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Pese al cansancio que acumulaban sus músculos, notable en cada roce contra el suelo que daban sus pies al avanzar, su mente parecía conservar un cuarto de su acostumbrada perspicacia, cantidad suficiente para detectar, algunos pasos por delante de sí, a dos personas que acechaban a una despistada (posible futura) víctima. Pistolas de agua en mano, se preparaban para atacar a quien parecía ignorar por completo que estaba a punto de convertirse en un número más entre los afectados por la broma. "¡Hey, detrás de ti!" su voz, fuerte y decidida, interrumpió el silencioso ambiente de madrugada tal vez por el deseo de ayudar al prójimo o, quizá, con la malicia de intentar arruinar un plan que parecía perfecto.
“Qué graciosx. Está bien, si me traes otra copa, te dejo sentarte aquí.”
“¿La extorsión es el método por el que consigue tragos?” respondió, ladeando sus labios en una ligera sonrisa. “Hay formas mejores, por ejemplo lograr que alguien sienta genuinamente el deseo de acompañarte”
-No diré que te ves horrible, pero…te ves horrible…-.
--- En mi defensa, he tenido peores épocas ---desconociendo si se refería a su físico o al hecho de que debía de tener la apariencia de un zombie, aceptó la crítica ajena con tanta importancia como le podía dar en un sitio como aquel y luego de haberse bebido la barra entera.
No era la fotógrafa oficial de aquella fiesta, pero aún así, se paseaba con su cámara por los alrededores. Con intenciones de retratar momentos espontáneos, el flash de su cámara se hizo notar, iluminando el lugar. “Ah, rayos.” Murmuró para sí misma, ¿acaso podría haber sido aún más evidente? “Lo siento.” Entendía que no todos eran fanáticos de sentirse expuestos y por consecuencia, decidió que era mejor disculparse de antemano.
El volumen de la música ya no resultaba una excusa valedera para la escasez de centímetros que distanciaban su rostro del de su interlocutora, los alientos alcoholizados que se entremezclaban en medio de una conversación sin mucho sentido indicaban que, poco a poco, la misma parecía buscar un final. Fue consciente de la cercanía casi palpable por el suave cosquillear de sus labios que se anticipaban incluso antes que su adormecido cerebro al contacto inminente con los ajenos, un contacto que fue interrumpido por la aparición abrupta e inesperada de una enceguecedora luz que consiguió poner distancia entre los dos. Las disculpas ajenas denotaron en Eliah una respuesta casi automática, adelantándose a cualquier cosa que fuese a decir su compañera: “Descuida, no tiene importancia”. Palabras erradas, claro estaba; la mirada ajena se enfocó en sus facciones y un ceño fruncido le indicó su descontento. “Espera, no quise-...” comenzó con una disculpa que no pudo terminar, pues la fémina se había elevado sobre ambas piernas y comenzaba alejarse a grandes zanjadas. “Bien, parece que se molestó” era evidente que se había molestado.