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~ OO6
Sábado por la noche, casa de verano de Matt O'conell.
La fiesta que el mayor de los hijos del matrimonio de James O'conell y Lindsay Brennan habÃa organizado como despedida de Quinn habÃa resultado todo un éxito; muchas personas habÃan asistido, y quizás eso se debÃa a la facilidad que tenÃa Matt a la hora de hacer sociales con nuevas personas. Y, por otro lado, Priya Fells se habÃa encargado de que no faltara nada, ni comida ni bebida, y también habÃa hecho un gran trabajo con la decoración. Y, como esa serÃa la última fiesta antes del tan importante Cotillón, para que luego empezaran las clases, nadie podÃa perdérsela; era por eso mismo que todo debÃa salir a la perfección.
Aunque claro, el hermoso ambiente que habÃan preparado los anfitriones no habÃa durado demasiado, pues al poco tiempo de haber empezado la fiesta, los adolescentes más atolondrados ya se habÃan puesto manos a la obra en su intención de acabar con el alcohol allà presentado. Y, como no podÃa haber sido de otra forma, en ese grupo de personas se encontraba incluido Zachary Fields, como el joven tan incapaz de negarse a la borrachera.
Al principio, habÃa empezado con una copa, como siempre sucedÃa; pero, eventualmente, una se habÃan hecho dos, y antes de que pudiera darse cuenta, estaba sentado en la arena, rodeado por una multitud de personas que sólo lograban marearlo cada vez más. Todo a su alrededor le daba vueltas, y era cuando en su garganta se formaba un nudo que Zach bebÃa de la botella de cerveza que llevaba en su mano derecha, como si de esa forma fuera a ser capaz de que las náuseas desaparecieran.
Fue cuando estaba a punto de morirse que optó por llamar a la única persona en el mundo en la que sabÃa que podÃa contar en ese momento. Por alguna razón, siempre habÃa sido ella; adoraba a su novia con todo su corazón, y tenÃa a muchos amigos allà presentes capaces de llevarlo hacia su casa. Pero, a la hora de marcar un número en su celular, fueron los dÃgitos de su mejor amiga los que primero se le vinieron a la cabeza.
Habló con voz baja, casi en un susurro, y si bien para otro no hubiera sido suficiente, supo que May le habÃa entendido a la perfección.
Necesitaba su ayuda, y la necesitaba de inmediato.
HabÃa tenido suerte, realmente de que May escuchara el teléfono y se levantara de la cama para contestar, pensando primero que era su madre, y que no se habÃa acordado del cambio de horario desde Europa hasta Estados Unidos, y querÃa hablar con ella, pero tras ver el nombre en la pantalla iluminada de su teléfono no le sorprendió tanto que fuera Zachary al segundo de escuchar su voz; estaba borracho.
Se vistió, más bien se colocó unas zapatillas para recoger su pelo en una coleta, y observó de reojo la cuna de Laine, ¿Qué hacÃa? No podÃa dejarla sola, tampoco podÃa pedir a nadie que se quedara con ella a esas horas, y lo último que querÃa era molestar. Con sumo cuidado la cogió en brazos para cagarla mientras colocaba bien la camiseta de su pijama y bajaba las escaleras para coger las llaves, metiendo su teléfono móvil en el bolsillo de su pantalón corto y cerró la puerta tras de si sin hacer ruido.
Colocó a Lulu en su sillita del coche, procurando que no se despertara era lo último que necesitaba, y se montó ella en el asiento del conductor para arrancar y ponerlo en marcha.
A ella la habÃan invitado a la fiesta de Matt, pero no tenÃa con quien dejar a Lulu y lo cierto era que no le gustaban ese tipo de fiestas y lo último que harÃa serÃa dejar su responsabilidad para ir a divertirse, por mucho que fuera verano, por muchos 17 años que tuviera, tenÃa una hija; pero en sus planes de noche de sábado no habÃa incluido el pensar que Zac se pondrÃa tan borracho como para necesitar su servicio de taxi.
May dejó atrás los cuatro semáforos que tenÃa hasta la casa de los O'conell, y aparcó delante de ella, desde donde se podÃa oÃr la música, y le mandó un mensaje a Zac, esperando que supiera como contestar y leer, no podÃa ponerse a buscarlo por todos lados.
Aunque le costó demasiado hacerlo, Zachary finalmente pudo contestar el mensaje de May; rogó porque hubiera escrito lo que querÃa, pero lo cierto era que todo se le movÃa, y la pantalla del aparato que sostenÃa en su mano le resultaba borrosa, casi imperceptible.
Esperó un largo rato allà sentado, muy cerca de la entrada a la casa de los O'conell, ahogando sus penas en alcohol, y preguntándose si no deberÃa reformular su carta de salida. Sin embargo, sus dudas desaparecieron de un momento a otro, ya que fue cuando estaba recorriendo el lugar con una mirada vaga y para nada profunda que pudo advertir cómo la muchacha de cabellos rubios se acercaba a lo lejos. Una amplia sonrisa de oreja a oreja se formó, como siempre sucedÃa cuando de May se trataba; con cierta dificultad, se puso de pie, aunque tuvo que atrapar la cerca de madera frente a él y sostenerse de ella en un intento de no caer al suelo. Tuvo la sensación de que sus ojos daban vueltas, y su estómago también; rápidamente, echó la botella de cerveza al suelo, pues lo que menos querÃa era que la joven lo regañara cuando viera todo lo que habÃa bebido.
Las comisuras de sus labios se alzaron aún más una vez que May se hubo detenido frente a él, y finalmente, Zach separó los labios antes de hablar.
—Hola, matanga.
El ceño de May se frunció de manera notoria en cuanto encontró a Zac frente a ella, con aquella expresión que le daban ganas de pegarle un puñetazo en la cara, esa sonrisa de borrachera que siempre se le ponÃa.
No solÃan tratar el tema muy a menudo, cuando él estaba ebrio, pero si que May solÃa fastidiarlo suficiente cuando estaba borracho siempre que lo llevaba a casa, por lo menos aumentaba su malestar, aunque al dÃa siguiente ni siquiera se acordara; no le gustaba verlo asÃ, y menos cuando sabÃa que lo tomaba como costumbre cada fin de semana, quizá pronto, sino ya, el tema del alcohol se le habÃa ido de las manos.
—Al coche —farfulló extendiendo su mano para atrapar su brazo, para hacerlo caminar, con un ritmo normal, y ayudarlo a mantenerse derecho—. Antes de que te vea Angela asà y te pegue una patada en el culo por estúpido que eres —comentó en el mismo tono de antes, quizá el tono que usarÃa su madre si lo pudiera verlo asÃ.
Zachary tenÃa que llegar a casa, darse una duchita y dormir la mona, hasta ser persona de nuevo.
Echó un vistazo a su alrededor, y a decir verdad habÃa poca gente allÃ, todos estaban o dentro de la casa o en la playa que habÃa cerca del hogar O'conell, un punto para ambos, aunque probablemente todos estaban igual de afectados que Zac.
Tuvo cuidado de que no se cayera al bajar el bordillo, lo último que necesitaba era a un Zachary borracho, herido y sobretodo quejica como él solo.
El muchacho caminó como pudo, evitando zigzaguear, pues sabÃa qué tan molesta se pondrÃa May si no aparentaba que estaba mejor que en lo que realidad estaba. Ella podÃa ser muy gruñona siempre que salÃa el tema de las fiestas y cómo le gustaba pasarlas a ese chico; por eso era que, a decir verdad, no era su intención que ella lo viera asÃ. Pero sentÃa que, en ese momento, era una de las pocas personas que no le daban la espalda, y siempre habÃa sido la única que siempre habÃa estado ahÃ. Era por eso mismo que no podÃa culparse a sà mismo por llamarla a ella cuando se encontraba en esas condiciones, y si bien le daba vergüenza tener que hacerlo, no lo recordarÃa al dÃa siguiente, ¿verdad?
—No, eso no serÃa bueno —murmuró en respuesta al último comentario de May, tras haber arrugado la nariz debido al tono de voz determinante y algo mandón que estaba usando la joven. Pero, una vez más, no podÃa culparla; él estaba mal, y se sentÃa mal. No podÃa imaginarse qué tan mal se veÃa.
De a poco, se alejaron de las personas allà presentes, y Zach dejaba marcadas en la arena pisadas bastante irregulares a medida que ambos se aproximaban al coche de ella.
—Sobre todo porque he estado evitando a Angie en lo que va de la noche —confesó, y no tardó en apretar sus labios una vez dicho aquello. No, no; no podÃa hablar de eso.
—DeberÃa darte vergüenza —masculló entre dientes cuando lo miró de reojo, sin perder de vista el coche—. Si tuviera un novio como tú le abrirÃa la cabeza —se quejó May conforme caminaba y lo apremiaba para que anduviera un poco más deprisa.
—Lulu está dormida en el coche, asi que ligerito, debe quedarse en tu conciencia que saqué a mi hija de su cama para venir a buscarte —le dijo como información cuando alcanzaron el asfalto y lo soltó para que caminara solo, asomando ella la cabeza por la ventana para ver que Lulu aún seguÃa profundamente dormida, mejor que aguantara asà todo el camino.
