentándose como un amigo, pero las cosas ya no eran así.
-Creo que mi señora está enfocando esto de forma equivocada. ¿Sabes qué he pensado?
Rhian mantuvo la mirada fija en el colchón, demostrando ignorancia. Arthur se acercó en dos peligrosas zancadas a ella y la tomó con fuerza por la barbilla, obligándola a que le mirase.
-Ni si quiera tienes modales ¿Bruja? Mírame cuando te hablo –sonrió –Si, eso está mejor. Deberías mostrarte más agradecida conmigo, las cosas serían muy distintas si Elanor en persona fuese quién te sonsacase la información. Para tu suerte, no malgasta energías con escoria como tu –soltándola bruscamente le dio la espalda, echando como muchas otras veces un vistazo a la celda. Se veía más como un dormitorio sucio que como una prisión, pero las apariencias engañaban –Vamos a salir.
Aquello si hizo que Rhian reaccionase, arrugando el ceño.
-¿Qué? –su voz ronca era de esperar, no había hablado en meses, quizá alguna maldición que otra, pero nada más lejos de aquello.
-Tengo nuevas ideas, te encantará –volteándose hacia ella le mostró su más cálida sonrisa, era un maestro del engaño, aunque sus virtudes no le hubiesen ayudado a satisfacer las órdenes de Elanor, conseguiría lo que necesitaban a toda costa.
Los malditos de la antigua religión se habían modernizao, a diferencia de Merlin, el gusto de Elanor era una pizca más actual, lo de tener refugios en castillos abandonados no era de su estilo, en su lugar, prefería enormes caserones, grandes fincas, con firmes coartadas para que los humanos no se oliesen problemas. Aunque de hacerlo, solo sería un pequeño contratiempo, la raza humana era lo que menos preocupaba a la druida.
Por los jardines de la propiedad, Arthur arrastraba a una Rhian esposada, no era un peligro, solo era una chiquilla aventurera que había enfadado a quién no debía, ni si quiera tenía sus poderes para tener una mínima posibilidad de defenderse, aunque evidentemente que estuviese tan indefensa le quitaba parte de la diversión al trabajo.
-¿A dónde me llevas? -preguntó la rubia, zarandeándose por enésima vez para intentar en vano liberarse de él, pero si logró que la soltara para avanzar sola, aún sabía caminar, aunque tuviese las piernas dormidas.
-Come on sweetheart, no vas a decirme que no te sienta bien el aire fresco. Tan solo intento ser amable contigo.
-Bullshit -murmuró para si ella.
De todas formas, miró alrededor. No había anochecido pero el cielo estaba nublado, sin mencionar que hacía un frío estremecedor y ese qué decía intentar ser amable no le había puesto ni un chaquetón encima para salir. Ni si quiera una manga larga.
-There –Arthur se frotó las manos cuando vio a Hale levantándose del suelo, un hombre entrando ya a los cuarenta que había estado esperando junto a una jaula pequeña, parecía una jaula para perros, una jaula en mitad del campo –¿Qué te parece? ¿No vas a darme las gracias?
-No –Rhian negó con la cabeza y se volvió nerviosa, pretendiendo huir, tan solo logrando toparse con Arthur, quién la tomó de las mejillas con fuerza y le pidió tranquilidad.
-Sh sh... Tranquila pequeña –sonrió, esa locura en su mirada, esos ojos que parecían creer estar haciéndole algún bien realmente –Estarás bien, y tendrás mejores vistas. Toda tuya Hale –la soltó bruscamente para empujarla hacia el demonio.
Éste la atrapó en seguida, haciendo oídos sordos a sus peticiones de que la liberase, no costándole mayor esfuerzo meterla en la jaula y cerrar la misma con el candado.
-Pero mírate, ahora si eres al cien por cien la perra que has estado siendo –rió Arthur, sacando su teléfono, entretenido buscando algo.
-No puedes dejarme aquí hijo de puta –gritó Rhian, tirando y empujando los barrotes de acero con todas sus fuerzas, como si fuesen a ceder aún a sabiendas de que no lo harían.
