«Tener que desear: para no ser felizmente desdichado. Respira el cuerpo y anhela el espÃritu. Si todo fuese posesión, todo será desengaño y descontento; aun en el entendimiento siempre ha de quedar qué saber, en que se cebe la curiosidad; la esperanza alienta, los hartazgos de felicidad son mortales. En el premiar es destreza nunca satisfacer; si nada hay que desear, todo es de temer: dicha desdichada; donde acaba el deseo, comienza el temor.»
Baltasar Gracián: «Oráculo manual y arte de la prudencia», en Obras completas. Cátedra, pág. 403. Madrid, 2023.
TGO
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