No sé si a alguien le hablé con detalles de mi salida del closet. Pero tengo ganas de escribir del tema, los acontecimientos dejan en evidencia lo poco que mis padres se preocupan por mi, lo poco que piensan en mí por sobre sus deseos y caprichos, las diferencias inmensas entre mi padre y mi madre pero que aunque existan siguen siendo lo mismo.
No pasó nada violento físicamente, tampoco lo verbal me afectó tanto pero si la situación, cómo se desarrolló todo.
Yo siempre fui territorial, eran MIS amigas, era MI novia, era MI vida. Entonces mi madre se puso a revisar mi teléfono y leyó las conversaciones que tenía con mi novia y no había nada delatador, sólo ella diciendo que era linda o tierna y eviandome caritas mandando besos o caritas felices. Mi madre lo interpretó enseguida como que había un interés romántico de ella hacia mí, la empezó a insultar y yo saqué las garras y mostré los colmillos para salir en su defensa.
Yo soy la lesbiana asquerosa, yo la busqué a ella, yo “la influencié”, yo la conquisté, no soy na’ la victima.
Los insultos básicos heteronormados llovieron y yo me encerré en mi pieza, me puse un audiolibro y me quedé dormida, cuando desperté había llegado mi papá y hablaban en la cocina, me desperté justo a tiempo para escuchar que mi mamá prefería que fuera una puta o una prostituta antes que una lesbiana, mi papá dijo que no fulminantemente y fue suficiente para sentirme bien, pero obviamente su apoyo era limitado.
A mi madre se le ocurrió la genial idea de llevar a mi papá a la pieza y decirle que tuvieran sexo por último para enseñarme a mí lo que era bueno, como si no hubiera pasado varios años escuchando su mierda asquerosa, hasta ahí nomás llegó el apoyo de mi padre, fue a buscar viagra al auto y se encerraron en la pieza. A penas se cerró la puerta tomé mi bicicleta y me fui, no volví en todo el día a casa, con mi novia anduvimos mucho en bicicleta, mis padres me fueron a buscar a su casa, sus padres no sabían nada de mí y luego llamaron a mi novia para preguntar, eso fue todo. Cuando volvía vi a mi padre en su auto, camino a su casa, satisfecho obviamente de haber tirado cuando no se lo esperaba, llegué a casa a encerrarme y estuve dos días así, completamente encerrada, sin comer nada, sólo transitando entre el baño y la pieza cuandp encontraba la oportunidad o cuando me sentía con el valor de ponerme a pelear otra vez.
Los insultos siguieron ocasionalmente durante mucho tiempo y yo era mucha rabia y desprecio, exploté en un ambiente que ya era violento por culpa de mi hermano y terminamos los dos en una comisaria.