"¡Mi padre está loco!" o "¡Mi padre es un gamberro!", es lo que decía para acabar alguna de tus historias, todo sin parar de reírme.
Muchos me dicen que se me llenaba la boca hablando de ti, pero ¿como no hacerlo? Un hombre inteligente, guapo, gracioso, bueno y siempre siempre con una sonrisa en la cara, hasta en los peores momentos.
Los que te conocían saben que todo lo que te proponías lo conseguías, nunca tuviste miedo a fracasar. Si querías algo, ibas a ir a por ello. Y un hombre de medio siglo de edad que había dejado de estudiar a los 14 años, se convirtió en 2 en un experto en cálculos de sistemas articulados, modelado 3d con ordenador y soldadura. ¡Sabía más que yo en 4 años de carrera! (Joder).
Y sus paellas… AY DIOS! Las mejores.
Y sus pizzas caseras, cada bocado mejor que el anterior.
Y que gran putada es, que lo bueno siempre acabe. Solo te queda recordar para volver a “revivir” las cosas buenas que ya has vivido. Aunque no lo harás enseguida, ni a los 3 meses ni a los 10. Pero si más tarde. Y luego podrás pronunciar su nombre, que no hablar de ello (eso es menos difícil). Pronunciar su nombre, escribirlo, escucharlo.
Aún es pronto para que lo haga yo.