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Definitivamente, no. Ya superé esa etapa, pero, gracias...
Daniel Hosseini
-Una historia diferente bajo el mismo cielo-
Mera by, next Aquaman’s artist, Shiniebzial Sejic
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REENCUENTRO FALLIDO
Por: Daniel Hosseini
Si, es cierto; cuando atravesé por aquella dolorosa experiencia de padecer la ruptura de mi relación de tantos años, sufrí muchísimo y quise resignarme abogando a la legendaria ley del karma y me abandoné desmadejado, bloqueando mi mente y sacando fuerzas de flaqueza para poder seguir adelante; porque nadie debe morir por amor, sobre todo cuando quien se ha ido ha demostrado su poca valía.
Y luego de casi cuatro años, un poco menos de mil cuatrocientos sesenta días de aquella terrible pesadilla, la vida volvió a poner frente a mi a esa persona no-grata. Las redes sociales suelen ser caminos cortos cuando se huye con desesperación del desamor y me encontró del otro lado del abismo, en un lugar seguro, con la vida resuelta y los recuerdos esparcidos en el olvido. Creí no estar preparado cuando me pidió una entrevista, pero recuperé el aplomo y acepté el reto frente a mi; y mientras las setenta y dos horas para vernos llegaban, mil cosas se agolparon en mi mente arrastrando recuerdos que creí borrados. Experimenté ira, dolor, angustia, satisfacción, coraje y mucho valor. Todavía cuando faltaban cinco minutos para la hora de nuestro encuentro no me había decidido si verlo a los ojos y sonreír, apresurar el paso y darle un abrazo fuerte y prolongado sintiendo latir nuestros corazones pecho a pecho. Y cuando llegué, lo vi a escasos treinta metros de distancia y no sentí latir de prisa mi corazón ni mi pulso saltar por mis venas, ni hubo ningún trastorno en mi estómago; retorcí una sonrisa y lo único que hice fue darle un abrazo fuerte que duró escasos treinta segundos, pero nunca sentí ningún latido de ningún corazón; mi sangre estaba fría y mi compostura se limitó a ser amable sin ninguna exageración como lanzar ráfagas de preguntas hipócritas de las que en el fondo ni siquiera tenía interés en conocer cualquier respuesta.
Todo fue breve, el tiempo, el espacio y hasta el interés de mi parte. Durante todo ese tiempo sin vernos ocurrieron cambios drásticos en mi persona para bien mío y cambios físicos en la suya para mal de mis ojos. Calculo que había subido unos diez kilos y su corte de cabello era espantoso, así como su ropa y decidí pensar que había perdido la clase que tanto intenté en su persona. Me habló de su fracaso amoroso, motivo de nuestra ruptura y de su abandono. Dijo algo sobre la infelicidad y pensé que exageraba al compararla con la que yo padecí. Percibí su tristeza y adiviné una urgente necesidad de conocer mi opinión respecto a su actual situación de vida que se esforzó en contarme a veces con metáforas mal compuestas y con acertijos de mal gusto.
Sentí pena, pero también alivio. La prueba había resultado más sencilla de lo que pensé. Repitió mi ferviente deseo de que se cumpliera en su vida la realidad de un karma que en el fondo nunca le deseé porque este siempre llega, tarde o temprano. Y volví a sentir pena. Observé cada centímetro de su rostro y analicé cada movimiento y cada palabra por minúscula que fuera y me hice la pregunta obligada: ¿esta persona es a la que tanto amaste? Respondí con una afirmación mental pero luego reconsideré: -sin embargo, ya no es ni la sombra de lo que fue y me complace no sentir absolutamente nada por él, excepto pena.
Cuestionó mi actual situación sentimental y adiviné un deseo escondido de interés en mi persona pero lo dejé sin posibilidad alguna dejando en claro que por el momento la vida estaba tratándome muy bien si necesidad de compromisos absurdos con personas sin valía; pero no dejó de insistir. La comida transcurrió entre preguntas aisladas y miradas furtivas. Luego caminamos un largo trecho sobre un jardín hermoso del centro de la ciudad. Me veía con insistencia y hacía comentarios sobre lo bien que me estaba conservando y lo mucho que le gustaba mi ropa. Agradecí y encendí el display de mi teléfono móvil para ver la hora; eran las ocho de la noche y tuve que inventar una excusa para huir de algo que empezaba a resultar incómodo para mi.
