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@fuckannalies
El trabajar durante todo el día arreglando era divertido, pero ya se estaba haciendo bastante agotador y era inevitable no sentir un poco de hambre, sumándole el hecho de los olores provenientes de la cocina no ayudaban en nada. Sin más tuvo que al menos ir a dar un pequeño vistazo, solo para observar.— No sé, pero creo que luego te arrepentirás de hacer eso —respondió, justo detrás de ella.
Se incorporó y le echó un vistazo a Oliver, quien se encontraba justo a sus espaldas—. Serás tu quien se arrepienta si tomas alguno de estos muffins, lo digo en serio —reafirmó, intentando parecer seria y temible.
—Entrecerró los ojos luego de escuchar a la chica, desviando su vista del pequeño a ella un par de veces. No esperaba obtener ningún muffin, pero aún así fingió una mueca de indignación—. ¿No se supone que en la temporada navideña hay que compartir y ser buenas personas? —ironizó, borrando su antigua expresión para volver a sonreír burlonamente. Bajó la mirada hasta el niño, encontrándolo comiendo con toda tranquilidad—. Al menos a Rick le gustan.
Alzó ambas cejas al escuchar aquello e hizo su cabello a un lado para que no entorpeciera su tarea—. Es algo hipócrita de tu parte hablar de ser buena persona —dijo, encogiendo un hombro. Su mirada se desvió al pequeño Rick, a quien ofreció una sonrisa—. Son deliciosos, ¿verdad? Puedes tomar otro si quieres.
Con uno de sus dedos a punto de ser deslizado por el glaseado, frenó en seco y suspiró, pensando que no estaba siendo observada. —¡P-pero! —se quejó, buscando que la dejara probar. —Sólo quiero poder puntuar cómo de bien te están quedando.
Alzó la vista para observar a Natalie, poniendo sus ojos en blanco. Después de todo, era una de las suyas—. Bien. Toma... este —colocó en sus manos uno de los peores, al cual el glaseado se le había derramado por un lado, y aguardo a su veredicto.
— Es que les gusta molestar, te entiendo. Hubiese dicho lo mismo — rodó los ojos y rió viendo que ya casi estaban todos los cupcakes listos. — Bueno si, ese estaba un poco desarmado — dijo siguiendo la broma y miró las galletas asintiendo. — Si, por favor. Hay que glasear y pues, tienen un buen olor, pero esta no quedó muy bonita — la tomó y le dio un mordisco. — Están buenas —.
Rió al ver a Rosie imitando su broma y tomó el glaseado blanco, observándolas minuciosamente—. ¿Qué dibujos vamos a hacerles? —preguntó, frunciendo ligeramente sus labios mientras intentaba pensar en algo.
Tomó una gran bocanada de aire y la observó nuevamente, —Verde, rojo, blanco.— repitió en voz baja mientras la rubia iba alternando de colores, —Entendido.— afirmó tomando la manga con el glaseado verde. Trató de hacer el primer cupcake, pero éste salió casi nada prolijo, —Bueno, es el de prueba.— mencionó poniéndolo al costado para poder hacer otro, y este segundo salió mucho más bonito que el anterior, —Aw, ¿Lo ves?— preguntó, mostrándole su obra de arte.
Se hizo a un lado para contemplar el trabajo de la morena, lamiendo los restos de glaseado que habían quedado en sus dedos. Asintió al ver que obtenía mejores resultados a medida que practicaba, dedicándole una minúscula sonrisa—. Mucho mejor. ¿Puedes seguir tú? Estoy agotada —dijo, dirigiéndose a la cocina para servirse un vaso de agua.
Su expresión se volvió fría y severa con la rubia, no podía creer lo que estaba sucediendo y más con alguien como Anna, una de sus favoritas. —No eres así, pero lo hiciste. No va a volver a suceder, pero aún así pasó… Ahora, dime ¿qué cosa pasó por tu cabeza? ¿Acaso te volviste estúpida? —Gruñó sin aflojar sus puños—. No es el resto de las chicas, soy yo la tome esa decisión, y muy mal por ti. Porque yo soy el maldito demonio —la miró suspirando profundamente, más que molesta estaba decepcionada con la rubia por haber hecho eso—. ¿Sabes en que clase de problemas me estás metiendo? Que las demás se lleguen a enterar de eso y que sepan que no te puse un castigo lo suficientemente duro… Maldita sea, Anna. Porque eres tan puta y arrastrada —Se bajó del mostrador para enfrentarla frente a frente—. Vas a ir a donde Alec y le vas a decir que no lo volverás a ver, que eso fue sólo un error. Si te llega a poner otro dedo encima y tu no hacer nada te puedes ir despidiendo de las ángeles porque te mandaré directamente donde tus abuelos en pedacitos.
