Un jardín de cicatrices, cada una una flor de cristal,
Me reconstruiste, paciente, con alfiler y pincel.
Pero un huracán de olvido, barrió mi paraíso,
Y las flores de cristal, se hicieron polvo, sin aviso.
Ahora, en la quietud de la tormenta pasada,
Veo el diseño del caos, la belleza en la nada.
Entender es un eco, en el silencio profundo,
El amor, un volcán dormido, que dejó un cráter en mi mundo.
Andrés Herrera










