El día que el diablo no había ganado
Comencemos por el tablero. No es un tablero cualquiera, sino uno pintado en 1831 por Friedrich Moritz August Retzsch: un joven inclinado sobre piezas blancas, el diablo observando con una calma que no es arrogancia sino paciencia, y un ángel —o algo que intenta parecerlo— suspendido detrás, como si el tiempo hubiera decidido tomarse un descanso. La escena es limpia, casi didáctica. El mensaje,…
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