Papi, hoy en tu cumpleaños no solo quiero desearte un día feliz, sino recordarte lo que a veces me cuesta decir con palabras: lo mucho que te amo. Eres el hombre más importante de mi vida, mi ejemplo, mi refugio y mi fuerza cuando siento que la mía ya no alcanza. Ser tu hija es un privilegio que agradezco todos los días, porque sé que Dios me regaló al mejor papá que podía tener.
Gracias por estar siempre, incluso en los momentos en los que parecía que ya no había salida para mí. Cuando la tristeza me cubría por completo y yo sentía que me perdía, tú nunca soltaste mi mano. Gracias por no soltarme cuando más lo necesitaba, incluso cuando yo ya no tenía fuerzas para sostenerme a mí misma.
Gracias por ser paciente cuando la oscuridad parecía ganarme, por no rendirte conmigo cuando yo estaba a punto de rendirme con la vida. Tú nunca me juzgaste, nunca me diste la espalda, al contrario… supiste ver lo que yo callaba, lo que escondía detrás de mis silencios. Tú siempre sabes cuándo algo no anda bien, aunque yo diga lo contrario, aunque intente ocultarlo con sonrisas.
Quiero pedirte perdón, papá… perdón por las veces que te he preocupado, por las noches en las que no pudiste dormir porque estabas preocupado por mí. Perdón por cada lágrima que te he causado, por los momentos en que sentiste tu corazón romperse al verme o por cosas que he dicho. Perdón porque sé que has cargado con mi dolor, porque has llevado sobre tus hombros lo que a mí me pesaba demasiado.
Nunca voy a olvidar cómo has estado conmigo en mis horas más difíciles. Esas noches en que las sombras me robaban el sueño, tú estabas allí, sin reproches, sin condiciones, solo con tu presencia. Y si hay algo que nunca voy a poder explicar con palabras es lo que siento en tus abrazos. Cuando me abrazas y acerco mi cabeza a tu pecho, cuando escucho los latidos de tu corazón, algo en mí se calma… es como si esos latidos fueran un escudo que ahuyenta todo lo malo que llevo dentro, como si en cada golpe de tu corazón me dijeras: “aquí estoy, no estás sola, yo te cuido”. Tus abrazos son mi refugio, papá, y con ellos logras callar los gritos de mi mente y devolverme la paz que tanto me cuesta encontrar.
Hoy, en tu cumpleaños, quiero darte las gracias por eso, por tu amor incondicional, por tu fuerza, por tu ternura, por amarme incluso cuando yo no puedo amarme a mí misma. Gracias por seguir aquí, firme, con tu corazón inmenso, enseñándome que el amor verdadero no abandona, que la fe nunca se pierde y que las batallas se pueden librar de la mano de quienes nos aman.
Te amo con todo lo que soy, papi. Amo tu forma de cuidarme, de sostenerme, de darme esperanzas cuando siento que ya no me queda ninguna. Y aunque a veces me cueste decirlo, quiero que nunca lo dudes: eres mi héroe, mi compañía, mi mayor regalo.
Feliz cumpleaños, papi de mi alma. Que la vida te devuelva en bendiciones todo lo que me has dado. Te prometo que seguiré luchando, porque sé que cada latido tuyo me recuerda que tengo motivos para seguir. Gracias por amarme tanto y tan bien.
Te amo hasta el último de mis latidos. ❤️















