Pues nada
— Parece que tendré que ir solo al cine. ¿De verdad nadie quiere acompañarme?
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Pues nada
— Parece que tendré que ir solo al cine. ¿De verdad nadie quiere acompañarme?
—Vale, te lo repito una vez más— suspiró, pasando su mano por su cabello. Nunca se desesperaba tanto hablando con otras personas, pero ésta lo estaba alterando —¿No viste un libro, tapa blanda, de color blanco con detalles naranjas? Tiene que aparecer. Es de una colección de Harry Potter que empecé a juntar hacer poco y no puede desaparecer así porque sí.
— De verdad que no he visto nada. —suspiró rascándose un poco la barba. En realidad tampoco estaba seguro, últimamente andaba más despistado de lo normal y apenas se fijaba en lo que pasaba a su al rededor.— ¿Te ayudo a buscarlo?
He oído que hacen unos tatuajes con henna magníficos. Pero no sé dónde. ¿Tienes alguna idea? —Inquirió a la persona que esperaba en recepción justo a su lado.
— Sí, creo que los hacen el en bazaar. —respondió terminando de colocar el objetivo en su cámara.— ¿Puedo acompañarte?
.003
Ni si quiera recordaba cómo había llegado a aquel restaurante. No había tomado mucho, en realidad, no había tomado en absoluto, pero aquel paisaje había logrado quitarle la memoria. Sus papilas gustativas explotaron al sentir la comida llegar a su boca, algo bastante condimentado, pero sabía asombroso. Abrió sus ojos y alzó la vista, observando a su acompañante-- Adelante, prometo que no sabe mal—
— Creo que mejor no, ya me llega con lo mío. —respondió ciertamente animado mientras se terminaba la comida de su plato. Desde muy pequeño se había acostumbrado a la comida especiada pero esta la verdad, era superior a todo lo que había probado.
La fuente de aguas danzantes en forma de estrella que estaba construida en el hotel era simplemente magnífica, pero el añadido de los tonos naranjas que aportaba crepúsculo vespertino, además de la propia luminaria de la fuente, le daba cierto toque mágico. Cornelia estaba allí, sentada en el borde de mármol observando con atención los chorros de agua que se movían al ritmo de una melodía inaudible—. Si vas a decir algo, mejor no lo hagas —ordenó, podía sentir una mirada clavada en ella y anteriormente había oído unos pasos acercarse.
El viaje le había resultado mucho más útil de lo que se pudo haber imaginado. Estar pendiente de los alumnos le ayudaba a distraerse de los sucesos ocurridos últimamente en su vida y la verdad, había tantas cosas para fotografiar que volvía a sentirse ciertamente animado. Nada más salir del hotel, reconoció a una alumna observando la hermosa fuente que ahora se encontraba iluminada y decidió sacarle un par de fotos, acercándose después a ella para enseñárselas.— Solo sacaba unas fotos. —murmuró colocándose junto a ella y pasándole la cámara para que pudiese verlas.
El castaño con libretas en mano se había dispuesto ir hasta su habitación para así ir hasta la cafetería para comer algo, pero en medio de su camino por los verdes y coloridos jardines del edificio plata, se encontró con aquella criatura de cuatro patas, meneando su cola sin cesar, cuando el castaño se coloco de cuchillas recibiendo aquel cachorro que comenzaba lamer su cuello, soltando una pequeña sonrisa — Tenemos por aquí a alguien perdido... — Le dijo al cachorro acariciando su cabeza lentamente, sintiendo de repente la presencia de alguien mas, a la que no le importo — No me mires así, se que lo tengo que llevar fuera de aquí... — Comentó el chico con mala gana, sintiendo como el cachorro observaba con fascinación todo a su alrededor.
— Hey por mi puedes quedártelo. —dijo con sinceridad, agachándose junto al castaño para poder acariciar al pequeño cachorro.— ¿Qué pasa pequeñín? —preguntó con tono afable, mirando con una sonrisa al animal que parecía fascinado con la presencia de ambos.