-Claro que puedo. Yo puedo hacer todo lo que me apetezca. Hey –se acercó a ella, aclucillándose delante y chasqueó la lengua ante su violencia sacudiendo los barrotes –Tranquila gatita. Mira, tengo algo para ti.
La respiracion entrecortada por el frío de la rubia cesó cuando miró la pantalla del teléfono. Era Nik, reunida en alguna sala con alguien que parecía importante, apenas podía oír lo que decía por lo fuerte que soplaba el gélido viento, pero era ella, nunca olvidaría ese rostro.
Estaba confundida ¿Por qué le enseñaba aquello?
-¿La reconoces, eh? Claro que si. Esto es lo que hacen tus amigos mientras tu te pudres aquí. ¿Crees que alguno ha movido un dedo por encontrarte? Les da igual, pequeña. Ella tiene su culo bien calentito, sus retoños cerca, su marido calentándola por la noche, mientras tu pasas este infierno ella se reune con gente importante, remodelando las cosas a su antojo. ¿Tenías dudas? Te estoy haciendo un favor –sonrió –Olvídate de que vengan a por ti, nadie te echa en falta.. A nadie le importas.
Rhian negó y se echó hacia atrás, apoyando la espalda en los barrotes. Flexionó las rodillas y se hizo un hobillo, intentando contener los temblores. Arthur se levantó y sin mirar a Hale le habló guardándose el teléfono.
-Traele agua cada veinticuatro horas. Aunque quizá puedas servirte tu misma cuando llueva, eh –pateó la jaula, haciéndola reaccionar apenas. Riéndose inspiró después profundamente –Piénsalo, Rhian. Estaré dispuesto a escuchar cuando quieras charlar.
Desde lo alto, tras un ventanal de la mansión, Elanor observaba a través de la cortina aquella escena en el campo de la propiedad, pero aquellas maldades no le sonsacaban sonrisa alguna, no estaba siendo suficiente y la paciencia de Salomon tenía límites.
Volviéndose arrojó lo primero que tuvo cerca, resultando ser libros y libros apilados en una pequeña mesa redonda.
Jace, la joven que estaba siempre a su servicio bajó la mirada para no ser un objetivo de la druida, sabía lo que le convenía.
-Esa bruja está agotando mi paciencia. ¿Es que estos humanos necesitan quedarse sin manos para hablar? La gente no era tan insensata en mis tiempos, sabían lo que les sucedía si se enfrentaban a la magia, nuestra magia –se frotó la frente.
Salomon le exigía un ejército y sin esas brujas no podría dárselo, convencer a mandas de lobos, a cambiaformas, a chamanes de que debían unirse a ellos no era tan sencillo, y con la amenaza del circulo de Sahed haciéndose cada vez más fuerte necesitaban más que perros rabiosos.
-¿Quiere que le envíe algún mensaje, mi señora?
-No. No aún, si no le llevamos buenas noticias seremos su cena –volvió a acercarse a la ventana, nevaría, podía sentirlo en el soplar del viento, traía consigo una horrible tormenta invernal –Esperaremos, quizá Arthur sepa lo que se hace esta vez.
SACRED BLOOD | SEASON THREE
Llyfr golau
Era el lugar más tranquilo que habían podido encontrar. La ruta se había hecho larga y no habían malgastado el tiempo, podría decirse que la joven Burgnam volvía a sentirse una muchacha libre, todo aquello que la libertad le permitió durante largos años volvía a estar a su alcance. Compras, largos paseos por la playa, y la situación no haría otra cosa que mejorar con las últimas notícias. La guerra había acabado.
Jimmy era joven, apenas un crio, se alistó en la armada y fue destinado a la base militar de Fort Hood a sus diecinueve años. Cuando la OCEU llegó proclamando suya la base y destapando la gran mentira en la que él y muchos de sus compatriotas vivían, no dudó en escoger un bando al que serle fiel. Estaban los que negaban la verdad por miedo a comprenderla y los que se dejaban llevar por la corriente, James era de los segundos, vivía para servir a su país y de qué tuviese que defenderlo no importaba, daba lo mismo disparar contra franceses que contra ojos negros, rojos, era valiente a pesar de ser un chiquillo.
