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todas las mentiras que nos creemos
And it's been so long But if you ever think you got it wrong I'm right where you left me. - Taylor Swift
ABANDONO
Normalmente no pongo tipo explicaciones porque me gustan que los textos hablen por su cuenta, no sé si es demasiado pronto para compartirlo pero hoy -ayer- lo leí en clase y solo pensé que debería subirlo en cuanto pudiera. Esto traía una dedicatoria pero para evitar miradas condescendientes y futuros reclamos preferimos omitir. Mmm, nace de estar releyendo un poco a Edna, con la que llevo obsesionada desde el año pasado desde que terminé de leer tired tired sea ¿sabían que no editan nada de ella en el idioma español? Ni un solo libro, ni recopilaciones, ni nada. Añadiéndole que todo el mes de enero me la pasé escuchando a Maggie Rogers, tiene una canción llamada "Alaska" -la que después sirvió como inspiración para un seudónimo- y en todo ese álbum se repite un concepto sobre "salir de su propio cuerpo" y me gustó tanto la idea que quise retratar el mío a través de un abandono. Ba dum tss. Ah, y también ganó un concurso de la escuela. Y se me quiebra (solo un poquito, lo juro) la voz al leerlo. También hago un guiño a Lanita del Rey y sus barandales azules💙
El laberinto
“¿Cómo voy a salir de este laberinto de sufrimiento?”
¿Acaso hay salida?
O es en cambio
un infinito de pasillos con extensos muros arbolados
haciéndote creer
que existe una salida de emergencia lista
que te recibirá con brazos abiertos
y te besará
y te acurrucará
y te dirá:
“Yo te he visto, yo te he visto pelear
estoy orgulloso de ti
estoy orgulloso de que al fin pudieras conseguirlo”.
Sabrás perfectamente cómo llegaste a este punto
y te felicitarás
y te envanecerás por esquivar el sufrimiento
como si fueran balas de plástico de un arma de juguete.
Ojalá la salida fuera
un salto al vacío con los ojos cerrados.
Pero no, en los laberintos no hay vacíos
solo un sufrimiento que terminará
el día que te canses
y tus pies ya no puedan andar
y tus manos ya no se puedan extender
para pedir un poco más de agua.
Así que, en cualquier esquina similar
a una de tantas que recorriste con anticipación
te tirarás de seguro en una arista
que tenga un bonito rosal,
esperando que el sol
cubre toda incertidumbre
y que te susurre dulcemente en el oído
que todo sufrimiento ya ha acabado.
RESEÑA: My Policeman, de Bethan Roberts.
Explicando un poco el fenómeno Harry Styles
Harry aparecerá próximamente en Don’t Worry Darling con su primer papel protagónico en su naciente carrera actoral y estaría siendo dirigido por la actriz y directora Olivia Wilde, compartiendo la pantalla con Florence Pugh.
Además de sorprendernos a todos hace unos pocos años con su debut cinematográfico en Dunkirk, dirigida por Christopher Nolan, donde su actuación recibió elogios por parte de la crítica, este año también recibimos la sorpresa que terminando el rodaje de Don’t Worry Darling en Los Ángeles, Styles se dirigirá a Londres en abril para rodar My Policeman donde le dará vida a Tom en la próxima película original de Amazon, basada en el libro homónimo de Bethan Roberts junto con Emma Corrin, en el personaje de Marion, mejor conocida recientemente por interpretar a la princesa Diana de Gales en la popular serie de Netflix The Crown, papel que le consiguió su primera nominación al Globo de Oro.
Bajo todo esto, durante los últimos años en la fanbase de Harry ha existido una tendencia (que normalmente todas las celebridades la tienen ¿no?) de que todo lo que usa, sus fanáticos se encargan de replicarlo, es como llevar una parte de él a todos lados: El cárdigan, los gorritos de rana, stickers de estrellas en el celular, el botellón de agua que sostenía en una de las fotos que se filtró del rodaje de Don’t Worry Darling cuyo modelo se agotó en internet unas cuantas horas después de que las fotos salieran a la luz.
Este mismo efecto no solo se ha replicado en cosas simples como adornos u outfits, hace tiempo en una entrevista para Rolling Stone, Harry compartió un poco de sus gustos musicales y literarios. Confesó que mientras escribía su último disco Fine Line, él estaba escuchando seguido el RAM de Paul McCartney acompañado de hongos alucinógenos para “inspirarse”. Cuando finalmente Fine Line salió a la luz, Stevie Nicks, de quién Harry siempre ha sido fanático y con quién comparte una íntima amistad, dijo que Fine Line era su Rumours, disco de Fleetwood Mac ganador del Grammy y uno de los álbumes mejores vendidos de la historia.
