Por casualidad...
¿Puedo entrar? —La mira— Menos mal usted no lo tenía —ríe y niega con la cabeza—.
¿No lo iba a hacer igual? —dijo desde el piso— Aveces uno hace locuras por amor —levantó al perrito con ambas manos y besó su cabecita— No pude conseguirle comida, pero acabo de darle leche —se encogió de hombros— Creo que así estará bien hasta mañana.