Y de esa valentía se había enamorado Rhian, aunque por supuesto jamás lo admitiría, no era dada a las relaciones a largo plazo, estaba acostumbrada a que todos en su vida se marchasen, por lo que era en cierto modo lógico que hubiese levantado un escudo contra los sentimientos, uno en concreto, el amor.
Los días pasaban y sabía Jim no se sentía como ella, él se comprometería, incluso sería capaz de hacer su noviazgo oficial, y eso la atormentaba. Era incapaz de verle a los ojos y decirle que no pensaba pasar el resto de su vida con él, o mas bien, no pensaba aceptar un compromiso en si. Para ella solo era una aventura, o tal vez... Así quería creerlo.
Una casa de aires hermitaños en plenos bosques de Dakota del Sur había sido el destino final de su viaje, allí permanecían desde hacía ya dos semanas, en una zona de camping cuyo negocio habían abandonado indeterminado tiempo atrás los propietarios.
Allí se respiraba paz, la suficiente para poder trabajar en sus asuntos, los cuales se resumían en encontrar a su hermana, Jordan, y recuperar los poderes que le habían sido arrebatados. Al mismo tiempo se mantenía al margen de la OCEU y de quienes tanto daño le habían hecho, si era honesta consigo misma, en ese último mes se había sentido más a salvo a solas con Jimmy que todo el tiempo que estuvo en Fort Hood rodeada de militares y de falsa protección. Se había cansado de ser utilizada, de ser una inútil, la baza con la que herir a los que quería, no iba a ser más la niña indefensa, quizá solo pretendía demostrar que sabía cuidar de si misma.
-Aquí tienes –Jimmy dejó la taza de café caliente en la mesa de té y con el ceño fruncido se sentó al lado de la rubia, asomándose para espiar su lectura –¿Qué son esos símbolos?
-Un freak coleccionista de los antiguos manuscritos celtas ha subido contenido interesante en un foro y quizá esto sea de alguna ayuda. Son runas, algunas de protección, de sanación, ofensivas..
-Interesante –comentó sincero, rascándose la nuca –Es como ese juego de cartas de rol.
-Eres un freak –rió ella, revolviéndole el pelo y soltando la laptop sobre la mesa para poder probar el café que le había traído. Cerró los ojos. Si bien allí se sentía paz, también hacía un frío infernal –Tres cucharas de azúcar –sonrió.
-Por fin he acertado. Mi abuela era más fácil de complacer que tu –refunfuñó él –¿Alguna pista sobre Jordan?
-Nada –negó en voz baja, quizá avergonzada –Puede que sea mi hermana de sangre pero apenas tuve tiempo de conocerla, no sé qué nombres usa, no puedo rastrearla de ninguna forma y con tantas tormentas eléctricas es imposible elegir entre todas cual de ellas relacionar con esa perra. Aunque encontrase una forma de recuperar mis poderes si no doy con ella será tiempo perdido.
-Bueno –Jim se aclaró la garganta, sabía que estaba a punto de tocar un tema delicado –Ha sido más de un mes.. Y nadie va a poder negarte el esfuerzo, pero quizá, solo quizá, va siendo hora de que pidas ayuda. Nicole y Leona..
-For fucks sake Jimmy –dejó el café sobre la mesa de mala gana –Ya lo dejé claro cuando nos fuimos, son mis poderes, es mi hermana, mi problema. Tema zanjado.
-Son tus amigas –le recordó con paciencia –Hasta ahora hemos tenido suerte, pero tu misma lo dijiste, esos cazadores de brujas siguen ahí afuera y deben estar resentidos contigo. Estás en peligro y lo sabes, no eres solo una civil desprotegida, eres una bruja perseguida, con el plus de que eres rubia y atractiva –alzó las cejas –Las ardillas podrían querer violarte.