En cuanto a la literatura, también en Rolling Stone, Harry admitió que antes no era mucho “de leer”, hasta que una amiga le prestó Tokio Blues de Haruki Murakami, un autor al que recomienda seguido. Desde entonces, se le ha visto recurrentemente en fotos con fanáticos acompañado de algún libro. Algunos ejemplos recientes: Al parecer leía “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” (también de Murakami) y hace poco menos de un año, se encontraba leyendo My Policeman lo que provocó que en esa ocasión y tras el anuncio de que él participaría en la cinta, varias personas alrededor del mundo (entre ellas, yo) se interesaran en leerlo.
¿De qué va My Policeman?
Esta novela se divide en cinco partes, cada una se intercala narrando entre cartas de Marion, una profesora de preescolar recién recibida, y el relato de Patrick, curador del Museo y Galería de Arte en Brighton, poco a poco se va revelando su amor por Tom, el dolor de tener que compartirlo y las consecuencias de tenerlo en el centro de sus vidas.
La historia se va haciendo desde cómo Marion se encuentra profundamente enamorada de Tom, el hermano mayor de su mejor amiga Sylvie, desde la adolescencia hasta su adultez. Su hermana la advierte que él 'no es así', ella ingenua (o voluntariamente) ignora lo que eso significa.
Cuando después de que Tom sale del Servicio Nacional para convertirse en policía y regresa a Brighton para reencontrarse con su familia, también se reencuentra con Marion, tras la pequeña y muy limitada convivencia que tuvieron en algún punto del pasado gracias a Sylvie, empiezan a conocerse mejor, a entablar una amistad después de algunos años y Marion encuentra que sus sentimientos por Tom no han cambiado en lo absoluto, cegada por estos mismos, contraen matrimonio convenciéndose que “su amor” era lo único que necesitaba para vivir, y era suficiente.
Las epistolares de Marion transcurren a finales de la década de los noventa y cuentan la historia en retrospectiva, cuatro décadas atrás, en 1959 cuando la homosexualidad aún era ilegal en Inglaterra; a pesar de que aún estaba al borde de ser un tema de interés público, pues por esos años empezaron los primeros debates y discusiones sobre las leyes de delitos sexuales (la homosexualidad se despenalizó finalmente en Inglaterra en 1967), aún a pocos pasos de lograr los grandes cambios sociales, seguía existiendo gente frenándolos.
Era un tiempo donde simplemente no se hablaba de homosexualidad, mucho menos para el personaje de Marion.
Al ser la historia contada por los personajes de Marion y Patrick, ambos muestran seguido su aversión hacía el otro, sin embargo, al estar obligados por Tom a convivir de vez en cuando, reconocen aspectos de la personalidad de su contrario que les agradan y tienen tantas cosas en común que en otras circunstancias pudieron haber sido buenos amigos y es interesante como la autora juega con esta misma dinámica.
Uno normalmente cuando lee romances LGBT esperaría tener el común sentimiento de cierto rechazo al personaje entrometido o a quién, en su defecto, impide que el romance principal tenga la historia de amor que se merece, quién impide la felicidad de la pareja central. Sin embargo, la autora se sale mucho de este molde pues “Marion llegó primero”, siguiendo esta lógica infantil el “entrometido” sería Patrick. Es muy acertado que de estas cinco partes, las más importantes estén narradas por la protagonista femenina, pues te encamina a no juzgarla, a valorar un poco sus sentimientos y, al menos, en mi caso me sentí muy apegada a ella. No era la “historia de amor de Tom y Patrick”, era la historia de Marion y de cómo lidiaba con la idea de su esposo homosexual. Puedo entender que por esta misma complejidad del personaje para algunos lectores no puede ser lo que esperan leer, Marion también puede ser el personaje del que menos les interesaría saber, sin embargo vale mucho la pena, al final entiendes sus decisiones pero eso no significa que las aceptes como correctas.