—Te quiero calladito ahora dentro, porque como la despiertes te capo, Zachary —le avisó señalándolo antes de abrirle la puerta de atrás—. A dormir —susurró, por lo menos si Zac iba dormido se ahorrarÃa de asegurarse de que se callara y pasarÃa un viaje mucho más fácil, a veces le daba por hablar, por cantar y otras por quejarse de haber vivido o de incluso el color de  su coche.
—Completamente de acuerdo con ello —murmuró ante el primer comentario de la rubia, asintiendo una vez con la cabeza. Y sÃ, era verdad; probablemente, él se habrÃa abierto la cabeza a sà mismo si llevara nota de las cosas que hacÃa o pensaba cuando estaba en ese estado. May tenÃa razón, no lo negarÃa.
Y hasta ahÃ, todo bonito y entretenido. Pero, una vez que hubieron llegado al automóvil de la mejor amiga de Zach, el aludido, lejos de hacer lo que May le estaba ordenando, sonrió de medio lado, de una manera algo socarrona. Finalmente, se acercó hacia ella, y se detuvo a tan sólo un par de centÃmetros de su rostro. La distancia que los separaba era muy peligrosa, y eso, lejos de molestarle al chico, sólo logró que la comisura derecha de sus labios se elevara un poco más. Se apoyó contra la puerta abierta del coche, depositando sus dos brazos en su parte superior, aunque sin dejar que su peso completo cayera sobre ella. Con la puerta separándolos, los ojos del castaño recorrieron el rostro de su mejor amiga, y él tardó tan sólo un par de segundos en volver a hablar.
—¿Alguna vez te hedicho que eres la persona más maravillosa que he conocido en mi vida? —le preguntó, alzando una de sus cejas. Chasqueó la lengua y tragó saliva antes de añadir—: Y lo digo en serio, no porque esté tomado o por la excusa que sea que vayas a poner. —Se encogió levemente de hombros, para nada arrepentido de su sinceridad. Después de todo, nada de eso era mentira.
—En serio, tú... —Sus ojos se desviaron hacia el horizonte por tan sólo un momento, y finalmente, volvieron a fijarse en los de May. Ahora, no estaba sonriendo: la expresión de su rostro era seria como pocas veces—. Tú dejarÃas todo para venir a ayudarme, a rescatarme. Y no creo que alguna vez te haya dicho cuánto aprecio eso.
Inspiró profundamente por los orificios de su nariz. De repente, todo parecÃa más claro que nunca, y al mismo tiempo, su cabeza era un lÃo; su sentido común le decÃa algo, pero al mismo tiempo, algo dentro de él le decÃa que no estaba haciendo nada malo. Por primera vez en mucho tiempo, se sentÃa auténtico, como si de veras fuera eso lo que debÃa hacer. No podÃa explicarlo, y sabÃa qué tan mal estaba.Â
Pero no podÃa negar lo que sentÃa, porque nadie lo sabÃa mejor que él.
—Eres genial, ¿lo sabÃas? —inquirió, soltando una risa por lo bajo—. En serio. Eres genial, y eres perfecta asà como eres. Y si los demás no lo notan, allá ellos. No los necesitamos. —Soltó un suspiro—. Tú eres, probablemente, la persona que más me ama del mundo; y, al mismo tiempo, a la que más amo yo.Â
Ahora sÃ, la sonrisa que se habÃa borrado volvió a aparecer, aunque no fue tan notoria como antes. Ni siquiera supo bien qué fue lo que lo llevó a hacer lo que seguÃa, y al mismo tiempo, conocÃa las razones a la perfección; pero el hecho fue que, sin poder evitarlo, y sin pensárselo demasiado, Zach se aproximó hacia ella, sellando sus labios con los de May con dulzura.
May, en cuanto observó acercarse a Zachary, primero esperó con cautela, pero cuando sabÃa a que iba, ella estampó su mano en su pecho para separarlo, aunque fue tarde, sus labios rozaron de los de Zac, pero sus ojos ni siquiera se cerraron, en su estómago se instaló un nudo incómodo que casi la asfixiaba.  ¿Qué diablos estaba haciendo? ¿Porqué habÃa dicho todo aquello?
En un primer momento pensó que se habÃa puesto simplemente cariñoso, en plan amigos, como siempre habÃan sido ellos, ¿Estaba confundiendo él la amistad de May o era al reves? Siempre habÃa quedado claro el término de amistad entre ambos, nunca habÃan habido confusiones de ese tipo, May lo habÃa visto como un hermano y nada más.
Empujó con todas sus fuerzas a Zachary hacia atrás para separarse ella dando un par de pasos, mientras fruncÃa el ceño casi con horror.
—¿De qué mierda estás hablando? ¿Qué te pasa? —inquirió evidentemente enojada.
AgradecÃa en el alma aquellas palabras, por supuesto que sÃ, que él pensara que May era especial, genial, maravillosa y esas cosas bonitas eran muy agradables, incluso era verdad que no necesitaban a nadie más, pero en su amistad, no en otra cosa.
¿CreerÃa por un segundo Zac que ella era Angela o como iba eso? Lo observó aún con los parpados entrecerrados, mientras le buscaba una explicación razonable.
—Soy May, tu amiga, no sé de que hablas, tú amas a Angela, ella es tu novia —comentó cuando llevó la mano a sus labios y bajaba la mirada.
TenÃa la horrible sensación en el cuerpo de que era una perra sucia y frÃa, que habÃa traicionado a Angela, aun sabiendo, porque lo sabÃa, que Angie estaba celosa de ella; y aunque no eran mejor amigas, si que existÃa cierta complicidad entre ambas quizá por Zac, su mejor amigo la habÃa besado, ¿Qué le pasaba al mundo?
—Metete en el coche, te voy a llevar a casa —le ordenó, ahora sà que era una orden clara, antes que su vista vagara por todo su alrededor en busca de unos indiscretos.
Pero el muchacho frunció el entrecejo y, por consecuente, también la nariz, al mismo tiempo que cerraba sus ojos, como quien no quiere la cosa.
—Oh, dios mÃo... —comenzó a decir, a medida que se acercaba hacia ella, aunque guardando cierta distancia; después de todo, lo que menos querÃa en ese momento era que May saliera corriendo para otro lado, o peor, que lo odiara. Dios sabÃa cuánto se culparÃa él si ella llegaba a hacerlo, a verlo como la basura de persona que siempre sus padres le habÃan dicho que era. No podrÃa soportarlo, pues era suficiente con ellos, como para que también ahora ella lo tomara como un monstruo o algo por el estilo—. May, lo siento.
Apretó la mandÃbula, sin poder evitar sentirse como el peor del mundo. ¿Cómo podÃa haberle hecho eso a Angie? Y lo peor de todo era que no se retractaba. SabÃa que lo que habÃa hecho estaba mal, y era bien consciente de que deberÃa arrepentirse. Pero de hecho, no lo hacÃa. Eso, claro, tenÃa mucho que ver con el estado catastrófico en el que se encontraba, pero no podÃa verlo, no en ese momento.
—Demonios, lo siento mucho —musitó, para luego tragar saliva. Se detuvo en seco, sin poder terminar de percatarse de lo que acababa de hacer, del daño que habÃa cometido, no sólo hacia su mejor amiga, sino también hacia Angie, y hacia él. Estaba mal, todo eso estaba mal, y aún no caÃa en la cuenta.
Fue recién entonces cuando, de la nada, una voz que él reconocÃa a la perfección intervino. A juzgar por el tono, la joven que se apareció en la escena parecÃa haber visto un fantasma o algo por el estilo.
—Vamos, Zach —murmuró Alayna Cunning. La muchacha de cabellos rubios no sabÃa muy bien cómo actuar, pero sà sabÃa que debÃa interrumpir eso; Zach no debÃa estar ahÃ, no en ese momento. TenÃa que estar en otro lado, dando explicaciones que serÃan necesarias luego de la situación que Savannah y ella acababan de presenciar. A paso veloz, se acercó hacia él, y sintió mucho tener que ignorar a May de esa forma, cosa que se vio reflejada con claridad en la mirada de disculpas que le dedicó a la chica. Pero no tenÃan mucho tiempo, no si Savannah habÃa hecho lo que ella pensaba que habÃa hecho—. Lo siento —les dijo a ambos, antes de comenzar a caminar hacia la playa una vez más. Con sus hombros rodeados por un brazo de Zach, apretó los labios en una mueca claramente dirigida hacia May, y finalmente, sus labios fueron a parar al oÃdo del muchacho antes de soltar—: Tenemos que ir con Angie. Ahora.
Quizás, no serÃa demasiado tarde.
This one's my best friend, and also, a pain in the ass(?) But I still love her.
Gay.
Puto, que ni la cara das.
~ OO5
La muchacha de cabellos castaños tomó el teléfono celular que tenÃa en la mesa de la sala y marcó el número que se sabÃa de memoria, llevando el móvil hasta su oÃdo para escuchar del otro lado.
Tomó una bocanada de aire, y le echó un rápido vistazo al comedor grande en el que estaba junto a Lydia. Le sonrió a su amiga, y se incorporó antes de salir del lugar para dirigirse hacia la cocina. Necesitaba hablar con él.   Angela  necesitaba hablar con él.
