Azul de la distancia
Los nuevos medios y las redes sociales desdibujan la noción de espacio-tiempo hasta hacernos sentir omnipresentes. De repente, todos estamos viajando a través de las stories de las cuentas de Instagram que seguimos. Las imágenes nos suceden una tras otra; no somos conscientes de la cantidad de imágenes que vemos cada vez que nos conectamos, ni podemos recordar lo que vemos a medida que pasamos las stories. Les turistas/viajeres son productores incansables de imágenes que publican en las redes para reafirmar su presencia en tránsito por paisajes turísticos y territorios que van atravesando. Consumo esa producción de imágenes de les viajeres en un scroll vertical infinito, un bombardeo de paisajes que se mezclan en mi memoria, se superponen; no estuve en ningún lado, pero navegué por muchos lugares. Busco generar una tensión entre la horizontalidad y la verticalidad, lo cual puede ser una puerta de entrada para que el observador busque en la imagen algunas realidades reconocibles e invente su propio paisaje. Comienzo a recolectar esos videos y a mezclarlos; los horizontalizo, desfragmento, superpongo, los destruyo para construir otro. Horizontalizar la verticalidad. Se convierten en un paisaje extraño, con indicios referenciales pero no reconocibles; todos los paisajes son el paisaje. Un mapa de bits, una imagen pobre, pixelada, donde se pueden vislumbrar algunos vestigios de paisajes. Construyo mi propio paisaje. Se hace presente el azul, bañando todos los paisajes. Es el azul de la distancia, ese azul que es una ilusión. Es "el azul del horizonte, el azul del lugar donde la tierra parece fundirse con el cielo; un azul más intenso, más onírico, un azul melancólico, el azul del punto más lejano que alcanzas a ver en los lugares donde puedes abarcar grandes extensiones de terreno con la mirada". Ese azul de horizontes y de cordilleras remotas, que, como dice Solnit, “nos regala la belleza del mundo, que en gran parte está en color azul.” El color de "allí visto desde aquí, el color de donde no estás. Y el color de donde nunca estarás." Nos encontramos frente a un paisaje al que no podemos acceder, ya sea por la anulación del ojo agobiado en un scroll infinito en las redes, o por la desfragmentación de la imagen. Ese azul en el extremo de lo visible es el color de una emoción, de la soledad y del deseo, el anhelo de esa lejanía a la que nunca llegamos. El azul de la distancia es ese lugar al que nunca llegaremos, porque, en definitiva, no existe. El ojo devora todo. Pasan tantas imágenes que ninguna se fija; todo se borra antes de llegar a ser recuerdo. Miramos sin ver, desplazándonos por un vacío de paisajes que no habitamos. Esa acumulación de imágenes parece situarnos cada vez más lejos de lo que intentamos capturar, dejando solo la distancia entre nosotros y el mundo que creemos estar observando.