Por otro lado tenemos a Patrick, en sus capítulos es donde tendremos un poco de cómo inicia su encanto con Tom y cómo se propone conocerlo, en su narrativa a diferencia de Marion, no son cartas y es más como pasajes de un diario, es más íntimo. El personaje de Patrick se sale del molde del típico personaje gay pues este, por sus vivencias formando parte de “la minoría”, se sabe todas las evasivas y tanteos típicos de los demás de memoria y ha aprendido a lidiar con ello, ha aprendido a lidiar con el odio (aunque no debería) y a aprendido a ocultarse: Tanto de una esposa celosa como de una sociedad que lo señala y lo tiene en amenaza.
Hay tan pocos detalles del romance entre Tom y Patrick que termina siendo un poco decepcionante si venías con las expectativas de un romance feliz y acaramelado, ojalá y en la película la producción decida sumergirse para apreciar un poco más de esto.
Tom no es un personaje tan interesante, de hecho, al principio tras las primeras narraciones de una enamorada Marion y de un Patrick curioso parece un personaje tímido y misterioso, del que no sabremos tanto, que no podemos entender cómo funciona su cabeza, hubiera estado genial tener un capítulo con su punto de vista pues gracias a él se sostiene esta historia. Tom no tiene voz propia en absoluto, existe gracias a los ojos de sus dos amantes, su silencio es apropiado y molesto: produce inquietud y a su vez, no hay forma de acceder a lo que estas dos personas encuentran que vale la pena arruinar sus vidas en él.
Te pone a pensar la dinámica de su relación amistosa entre los tres porque hay escenas donde enserio están conviviendo bien, más allá de los rencores y las mentiras, aunque sea por mera cortesía su química y percepción que tienen sobre cada uno es emocionante. En palabras de Emma Corrin en una entrevista sobre My Policeman el 21 de febrero: “Me enamoré del personaje de Marion. Es una historia interesante llena de matices sobre 3 personas en una relación increíblemente compleja, en un momento interesante de autodescubrimientos”.
SPOILER ALERT: Detalles pequeños que creo importante mencionar.
Existe un hueco en la narrativa entre la parte 4 y la parte 5 (la última) del libro que te deja con muchas preguntas que la autora decide evadir para seguir contando el desenlace con los ojos de Marion. Esto me dejó con un vacío grande, me hubiera gustado que se cerraran dentro del libro, ¿qué más fue de la vida de Patrick en prisión? ¿Por qué Tom no quería hablar con él? Y uno de los más importantes ¿Cómo llegamos al punto en el que Patrick termina enfermo siendo cuidado por Marion años después? Ese salto brusco en el tiempo de cuarenta años es pesado.
El personaje de Marion lo amaba hasta que me enteré de lo que hizo para deshacerse de su oponente, cuando se pone celosa y manda una carta anónima al jefe de Patrick en el museo, exponiéndolo y más tarde es arrestado por “indecencia”.
A diferencia de cualquier escenario esperado donde ella podría quedar satisfecha con sus acciones, ella se arrepiente, demasiado y se siente culpable que para eximirse a si misma se hace cuidadora de Patrick en su vejez. Ella hace que su marido pierda su trabajo y destruye la vida de Patrick únicamente para “ganar” a Tom, plan que afortunadamente fracasa. El final es desgarrador. Marion finalmente hace lo correcto y les dice a Tom y al enfermo Patrick lo que hizo, y fiel a su estilo, desaparece para dejar que ellos se ocupen de ello.
Los personajes menores son entrañables, a pesar de que la historia y el mundo gira alrededor de nuestro trío favorito y la participación de los demás es casi mínima, actúan como pequeños canales que unen sucesos importantes (uno de mis favoritos fue Julia, que soporta sin ningún compromiso o lástima a Marion, la mantiene ocupada y dispersa. Es una lástima que la misma Marion más tarde se encargue de deshacerse de esta amistad).
OPINIÓN PERSONAL (ZONA LIBRE DE SPOILERS):
Es un libro entretenido, los primeros capítulos son un poco lentos pero importantes, de todos modos son los cimientos de la historia, de la mitad en adelante se va como agua por lo interesante que se pone. El final es doloroso teniendo como antecedente los capítulos de Patrick, triste pero acorde, satisfactorio y para nada predecible, shockeante. Lo recomiendo, sugiriendo que tengan en mente que no es un final feliz pero tampoco la máxima tragedia para los tres personajes.
También quiero resaltar la imagen icónica de la portada mostrando uno de los momentos cruciales en el inicio de la historia: El comienzo de la amistad de Marion y Tom en el muelle en las clases de natación. Antes de que empiece todo el caos, cuando aún eran amigos y no había malas intenciones ni resentimientos entre ellos. Es una muy bonita imagen mental con la que recordaré la historia, una de las mejores que yo he leído en mucho tiempo, hace tanto que no tenía un libro en las manos que me enganchara tan rápido.