Cuando nos despedimos intentó rozar mis labios con la cercanía provocada por ese segundo abrazo, pero lo evité con disimulo. Con ese abrazo prolongado sellamos una promesa de volver a vernos antes de que yo regresara a Barcelona veinte días después que se cumplen dentro de tres días. Me pidió un número de teléfono móvil para intercambiar mensajes virtuales y le dije que si, pero por un período temporal. Luego encaminó sus pasos hacia el transporte público y me quedé esperando hasta que se perdió entre la multitud, como aquel ocho de abril del año dos mil trece a las nueve de la mañana; solo que en esta ocasión mi corazón se quedó tranquilo.
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Daniel Hosseini
27 de marzo del 2017
La maldición
Por todas las veces que despertaba en medio de la noche y escuchaba tu voz arrastrarse por el suelo.
Por todas las veces en que tu piel trepaba por mis lágrimas.
Por las lunas en llamas y los Soles helados.
Por el tiempo perdido.
Por el silencio tan mudo.
Por llenar de arañas el horizonte…
En esta Noche de Difuntos yo te condeno.
Te condeno a que esta noche caiga sobre ti, y las estrellas te partan el cráneo.
Te condeno a que hoy no puedas dormir; a que tu insomnio se llene de escamas, y se enrosque bífido e insidioso en tus oídos; a que te susurre lo que tuviste, y lo que perdiste; y a que la losa de la culpa sobre tu pecho te haga hervir el corazón en sal hasta que explote.
Yo te condeno a que pases el resto de tus días persiguiendo por tus labios el rastro perdido de tu última sonrisa; a creer que la felicidad siempre está próxima, pero acabe licuada bajo los pies de una llamada que no llega, de un amigo que te falla, o de una noche en que quieras salir a tomar algo y no encuentres a nadie.
Te condeno a que el viento se lleve todas las alegrías que forjaste de manera miserable y egoísta.
Te condeno a que las flores se llenen de humo; a que sólo puedas libar de cada pétalo el néctar de mil tinieblas; a que consiga encantarte la voz de una serpiente; a vivir eternamente bajo un arco iris venenoso.
Te condeno a que te quieran tanto como tú me quisiste a mí.
Te condeno a que te mientan tan bien como tú a mí.
Te condeno a que te hagan creer que nunca estarás solo pero al final siempre lo estés…
En esta Noche de Difuntos, te condeno a ser yo, pero sin la suerte de tener cerca a alguien como yo.
Eros Ignem
Si, harto te condeno !!
Sgwd Clun-gwyn (’The Fall of the White Meadow’)
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SUPERGIRL: BEING SUPER #1
Dejaste de ser la única persona que podía hacerme sentir algo; tristemente eso quedó en el pasado, es cierto que te recuerdo de vez en cuando, pero ya no te extraño...
Daniel Hosseini
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No hay paisaje más hermoso que el que percibe un traidor a través de la soledad que le consume...
Daniel Hosseini
-Una historia diferente bajo el mismo cielo-
EXCEPTO LOS RECUERDOS...
Solía tomar mi mano derecha mientras yo conducía con rumbo a donde fuera; en un arranque de exquisita adoración, la llevaba hasta su boca y la besaba con vehemencia. Luego la soltaba y acariciaba mi nuca mientras cerraba los ojos pensando en no sé que cosa. Le gustaba darme besos sorpresivos en las mejillas y apretujar mis cara contra su boca. Le gustaba abrazarme por la espalda e impregnar con su cálido aliento mi cuello desnudo. Solía cerrar los ojos y recostarse en mi regazo abrazando mi torso con infinita ternura luego de hacer el amor con frenesí... Y a todo eso, yo correspondía con ilusión pensando en que le tenía asegurados los sentimientos; porque el amor vivía a plenitud dentro suyo; pero me equivoqué. Nada en esta vida es seguro y durante algún tiempo deambuló por mi mente la insistente pregunta de: -¿por qué hizo todo eso si no me amaba de verdad? Pero nunca tuve respuesta. Hasta ese día en que decidí olvidarme de todo y reiniciar mi vida lejos de aquello que me empeñé en desaparecer para siempre, excepto los recuerdos que de vez en cuando regresan para fustigar mi cordura cual latigazos envenenados...
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Daniel Hosseini
-Una historia diferente bajo el mismo cielo-