Por su parte, Zachary, quien hasta ese momento habÃa estado echado en su cama, dispuesto a darle fin a ese dÃa, no se sorprendió para nada al escuchar el timbre de su teléfono celular. No podÃa decir que no se la habÃa visto venir; después de todo, siempre que las cosas con Angie quedaban inconclusas, uno de los dos llamaba al otro. No era nada nuevo, y de hecho, ya comenzaba a parecer un cliché.
Tuvo que sentarse antes de contestar, como si de esa forma pudiera recuperar un poco de la lucidez que se habÃa llevado su sueño.
—Hola, cariño —la saludó, tras haber chequeado y reconocido el número que llamaba.
La castaña del otro lado del teléfono no pudo evitar que las comisuras de sus labios se fueran alzando de a poco en una sonrisa que iba de medio lado.
—Hey —murmuró bajito, y tomó asiento como pudo en la isla de la cocina, y los ojos se volvieron brillosos de repente—. I'm sorry —dijo con voz firme, porque no iba a dejar que Zach se sintiera culpable como solÃa hacer por algo que ni siquiera era su culpa.
El muchacho frunció los labios, aunque aquel gesto no duró demasiado.
—¿Por qué? —le preguntó, alzando una ceja. Pretendió permanecer neutral, pero no podÃa, ni querÃa; por alguna razón, le costaba demasiado ser sensato con ella. No cuando eso significaba poner en peligro su relación—. No lo estés. Fue una discusión, y todas las parejas tienen de esas —le dijo, sonriendo de medio lado levemente. Estaba seguro de que ellos tenÃan varios problemas que aún no habÃan logrado resolver, pero eso no dejaba de ser cierto.
Entonces, ella sonrió con amargura.
—Claro —volvió a murmurar, y un nudo se formó en su garganta.
Angie era un monstruo, y Angela lo era aún más, es decir, ella dejaba que Angie se manejara como querÃa, ¿no? No hacÃa nada para impedirlo. Era una estúpida, una sumisa estúpida.
—Yo... —Se quedó pensando, mirando las uñas que Lydia acababa de hacerle, y le dio un golpecito a la isla como si eso fuera a ayudarla a pensar mejor o algo por el estilo—. I love you, you know that, don't you?
Las comisuras de sus labios se alzaron un poco más, como si lo que acababa de escuchar fuera la fórmula para la felicidad.
—I know —musitó, con voz baja, casi en un susurro. Inspiró profundamente por la nariz e hizo una pausa antes de agregar—: I love you too.
Su entrecejo se arrugó por tan sólo un momento, y no tardó demasiado tiempo en volver a la normalidad. Tragó saliva antes de reÃr por lo bajo.
—No seas tonta, y deja de ser tan paranoica. Pásala bien para variar.
—No puedo evitarlo —bromeó y rió por lo bajo. No tardó mucho en sentir que se le achicaba la garganta, y de todas formas habÃa separado los labios para hablar—. There's something... Quiero decirte algo —asintió con la cabeza una sola vez, y miró hacia el frente por la ventana de su casa a la del vecino. Ahora que se daba cuenta, ni siquiera sabÃa quién vivÃa en esa casa. ¿Un poco enfocada en su mundo? No se daba nadie una idea.
TenÃa la necesidad de decirle a Zach lo que casi estaba por hacer, lo que se le habÃa pasado por la cabeza; él tenÃa derecho a saberlo, creÃa ella.
El aludido no pudo evitar que su nariz se arrugara. Eso no era bueno, podÃa sentirlo; después de todo, el tono de voz de las personas no mentÃa. Y el de su novia era serio como nunca, por lo que dudaba que estuviera a punto de contarle algo acerca de la fiesta del sábado.
—¿Ha pasado algo? —inquirió, sin rodeos, tras haber tragado saliva. La curiosidad comenzó a carcomerlo de un momento a otro.
— ¡No! —Se apresuró a responder Angela, y a eso le siguió una rotunda negación por parte de su cabeza—. No, no, por Dios... Ew —soltó bajito, y eso la hizo reÃr también, quedándose sin decir nada por un rato.
Frunció un poco el ceño. Era más lo que podrÃa haber hecho que lo que habÃa hecho, ¿no?
Bueno, en realidad, si se lo pensaba mejor... No habÃa hecho nada. Esa última idea hizo que frunciera los labios y se encogiera de hombros. Uno no es infiel por los pensamientos, hasta donde creÃa ella.
—Ya me habÃas asustado —confesó Zachary, negando varias veces con la cabeza. Le tomó un tiempo, pero finalmente, rió por lo bajo; se echó sobre la cama por completo, y se permitió a sà mismo cerrar los ojos por tan sólo un momento. Se sorprendió a sà mismo al percatarse del sueño que tenÃa, y de lo difÃcil que se le habÃa hecho volver a fijar su mirada en el techo—. Tienes que dejar de ser tan seria —añadió, medio en chiste, medio en serio.
Por último, el muchacho de cabellos castaños tragó saliva y volvió a cerrar sus ojos, esta vez, sin intención de abrirlos una vez más.
—Te quiero —le dijo, con sinceridad.
Las comisuras de los labios de Angie volvieron a formar una sonrisa, ésta vez más calma, que no acompañaba para nada sus ojos llorosos.
—Ve a dormir, anda, que te oyes peor que un zombie —se quejó en broma, con esa voz que no era ni ronca ni del todo limpia—.Que descanses... Te quiero —dijo con sinceridad.
Para eso estaba Angela: para patearle la cara a Angie e indicarle que lo que estaba haciendo no estaba bien. No habÃa chico lindo, musculoso, rubio y sexy de aspecto bonachón que pudiera con lo que sentÃa por Zachary Fields.
~ OO4
Lunes por la noche, casa de Angela Wayne.
Las cosas no estaban bien entre él y su novia, de eso estaba seguro. No sabÃa si los celos que ella habÃa desarrollado hacia cualquier persona que tuviera contacto con Zachary eran recientes y justificados, o si habÃan nacido de la nada sin razón aparente; pero lo que sà sabÃa era que, si no aclaraban las cosas, terminarÃan peleándose, y no creÃa que ninguno de los dos quisiera eso. No cuando habÃan compartido tantas cosas juntos, y habÃan atravesado tantas situaciones que otras parejas ni siquiera conocÃan.
El muchacho no tardó demasiado en llegar a la casa de la castaña, y eso se debÃa a la cercanÃa que existÃan entre ambas residencias; fue una vez allà que puso en práctica aquello a lo que habÃa acostumbrado durante todos esos años en la secundaria, y trepó por la escalera que daba hacia la habitación de Angie sin dificultad alguna para, tras haber dado con la ventana, buscar a la chica con la mirada. La encontró de inmediato, ya que ella estaba sentada en su escritorio, sumida en lo que fuera que estuviera haciendo. Sin pensárselo dos veces, Zach tomó una profunda bocanada de aire, para luego alzar su mano y golpear con suavidad el vidrio que los separaba, en un intento de atraer su atención.
Entonces, la muchacha de cabellos castaños se giró rápidamente y hasta con violencia para ver quién era el que osaba a golpear su ventana. Se asustó un poco al principio, pero luego recordó que en realidad se trataba de Zachary, quien ya le habÃa dicho que iba a pasarse por su casa para que hablaran; no sabÃa por qué a Angie se le habÃa hecho la idea en la cabeza de que él iba a entrar por la puerta principal, siendo que en realidad su novio siempre se escabullÃa por su ventana.
La muchacha más popular de la Secundaria Griffen se levantó de su silla y rápidamente llegó hasta la ventana, a la cual le quitó el seguro para luego poder abrirla; afuera hacÃa un calor infernal, pero ella habÃa prendido el aire acondicionado para no hornearse como el resto.
—Pasa —le dijo haciéndose a un lado, pero lista para ayudarlo a entrar si era necesario; sabiendo que, en realidad, él no necesitaba su ayuda para entrar por la ventana. Estaba bastante acostumbrado a ello.
Entonces, el muchacho que habÃa sonreÃdo de medio lado al cruzar miradas con su novia no tardó en entrar a la habitación de ella; a decir verdad, estaba seguro de que el repentino cambio de ambiente terminarÃa enfermándolo, pero ese parecÃa ser un problema de muy poca magnitud en ese momento. TenÃa cosas más importantes en las que pensar, como por ejemplo, la razón por la que habÃa abandonado su hogar en una noche tan calurosa de fin de semana para trepar hasta la ventana de Angela Wayne.
Volvió a inspirar profundamente una vez que se hubo encontrado en el interior de la habitación de la castaña, aunque se rehusó a volver su mirada hacia ella; por el contrario, caminó con algo de nerviosismo hacia el otro extremo del cuarto hasta que el sonido del cerrar de la ventana llegó a sus oÃdos. Se giró sobre sus talones, y de esa forma, quedó frente a frente con la chica a quien amaba; sin embargo, las comisuras de sus labios no volvieron a alzarse ni nada de ello. No estaba enojado, porque si bien muchas veces habÃa estado en desacuerdo con ella o habÃan discutido, nunca le habÃa guardado rencor. Pero no pudo resistirse hacia la necesidad de evitar la mirada de Angie, y fue por eso que fijó sus ojos en un punto fijo como lo era la ventana de la pieza.
