𝐭𝐡𝐚𝐝𝐞𝐨.
se limita a reír entre dientes con el hilo de posibilidad que le otorga azabache, y es que asume que le está tomando el pelo. thadeo es encantador y ha tenido suerte con las mujeres a lo largo de su vida, pero es experto en el autosabotaje, y claro, no se cree ni de chiste su propia fortuna. thea, repite en su cabeza y asiente. “bueno, depende de qué quieras tomar. estamos en un campamento, podemos ir a sacar agua sucia y hervirla,” sugiere, pero es evidente que es un mal chiste. entonces chasquea la lengua mientras niega, ya hablando en serio: “no, es juego. podemos ir a la cocina, hay jugo y soda. y yo como que tengo ganas de un emparedado” confiesa, pues ya el gusto a dulce lo estaba hartando. “¿quieres?” expectante, señala con el mentón en dirección al camino.
se queda quieta por un minuto en lo que oye propuesta. no se ve automáticamente asqueada, está claro que la incomodidad se apodera de su rostro conforme transcurren los segundos. se cruza de brazos, perdiendo toda luz que antes portaba. ‘ no me parece gracioso, thadeo. ’ llama la atención del otro como si la diferencia de edades fuese una cosa mucho más marcada. ‘ hay comunidades llena de gente que vive del agua sucia, yo estuve en muchas de ellas. ¿la pobreza es un chiste para ti? ’ y hace un ademán de irse, como si la conversación hubiese terminado para ella. mas no pasan sino instantes antes de que rompa en una carcajada, apuntando con el índice al de cabellos rizados para hacerle mofa. entonces sí que empieza a caminar hacia adentro. ‘ ¿qué estás esperando? vamos, vamos, vamos. ’ en un giro de ciento ochenta, canturrea animosa.


