Rhian frunció el ceño, entre ofendida y confundida. Siempre hacía lo mismo, le decía lo que no quería escuchar con la bendita razón en sus palabras y acababa con uno de sus chistes malos que de alguna forma, lograban calmar las aguas y evitaban le tirase algo a la cabeza. Estúpido.
Bufó consternada y dio la espalda al chico, dirigiéndose a su mural de investigación. Prácticamente hacían vida en el salón, por simple comodidad.
-Pedirles ayuda sería egoísta, Nik es ahora general de la OCEU y Leona.. Ha sufrido mucho, es feliz con el licántropo, y no soy nadie para arrastrarlas a mis problemas. Lo he hecho demasiado tiempo, ese lugar me asfixia, tu no lo comprenderías, siempre has vivido rodeado de gente, pero yo.. He vivido sola prácticamente toda mi vida, no está en mi carácter ser dócil y una buena chica –esperó alguna palabra por parte de Jimmy, y ante su silencio arrugó el ceño –¿Me estás escuchando?
Se volvió indignada para verle con esa expresión amenazante, una que se tornó en preocupación cuando le vio tendido en el sofá, sus ojos cerrados, no parecía herido.. Solo dormido. ¿Se había dormido el muy cretino?
-Despertará –prometió una voz.
La joven bruja localizó a una muchacha junto al sofá. Era joven, larga melena castaña, ojos azules. No tardó en desenfundar el arma que siempre llevaba encima y apuntarla, dando un paso atrás instintivamente.
-¿Quién diablos eres? ¿Qué le has hecho?
-Solo está dormido –aseguró Althea, mirando a Jimmy un instante con pasiva actitud –Parece de la clase de chicos que interrumpen constantemente una conversación con malos chistes.
Burgnam alzó las cejas. No podía llevarle la contraria respecto aquello.
-Tienes tres segundos para decirme quién eres antes de que vacíe la pistola en tu jeta –amenazó, sacando el seguro a la pistola.
-Mi nombre es Althea. Soy hija de los Stevens, no me conoces personalmente pero yo a ti si. No he venido a hacerte daño, estoy aquí para ayudar.
-¿Stevens? –bajó el arma despacio –Conozco a unos cuantos. Podrían poblar la tierra ellos solos –volvió a ver a Jimmy, siéndole imposible el no preocuparse –¿Como has...?
-Un hechizo de sueño. Tu misma podrás hacerlo cuando recuperes tus poderes.
Rhian soltó una carcajada, guardando el arma de nuevo en su pantalón.
-Si, buena suerte con eso. Mis poderes están tan lejos como lejos está quién me los arrebató.
-Buscas una aguja en un pajar, por eso estás estancada –Althea pasó por su lado y se plantó frente al mural, observando los mapas, los recortes de periódico, había un gran trabajo allí, pero uno inútil –No encotrarás a tu hermana, no es a ella a quién debes buscar, sino a aquellos para quienes trabaja.
Arrugando el ceño, Rhian se acercó lentamente.
-¿Los cazadores de brujas?
-Otra aguja en un pajar. Rastrear a los cazadores no es la solucion, sino buscar a quienes cazan.
-Las brujas... –Rhian tragó saliva –Pero.. Zane dijo que no lo hicieramos. Nos rogó que dejaramos de buscarlas, aseguró era peligroso.
-No he dicho que no lo sea –Thea enarcó las cejas, cruzándose de brazos –No te tenía por una cobarde.
-No lo soy –siseó con orgullo, sin dejar que la mirase por encima del hombro –Soy prudente. Proponerme convencer a brujas que pueden servir tanto a las sombras como a la luz resulta absurdo sin tener nada con lo que defenderme. No tengo poderes, y no se me da bien hablar. Los monólogos jedi no son lo mio.
Althea sonrió, apartando la mirada de Rhian para volver a ver los mapas. Por supuesto guardaba el secreto de haber sido la culpable de su encarcelamiento y de las pesadillas que probablemente aún la atormentaban. Si bien había anulado el conjuro de confusión, los efectos secundarios eran otra historia.