Desvió la mirada del libro que tenía entre sus manos hacia el hombre, comprobando entonces la rojez e hinchazón de los ojos masculinos. Prensó los labios en una fina y escasa mueca, no sabiendo qué decir al respecto. A veces no decir nada era la mejor opción. — Leo. Los agujeros negros. Me gusta ese tema. —Cerró el volumen y lo dejó en el interior de su mochila, que reposaba a su lado en el banco. Sin decir nada más sacó una botella de agua pequeña que portaba consigo y se la ofreció; se le veía cansado.— ¿Quieres? Te vendrá bien.
— Suena interesante. ¿Me lo prestarás cuando lo termines? —preguntó con una sonrisa casi invisible. Nunca había sido un lumbreras en ciencia pero después de ver Interstellar el tema había despertado curiosidad en su interior, y no perdía nada por leer algo sobre ello. Observó con una sonrisa agradecida la botella y después de dudar por unos segundos, la cogió para beber un poco.— Gracias. —hizo una pausa.—Llevo una semana de locos.
Iba directa a la cafetería para tomar algo, un chocolate caliente, de esas que tanto le gustaba. No pasó desapercibida la figura masculina tirada en aquel banco durmiendo. Le reconoció al instante, así que no hizo más que acercarse a él y mover suavemente su hombro con la mano, pero no hizo ni caso. Dejó escapar un suspiro y decidió sentarse a su lado, quizá al rato despertaría. No iba a permitir que alguien le viera así a solas. Sacó un libro del bolso y comenzó a leer, ignorando que se había apoyado en el hombro de la joven, sumido por Morfeo.
Lo bueno de estar dormido era que los recuerdos de su abuela no podían atormentarle, o por lo menos, eso pensaba él. En cuestión de minutos se despertó sobre saltado, teniendo la sensación de que todo había sido un sueño y todavía tenia alguien en quien confiar plenamente. Por desgracia esa percepción duró poco, solo tuvo que bajar la mirada a sus propias manos para reconocer las mangas de la chaqueta que llevaba; ni si quiera se había cambiado la ropa del funeral. Apretó con fuerza los labios y pasó la lengua por los dientes, sintiendo una sequedad terrible en la garganta que tan solo empeoraba su malestar. Al observar a la persona que había sentada en su lado, formó una amarga y casi imperceptible sonrisa, sintiendo al mismo tiempo el dolor en sus claros ojos, que ahora se encontraban rojos e irritados, que prácticamente le impedía llorar más.— Hey. —dijo en un tono bajo, aclarándose la garganta para que su voz no sonase tan ronca.— ¿Cómo vas?
#3
Estaba agotado, su viaje relámpago a Estados Unidos le había dejado hundido no solo físicamente, sino también de forma moral. Lo único que le apetecía era tumbarse en la cama y descansar hasta hacer desaparecer toda la tristeza que ahora residía en su interior, pero por desgracia, todavía tenía que dar una clase más. Esperando al inicio de esta, se sentó en uno de los bancos del pasillo y casi sin darse cuenta, se durmió sobre la persona que tenía al lado.
WhatsApp > Theo.
Albrecht: Me compré una cámara nueva, pero creo que no tengo idea de cómo usarla.
Albrecht: ¿Podrías declararte mi salvador? ¿O debo buscar a otro?
Theo: Pff, búscate a otro.
Theo: ¡Que no, que no! Es broma, tráemela a mi despacho y le echámos un vistazo.
Casi se sobresaltó al sentir a alguien a su lado, pero al reconocerle simplemente elevó una ceja y observó lo que hacía. No le negó la taza, tomándola con cuidado del asa para no quemarse. Al comprobar de qué se trataba, una amplia sonrisa adornó sus comisuras.— Huele muy bien… ¿Cómo sabías que me gusta el chocolate? —Acercó los labios al borde, soplando para que la temperatura descendiera. No tardó en sentarse a su lado, dando un pequeño sorbo. Aún estaba caliente.— Está bueno. ¿Qué le has echado?
— A todos nos gusta el chocolate, no era tan difícil escoger. —comentó con sencillez, encogiendo los hombros al mismo tiempo que le daba un trago a su taza. Sin perder la sonrisa, rodó los ojos y terminó por reír.— Eso es secreto, las recetas familiares no se desvelan. —dijo intentando aparentar seriedad, pero acabó por relajar el rostro.— ¿Cómo han ido las cosas?
