m0oncakee.
Siente el cuerpo rendirse, bajar completamente la guardia a que su perfume ingrese a su espacio personal, boicoteada por su pobre corazón que no da más. No puede seguir así, no existe más negación que aquel velo que intentó portar por todo ese tiempo. Le quería, le quería demasiado, hasta la locura de siquiera considerar lo suyo amor. Lo que eran, lo que ella intentaba que fueran porque no, no en su mente la esperanzas del futuro estaban tan aferradas a su imaginación que se dejaba convencer cuando los ojos se cerraban y sus brazos le rodeaban antes de dejarse caer en un profundo sueño después de compartir el calor de sus cuerpos. Se siente completamente estúpida en la forma en la que ni siquiera considera su enojo, su real ira. Que ni de cerca estaba de poder entender que no le molestaba la falta de compromiso, el título, la promesa de la fidelidad, le enfermaba que estuviera por ahí con cualquier otra…y que algún día, una de esas, sin aviso previo, por descuido y violentamente, le robara el corazón y lo alejara de ella para siempre. Y ella, se tuviera que quedar allí, tan vacía como llena de unos sentimientos que nunca pudo expresar. –- ¿Entonces qué? ¿Tendré que siempre ponerte perfume y desearte buena suerte cuando te vayas con otra? — Espeta con un dejo de violencia amarga en la voz, moviéndose un paso hacia él pero cargada de una energía que no era la que él deseaba — O teniendo que aguantar tus caras por si te menciono a alguien más ¿Esto es lo que hacemos? ¿Esto es lo nuestro? — Estaba realmente furiosa, el descaro con el que se había marchado a su cita, la forma en la que la ley del hielo abarcó el espacio que realmente odiaba no tenerlo. — No me haces sufrir, imbécil, te odio, te desprecio — Utiliza la mano libre para echarle un flojo golpe en el hombro — Esto es todo lo que te puedo ofrecer ¿Me dices? — Su voz se calma, de momento el enojo sigue fluyendo en la adrenalina de su voz y una sonrisa sardónica aparece en sus labios — Dime la verdad, Yihwan ¿Acaso me ofreces algo? Vienes aquí, lo hacemos, te vas, vuelves, peleamos, nos odiamos, y uno de los dos regresa al otro — Respira hondo llevando la vista al cielorazo. — ¿Esto es lo nuestro? ¿Siquiera lo vale? —- Eleva los hombros, palabras de amistades resuenan en su cabeza, racionalizar su propia infelicidad también se entrecruzaba con aquella persona que le daba felicidad — Yo no soy la única que está fingiendo — Sentencia mirándolo a los ojos, no estaba en un estado de demencia que se inventaba lo que vivían, un fuego tan fuerte no quema por una sola brasa.
el respirar comienza a volverse una encomienda pesada, es a cada inhalación que sus pulmones prometen explotar, el escozor de sangre podría ser amigo cercano en su boca, pues reprimie dentro y con fuerzas que no poseé un grito, una maldición que quiere escupir y que le lastima como afilada desesperación. en el camino al apartamento compartió una sonrisa estúpida e incredula consigo mismo, pues se veía certero de que aquello terminaría pronto. la mujer de vuelta en sus brazos y la necedad seguiría reinando entre lo que ambos sostenían. el cinismo en ocasiones era así de dulce, pero cual veneno que le corroía en el interior, le mostraba lo equivocado que estaba. “ yo no te traicioné, nunca te prometí algo diferente, ni te engañé en algún momento. fui completamente honesto contigo. ” exclama en reclamo que le hiere en un orgullo bastante bien planteado. si bien el no sabía de fragilidad, era con harin con quien se había permitido ser cual cristal, con sus intenciones a flor de piel, con la miseria y escoría de su persona siempre por delante, nadie más había merecido explicación, solo unas palabras para conquistar y largarse después, fue con ella con quien se abrio sobre sus capacidades, cortas y no mercedoras de afecto alguno, más siempre ahí, honestas al cliché de que nunca podría prometer algo serio. “ si todo eso es lo que sientes por mi, ¿porqué no mandarme al diablo en un comienzo?, ¿porqué permitir que esto continuara?, ¿creías que algo cambiaría?, ¿qué yo sería diferente?, no me jodas, harin. ” le suelta y suspira una vez más, dando su espalda a la mujer y pidiendo que la puerta ahora frente a él pudiera verse como una meta, aun cuando el salir de ahí sin lograr nada fuera un castigo demasiado lacerante. “ esto, para mi lo vale todo. ” pausa, con dolor en palmas por la presión continua de la ansiedad. “ pero efectivamente, no puedo ofrecer nada más. si lo aceptas, adelante, pero si tu orgullo y maldita ilusión te nublan, entonces, correcto, a la mierda todo y continua despreciandome como lo haces, solo intenta hacerlo mejor. ” le encara sobre su hombro en un comienzo antes de volver hacía ella. su mentón afilado le ve sobre desprecio, una vez más, fingiendo que no quería caer a sus pies en esos momentos, suplicando por ella como famelico incoherente.