-Míralo así. No eres la única que las buscaría, Salomon pretende ganar tantos aliados pueda, y las brujas siempre son una gran ganancia. A su vez, el círculo de Sahed busca la magia de estas, no a ellas en si. Las brujas del círculo son de un linaje extinguido, se las llama amsugno, que viene a significar “Absorción”, debido a su capacidad para engullir la magia de otros. A diferencia de Elanor y su séquito no necesitan de dagas u objetos para hacerlo, es su naturaleza, y son indispensables para el plan del círculo. Acumulan magia sin descanso, hasta que llegue el momento de cederla a los trece manchados. Poderes de la antigua religión, sangre demoníaca y valor humano.
-¿Y por qué hacerlo? –preguntó –¿Por qué ceder los poderes que consiguen? ¿No las hace más poderosas conservarlos?
-Pactos. El círculo les garantizó su supervivencia a cambio de sus servicios por así decirlo, es lo único que tiene sentido. Es la guerra, y los que quedan en medio suelen ser los primeros en perecer, no es de extrañar que las potecias mágicas escogan un bando, todo se resume a supervivencia. Brujas, ángeles, demonios, lycans.. Todos persiguen lo mismo.
-Pero Jordan... Ella es mi hermana. Quiero recuperar mis poderes pero también quiero salvarla, debe de haber un modo de hacerlo.
-No sé de tu hermana. La esencia de una bruja se divide entre la luz y las sombras, nunca están predestinadas a ningún bando. Pueden servir a la diosa Duna o la Morrigan, a veces ni si quiera lo escogen, sus decisiones lo hacen por ellas. La magia proviene de la antigua religión celta, y todos los linajes que se salvaron de la maldición de la diosa Duna ya sea por su fidelidad o por su rigidez a la hora de servirla son todos los linajes que están ahí afuera aguardando ser encontrados. Silenciosos, marginados –la miró de reojo –¿Te resulta familiar?
-Quizá –murmuró, bajando la mirada –Pero es demasiado tarde para clases de historia. Convengamos que lo hago, que decido buscar a esas brujas y llevarlas al lado de la luz antes de que Leanor o el círculo las encuentren. ¿Como pretendes que lo haga? No es como si buscando en las páginas amarillas se anunciasen con algo como “Bruja al servicio de Duna, contactar conmigo en y aquí añadir número de teléfono y dirección” –ironizó, alzando notablemente las cejas –¿Crees que he estado sacándome los mocos estos días? Son irrastreables.
-Hazte esta pregunta. Si Leanor y el círculo las encuentran ¿Por qué no tu? Solo necesitas una luz que alumbre tu camino.
-No tengo una barita para imitar a Harry Potter y el hechizo de Lummus, graciosita. ¿De qué luz hablas?
-Debes hablar con Nimueh, la portavoz de la diosa. Si ella te considera digna te otorgará el llyfr de la luz, allí están escritos los nacimientos de todos los brujos que han servido desde el principio de la antigua religión a la diosa. Supongo que después –alzó las cejas, sin poder evitar sonreír –Si podrás usar google.
-Nimueh –repitió excéptica Rhian –Nimueh como.. La dama del lago de Merlin.
-Merlin existe, por lo tanto la dama del lago existe, por lo tanto si –replicó ofendida –Aunque los tópicos de la mitología sean incorrectos.
-Bien –Rhian abrió los brazos, dejándolos caer después con cansancio –¿Y dónde encuentro a esa portavoz de la diosa?
-No lo sé –respondió honesta, dándose el lujo de retocar una de las chinchetas del mural –Pero por lo que yo he escuchado, se esconde en el viejo castillo de Avalon.
-Avalon –asintió firme Rhian, aparentemente habiendo comprendido –No tengo ni puta idea de lo que estás hablando.
Althea puso los ojos en blanco.
-Inglaterra, Burgnam. Inglaterra. Glastonbury. ¿Quieres también el código postal?