—Tenemos que hablar —sentenció de un momento a otro, a varios segundos de haberse formado un incómodo silencio entre ellos.
Y ante la sentencia de Zachary, la joven Wayne no pudo evitar separar los labios de repente; hubiera jurado que sus labios iban a despedir algún tipo de sonido, alguna oración en la que fuera a defenderse, o a atacarlo... Algo.
Pero lo cierto es que lo único que sus labios pudieron dejar salir fue un suspiro cansino.
Rehusándose a mirar a su novio, clavó sus ojos en la cama que se encontraba en la mitad de la habitación, y muy de a poco esos mismos ojos se fueron volviendo cristalinos.
—Vas a cortar conmigo, ¿cierto? —Habló bajito, y sintió que su voz no le permitÃa siquiera defenderse, por lo que no pudo intentarlo.
El aludido frunció el entrecejo, sin saber cómo responder a la pregunta de Angie. Lo cierto era que no, no querÃa romper con ella; pero las cosas ya se le estaban yendo de las manos, y no podÃa seguir soportando los celos de su novia. Al fin y al cabo, ¿no se supone que en las relaciones debe existir confianza recÃproca?
La amaba, claro que la hacÃa. Pero ya no sabÃa qué más hacer para que ella lo entendiera, y que no continuara cuestionando todas sus amistades o sus decisiones. Fue porque la querÃa y la respetaba, que escogió ser completamente sincero con ella. ¿Acaso no se lo merecÃa, después de todo por lo que habÃan pasado juntos?
—No lo sé —murmuró, y no fue hasta ese momento que sus ojos se clavaron en los de la chica de cabellos castaños. Los ojos cristalinos de la muchacha quebraron algo en su interior, y provocaron que se sintiera como la peor basura del mundo. No le gustaba verla sufrir, porque cuando ella estaba lastimada, él la acompañaba en su dolor. Siempre habÃa sido asÃ, y dudaba que algún dÃa fuera a cambiar.
Sus labios se separaron, pero volvieron a juntarse cuando, al cabo de un par de segundos, ningún sonido salió de ellos. Tuvo que tragar saliva, y luego inspirar y exhalar con profundidad, antes de poder volver a hablar.
—No quiero hacerlo —confesó, frunciendo el entrecejo. Eso era tan cierto como lo anterior; lo que menos deseaba hacer en el mundo era romper esa relación que los habÃa unido durante tanto tiempo. Se maldijo a sà mismo al darse cuenta de qué tan poco preparado estaba para esa situación, y se preguntó si habÃa sido una buena idea presentarse allà aquella noche. Probablemente, lo mejor que podrÃa haber hecho era hablar con ella a la mañana, con las ideas despejadas y con un discurso sólido preparado; pero no podÃa seguir esperando, y lo sabÃa. Necesitaba dejar las cosas en claro, porque se estaban destruyendo entre ellos, y terminarÃan haciéndose mucho daño.
—Pero no conozco otra forma de enfrentar esto —le dijo. No sólo hacÃa referencia a los celos de Angie, sino también a todo lo demás, como lo era el hecho de que él mismo se sintiera tan mal cuando se encontraba con otra persona.
Ante el último comentario de Zachary, Angie sintió cómo su entrecejo se fruncÃa, para luego volver a la normalidad, y fruncirse de nuevo como si ella no fuera posible de manejarlo. Asintió con la cabeza una sola vez, y no porque estuviera aceptando las palabras de él, sino porque estaba dándose tiempo a pensar en qué era lo que debÃa hacer a continuación si querÃa que la cosa no se le fuera de las manos. Una vez más, ahà se encontraba luchando contra ella misma; esas dos personalidades completamente diferentes. Una orgullosa Angie que el decÃa que siguiera siendo celosa, y que le dejara en claro que tendrÃa que cortar con ella porque no iba a cambiar; y una triste Angela Wayne, que sabÃa que debÃa pedir sus sinceras y sentidas disculpas porque él tenÃa razón, al fin y al cabo.
—  I'm sorry  —murmuró bajito Angela, esperando que él pudiera oÃrla, y luego dirigió su mirada hacia Zach, negando con la cabeza—. De verdad lo siento, Zach. —Y si él no la creÃa, entonces no habÃa caso en seguir hablado; porque esas habÃan sido sus más sinceras y sentidas disculpas.
—¿Qué es lo que lamentas? —quiso saber, buscando la mirada de su novia. Se sentÃa como la peor persona del mundo en ese momento, sólo por el hecho de ser él el culpable de las lágrimas que comenzaban a surgir en los ojos de Angie; pero no podÃa ignorar el tema, y dejar todo de lado como si nada hubiera pasado. SabÃa que, de hacerlo, las cosas se volverÃan aún peores, ya que no estarÃan solucionando el problema existente entre ellos, sino postergándolo. Y, por más tentadora que sonara esa idea en aquel entonces, no podÃa tomarla. TenÃa que actuar como el hombre que era, como siempre solÃa decirle su padre. Era irónico, nunca habrÃa pensado que estarÃa de acuerdo con él en algo.
Una de sus cejas se alzó tan sólo un poco, y Zach tuvo que volver a tragar saliva en un intento de recuperar el aliento. Odiaba esa situación; nunca se habÃa envuelto en una similar, ya que Angie no dejaba de ser su primera novia formal, y como dios manda. Era por eso mismo que no sabÃa cómo actuar, y suponÃa que ella tampoco. Pero lo irÃan viendo sobre la marcha, como siempre lo hacÃan.
—¿Estar celosa, o que yo decida hablar sobre eso? —le preguntó, ya que para él existÃa una diferencia abismal entre esas dos cosas. De veras esperaba que fuera la primera, ya que no le gustarÃa para nada averiguar que ella sólo le pedÃa disculpas para evitar toda esa conversación. Pero Angie no era asÃ, él la conocÃa: al menos, no ese lado de ella al que siempre habÃa amado, y al que nunca dejarÃa de querer. Angela, esa personalidad quien de veras sentÃa esa situación. Necesitaba saber con quién estaba hablando: si con la mejor amiga de Savannah Lewis, y la muchacha más popular del instituto, o su novia, a quien adoraba con todo su ser, y que habÃa demostrado ser la mejor persona que Zach habÃa conocido en su vida.
La castaña separó los labios de repente, dispuesta a responder la pregunta de su novio, pero luego apretó los labios con fuerza para no decir nada, y se decidió por mirar a Zach antes de tomar asiento en la cama, cruzando las piernas como si fuera un indio, y dejándole lugar al joven en frente suyo para que pudiera sentarse también si asà lo deseaba.
Tomó una bocanada de aire, con la que calmó un poco todas las revoluciones de las que estaba siendo vÃctima su cuerpo, y apretó la mandÃbula con fuerza sin saber muy bien por qué.
—Siento el hecho de ser celosa —admitió a su novio, ladeando la cabeza hacia ambos lados y luego tomándosela en las manos como si asà pudiera ordenar sus ideas o algo.
Calmándose, dejó sus manos en el colchón tras acomodar sus cabellos e inspiró con fuerza, intentando de esa forma que esas lágrimas que estaban por caer se desaparecieran por completo, y casi lográndolo.
—Pero no puedo evitarlo, ¿sabes? Porque me aterra perderte, y no quiero; te veo con alguna chica, y me hierve la sangre, y no hay nada que pueda hacer yo o que puedas hacer tú para evitarlo... —Le explicaba a su novio en voz bajita, casi inaudible. Aunque algo le decÃa que él habÃa sido capaz de oÃrla de todas formas.
Angie volvió a desacomodarse el cabello, que era algo muy caracterÃstico en ella cuando estaba realmente nerviosa, y de nuevo evitó ver a Zach a los ojos.
—SerÃa completamente... Entendible... Que estuvieras buscando en alguien más lo que yo todavÃa no te he dado, Zach —y, de nuevo, alzó la cabeza para verlo, ésta vez con una mirada un tanto más severa que no estaba enfadada con él precisamente, sino más bien con ella y su estúpida inseguridad que existÃa dentro suyo.
Zach arrugó levemente el entrecejo, y no tardó en encaminarse hacia la cama de la muchacha, para asà tomar asiento frente a ella.
—¿Eso es lo que piensas que hago? —le preguntó, buscando los ojos de Angie con los suyos. No, no podÃa ser asÃ; ella lo conocÃa demasiado como para pensar que lo que él querÃa era lo que nunca habÃa sucedido entre ellos, ¿o no?
—¿No confÃas en mÃ? —inquirió, para luego apretar sus labios. Odiaba eso: detestaba tener que ver los ojos llorosos de ella, y no le gustaba para nada que todo eso fuera su culpa. Porque lo era, ¿verdad? No habÃa enfrentado el problema como habÃa querido, y eso habÃa provocado que Angie se sintiera asÃ.
Una muy confundida Angie arrugó el ceño, sin comprender por qué le preguntaba eso.
—Claro que... SÃ, claro que confÃo en ti, ¿cómo no voy a confiar en ti? —Le dijo como defendiéndose por si Zachary llegaba a pensar en todo lo contrario. Era extraño pero, al fin y al cabo, ella confiaba en él, por más escenas de celos que le hubiera hecho.
