Max cerro sus ojos dejando que la música se filtre libremente por sus oÃdos, resonando en su cabeza, marcando un ritmo suave. Ya lo habÃa escuchado tantas veces que podÃa tocarlo en su cabeza tan claro como ahora lo hacÃan los audÃfonos en sus orejas. Dejo que sus dedos se movieran delicadamente sobre la barandilla del balcón, buscando las notas musicales en una especie de piano imaginario. De un momento a otro se detuvo al sentir que alguien lo observaba, giro lento la cabeza para observar sobre su hombro a la otra persona— ¿Qué?—Su voz sonó mucho más dura y seca de lo que habÃa esperado.
Se habÃa quedado observando al rubio, que parecÃa estar en su propio mundo imaginario. Una expresión divertida asomaba a su rostro. Ladeó la cabeza ante la pregunta—. ¿Debo pedir permiso para mirarte? —repreguntó, para luego acercarse hasta quedar junto a él—. ¿Qué escuchas?