Es una historia de años perdidos, amor equivocado y esperanza frustrada, de cómo en un momento en que un país estaba al borde de un cambio era todavía un tanto imposible.
Calificación: 4 estrellas de 5
El fenómeno Harry Styles no me hubiera traído a esta maravillosa novela, así que muchas gracias, Harry, porque tu mera existencia por enésima vez estuvo alegrándome la vida.
La mirada
Cuando yo era pequeña
solo sentía irrelevancia propia,
desconocía mi existencia.
Solo orbitaba a los demás.
Quizá esos fueron los años
donde me conocí menos inocente,
menos niña
y más humana.
Conocí reglas:
qué hacer y qué no.
Luego, llegó crecer.
Ya sabes, mi pretenciosa adultez.
Este inclinarse a tu infancia
y a tu independencia
cuando te conviene.
Adolescencia acomplejada:
donde toda la familia
te platica sobre la gracia imaginaria.
Todos observan a ellas
y a mí
nadie se atreve a mirarme.
Asiento en silencio.
Seguiré todas sus indicaciones.
¿Cómo les explico
que tengo el presentimiento
de que yo partiré primero?
Confieso que no tengo ningún entusiasmo,
solo temor de que se repita esta danza eterna con el infierno.
Nadie se atreve a mirarme.
Empecé a escribir para demostrarme cosas,
podía intentar jugar a la serenidad,
podía intentar solo ser bella de palabras,
ser sincera únicamente en las letras.
Suplico para que mi poesía
no haya nacido de mi anhelo de atención.
No tengo un camino trazado.
No tengo idea de a donde me dirijo.
Solo agonizo esperando que me trague la corriente.
De este lado del rio estoy consciente de tantas cosas,
de que mi huida constante
solo es un mal chiste para quienes me ven partir,
de que quien yo solía ser está dentro de mí
y, a pesar de ello, es imposible encontrarme de nuevo.
Cuando la muerte al fin se atreva a invitarme a su elegante baile de salón,
cuando la muerte al fin se atreva a mirarme,
deseo que no tenga pena de mí,
de mis pasos torpes
y cansados,
de mi incesante manía de verterme
y nunca dejar de esparcirme,
de llover,
de escurrirme en cada rabieta típica de mí.
Hay tanta humedad aquí adentro
y siento que algún día voy a pudrirme.
El día que me encuentren ausente de pulsos
y suspiros
todos empezarán a quererme
de la forma en la que yo siempre quise que me quisieran.
Desvenar
Desearía que tomaras los cuchillos de la casa
y no dudaras en hacer de mí
finos cortes de carne.
Córtame en cachitos el cuerpo,
búscame en los litros incesantes de sangre
los deseos que aún no me han arrebatado:
escribir más para allá que para acá de bien.
Constrúyeme con todo el coraje
de las cosas que nunca lograré ser.
Fragmenta sin temor,
admira la danza sistólica y diastólica
de mis más profundos miedos,
mis adornos exigentes,
los no pronunciados,
los que se enredan.
Rómpeme
mientras me cuentas tus planes de viernes por la noche,
tus frustraciones en la vida.
Hazlo casual,
no te quedes con el temor ahogado
de mis versos desubicados.
Aguanto el dolor del metal frío hundiéndose
dividiéndome los gritos difuminados,
encontrando mis arterias estallando.
¿A quién va a recordar mi enfermedad
cuando me arranquen los recuerdos
escondidos bajo la piel?
Desvéname
como si no fuera hilarante hiedra venenosa.
Me arde el pecho
y no me amanezco
sabiendo que mi cuerpo
solo aprisiona ausencia.
Quiero abandonar heridas.
No, no quiero acompañarte.
Quiero que el corazón empiece a bombear más mezcal que angustias.
Quiero que se me coagule el vacío.
¿Mi aferrado ser tendrá remedio?
¿Estoy condenada a entregarme sin dudar
a cada uno de tus caprichos rotos?
¿Me dejaré apuñalar por tu inquebrantable silencio?
Desvéname,
sácame los ríos,
las corrientes de sangre
para no llorar otra vez.
Aniquílame, aprovecha que te lo pido.
Sepárame porque no tengo ganas de volverme a armar.
Desvéname,
quizá si me sacas las palabras del cuerpo
pueda dejar de doler.