Encaraba la turbulencia de los pasillos intentando no fastidiar el paso de nadie, aunque le era casi imposible en vista de la inmensa cantidad de personas que habían atendido la campanilla que informaba la finalización de las clases por aquél día. Para su suerte estaba llegando a la salida con puro triunfo, mas algo le detuvo de pronto. Su muñeca se encontraba atrapada, o más bien, la pulsera que rodeaba la misma. Ésta se había atascado en la prenda de vestir de alguien y por lo mismo le impedía avanzar. Dio un paso atrás e intentó enfrentar a la persona—. L-lo siento… —se disculpó no muy segura de si debía hacerlo—.
Los exámenes se encontraban a la vuelta de la esquina y eso se notaba en la actitud de los alumnos. Ninguno quería perder ni un minuto de tiempo, iban corriendo de una clase a otra y de vuelta a sus cuartos o bibliotecas, provocando así que el tráfico de alumnos en los pasillos fuese más denso de lo común. En cuanto terminaron sus clases aquella mañana y se dispuso a regresar al edificio de profesores, sintió como algo se enganchaba a su jersey entre tanta gente.— ¡No te disculpes! —exclamó quedándose quieto al ver de que se trataba de la pulsera de una alumna.— Creo que mejor será que lo saques tú, yo soy muy manazas para estas cosas y seguro que la rompo.
¡Vamos a viciarla!
Alyssa se había despertado con la llamada de su madre, anunciándole que había sacado un nuevo cuento, mostrando su felicidad y alegría. Como siempre, su madre siempre le pedía que se lo leyese. Esta vez, habían acordado que Ashley, su madre, le pasaría un pdf por el hotmail, para que así, Lyssa se lo pudiera leer tranquilamente en la universidad. Su madre también le anunció que Dean, su padre, estaba trabajando en otra película, que en unos siete meses, saldría a la gran pantalla. Contenta, se dirigió hacía la sala de juegos, donde pretendía pasar un buen rato jugando al GTA o cualquier otro juego. Entusiasmada, no pudo evitar grita de alegría, pues estaba un poco harta de clases. —¡Vamos a viciarla!—
Pasaba por delante de la sala de juegos cuando escuchó un grito que llamó su atención, sin pensarlo dos veces, asomó su cabeza por la puerta de esta y al ver una figura, decidió adentrarse para después mirar a la pantalla.— ¿Este juego no es un poco violento?
Tanto estrés me produce dolor de cabeza… —Murmuró para sí misma, colocándose de puntillas junto al enorme lago que adornaba el jardín de la Academia. Cerró los párpados y trató de mantener la mente despejada, respirando hondo. Alejarse de la multitud sonaba de maravilla por unos momentos.
— ¡Y por eso mismo yo traigo el mejor remedio del mundo! —dijo sin elevar demasiado la voz, sentándose junto a la figura de la castaña con dos tazas en la mano.— Venga, no te hagas de rogar y siéntate a mi lado. —ladeó el rostro con una sonrisa y le extendió uno de los recipientes.— Es el mejor chocolate caliente que probarás en toda tu existencia y además es receta familiar.
OOC
De nuevo...
¡En Imperial! —murmuro para ella mientras cruzaba de nuevo las puertas del lugar…después de haber estado fuera por vacaciones, tenía una rara sensación al estar de vuelta, pero tenía ganas de comenzar…ahora todo iba a ser aplicarse y aparte tenía muchas ganas de ver a todos sus compañeros de nuevo, o algunos. Se paró cuando sintió como a una persona al pasar por su lado se le caía un cuaderno, se agachó para cogerlo— ¡Perdona! Creo que esto es tuyo…
— ¡Ay, muchísimas gracias! Ya no sé ni por donde camino y como puedes comprobar, voy bastante cargado.— dijo con una sonrisa mientras sujetaba varias cajas apiladas en las que llevababa viejas cámaras. Las clases habían empezado de nuevo y tenía cientos de ideas nuevas para sus alumnos, cosa que le hacía ir un poco más acelerado de lo normal por los pasillos.— ¿Puedes dejarlo en la caja de arriba del todo?
te gustan los bustos generosos?¿?¿? o prefieres las tablas de surf¿?¿?¿
No soy exigente para eso, me adapto a todo.