Angie era Angie; nunca nada era razonable con ella.
—¿Entonces? —susurró, con un tono de voz bajo, como si no quisiera que algún tercero los escuchara, por más que las únicas almas vivientes ocupando aquella habitación fueran ellos dos. No lo entendÃa, de veras. ¿Por qué ella le hacÃa aquellos cuestionamientos y esas escenas que demostraban nada menos que paranoia si confiaba en que él no harÃa nada que fuera a dañarla?
Soltó un resoplido cansino, y sin quitar su mirada de los ojos de ella ni siquiera por un segundo, tragó saliva antes de volver a hablar.
—¿Por qué es que crees que haré algo como eso? —le preguntó—. ¿Acaso me crees capaz de estar con otra persona, de lastimarte?
Entonces, los labios de Angie fueron frunciéndose de a poco hasta formar una mueca muy parecida a un puchero.
— ¿Porque soy estúpida? —Respondió entrecerrando un poco los ojos, como si esperara a que Zachary fuera a recriminarle algo a partir de su última inquisición—. ¿Porque para estas cosas primero actúo y después pienso?
El muchacho volvió a arrugar sus labios. Ese era un punto válido, de seguro que lo era; él también podÃa identificarse bastante con eso de actuar primero y luego pensar en las consecuencias. Pero no era asà en una relación, porque cuando uno metÃa la pata, muchas veces no habÃa vuelta atrás.
—Angie, te entiendo —musitó, asintiendo una vez con la cabeza. Acto seguido, despegó sus labios dispuesto a hablar, y si bien el que su garganta pudiera producir cualquier tipo de sonido llevó bastante tiempo, lo logró—. Pero no puedo seguir echándome hacia atrás, y no me convertiré en un antisocial sólo porque tú estás insegura acerca de lo que yo podrÃa hacer, cuando en todo el tiempo que hemos estado juntos, nunca te he dado razones para que tengas celos ni nada de eso.
Alzó una de las comisuras de sus labios para formar con ésta una mueca de medio lado.
—Sólo... No puedo soportar este tipo de planteos, no más —le dijo, con un tono de voz suave, pero decidido.
Una amarga sonrisa de formó en los labios de la joven de cabellos castaños, a quien definitivamente no le habÃa gustado nada de lo que habÃa oÃdo.
—Lo haces sonar como si todo esto fuera sólo mi culpa —dijo bajito, pero no por eso queriendo que no se la oyera, o estando insegura sobre sus palabras. Angela acababa de marcharse, para dejarle lugar a Angie Wayne.
Zach arrugó el entrecejo sin poder evitarlo.
—¿Estás diciendo que es mi culpa también? —quiso saber, alzando una ceja, aunque sin hacer que su tono de voz se agudizara o se volviera más alto de lo que en realidad querÃa. Asà era él: sereno, y tranquilo aunque la situación no lo ameritara. No podÃa darse el lujo de hacer una escena, ya que no era de esos chicos. Él preferÃa guardarse sus comentarios, antes que tener que comenzar una discusión.
Pero algo le decÃa que, por más que asà lo quisiera, no podrÃa evitarse esa pelea.
Angie descuadró los hombros, dejándolos caer, y rodó los ojos antes de tomar una bocanada de aire que dejó ir con brusquedad por sus fosas nasales.
— ¿Qué pretendes de mi, Fields? —Inquirió sin más, encogiéndose de hombros y descuadrándolos a continuación, negando con la cabeza—. ¿Qué quieres que haga? No sé qué hacer; soy celosa, aunque no me des motivos para serlo, y en vez de ser leve conmigo, pareciera que me atacas —infló los cachetes y rodó los ojos de nuevo—. No sé qué hacer, o qué decir para que te quedes conmigo.
—No hay nada más que decir —respondió Zachary, frunciendo la nariz, sin poder creerse lo que estaba escuchando. Pero, por otro lado, no entendÃa cómo era que no se la habÃa visto venir. Después de todo, asà era ella, ¿o no? Justo cuando las cosas parecÃan estar solucionándose, salÃa a la superficie la otra personalidad de esa castaña, aquella que al joven no le gustaba ni siquiera un poco. No era con ella que se habÃa comprometido, pero una vez más, sabÃa que no existÃa Angela sin Angie, y eso le molestaba.
—No si esperas que termine aislándome de todo el mundo, sólo para no tener que ponerte celosa —murmuró, intentando no ser duro con ella, y fue por eso que su tono de voz no era ni un poco lastimero. No querÃa discutir, y si bien en ese momento parecÃa que no quedaba otra salida, harÃa lo que fuera para impedirlo.
—No quiero eso —se defendió por lo bajo ella—. No quiero que no tengas amigas, quiero que entiendas que verte con una chica que no sea yo me hace que se me revuelva todo; no puedo evitarlo, no desconfÃo de ti, pero no me gusta esa imagen en mi cabeza, muchas gracias —y tras ese último comentario sus ojos se fijaron en algún punto de su armario.
—Lo sé, y lo entiendo —musitó el castaño, acomodándose mejor sobre la cama, ahora sà hablando con un poco más de velocidad, como si de no hacerlo, las palabras que se le venÃan a la cabeza fueran a borrarse de un momento a otro, dejándolo sin nada que decir—. ¿No crees que a mà también me incomoda un poco verte con otros chicos? ¿Que no siento ese revuelto también? —inquirió, arrugando sus labios por tan sólo un segundo—. Tú eres la chica a la que quiero, y a la que elijo todos los dÃas. Y me aterra la idea de perderte.
Su respiración se habÃa vuelto algo entrecortada, y fue por eso mismo que Zachary tomó una profunda bocanada de aire, y no volvió a hablar hasta luego de haberse tranquilizado un poco.
—Pero no por eso te cuestiono, o desconfÃo de tus intenciones —le dijo finalmente, tras haber tragado saliva. Apretó su mandÃbula antes de reponer—: Y tampoco ando pensando que te gusta tu mejor amigo o cosas asÃ, y menos cuando ya te lo he aclarado un millón de veces.
—Será porque no tengo amistades con hombres; ni un mejor amigo, si vamos al caso —retrucó ella con un tono de voz extraño; no estaba atacándolo ni defendiéndose. Simplemente decÃa la verdad: Angie no tenÃa amigos hombres, y no porque no hubiera tenido oportunidades; sino porque simplemente no le salÃa. Para ella, Zach era el único amigo y novio; le costaba pensar que a él no le pasaba lo mismo.
—Pero yo sà la tengo —acotó el muchacho, volviendo a acomodarse sobre sà mismo, como si de un momento a otro, la cama de su novia se hubiera vuelto el lugar más incómodo del mundo—. Y no puedo dejarla de lado, no porque tú me crees capaz de hacer lo que sea que tú me creas capaz —añadió, buscando la mirada de Angie, aunque al parecer, ella estaba dispuesta a ignorarla por completo.
—No puedo seguir sintiéndome culpable por querer estar rodeado de otras personas, no quiero sentirme asÃ.
—De acuerdo —terminó diciendo Angela luego de un rato, asintiendo con la cabeza y mirando a Zach—. ¿Eso es todo? —La castaña alzó una ceja e inspiró con tranquilidad por la nariz. Ya no habÃan rastros de lágrimas en sus ojos.
El aludido arrugó su nariz.
—¿Qué se supone que significa eso? —quiso saber, frunciendo levemente el entrecejo y, por consecuente, también la nariz. ¿Se suponÃa que la charla que él estaba intentando tener para que ella dejara de lado esas escenas de celos tan caracterÃsticas de su persona se volverÃa en una ruptura? ¿O simplemente ignorarÃa todo lo que acababa de decirle?
Angie aún no decidÃa cuál de las dos posibilidades iba a tomar; aunque le tentaban ambas.
—I don't know —se encogió de hombros, mirando a Zach con esos ojos penetrantes y profundos suyos—. ¿Qué se supone que significa eso? —Repitió ella.
Zach inspiró profundamente, y luego soltó el aire de repente a modo de resoplido cansino.
—¿Dejarás de plantearte esos problemas que ni siquiera existen? —quiso saber, con su mirada fija en los ojos de la castaña, como si de esa forma fuera a adivinar la respuesta antes de que ella pudiera pronunciar palabra. Pero, al cabo de unos segundos, cuando se hubo percatado de que, en realidad, no serÃa capaz de hacerlo, volvió a suspirar antes de reponer—: ¿O continuarás amenazándome de querer lanzarme con todas las chicas que hay en Seal Beach?
— ¿Tu quieres tirarte a todas las chicas que hay en Seal Beach? —Inquirió ella seria, muy seria. Extremadamente seria.
Y, de un momento a otro, no pudo contenerse y soltó una carcajada, negando con la cabeza. Llevó ambas manos a su estómago, como si quisiera de esa forma evitar que se le saliera algo, y miró a su novio.
—Bromeo —le advirtió sin más, acercándosele para tomar las mejillas de él entre sus manos—. Prometo no hacerte saber que estoy celosa —dijo sin más—. Es lo mejor que puedo hacer.
El muchacho apretó la mandÃbula, y lo que habÃa sido un intento de protesta se desvaneció de un momento a otro. SabÃa que no podrÃa obtener más que eso, ya que no era probable que Angie fuera a descartar sus celos de un dÃa para otro; pero, en ese caso, ¿de qué habÃa servido toda esa charla? ¿No volverÃa a suceder lo mismo?
