El mero hecho de que aquella castaña, no sólo causas de su primer jaqueca después de un tiempo, sino que también aquella que encendió su vida en un fuego incapaz de ser apagado, se haya convertido en una de las cosas más importantes en las que pensar en la mente de Vic, era algo completamente increíble —para verse en aquel lugar nuevamente con alguien más tendría que haber pasado un milagro y haber traído consigo un desastre; ni siquiera una suave brisa de verano a la que, luego de cualquier catástrofe, le vendría bien a un alma completamente problemática. Y por la más extraña de las razones, Victor la veía como un hermoso vórtice de emociones con respecto a sus chocolates ojos, de los que sabía que no se cansaría jamás. Y la verdad es que estaba encantado de verse a sí mismo envuelto en algo sin salida, por mucho que aquello le atemorizare a muerte de igual modo. El rubio se permitió reír brevemente después de que el pequeño acotare su nuevo deseo, y aquella carcajada continuó incluso hasta cuando el más bajo se mostró entusiasmado por traerles consigo. Sin embargo, las mismas desaparecieron tan pronto escuchó lo siguiente. Bien, esa tal April era un cuento infernalmente distinto, pensó—. No me gustan —reforzó, frunciendo su ceño en un intento de ocultar lo mucho que le había agradado el niño—. Tampoco me gustas tú, por eso es que paso tanto tiempo contigo y me muero por rozarte con cada fibra de mi cuerpo a cada instante que te alejas —y si bien la comparación hizo justicia a lo que trataba de especificar… sencillamente se vendió a sí mismo. Había comparado ambas cosas que no quería admitir, y aquello entonces era un problema. Largó un quejido silencioso, sintiéndose derrotado al mismo tiempo que miraba sus zapatos—. Sería aquel en empujarlo para que se cayere y yo me pudiere reír, eso es distinto —señaló, intentando recolectar todo aquello que perdió con la antigua oración. Y para el momento que quiso robarle un casto beso sólo porque sus labios lo imploraban, se vio amenazado por la apuesta. Y para el momento, se retrajo a sí mismo una vez más, y aún así le dedicó un guiño a la menor, para poder seguirle el paso al chico y sacudir sus pensamientos—. Y bien, Alek, ¿te gustan los superhéroes? —inquirió.
Ya casi que le resultaba imposible esconder la inevitable y tonta sonrisita que se le lograba formar sobre su rostro al escuchar las palabras ajenas, aquéllas que tanto le gustaba oír. Era increíble cómo apenas un par de palabras provenientes del contrario eran capaces de depositarle tanta felicidad en su cuerpo. Hacía mucho que no se sentía de tal forma con alguien, y aunque el miedo seguía presente, estaba feliz de haberse topado con él—. Buena respuesta —ladeó su sonrisa, dejando de prestar atención por un mínimo momento al pequeño para observarle—, porque si en esas estamos, tú tampoco me gustas, ni un poco —aseguró y buscando algo de contacto, más que sus manos anteriormente entrelazadas, logró rodear el torso ajeno en un medio abrazo. Sin embargo, cierto pensamiento acabó por deshacer la amplia sonrisa que decoraban sus labios. Santo cielo, no se lo había dicho, ¿cómo se le había podido olvidar? En aquel momento, el comentario ajeno volvió repetirse en su mente; me muero por rozarte con cada fibra de mi cuerpo a cada instante que te alejas... No, no se lo iba a tomar muy bien—. Vic, tengo que hablar contigo sobre una cosa —dijo repentinamente, y es que cuanto antes lo soltase, mejor. Se fue separando poco a poco, y antes de siquiera soltar palabra, todo fue interrumpido por la presencia de Alek—. Vamos, vamos... ¡Vamos a los columpios! —exclamó con entusiasmo, a lo que Zhenya no dudó en responder rápidamente—. ¿Por qué no vas tú de mientras? Ahora te alcanzamos, ¿sí? —el pequeño realizó un puchero al escucharla, mas no evitó salir corriendo a los pocos segundos. Volviendo al tema anterior, la castaña observó al contrario y mordisqueó su labio inferior, antes de proseguir—. Verás, se me olvidó decirte que la próxima semana me voy —soltó y al notar cómo aquéllo había sonado, frunció el ceño—. Quiero decir, me voy por una semana —agregó con rapidez, esperando la reaccion ajena. A ella tampoco le gustaba mucho la idea de separarse del joven, incluso si tan sólo fuese por una semana, mas no tenía otra opción.









