A la insensatez andante:
Me cuesta encontrar las letras que se le acomoden a este terrible sentimiento porque sé que no sólo es uno, es un coctel de emociones extrañísimas que, al mismo tiempo, son íntimas, son mías.
Pienso mucho en ti, pero desde el martes ya no es conmigo, sino, con ella. Siempre fue ella.
Saberlo un hecho fue insólitamente liberador pero, en todo caso, tengo una intuición nata porque siempre lo supe y hacer parte de mi que nunca me equivoqué me devuelve el alma al cuerpo. No fui la loca que estaba mal, no fui la insegura sin razón, no fui a la que su mente le estaba jugando chueco, no fui la que no podía ver tu amor, no fui la que estaba perdiendo la cabeza y por eso necesitaba terapia. Sólo se trataba de mi cuerpo advirtiéndome de ti y tu horrible manera de mantener a las personas sensibles y vulnerables ante tu amor falso.
Me hierve la sangre recordar todas las veces que juraste ser sincero. La carta de febrero catorce donde escribías “genuino”, “honesto”, “sincerarme”, “auténtico”, ¿Qué tan cínico se puede llegar a ser?, me lo pregunto una y otra vez, ¿Por qué estabas conmigo si no era para quererme?, ¿Qué encontrabas en mi que no podías encontrar por tu cuenta?, ¿Era todo por tu ego?, ¿Era porque te hacía sentir capaz?, ¿Superior?, cualquiera que sea la razón ya no me permitiría ser empática contigo. Sólo puedo sentir resentimiento.
Te amé incluso cuando sentía que tú a mi no y ahora, desde lo más visceral de mi ser, desearía que existiera la justicia divina para que sientas lo que yo multiplicado por cinco y que dure en ti diez veces más. Espero que te hagan lo que tú estás acostumbrado, mentir, manipular, robar estabilidad y tiempo, que te hagan dudar de ti mismo y de tu propia realidad.
Me pregunto si con ella será diferente o si harás las cosas que solíamos tener juntos, si le hablarás de las películas que te mostré o la música que te dediqué, de las frases que te contagié o las cartas que te redacté. Me pregunto si le dirás que tu “amor” es reciclado, que está gastado porque me perteneció. Me pregunto si con ella serás sincero. Espero que sí, que al menos después de mi puedas cambiar aunque sea un poquito, así podré ver que te marqué.
Todo esto sólo reafirma mi teoría de que no importa qué tanto te esfuerces por hacer las cosas bien, la vida no es justa y siempre puede salir mal.
Ahora te odio, por todo lo que prometiste y no hiciste, por las veces en las que tus acciones hablaron más fuerte que tus palabras, por cómo te manejas y constituyes, por tu incapacidad de cuidar, respetar, entender, sentir, confiar. Por cómo mientes sin titubear, por como finges sin resentimiento, por tu manipulación perfecta, por tu tacto frío, por tus abrazos burdos, por tu mirada vacía, por tus palabras ensayadas y discursos incoherentes. Te odio por llegar.
Te odio porque ahora temo salir de mi casa y toparme contigo, porque no sé como podría reaccionar pero todo apunta a que terminaría gritándote lo miserable que eres y lo tanto que me enoja haberte entregado mi existencia efímera y lo peor de todo es que sé que no te va a importar porque nunca te interesé, sólo te gustaba cómo te hacía sentir.
Te odio y sé que este odio viene del profundo amor que me permití sentir por ti y que no me arrepiento de haber vivido porque lo hice desde mi sinceridad y vulnerabilidad, desde la esperanza e incluso un poco de ingenuidad. Ahora duermo tranquila porque la culpa no me invade cuando mi cabeza habla.
Contigo no lograba sentirme amada y ahora puedo concebir por qué. No me amaste una vez, no lo ibas a hacer una segunda y no lo harás una tercera. No me malentiendas, puedo aceptar cuando alguien tiene la valentía de decir “no te amo”, puedo entenderlo y lidiar con ello. El problema está cuando me haces creer que sí, finges y mientes, entras a mi casa, te recuestas en mi cama, te comes mi comida, acaricias a mi perro, viajas en mi auto, compartes mesa con mi familia, sabes la historia con mi hermano, ocupas mi tiempo y espacio, tocas mi cuerpo, embrujas mi corazón, invades mi mente y desprecias mi amor como si fuera una especie de arma cargada cuando me haces quedar como la mala inestable y realmente el problema eres tú.