Escuchó las palabras de Hazel sin replicar nada, después de todo estaba en su derecho a enojarse con ella. Desvió su vista al suelo y mordió su labio inferior, aterrada ante las consecuencias que podrían tener sus actos. Tomó aire para afrontar la mirada dura e inflexible de la morena, asintiendo con lentitud. Estaba segura de que le costaría volver a ganarse su confianza—. Lo haré. No volverá a ocurrir, te lo juro —murmuró, comenzando a caminar hacia la salida con rapidez. Se volvió pocos pasos antes de llegar—. Y ya se que no vale de nada, pero realmente lo siento. Haz lo que tengas que hacer, Hazel. Lo merezco —afirmó, completamente arrepentida.
Aplastó el muffin contra la mesa, frunciendo el ceño pero no se inmutó en moverse del lugar donde estaba sólo apretó sus puños y la asesinó con la mirada. —¿No lo pensaste? ¿Lo sientes? Debería cortar tu maldita lengua. ¿¡Tienes alguna idea de lo que hiciste!?—. Le gritó bastante enojada con ella. —Nos traicionaste y no sé que demonios haces aquí. Deberías estar limpiando la mansión con la lengua, por puta.
Hizo el glaseado a un lado y se volvió para observarla a los ojos, con puro arrepentimiento—. Lo siento, de verdad. Sabes que no soy así, Hazel. Fue un error, no volverá a ocurrir —murmuró, sintiéndose disgustada consigo misma, no solo por haberse acostado con uno de sus enemigos sino por haberlo disfrutado—. Debería hacerlo. De hecho, puedo hacerlo. Haré lo que tú y el resto de las chicas consideren necesario.
Hazel andaba de un lado para otro inspeccionando que las cosas, hasta se que encontró exactamente con las ángel con la que quería hablar, Anna. Se acercó lentamente a la mesa, tomó uno de los muffins y le pasó el dedo al glaseado. —¿También le cortaste los dedos a Alec cuando te los puso encima?—. Le preguntó sentándose con las piernas cruzadas sobre la mesa.
Observó a Hazel con el ceño fruncido, a punto de protestar, mas decidió cerrar la boca al escuchar la pregunta de su líder. Mordió su labio inferior, regresando a su tarea para evitar mirarla—. N-No... No pensé, Hazel. Lo siento —respondió, aunque sabía que estaba intentando justificar lo injustificable. Había traicionado a las suyas y aquello no tenía perdón.
—Tranquila, no lo haré.— murmuró mientras ataba su delantal en su espalda, luego se dispuso a observar a la rubia trabajar para ver si podía imitarla pero su ritmo era inalcanzable. —¡Anna, basta!— chilló mientras trataba de hacer lo mismo que ella, —Lo haces muy rápido y no entiendo. Maldición.
Se sobresaltó al escuchar la exclamación de la castaña, volviéndose para observarla. Entornó los ojos y comenzó el proceso nuevamente, ahora a un ritmo más lento—. Es verde para el fondo... rojo para el gorro de navidad, y blanco para los detalles —explicó, decorando uno de los muffins mientras hablaba—. ¿Lo tienes? —preguntó, observándola con ambas cejas alzadas.
Qué modos de hablarle a Rick —replicó el rubio con una sonrisa ladina, mientras volteaba a ver al niño que llevaba tomado de la mano. Aquél pequeño no tenía más de tres años y había estado gritando que quería comer algo. Por lo que, huyendo de los juegos de los demás niños, Peter decidió que le buscaría algo de comida—. Oh, vamos, sólo quiere uno.