Sólo podÃa esperar, por el bien de su relación, que no fuera asÃ.
—Angela Wayne... —comenzó a decir, negando con su cabeza, al mismo tiempo que alzaba sus manos para tomar con suavidad el rostro de su novia entre ellas. Se acercó un poco más hacia ella, y sin dejar que sus ojos se enfocaran en algún punto que no fuera la mirada de ella, continuó—: serás mi perdición, lo sé.
La castaña, que también tenÃa sus ojos fijos en los de su novio, sonreÃa de lado a lado, divertida por las palabras de él.
—I know —comentó aún divertida antes de acercársele para besar sus labios con ternura, y colgársele del cuello como siempre que lo abrazaba.
Esa promesa de comportamiento que acababa de hacer era lo mejor que podÃa hacer por el momento, e iba a asegurarse de cumplirla al pie de la letra a como diera lugar.
~ OO3
Angela tomó una bocanada de aire ante las palabras de su amiga Bonnie, y decidió darle una última oportunidad al teléfono de Zach. Quizás estaba duchándose y no habÃa alcanzado a atender; quizás estaba cenando... A esas horas lo dudaba, pero podÃa ser, ¿no?
O quizás estaba acostándose con May.
La castaña abrió los ojos a más no poder, y marcó incluso más rápidamente el número de su novio. ¿Paranoica? Sólo un poco. Era Angie Wayne después de todo; "Paranoica" era su segundo nombre.
Zach no pudo evitar sobresaltarse un poco por el timbre de su teléfono; después de todo, parecÃa que una fuerza cósmica habÃa planeado aquello, siendo que acababa de terminar de ducharse, y sólo habÃa tenido tiempo para ponerse su ropa interior y un par de jeans.
Secó su cabello sin apresurarse, ya que no pretendÃa dejar de lado lo que estaba haciendo sólo porque a una persona se le ocurrÃa llamar a esas horas de la noche; sin embargo, luego del tercer chillido del tono, supo que no tenÃa otra salida. Soltó un resoplido y puso los ojos en blanco, para luego tomar la remera que habÃa dejado tirada en su cama antes de dirigirse al baño, y ponérsela con una velocidad sorprendente, antes de tomar su teléfono celular, dispuesto a averiguar de quién se trataba.
Su entrecejo se arrugó al ver que no era nadie menos que Angie Wayne, su novia, con quien no habÃa hablado desde la noche anterior, cuando las cosas entre ellos habÃan quedado un tanto inconclusas (o, por lo menos, asà era como él lo veÃa). Tragó saliva, y finalmente, presionó el botón verde antes de llevar el aparato hacia su oreja derecha.
—Hola, Angie —la saludó, y una sonrisa se formó en su rostro.
La castaña del otro lado del teléfono tenÃa los ojos levemente entrecerrados. HabÃa apoyado su codo derecho sobre su escritorio, y tenÃa una de sus manos cerca de su rostro, mientras se mordÃa una de sus uñas. Intentó descifrar algo del otro lado, cualquier cosa que le indicara que May estaba por allÃ.
Ya, era eso. HabÃa tardado tiempo en atender, el tiempo que le tomaba asegurarse de que May no lo delatarÃa. Menuda... ¡Zorra!
—Heey —saludó ella, alargando la vocal y sonriendo forzadamente como si en realidad él pudiera verlo—. ¿Cómo estás? —Inquirió alejando su mano de su boca para empezar a vérsela, analizándola con detenimiento.
El muchacho tomó asiento encima de su cama, y cerró sus ojos con fuerza. Amaba a su novia, de veras que lo hacÃa; pero allà habÃa gato encerrado, y por alguna razón, no pudo evitar sentirse controlado. Pero eso tenÃa que ser producto de su imaginación, ¿o no? ¿Cuándo le habÃa hecho Angie una cosa similar?
—Hey —le respondió, sonriendo al igual que ella, y llevó su mano libre hacia su rostro, para frotarse sus párpados con fuerza. Estaba cansado, y su propio tono de voz lo delataba; querÃa echarse a dormir, aunque no pretendÃa ser rudo con su novia. Sólo dios sabÃa cuánto empeorarÃa la situación si lo era—. ¿Yo? Estoy bien, bien —murmuró, aunque no tan convencido de ello. HacÃa dÃas ya que, por alguna razón, no se encontraba bien. Ni siquiera podÃa explicar el origen de su malestar, pero sà creÃa que estaba relacionado con Angie y con la forma de la que ella lo miraba en ese momento.
—¿Y tú? —le preguntó, abriendo los ojos de un momento a otro, para luego situar su mano debajo de su mentón.
Del otro lado, Angie extendió su mano, aún examinándose sus uñas, y tomó una bocanada de aire de manera cuidadosa para que nadie la oyera hacerlo, ni siquiera Zach que estaba del otro lado.
—Bieen... —Una vez más, alargó la segunda vocal, como solÃa hacer cuando no sabÃa muy bien qué decir. ¿Y si le preguntaba si May andaba por ahÃ?
No, seguramente eso serÃa extremadamente obvio.
—I missed you today —torció un poco la cabeza, y se incorporó para andar hasta su cama, donde se dejó caer sin más.
Una sonrisa se asomó por el rostro de Zach; no dudaba que lo que acababa de decir su novia era real, ni siquiera por un segundo. Aún cuando las cosas parecÃan estar complicados entre ellos por una razón que, para él, era injustificable.
—Yo también te extrañé, Angie —le dijo, con completa sinceridad. Hizo una breve pausa, sin saber muy bien qué más acotar, y de un momento a otro, se sintió extraño. Por lo general, su novia y él eran una de esas parejas con una facilidad de conversación impresionante. Y ahà estaban los dos, sin pronunciar palabra.
—Dime, ¿ha sucedido algo interesante? —quiso saber, dispuesto a continuar ignorando el enorme elefante en la habitación.
Entonces, los ojos de Angie se clavaron en el ventilador de techo que estaba funcionando en ese momento, siguiéndolo sólo para hacer algo. Luego de un rato, cerró los ojos e intentó serenarse, pero era demasiado nerviosa como para intentarlo siquiera.
—Nada que merezca la pena contar —se sinceró completamente—. Sólo... QuerÃa saludarte antes de finalizar el dÃa —sonrió de lado a lado, e incluso eso lo sintió falso.
La expresión bastante preocupada del rostro de Zach no se calmó para nada ante las palabras de su novia; por el contrario, habrÃa jurado que se volvÃa peor a cada segundo que pasaba. Tomó una profunda bocanada de aire, sin saber muy bien cómo expresar lo que seguÃa, pero finalmente decidió soltarlo por el bien de su salud mental.
—¿Sólo por eso llamabas? —Se detuvo por un segundo, sin saber si de veras querÃa conocer la respuesta a la pregunta que seguÃa; pero era un hombre, y debÃa enfrentarse a los problemas en lugar de huir de ellos, ¿o no?
Aunque la posibilidad de hacerlo sonaba bastante tentadora, en realidad. Quizás se estaba volviendo loco, paranoico, no lo sabÃa. Pero eso no estaba bien, lo que estaba sintiendo no estaba bien; ¿cómo podÃa estarlo, cuando se sentÃa tan extraño hasta para él, que era un experto cuando de rarezas se trataba?
—¿En serio estás bien?
Del otro lado del teléfono, Angie frunció el ceño, asintiendo con la cabeza. Luego se percató del hecho de que en realidad él no podÃa verla, por lo que tuvo que hablar.
—Sólo querÃa saludarte, es todo —sonrió con pesadez; lo extrañaba, y era una sensación tan extraña que le dolÃa. ¿Cómo dañar a alguien si en realidad ese alguien nunca se habÃa ido? Pero ella sentÃa que si.
Y, por alguna extraña razón que no comprendÃa, él también se sentÃa asÃ. Como si estuvieran rompiendo, como si lo que hasta entonces habÃa existido entre ellos hubiera perdido valor. A cada segundo que pasaba, a cada sonido de respiración que percibÃa al otro lado del teléfono, Zach sólo se sentÃa más distante de Angie. Y odiaba eso, porque la amaba a ella. ¿Cómo era posible que dos personas que se querÃan tanto estuvieran siendo separadas por un obstáculo que ni siquiera era real?
—Pues, en ese caso... —comenzó a decir, una vez más, sin tener la más mÃnima idea de cómo proseguir—; supongo que nos vemos mañana, ¿no? —inquirió, alzando una ceja, la cual volvió a caer una vez que él hubo recordado que ella no podÃa verlo.
Angie se incorporó de repente, sentándose en su cama como si fuera un indio al mismo tiempo que sus ojos se clavaban en algún lugar de su dormitorio; viendo sin ver.
—Si —convino ella, asintiendo con la cabeza—. O el viernes, en la fiesta, ¿no? —Alzó las comisuras de sus labios, levemente emocionada por la idea. Cuando el nombre de su novio se sumaba a la palabra "fiesta", se emocionaba bastante; le gustaba salir con él.
El muchacho rió por lo bajo, y de un momento, todas sus preocupaciones desaparecieron.
