Siempre me consideré un ser más nocturno. La magia, el entendimiento y la vitalidad siempre llegaban mejor a mí cuando el cielo se oscurecía y la luna iluminaba.
Esa conexión con la que nací o me inventé, forjó el sendero por donde debía caminar.
Mis pasos, entre las penumbras se sentían seguros, el silencio me acogía y el viento frío me ayudaba a respirar mejor.
Pero entonces, conocí el amor, en mis primeros 15 años de vida. Con el vivía este amor por la noche, pues a ella la aprovechamos para poder escapar, conversar y escribir juntos, donde nadie pudiera vernos, todo era tan puro, tan puro como la oscuridad; irremediablemente fue mi primer dolor.
No paso sino solo un año más, que al tiempo conocí al amor que me marcaría por más de una década. Cómo casi todas las adolescentes de mi edad caí profunda y perdidamente enamorada del segundo. No fue un amor cualquiera, para mí desgracia o fortuna (lo cual aún sigo sin entender) me enamoré del sol, no sé que tan figurativo fue eso, pues me enamoré del "Hijo del dios del sol", del concebido por Ra. Y mi vida, como la vida de todo este planeta comenzó a girar en su entorno.
/Y todo el arte que aparecía siempre era él, en mis rituales de vida siempre fue él, mi inicio y final parecían venir de él. Pero hay algo que no te advierten de esa adoración desmedida. Y es que cuanto más cerca estás más peligro corres/
¿Cómo un ser nocturno y enviado a la vida para trabajar sus sombras podía ser completamente cegada por aquella luz blanca que parecía inofensiva?
¿Cómo el alejarme de su fuego abrazador y violento podía significar mi cura y la muerte de todo ese campo de flores falsas que cultivaba para él?
Es que yo era muy feliz con esa variedad de colores y todo eso que me permitía dar vida a través de él. Pero no era yo, estar tan cerca me alejaba de mí, de mi capacidad de ver en la oscuridad y abrazarme del frío que siempre te lleva a la razón. Porque yo no sabía solo existir, mi poderosa mente debía ser cultivada en silencio, sombras y frío, pero yo no quería estar ahí si eso significaba estar lejos de él
Y me perdí, me transformé en un ente que solo servía para adorar y ya no existía para su propósito.
Cuando el sol se alejó de mí me quedé con todo ese repertorio de arte que cree para él, con mis rituales y mis flores. Todo murió, no pude salvar nada y pensaba que también moriría yo, ¿Cómo podía vivir si no era a través de su calor?
Me volví un ser terrenal que perdió su divinidad a cambio de adorar.
Tuve que atravesar por los tiempos más oscuros, fríos y dolientes para recordar quien era, para reparar las llagas que te provoca el fuego cuando lo tocas, tuve que sanar y cambiar de piel. Caer en la oscuridad para recordar como caminar en ella. Perder el miedo a la incertidumbre que te causa la ausencia de luz. Poco a poco recordé que de noche también hay vida, que de noche se construye este mundo pero que ese espacio no es para todos, sin embargo, a mí me abraza.
Así se siente existir sin dolor, sin miedo, así se siente recordar el poder de la luz y la oscuridad.
Ya no existen más ojos color sol, ni rayos como cabellos, ya no existen obras naranjas y amarillas, ni flores de colores pero tampoco existe ceguera, ni dolor. Ahora mis sentidos se agudizan, mi mente es clara y el corazón se siente templado.
Hoy que mi carta es el arcano mayor del sol, entiendo que solo era el inicio, un poco de buena fortuna pero también fue mi dolor más dolor más grande, estar ahí siempre fue una elección y ahora elijo el espacio que puedo habitar sin dolor, desde mi solitud y mi amor.