Alzó la vista al escuchar la mención de uno de los niños, con una expresión completamente apenada en su rostro. Sin dudarlo, tomó uno de sus muffins y lo colocó sobre sus pequeñas manitos—. Uno para Rick... —dijo, esbozando una dulce sonrisa— y nada para Peter —finalizó, mientras volvía a su tarea.
—Si hubiera sido un niño, lo habrías traumatizado de por vida Anna—comentó con una sonrisa, el cascabel de su gorrito de navidad tintineado con cada paso que daba—Me han enviado a ayudarte, así que aquí me tienes—abrió los con una sonrisa antes detenerse junto a la chica— Pero antes… ¡Mistletoe!—exclamó, levantando la pequeña plantita sobre sus cabeza y sacudiéndola mientras hacía sonidos de besos.
Entornó los ojos al escuchar la voz de Dylan y continuó con su labor, sin darle demasiada importancia—. No necesito ayuda, pero gracias de todas formas —replicó, dedicándole una breve mirada antes de volver su atención a los muffins. Bufó con hastío, negando con la cabeza—. No voy a besarte aunque me lo ordene el mismo Dios —espetó, sin molestarse en fingir simpatía.
— No seas tan bruta Anna, si te vengo a ayudar o más que nada, a decorar galletas — le comentó mientras colocaba una bandeja grande de galletas que ya estaban frías. Miró todo el trabajo que la rubia hacía con rapidez y sonrió. — Vaya, si que están quedando bonitos. — le comentó mientras empezaba a ordenar las galletas en la mesa y se disponía a tomar una manga pastelera con glaseado color verde.
Alzó la vista para encontrarse con Rosie, dedicándole una sonrisa—. Lo lamento, pensé que eras uno de los Dragones —explicó, mientras colocaba algo de glaseado rojo en el último. Tomó distancia para admirar su obra—. ¿Tú crees? Me parece que este salió mal, voy a tener que comerlo —comentó, fingiendo tristeza, y tomó uno de los que peor habían quedado y dándole un mordisco—. ¿Necesitas ayuda con eso? Se ven deliciosas.
La rubia decoraba muffins con rapidez, alternando entre los glaseados color rojo, verde y blanco para darles un toque navideño. Mantenía su vista fija en la comida que estaba preparando, mas pudo escuchar pasos entrando a la cocina y acercándose a ella—. Si tocas uno de estos juro que te cortaré tus dedos —amenazó, sin levantar la vista de su tarea.
—Yo no podría controlar ni a la mitad de los que llevas, así que te entiendo —alzó ambos hombros, sonriendo con levedad. Aquella sonrisa se ensanchó al observar cómo el pequeño sonreía al ver a la contraria, tomando incluso su cabello para jugar con él. El mismo lo soltó rápidamente al ver de nuevo a los perros, intentando acariciarlos y esbozando algún que otro sonidito, como si realmente estuviese hablando—. Creo que eso fue una especie de sí —rió, provocándole la imagen cierta ternura.
Rió al ver que el niño jugaba con su cabello, y luego con los animales. Se puso en pie nuevamente, dedicándole una sonrisa a su amiga—. Es una dulzura. Debería seguir paseándolos, pero necesito un descanso y parece que quiere seguir jugando —dijo, señalando con un movimiento de cabeza al pequeño, que ahora se hallaba rodeado por los canes.
Para ser honestos, Dylan estaba sorprendido por la calidez de la chica y su rostro lo demostraba perfectamente; podía contar con una sola mano las veces que había conseguido que una Ángel fuera amistosa con él desde que el tratado de había desmoronado y que fuera Anna la que estaba siendo amable lo sorprendía aún más. Finalmente reaccionó y le devolvió una sonrisa radiante a la chica mientras acariciaba al perro—No hay problema, aunque actué más de impulso que de nada—admitió, apretando los labios antes de agacharse para dejar al animal en el piso y ofrecerle la correa a la rubia—¿No crees que llevas demasiados animales, demasiado grandes?
Tomó la correa del animal, manteniendo su cordial sonrisa. Podía ser algo grosera con los miembros de la banda contraria a veces, pero en esa ocasión podría omitir su rivalidad por unos minutos—. Sí, pero debo pasearlos. Para juntar dinero y esas cosas, ya sabes —respondió, encogiendo sus hombros suavemente—. Aunque ellos me están llevando a mí, en realidad.