—Claro —repuso, asintiendo una vez con la cabeza, aunque no tardó en dejar de hacerlo al sentirse un poco estúpido. Inspiró profundamente por la nariz antes de tragar saliva, y finalmente, volver a hablar—. ¿Quieres que pase por ti este viernes?
La joven Wayne frunció los labios por un momento, y rió por lo bajo, asintiendo con la cabeza.
—I'd like that —convino ella, sonriendo de lado a lado, y volviendo a dejarse caer sobre la cama ahora para mirar el techo—. Te quiero —le recordó antes de despedirse.
Zach sonrió de medio lado también.
—Yo también te quiero —le dijo, sin tardarse ni siquiera un segundo. No lo habrÃa dudado nunca; después de todo, a pesar de que las cosas parecÃan estar raras entre ellos por una razón que él no conocÃa muy bien (era un hombre. ¿Cuándo tenÃan los hombres idea de lo que sucedÃa), nunca habÃa dejado de amarla. Y sospechaba que nunca lo harÃa.
Sin pronunciar palabra, aguardó un breve momento, y luego de que sus labios se fruncieran como al parecer acostumbraban últimamente, despegó el teléfono de su oreja y finalizó con la conversación, para luego dejarse caer sobre la cama, cansado. No tardó en quedarse dormido, pues lo que menos querÃa esa noche era tener que analizar lo que acababa de suceder.
~ OO2
CafeterÃa Central Perk, martes por la noche.       Â
El muchacho de cabellos y ojos oscuros no tardó en dejar la computadora de su casa atrás; no perdió el tiempo en apagarla ni nada de eso, pues su cabeza parecÃa estar demasiado sumida en otros asuntos en ese momento. A decir verdad, ni siquiera sabÃa si querÃa ir a donde habÃan acordado con su novia; después de todo, algo en su interior le decÃa que nada bueno saldrÃa de aquello. Es decir, no porque hubiera hecho nada malo, ¿o no? Pero... Esas palabras, ese "Tenemos que hablar", nunca eran buenos.
Caminó apresuradamente hacia el punto de encuentro con Angie, y aunque titubeó por un momento antes de entrar al lugar una vez allÃ, logró hacerlo al percatarse de que la chica no habÃa llegado aún. Tragó saliva antes de alzar su mano y empujar la puerta de la cafeterÃa, y pudo sentir cómo la entrada de aire a sus pulmones comenzaba a hacerse más dificultosa a medida que se aproximaba a la mesa más cercana. Se decidió por la que estaba junto con la ventana, muy cerca de la puerta; de esa forma, si alguno de los dos tenÃa que hacer una salida dramática del lugar, no tendrÃan problema alguno. Intentó tranquilizarse, pero el nudo que se habÃa formado en su garganta y en su estómago no parecÃa querer dejarlo en un futuro cercano.
—Un café, por favor —le pidió a la primera camarera que se acercó a él, aún antes de que ella pudiera tomar su orden. Necesitaba una bebida caliente capaz de relajarlo, y matar sus nervios. Por lo menos, hasta que Angie se apareciera por allÃ.
Claro que la castaña tardó el doble de tiempo que lo de Zach, y eso se debÃa no solamente al hecho de que habÃa tenido que cambiarse -cosa que nunca le llevaba poco tiempo-, convencido a sus padres de que la dejaran salir a esas horas -que tampoco le llevaba menos de unos veinte minutos-, y luego... Bueno, caminaba mucho más lento que su novio.
Cuando ingresó al café, echó un rápido vistazo al lugar y no tardó en divisar al joven que buscaba. Le sonrió y se encaminó hacia su novio, tomando asiento delante de él una vez se dedicó a besar su mejilla. Le hizo un gesto a la camarera, indicándole que querÃa algo tan fuerte como lo de Zach.
—Hace frÃo —comentó arrugando la nariz. En el medio del verano, y la brisa marina siempre hacÃa un buen trabajo por las noches.
Zachary frunció los labios, como si de esa forma estuviera demostrando qué tan de acuerdo estaba con las palabras de su novia.
—Siempre hace frÃo —murmuró finalmente. Le habÃa llevado un par de segundos poder formular una respuesta tan evidente y sencilla como aquella, por el simple hecho de que la presión que comenzaba a nacer en su interior se hacÃa más insoportable a cada momento que pasaba. Estaba nervioso, claro que sÃ; allà estaba, sentado frente a la chica que amaba. Sin idea alguna de qué era lo que sucederÃa a continuación. Por primera vez en su vida, él, Zachary Fields, no tenÃa nadie a su lado capaz de predecir su futuro por él, y eso lo asustaba. Más que nada, por el hecho de que se sentÃa desorientado, sin saber en qué dirección marchar.
Tomó una bocanada de aire antes de lograr tranquilizarse. Tampoco era el fin del mundo, y si algo malo salÃa de aquello, no debÃa ser dramático.
—Asà que... —comenzó a decir, sin saber muy bien cómo proseguir. No era un genio cuando de relaciones se trataba, y a decir verdad, él era ya de por sà un muchacho muy extraño, por lo que no podÃa pensar cómo expresarse de manera correcta sin que lo que dijera pareciera insultante—. ¿Vas a decirme qué sucede, o debemos esperar al café?
Angie se quedó mirando la mesa por un momento, como si de verdad el mantel un poco viejo y con algunos agujeritos fuera interesante en lo absoluto.
Separó los labios por un momento, para responder y decirle a Zach por qué estaban allÃ, la razón por la cual lo habÃa citado, pero cuando alzó la cabeza para verlo, se nublaron bastante las ideas.
—Esperamos al café mejor —dijo en voz bajita, puesto a que su mirada periférica le habÃa permitido ver a la mesera con una bandeja dirigiéndose hacia ellos.
TenÃa los dos brazos sobre la mesa cruzados, por lo que se hizo un poco hacia atrás para dejar a la chica hacer su trabajo, y sonrió para agradecerle antes de que se fuera.
Por su parte, Zach dio dos golpecitos a la mesa ante el comentario de Angie. No se caracterizaba por ser una persona demasiado paciente, y menos cuando la situación ameritaba ponerse de pie y comenzar a correr como un loco; pero era su nadie menos que su novia la que se encontraba sentada frente a él, y era por eso mismo que tenÃa que demostrar algo más de madurez que la que habÃa dejado relucir hasta ese momento.
Sonrió en dirección a la camarera una vez que ésta se hubo retirado, y sin más, su mirada se posó en la castaña y en la taza de café que ahora elevaba hacia sus labios. Era consciente de que él ni siquiera habÃa tocado la suya, pero eso no le importaba en ese entonces.
Frunció el entrecejo, sin despegar sus ojos del rostro de Angie ni siquiera por un segundo. Asà fue como esperó a que ella dejara nuevamente su bebida caliente encima de la mesita de aquella cafeterÃa, antes de cuestionarla con su mirada.
La castaña se quedó mirando la taza, y tomó un sorbo antes de alzar su mirada sin levantar la cabeza, y descubrió que su novio estaba interrogándola con la mirada, sin decir nada más.
Entonces, Angie dejó la taza en el platito, y frunció los labios un poco. Los separó luego de un rato, y antes de soltarlo todo, cerró los ojos y su rostro se apegó a sus manos, en el escondite que sus manos habÃan hecho para que pudiera evitar mirarlo.
Pero no pudo decir nada sin mirarlo, asà que se destapó la cara, y clavó sus oscuros ojos en los de Zach.
—Creo que sientes algo por May. —Abrió los ojos un poco, encogiéndose de hombros como si quisiera restarle importancia a sus propias palabras.
Pero, de hecho, esa sentencia habÃa cargado con más valor que el que debÃa. Hasta ese momento, Zach habÃa pensado que Angie le dirÃa algo que marcarÃa su relación, o que lo dejarÃa por tener sentimientos hacia otro chico; sin embargo, las palabras que habÃan salido de los labios de su novia no traÃan consigo un Apocalipsis, ni un importante quiebre en su relación. No; sólo era inseguridad, una que, para él, no era justificada.
—¿Qué? —le preguntó, y esa monosilábica respuesta a la acusación de Angie salió acompañada por una especie de carcajada nerviosa. No podÃa creer lo que estaba escuchando. ¿Cómo hacerlo? May habÃa sido su mejor amiga desde que tenÃa memoria, y ahora su novia le estaba planteando que él tenÃa sentimientos mucho más profundos hacia ella. Eso era lo más ridÃculo que habÃa escuchado en mucho tiempo.
—¿May? —inquirió, aunque ni siquiera esperó a que ella contestara; por el contrario, se señaló a sà mismo antes de añadir—: ¿Yo, sentir algo por May? —Frunció el entrecejo, sin poder dejar de sonreÃr como un idiota. Dios santo, se habÃa previsto cualquier tipo de catástrofe, y eso no era más que un completo malentendido.
—No, mi amor, estás equivocada —le aclaró, negando varias veces con la cabeza—. No hay nada entre May y yo, ¿me escuchas? —inquirió, ahora sÃ, inclinándose un poco hacia adelante, como si la cercanÃa fuera capaz de convencer a Angie por completo. No querÃa que ella se quedara con dudas, porque eso llevarÃa a una pelea en el futuro sobre eso mismo—. Somos amigos, siempre hemos sido eso, y nunca dejaremos de serlo. Pero sólo eso:    amigos    .
