6:03 a.m.
Eran las 5:56 a.m. Terminamos la última botella de vino... Escuchábamos Costumbres de Rocío Dúrcal Y pensaba (como casi siempre) que estaba justo donde debía estar Que estaba pasando solo lo posible, que nuestro destino no podía ser diferente Estaba sentada, fumando un estúpido cigarrillo Pensando en tu condena, en nuestras costumbres Pensaba que nada iba a sacarme ese dolor del pecho Que te recordaría cada madrugada durante al menos unos años y así fue Tu recuerdo tocaba mis hombros, baila frente a mí Me recordaba la calidez de tus manos, el brillo de tu rostro Me recordaba qué había amado de ti y por qué
Me gustaba creer que por tu parte me extrañabas Que volteabas a mi lado de la cama y me buscabas por las noches Que anhelabas tanto mi calor como yo el tuyo Pensaba, tontamente que eso te haría volver, que mi recuerdo sería lo suficientemente poderoso como para traerte de vuelta Que me dirías "querida, no puedo estar sin ti"
En cambio, solo tuvimos encuentros contados, encuentros carnales, apasionados, desesperados Nunca entendí la desesperación Las ansias por quitarnos la ropa y seguir besándonos Me hubiera gustado más entender o sentir el amor, pero creo que no había Quedaban las cenizas de lo que fue un buen sexo, las ganas de revivirlo De sentirnos rozar el cielo mientras de forma violenta tomabas mis manos... Amor... no, amor no.
Entonces terminé mi copa y entoné fuerte esas canciones que mamá ponía y que nunca había entendido, hasta ahora... hasta un domingo a las 6:03 a.m. La canción me golpeó, una ligera bofetada y aunque quisiera devolver el golpe, bueno, esta vez no podía