El accidente / El Sepulcro
"El accidente / El sepulcro " dos poemas que se complementan juntos pero que también funcionan perfecto por separado.
Desconocido🌸
Escribí este poema con mirrorball de Taylor Swift sonando repetidas veces en el fondo: "Reluciente, hermosa. Y cuando me rompo es en un millón de pedazos".
Ambos nos disfrazamos
con sacos enormes
vestidos largos
kilos de maquillaje
con el rostro cansado
y con suficiente alcohol
en nuestro sistema
para bailar mareados
y tropezarnos
de vuelta
al silencio doméstico,
a la vulnerable espera,
a la desnudez hogareña.
Cuando volvimos
retiramos los adornos,
las decoraciones,
los miedos.
Fue un honor
no sentirme tan expuesta
cuando supe que eras tú quién se atrevió
a arrancar mi antifaz.
Fuimos sinceros con los reflejos,
teñimos con sangre
los cristales rotos de la ventana,
la helada brisa me arañó la espalda.
Nos ahogamos en tinta,
señalamos sombras,
tragamos luz,
escupimos agua:
enmudecimos.
Esperamos señales que aprobarán la siguiente jugada.
Esperé paciente
recargada en la fría pared, la invitación.
Sin miedo al siguiente movimiento.
Esperé el inicio de la rebelión.
Inquietos por el refugio desconocido,
pedimos permiso para iniciar el caos.
Queríamos que no nos juzguen.
Queríamos admiradores de cada una de nuestras cicatrices.
Queríamos ser devorados sin recelo.
Arder por ingenuos.
Queríamos que el hechizo no tenga desenlace.
Quería ser como tú:
impredecible dentro del cuento de hadas,
indiferente ante el fatal accidente
y el desastre,
inmune al veneno.
No quiero perder el hilo de lo que digo.
No quiero perder las palabras
que se me escapan
cuando me cortan la garganta
porque ya no sabré cómo doler
con esta cruel timidez que muerde la piel.
No quiero disciplina para mi llanto
que se desborda,
se extiende a su antojo
y no piensa en el final.
No quiero órdenes para brillar,
quiero que sea luz natural la que me ilumine.
Quería estar rota
en millones de pedacitos
para saber
qué versión de mí te gustaría más.
Yo no necesité que me reconstruyeran.
De pronto, tu mirada y la saliva
sellaron cada fractura.
Aún estando rota,
volteaste a mirarme
para comprobar si valía la pena
todo lo que tenía por gritar.
Decidiste quedarte más de una noche.
Le prestaste atención a todo,
incluso a lo que yo más me esforzaba por ocultar.
No sé muy bien
cómo funcionan éstas cosas.
No sabía nada de ti.
No me había encontrado con tus ojos
para saberme hipnotizada, perdida.
No te había acariciado el pelo,
no te había tocado
(siempre arruino las cosas que toco),
no te había quemado las espesas pestañas,
no te había quitado las lagañas al despertar.
Pero tú
ya habías sujetado mi rostro
con delicadeza
probaste mis ojeras
-producto de tantos desvelos-
y dijiste que sabía a miel.
Me tenías.
Mis labios se entreabrieron
y sorví tus lágrimas sabor mezcal.
Supe que ahí pertenecía,
y no me preocupé por mí nunca más.
Fue como echarse agua helada en la cara.
Ya no me supe derrotada.
Desde entonces,
veo las cosas con claridad.
Me tenías.
Yo no te poseía y ya te había declarado mío.
Aquí puedes descargar la edición número 13 de la Revista digital "Letramia" http://revistaletramia.com.mx/2020/07/03/descarga-letramia-13/
Participé con un texto al que le tengo mucho cariño. "Desde que me perdí", aparece en la página 50 ❤
Mar
¿En qué momento deja uno de llorar?
¿En qué momento deja uno de ahogarse en su propio mar?, pregunto
como si los antiguos restos del abandono
dentro de mi piel áspera, salada e intacta
supieran algo con certeza.
¿En qué momento empieza uno
a agradecer por la pérdida?
¿En qué momento uno se resigna
y se deja arrastrar por las pesadas olas?, pregunto, de nuevo
como si la ansiosa comisura de mis labios,
realmente tuviera una respuesta.
No piensa, es deseosa, impaciente
y no se conforma
con cualquier sabor pretencioso, absurdo
que intente reemplazar
lo que un día se sintió tan perfecto.
