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con toda la ternura contra toda autoridad
notas microdosis de lo que intento escribir. por suerte encuentro estos pequeños refugios.
versos sueltos presentados como webzine hecho en slaptrash
Louise Glück, from a poem titled "Blue Rotunda," featured in Averno: Poems, originally published in 2006
mis tardes con Lilith 🖤
La Carrière de Suzanne, 1963
cop interrupts gathering of people giving food to the homeless in san miguel, buenos aires to push and beat them around, promptly finds out that actions have consequences
Hace 59 años los militares llevaron a cabo un golpe de Estado contra el gobierno del presidente constitucional Arturo Illia, imponiendo una más de las varias dictaduras cívico-militares (que duraría hasta 1973) que asolaron Argentina durante el siglo pasado. No muchas veces se piensa este período como la antesala de la dictadura militar de 1976-1983, lo cual nos lleva a olvidar algunos hechos relevantes para entender cómo estaban empezando a operar las fuerzas armadas y las de seguridad, con el antecedente del plan CONINTES y la instalación de la "Doctrina de la Seguridad Nacional". Por eso quiero compartir el caso del secuestro y asesinato de dos compañeres militantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Mirta Misetich y Juan Pablo Maestre, quienes fueron chupados el 13 de julio de 1971 cuando salían de la casa de los padres de Mirta.
Compañeres Mirta y Juan Pablo presentes, ahora y siempre
La desaparición de Mirta Misetich –hace 35 años [la nota es de 2006], el 13 de julio de 1971– fue la primera en la que desde el primer momento hubo pruebas de la participación de fuerzas de seguridad; fue la primera operación en la que el terrorismo de Estado puso a punto la metodología –incluyendo “zona liberada”– que habría de utilizar sistemáticamente a partir de 1976. El secuestro, en el cual fue asesinado su compañero, Juan Pablo Maestre, tuvo gran repercusión en la opinión pública y generó un alto nivel de movilización social. Hoy no son muchos quienes recuerdan aquel hecho y menos aún son los que recuerdan a Mirta Misetich: militante revolucionaria, sostuvo hasta su muerte una forma de hacer política, una forma de definir la vida, en la que se aunaban el valor y la piedad. El 2 de julio de aquel año, en la provincia de San Juan, había sido secuestrado Marcelo Verd, junto con su esposa Sara Palacios, quienes permanecen desaparecidos. Verd pertenecía a la organización guerrillera denominada FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias). El secuestro fue efectuado por efectivos pertenecientes a fuerzas de seguridad estatales, sin que en ese momento –a diferencia de lo que sucedería con el matrimonio Maestre– pudieran verificarse pruebas de esa pertenencia. Verd fue torturado en procura de información. Presumiblemente cumplió con lo que, en la organización a la que pertenecía y tomando como modelo al FLN de Argelia, se había considerado exigible para un militante: resistir la tortura durante las horas suficientes como para que sus compañeros pudieran ponerse a salvo. En todo caso, su declaración bajo tormento hizo posible que el 7 de julio se intentara el secuestro, en Buenos Aires, de Roberto Quieto, perteneciente a la misma organización. Esta operación fue frustrada porque la resistencia de Quieto y su esposa alertaron a un auto policial, que interceptó a los secuestradores: éstos se identificaron como policías y no tuvieron más remedio que convertir en legal la detención del militante. Faltaba el concepto de “zona liberada”. Este concepto se puso en práctica una semana después, en Amenábar 2224, barrio de Belgrano, donde vivían los padres de Mirta Misetich. Ella y su marido ya habían pasado a la clandestinidad pero cometieron el error de esa visita familiar. Los estaban esperando. A Juan Pablo, cuando intentó huir, le pegaron dos balazos; a Mirta la capturaron ilesa. Se los llevaron en dos autos. Al rato, en respuesta a denuncias de los vecinos, llegaron dos patrulleros de la seccional 33a los policías le ordenaron al portero que limpiara la sangre de Juan Pablo, se llevaron un zapato que había quedado de Mirta, y omitieron iniciar actuaciones por el secuestro. Un equipo de abogados integrado por Rodolfo Ortega Peña, Eduardo Luis Duhalde, Mario Hernández, Roberto Sinigaglia, Silvio Frondizi y Susana Delgado aportó pruebas de la participación de organismos de seguridad: el anuncio del procedimiento había sido escuchado por radioaficionados en la frecuencia policial y, en la mañana del día del secuestro, una comisión de la Superintendencia de Seguridad Federal se había presentado en la firma Gillette, donde había trabajado Maestre, a fin de detenerlo. El miércoles 14, el cadáver de Juan Pablo Maestre fue arrojado en un zanjón, cerca de Escobar.
(...) Marta Gan, que siempre vivió en Entre Ríos, recuerda que “cuando éramos chicos, Mirta y Antonio venían a pasar las vacaciones acá. Se apasionaban por las excursiones. En la adolescencia, Mirta era una chica risueña, cariñosa; era muy linda”. Estudió sociología en la UBA; allí conoció a Juan Pablo Maestre, con quien se casó. No tenían hijos. Juan Pablo estuvo entre los primeros militantes de las FAR, y Mirta se incorporó a la organización en 1968. E. R., quien formó parte de las FAR durante aquellos años, recuerda: “Cuando la secuestraron, Mirta era mi ‘responsable’. Yo venía en crisis con la militancia. Había entrado a los 18 años y esa vida compartimentada llegó a ser para mí algo muy solitario, muy próximo a la muerte. Empecé a querer irme. Nadie me puso obstáculos pero sentí que, claro, yo había dejado de ser lo que se llamaba un ‘cuadro valioso’. Mirta no sentía las cosas de ese modo; creo que ella no se consideraba un ‘cuadro valioso’ y que para ella yo, cualquiera, era valioso tanto si se quedaba como si se iba. Yo creo que Mirta estaba llena de piedad. En eso fue que la secuestraron. Yo me reunía con ella en un bar y la consigna era, si no iba, repetir la cita varias veces en el mismo lugar. Ella faltó una vez y yo seguí yendo. Empezó a aparecer en los diarios el secuestro de los Maestre; yo no conocía el apellido de ella, no pensé que fuera ella y seguía yendo a ese bar hasta que, de casualidad, una compañera de la organización me vio, me hizo salir y me contó lo que había pasado. Quiere decir que, si Mirta hubiera hablado cuando la torturaban, a mí me podían haber agarrado en el bar. Quiere decir que me salvó la vida”.
Fuente: Página 12
Me parece excelente que en el mundo de los libros existan Miguel Temprano y Gabriel Tarde.
Bestia Bebé · Las Pruebas Destructivas · Song · 2017
siempre sueño con las personas de las que alguna vez me enamoré
qué infantil.
¿por qué estar triste da tanto cringe?
ojalá nunca sientan tanto
hago fanzines y volví a publicar uno después de mucho
reflexiones tristes y algo medio cursi en formato glitch