Tu nombre.
Había escuchado tu nombre en el viento, en el susurro cerca del beso, en el sonido de una caricia, vacío. Había escuchado tu nombre en un cantar que no recuerdo, en una melodía triste y ausente, en el caminar de alguien solitario. Había escuchado tu nombre en la voz de un amante que su cara ahora es extraña para mí. Había escuchado tu nombre en mis sueños, en esos sueños en los que sólo recuerdas lo importante. Había escuchado tu nombre en mi voz cada noche, gritando que vinieras. Había escuchado tu nombre, en una boca que era hermosa, carnosa, en una boca que ahora me decía “¿Y cuál es su nombre, señorita?”
Tú nombre!
Traté de imaginar tu nombre en el viento, en el susurro cerca del tiempo, en el sonido de una caricia, vacío.
Traté de imaginar tu nombre en un cantar que no recuerdo, en una melodía triste y ausente, en el caminar de alguien solitario.
Traté de imaginar tu nombre en la voz de una persona que su cara ahora es extraña para mí.
Traté de imaginar tu nombre en mis sueños, en esos sueños en los que sólo recuerdas lo importante.
Traté de imaginar tu nombre en mi voz cada noche, gritando que vinieras.
Traté de imaginar tu nombre, en una boca que era hermosa, carnosa, en una boca que ahora me decía “¿Ya va a sonar tu alarma?”













