El primer contacto de sus manos sobre aquel lugar tan naturalmente sensible, le hicieron contener un respingo en sus piernas, solo se estremeció cuando su mano estaba sobre él. Cerró los ojos con una aparente calma ante aquella humedad arrastrándolo a un dulce placer momentáneo. Una ligera sonrisa estiró sus labios que guardaba pensamientos para él solo. Frunció ligeramente las cejas, y se mordió los labios cuando tiró de él hacia la marea de la dicha... Sus manos que relajadamente reposaban en sus costados se movieron hacia él. Su derecha acarició su cabello antes de quedarse firmemente colocada detrás de su oreja, cerca de la nuca.
—Ah…-Un murmullo de aprobación brotó de lo más profundo de su garganta. Tai Bao abrió los ojos burdeos, deseoso y observó con cierto deleite el tenerlo justo allí. Qué ímpetu juvenil. Algo oscuro en su interior se desplegó, la ligera arrogancia de alguien que podría hacer cualquier cosa que deseara y el otro simplemente lo dejaría. - Con ese entusiasmo, terminaré en tu cara en cualquier momento…
Dejo salir una ligera risa, suave y vibrante. Lo observó desde alli, su mano derecha le acariciaba el cabello y a su vez, le incentivaba aquel ir y venir de su lengua y su boca sobre él con ojos turbios .
Se permitió recorrer la punta con la lengua una vez más, despacio, dibujando un círculo con la suavidad de quien explora un idioma nuevo. La sensación era cálida, vulnerable, poderosa. Alzó la vista, buscando esa expresión en el rostro de Bao que le indicara que iba por buen camino. Porque eso era lo que más deseaba: gustarle.
Entonces, con un leve ajuste de postura, dejó que sus labios envolvieran un poco más. Se adentró lento, medido… hasta donde se sintió cómodo. La respiración de Suguru se volvió más profunda, más pesada, y cada exhalación parecía enredarse con el calor creciente entre sus muslos. Su propia excitación palpitaba sin tregua, olvidada por unos segundos, mientras se entregaba por completo a ese momento.
Sus dedos, los de la mano libre, subieron tímidamente por el muslo de Bao, aferrándose con una mezcla de inseguridad y necesidad. Quería hacerlo sentir bien. Quería hacerlo suyo… aunque fuera solo por unos minutos. Aunque fuera solo con la boca.
Se separó apenas para respirar, sus labios brillantes y la mirada encendida por el deseo. —...— No dijo nada, pero su expresión hablaba por él: estaba ahí, para él, abierto, dispuesto, temblando y deseándolo más de lo que sabía poner en palabras.
Y sin más, volvió a él. Con veneración, por que no todo lo que hacía veía desde el deseo o la lujuria despierta. Era algo más poderoso que eso. Algo que solo Bao lo hacía sentir.