Ahogarse ahora es tan normal,
tan relajante, solo navegas,
tan tranquilo, solo un poquito atormentado.
Dejarse hundir un poquito
más y más
ya no desespera, ya no daña.
Ya no quieres encontrarte con la brisa muda,
contaminada de promesas y de excusas.
Ya ni siquiera buscas la manera de ver la superficie
o contactarte con los bruscos rayos del sol para arder una vez más.
Pero entonces llegas tú,
te presentas ante mí
y casi te creo el cuento
de que eres el nuevo
ser excepcionalmente encantador
al que le lloraré mares los próximos meses
al que le escribiré versitos de lamentos.
Casi te dejo deshacerme
entre los golpes de olas violentas
entre tormentas impetuosas.
Conozco la rutina,
las reacciones químicas,
me sé la obra de memoria
así como sé que ninguno de los dos
tiene intenciones de lastimar al otro
(en estos casos y en estas situaciones
realmente, nadie tiene ganas de lastimar al otro
tenemos suficiente con las infancias rotas,
pero, ya ves, siempre lo hacemos
y no parecemos querer cambiar).
Ha pasado tanto tiempo,
y se supone que a estas alturas
ya debería de estar lista
para saltar al vacío de nuevo,
cegada, confiada
esperando la mejor de las aventuras.
Ya debería estar lista para nadar en el río helado
con los ojos vendados
y piedras en los bolsillos.
Nada me detiene, prefiero ahogarme
solo quiero encontrar el fondo,
dejarme morder por las raíces del fondo.
Tu vienes con las esperanzas nuevas, renovadas,
y lo sabes
y me asusta.
Tú no piensas en el caos que haremos después.
Crees que lo que sea que sé nos ocurra escribir
como "historia de amor" será perfecto.
Tú no te sientes vulnerable.
No sabes lo que es ser rehén voluntario de uno mismo.
Y yo, bueno, realmente trato de disfrutar
este reinicio de las heridas, porque sé que no son eternas.
Quiero emocionarme con estos latidos
que desean pertenecerte tan desastrosamente
y que te dedican todo lo bueno y malo del mundo
porque lo mereces, cariño.
Así que te pido que detengas todo,
todo detenlo ahora y déjalo ser tan malo como es ahora
tan puro, tan inocente, tan acertado
tan maravilloso como un simple roce de manos en el cine.
Por favor, haz que todo pare
porque no quiero asfixiarte con esta alma rota,
no quiero arrastrarte a este fondo de dudas,
no quiero devorarte en fracasos
en amor incierto.
No, yo no te deseo eso.
Yo no te deseo este mar abierto
que te deja los huesos rotos
la piel helada
los latidos confinados
los labios temblorosos
y los ojos cerrados permanentemente.
Te deseo un cielo
donde te extiendas
donde nunca te de miedo mirar hacia abajo
donde saltar desde el vacío no sea un acto de fe inútil
donde vueles y no regreses jamás a esta enorme ciudad.
Detén todo, no dejes pasar el tiempo
porque me importas demasiado
como para terminar odiándote durante un segundo
como para culparte por atreverte a entrar en mi vida
como para renunciarte en cualquier momento
porque de un día para el otro
decidirás que ya querías compartirte con alguien más
o, simplemente,
ya no será conveniente para ti
lastimarte y curarte conmigo, una y otra vez.
Detén todo, y déjame disfrutar de todo lo lindo, mientras dure.
Seguro social
Últimamente me he torturado con las diferencias que tiene mi ser y la escritura poética, más bien, en esencia: simplona. Brota de mis dedos golpeándose con las teclas plástico de la computadora: mágicas, abstractas. No sé a dónde o a quién le estoy depositando el corazón y me enferma siquiera imaginar que estoy pretendiendo la sinceridad y el corazón que le pongo a mis escritos.
No me interesa nada más en esta vida como manera de esperar la impuntualidad de la muerte que la escritura. La escritura es mi amarga manera de matar el tiempo en esta sala de espera que agoniza con cada nuevo paciente harto de tanta vida esperando a que le curen (irónico en estos tiempos). Cuando no hay cura o escapatoria alguna sobre ese fin, esa muerte; solo se alarga la espera. Haciendo su tráfico de las seis de la tarde en hora pico, se alarga, se pretende atrasarla con algún choque en Insurgentes para que no llegue al consultorio vacío de este necio corazón.
Por ahora, escribo. Ansiosa y fiel creyente de la visita de la muerte. Puedo esperar, soy paciente.