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“Es lo que encuentras de inmediato en la calle… cuando no quieres regresar a casa temprano.” Aferró los dígitos a la porcelana de su taza, los orbes cayendo en la mesa, pestañeando. Forzó una especie de sonrisa, y pasó saliva. Alcanzar la adolescencia en la casa de su padre, un hombre ausente por el día y aún más por las noches, le dio facilidad al muchacho de escabullirse. Creció formándose teorías del porqué el mayor peleó con uñas y dientes su custodia. Aunque era cierto que su madre tuvo un amorío estando casada con él, ahora sabía que el resto de su niñez la habría pasado mejor bajo su techo. Mas era su padre el de las influencias y contactos, y enfurecido era capaz de todo. A veces cuando visitaba al hombre, en Manhattan, y ya no lo encontraba despierto, sentía aborrecerlo. Porque siempre era la misma imagen, recargado contra el sofá, entre ronquidos, y la habitación oliendo a una mezcla de whisky y loción. Hace bastante que se limitaba a observarlo; en otra época, tenía el detalle de apagarle la televisión. Y no es que con su madre se sintiera cómodo, pero desde que perdió la oportunidad de ser su tutora principal, trataba de enmendar el pasado y limpiar sus errores. La dinámica con su familia generaba en Dwight una ambivalencia; ¿los quería o no?, ¿ya los había perdonado? Hacía de todo para no pensar en ello, pero sospechaba que tendría que lidiar con sus sentires toda la vida. “¿A quién no le gustan los perros calientes de todas formas?” Se quedó viendo en su plato los restos de lo que fue un cóctel de frutas con granola y yoghurt. No era de mucho apetito por la mañana.
“Siempre comprendí la diversidad de profesores en la universidad.” Trazó una sonrisa, ladina; y enfocó sus orbes de vuelta en las facciones de la mujer. “Yo… lo decía de forma hipotética.” Emitió una risita, y congeló la sonrisa al pensar lo que diría después. “Mi formación es periodística. Ya lo sabe. Pero tal vez, sí, habríamos coincidido en algún evento. Por curiosidad, solía meterme a foros de otras carreras.” Confesó con cierta timidez, moviendo los hombros. “A groso modo, mi opinión de la política no ha cambiado mucho. Excepto que ya reconozco el esfuerzo que se hace. Fuera de eso, sigo creyendo que quienes gobiernan realmente son las grandes empresas y que los políticos ejercen a favor de sus intereses. No hay nada puro.” Y se incluía entre las impurezas. “Fue Shakespeare el que dijo que todos somos actores en este gran escenario que es el mundo. O algo así.”
Hay algo de gracia en el comentario del menor que hace que Beatrice sonría, como si estuviera escuchando algo gracioso de los labios de un niño que habla con solemnidad. Dwight no es un niño, pero si es lo suficientemente joven como para que la mujer se sienta lo extrañada ante la idea de comer perros calientes a su edad como aperitivo común. Claro, ella dirige una ciudad y ello le permite el privilegio de poder comer de forma más o menos adecuada la mayoría del tiempo, una manía de la que bien podía culpar a su madre que luchó contra la leucemia por muchos años, orillando a la servidumbre a cocinar lo más sano posible; costumbre de la que no pudo deshacerse por más que lo intentó. — cuando no quiero volver a casa temprano me quedo en la oficina con una botella de vino y hamburguesas del carrito a un par de calles. - confiesa, sintiéndose tonta por ello. Su principal razón para no querer volver a su hogar es lo sólo y vacío que se siente el departamento, lugar que en realidad ha usado solamente para dormir desde que asumió la gobernatura, así que a ello habría que sumar la frialdad. la oficina no es muy diferente, pero al menos ahí está rodeada de cosas por hacer, y al menos no hay tanto frío.
Beatrice termina el poco café que quedaba en su taza para abandonar la pieza sobre la mesa, sonriendo ligeramente por las palabras del otro. — Como alumna siempre fui un poco extraña a ojos de mis profesores, notas sobresalientes en los ensayos y exámenes pero lograr sacarme una palabra en clase podía llegar a ser difícil, nunca me gustaron las preguntas, pero les tomé el gusto con la docencia, descubrí que si te muestras accesible los chicos pueden llegar a hacer las preguntas indicadas para buscar soluciones. Así que ese habría sido, probablemente, un fructuoso cambio de ideas. - se encoge de hombros suavemente, mientras otros se dedicaban a desprestigiar a las generaciones posteriores a la suya, ella siempre les tenía fe y confianza, un poco como intercambio a la confianza que los jóvenes tuvieron al votarla y otro poco porque realmente creía que ellos revolucionarían al mundo desde sus teléfonos y la forma en que el acceso a internet les amplía el panorama. — La política es cualquier cosa menos algo puro, pero sí creo que es un gran reflejo de la sociedad, creo que cada país, cada ciudad... tiene el gobierno que sus ciudadanos merecen. - entonces suspira, su cabeza advierte que se ha vuelto una conversación demasiado filosófica para esas horas de la mañana. — De cualquier modo, siempre es bueno tener alguien externo a la política en el equipo, le da balance.
















