El por qué empezar este Blog
Tuvieron que pasar muchos años para lograr en mi vida lo que tanto se habla hoy en día, el tal “despertar de la consciencia”. El camino no fue fácil ya que para iniciar ese descubrimiento, tuve que recibir un buen sacudón que revolvió mi cabeza, mis sentimientos y mi alma. Fue un evento que despedazó mi vida en miles de piezas que habían sido parte de un rompecabezas llamado mi existencia.
Hasta ese día llevaba una vida común y corriente, estudiar, trabajar, casarse, tener hijos, buscar éxitos, ascensos, mejor salario, viajes, vacaciones, ser competente, hacer méritos, ser buena cristiana, ir a la misa, dar la limosna, confesarse, cumplir con los sacramentos, bautizar a los hijos, escuchar música, ir a conciertos, tomar unos tragos con los amigos, bailar, ejercer mi derecho ciudadano, apoyar a un equipo de futbol, a un partido político, llenar mi botiquín de remedios para el dolor de cabeza, antiácidos, purgantes y claro, acudir al médico regularmente, pues si no era un resfrío fuerte, una sinusitis, la vesícula, nódulos en los ovarios, etc… hasta que de un día para otro, sin previo aviso mi esposo, sano, delgado, tranquilo y feliz… durmió y no despertó más!. Quede en una nebulosa, con dos niños pequeños, había dejado el trabajo para dedicarme a ser mama al cien por ciento, entonces en un abrir y cerrar de ojos me vi sola, sin entender por qué la vida se había ensañado conmigo.
Lo primero que atiné fue ir a la iglesia, a hablar con el padre con quien ya teníamos alguna relación por nuestra participación dominical de varios años y pues lo primero que recibí fue una respuesta fría y directa: “resignación hija, deja a tu esposo descansar en paz, él ya está mejor que nosotros”. Pregunté a familiares, amigos y todos solamente repitieron las frases trilladas de la “resignación, ser fuerte y seguir la vida”. A partir de esas respuestas iniciaron las preguntas trascendentales de mi vida: ¿Qué es la muerte? ¿Por qué suceden estos eventos? ¿Qué hay más allá de la muerte? ¿Quién o qué es Dios que permitió que sucediera esto conmigo? Si, según yo, era una buena persona y no había hecho daño a nadie…
Además de llorar y extrañar, de buscar que hacer, ocupar mi mente y aparentar calma con los niños pues la vida continuaba, encontré una tabla de salvación, que guía hasta ahora este mi camino: el yoga. Participé en las clases activamente sin entender de qué se trataba, solo percibía que estaba sumamente oxidada, me costaba agacharme y que al final de la clase estaba relajada, lloraba y lloraba durante la meditación, ayudándome en esa primera fase del duelo. Con el tiempo, además de empezar a flexibilizar el cuerpo, estaba empezando a mover mis sentimientos, la energía que ni siquiera imaginaba que tenía.
Pasaron muchos meses hasta que escuché la palabra “chakras”, que la profesora dijo era una palabra en sánscrito que significaba “ruedas o centros de energía”. Que teníamos siete y que giraban de un lado para el otro, movilizando la energía que almacenábamos. Me fascinó pensar que teníamos o que éramos energía (creo que las clases de física en el colegio no habían causado mucho interés en mí, pues esto de la energía no lo había asociado a que TODO es energía, incluida yo), las preguntas que me había hecho meses atrás empezaron a buscar las respuestas que a través de los años se fueron respondiendo.
Pasaron otros tantos meses más y en mi afán de buscar respuestas, mi mente se fue abriendo a ideas nuevas, raras y que en mis tiempos de persona “normal y corriente”, jamás las hubiera aceptado o siquiera pensado. Entonces me di cuenta que los sistemas de creencias por como fuimos criados, educados y “formateados”, me conducían por la vida como en piloto automático, sin cuestionar absolutamente nada e ir repitiendo como un loro todas las frases y acciones de las personas “normales y corrientes”.
Es así que fui explorando nuevas ideologías, encontré a la doctrina espirita, que abrió mi mente a la reencarnación, a las leyes universales, a la ley de acción y reacción, entonces empecé a encontrar varias respuestas y a verificar que en muchísimos momentos de mi vida yo no había sido la “buena persona” que daba por sentado y sin siquiera percibirlo, había herido, había sido irrespetuosa, no había valorado los sentimientos de las personas, había juzgado sin mirar mis propios errores y aún más, me había jactado de este comportamiento riéndome de quienes me daban señales de que se sentían lastimados o sin percibir que simplemente se alejaban de mí.
¡Oh! ¡Cómo lloré al darme cuenta de la vida tan a la ligera que había llevado! Iba con los ojos del alma cerrados y muy seguros de que mi vida era solo ésta, la física, mis pensamientos y mis emociones del día a día.
Entendí a través de la teosofía y a los textos védicos, que estamos constituidos por no solamente el cuerpo físico; que cuerpos más sutiles, invisibles e importantes constituyen nuestro Ser y coloco Ser con mayúscula porque no se trata del cuerpo, los pensamientos y las emociones solamente, pues estos son los cuerpos perecibles o los que se acaban junto al cuerpo al momento de fallecer o a los pocos días después de este hecho; el Ser es la consciencia o energía suprema que hace uso del cuerpo, emociones y mente destinados a la experiencia humana en el planeta Tierra. Es el encargado de recoger todas las experiencias y absorberlas para expandirse aún más. Es lo que las religiones o filosofías llamaron, alma, atma o neuma.
Entonces, el propósito que todos tenemos en las tantas vidas que decidimos encarnar es librarnos de las fluctuaciones de la mente y los sentidos, para unirnos al Ser Supremo o a la misma Creación sin dejar el cuerpo físico en el que habitamos. Inicialmente éste propósito es oculto u olvidado pero que se va revelando en la medida en que vamos siendo más conscientes a través de las encarnaciones.
En estos artículos del blog, iré hilvanando todas las ideas y conceptos que hacen parte de mi existencia que es también la existencia de cada uno que pueda leer, que es parte de la flor, de la montaña, del oso, del planeta y del mismo cosmos.
El tomar consciencia de la importancia de cada uno de los cuerpos desde el más denso que es el cuerpo físico hasta los más sutiles como el atma, es un camino que lo vamos haciendo sin prisa pero sin pausa. Así entonces, comencemos a trabajar en los cimientos hasta subir al tejado.