Una muy desconfiada Angie le devolvió la mirada. Primero, se habÃa encontrado enternecida y hasta seducida por las palabras de él; pero cierto era que Angie era una chica centrada, y ni siquiera los encantos de Zachary Fields la habÃan hecho ceder. Primero su cabeza, luego su corazón; siempre.
—Pero la miras raro —murmuró y sus labios hicieron un puchero de manera inconsciente—. Like... Como cuando yo te miro a ti, pero sin quedarte bobo y... La miras raro —repitió, negando con la cabeza.
El muchacho no permitió que Angie dijera nada más; por el contrario, negó varias veces con su cabeza, para callar a su novia de esa forma. Su mirada vagó de los ojos de la castaña hacia la mesa en la que ambos apoyaban sus manos, para luego volver al punto de origen. Tragó saliva y se mordió el labio inferior por tan sólo un momento antes de atrapar con dulzura las manos de la chica con las de él.
—Angela, escucha... —le dijo Zach, arrugando su entrecejo levemente, para luego acomodarse mejor sobre su asiento y aproximarse un poco más hacia la aludida. Su tono de voz era bajo y suave, como si lo que iba a decir fuera un secreto que debÃa ser muy bien guardado entre ellos dos—. Tú eres la única mujer a la que he querido de esa forma en toda mi vida —sentenció, sin dudarlo ni siquiera por un segundo—. Es decir, sÃ; he tenido enamoramientos antes como cualquier estúpido adolescente, pero te aseguro que nunca nada se ha sentido tan... real y tan bien como esto —musitó, señalándola a ella para luego hacer lo mismo con él, indicando de esa forma una unión entre ellos dos.
Finalmente, soltó un suspiro antes de volver a fijar sus ojos en sus manos, que acariciaban con suavidad las de su novia.
—Y con respecto a May... —Hizo una breve pausa, y fue tras un par de segundos que alzó su mirada hacia la de Angie—, no sucede nada entre nosotros.
La castaña seguÃa con su ceño fruncido, y ahora escrutaba a su novio con la mirada. No terminaba de convencerla ni siquiera una de todas las palabras que decÃa, cosa que nunca le habÃa pasado antes.
—No lo sé... —Murmuró bajito, y se formó un nudo en su garganta—. A ella evidentemente le gustas, y tarde o temprano me dejarás por ella, lo sé —asintió con la cabeza, como si se tratara de una verdad absoluta.
Zach volvió a negar con su cabeza, sin poder evitar que otra carcajada rasgara su garganta. No encontraba la preocupación de Angie como una de poca importancia, ya que el hecho de que ella estuviera tan insegura le dolÃa, y querÃa dejarle en claro que era la única para él; pero aún asÃ, lo cierto era que el simple hecho de imaginarse lo que ella estaba diciendo era demasiado remoto.
—¿A May? —le preguntó, sin saber muy bien si las palabras de la castaña eran decididas. Aún no descartaba la posibilidad de que todo aquello fuera una broma. Después de todo, ¿quien se hubiera imaginado que ella estarÃa haciéndole un planteo asÃ?
—No, mi vida... A May no le gusto, créeme —murmuró, con un tono de voz que no daba lugar a dudas. ConocÃa demasiado bien a su mejor amiga como para considerar de aquella una posibilidad—. Y nunca te dejaré por ella, porque nada pasará entre nosotros. Somos amigos, y eso nada más, Angie.
La aludida apretó los labios, metiéndoselos hacia dentro de su boca por un momento mientras intentaba pensar con claridad, aunque en realidad de claridad no tenÃa nada. Sintió punzaditas por todas partes, y un horrible nudo en su garganta que de le jodÃa justo cuando pretendÃa hablar.
—No soy tonta, Zach, no me trates de tonta —quiso defenderse, y alzó la cabeza para mirarlo. Agradeció a la fuerza que todos sus Wayne antepasados le habÃan transmitido de generación en generación, porque gracias a eso no se encontraba llorando como marrana en ese momento—. Hay algo, y si no lo ves, es otra cosa.
—Angie, no seas paranoica —le dijo Zach, frunciendo sus labios de un momento a otro.
No, eso sà que no era una broma. Al parecer, su novia estaba siendo seria, y eso sólo empeoraba la situación; ¿cómo podÃa creer eso de él y de May? Eran amigos, y por Dios, siempre lo habÃan sido; nunca se le habÃa cruzado por la cabeza la posibilidad de estar con ella, y tampoco lo harÃa en ese momento. Y eso era justamente porque nada sucederÃa entre ellos; estaba completamente comprometido a la castaña, y la amaba como en su vida habÃa amado a alguien. Ella lo ayudaba a atravesar esas situaciones difÃciles a las que se veÃa sometido a diario, tanto en su casa como fuera de ella. ¿Cómo podÃa estar cuestionando todo?
—No te trato de tonta, pero no hay nada; si lo hubiera, yo serÃa el primero en saberlo, ¿no te parece?
—Y el último en decÃrmelo —comentó la castaña por lo bajo, con un tono de voz bastante irónico que quizás habÃa sido un poco, para no decir bastante, rudo.
Angie dejó pasar un par de segundos, para finalmente quitar sus ojos de las manos que Zach le habÃa tomado para clavarlas en los ojos de él con cierta determinación. Quitó con cuidado las manos del chico de encima de las suyas propias, y alzó las comisuras de sus labios hacia un lado.
—Nos vemos mañana, ¿si? —Le dijo al chico, con algo de pena en su mirada, que se reflejaba muy bien en su sonrisa amarga.
El muchacho frunció el entrecejo, sin entender muy bien lo que acababa de suceder, y siguió con la mirada cada uno de los movimientos de Angie.
No supo muy bien como reaccionar y, a decir verdad, dudaba que alguien lo hiciera. ¿Acaso existÃa un libro capaz de explicar qué hacer cuando tu novia cree que estás enamorado de tu mejor amiga? No, claro que no; y eso no sucedÃa porque, por lo general, las amigas no eran más que eso. Pero, por alguna razón, esta vez la hija menor del matrimonio Wayne no parecÃa dispuesta a creer aquello.
La mirada llena de confusión de Zach no fue para nada disimulada, y finalmente, él decidió observar a la castaña una última vez.
—¿Estamos bien? —quiso saber, sin rodeos, frunciendo sus labios con algo de dolor. No sabÃa muy bien qué acababa de suceder entre ellos, pero sà sabÃa que habÃa tenido un gusto amargo, como el de una ruptura. Sólo esperaba que no fuera eso por lo que estaban atravesando.
Angie se lo pensó, estuvo un par de segundos sin mirar a Zach, más bien divagando por todo el café, y vaya si esos segundos se hicieron largos.
—Sólo... Estamos —le dijo a su novio, ahora mirándolo a los ojos y sonriéndole de medio lado. Tiró un poco el asiento hacia atrás, para poder asà levantarse de la silla sin mayores dificultades, y antes de dirigirse hacia la puerta, se acercó a Zach para agachar su torso hasta que estuvo justo delante de él. Lo abrazó con fuerza, como cuando abrazaba a sus osos de peluche de pequeña, y cuando se separó de él, tomó sus mejillas en las manos para hacerles un poco de fuerza, haciéndolo ver adorable a los ojos de ella—. ¿Te dije que pareces un osito de felpa hoy? —Susurró bajito, a modo de broma, y besó con delicadeza los labios de él antes de volver a abrazarlo.
ROBOTS OR DINOSAURS?
Neither.
Nombre: Zachary Nathaniel Fields. Edad: 17 años. Fecha de nacimiento: 24 de Enero de 1994. Familia: Rachel Jacobs (madre), Robert Fields (padre), Gretchen Fields (hermana), Doug Fields (hermano). Descripción: Es amable y honesto, aunque su personalidad es bastante extraña y su sentido del humor varÃa según lo que podrÃa ser considerado un leve trastorno bipolar. Es leal, y nunca abandonarÃa a un amigo cuando éste más lo necesita; eso se ve reflejado claramente en su amistad con May Thaker, a quien adora más que a cualquier otra persona. Su reputación de chico popular e inquebrable ha ocultado su baja autoestima, y nunca le ha revelado a nadie cómo se siente de veras consigo mismo. Tiene problemas con sus padres, quienes lo consideran un completo incompetente; Robert Fields ya ha decidido el futuro entero de su hijo, y aunque no demuestra ningún grado de amor hacia él, espera que sus expectativas sean cumplidas. Quizás es la complicada relación con su padre la que lo llevará a caer en la alcoholemia; antes de que pueda darse cuenta, el muchacho estará tan comprometido con la bebida como decidido a arruinar su vida para siempre.
Su cable a tierra es Angela Wayne, quien ha sido su novia desde que principios de la secundaria. Es capitán del equipo de fútbol, y ya ha logrado que sus compañeros y él ganaran un campeonato nacional. Será cuando comience a descuidar sus responsabilidades tanto de capitán como académicas, y adopte una actitud rebelde y descarada, que sus amigos se percatarán del problema por el que está atravesando con el alcohol. Contacto: [email protected] Facebook: Zachary Fields