"Por última vez, no tenemos Gingerale." Volvió a decir, esperando que en esta ocasión, la mujer entendiera y dejara de ordenarlo. Olivia había lidiado con clientes extraños todo el día y niños que arrojaban sus macarrones por los aires; a una hora como esa, solo rezaba por ir a casa."¿Puedo tomar tu orden?" Preguntó al siguiente cliente, acercándose a la mesa con la libreta de notas en la mano.










