How long will this pain last?
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH
Sweet Seals For You, Always

pixel skylines
Lint Roller? I Barely Know Her
trying on a metaphor

PR's Tumblrdome
$LAYYYTER

No title available

⁂
Claire Keane
occasionally subtle

#extradirty
Mike Driver
Keni
he wasn't even looking at me and he found me
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ

★
I'd rather be in outer space 🛸
No title available
DEAR READER

seen from United Kingdom

seen from United Kingdom
seen from Chile
seen from United States
seen from United States
seen from United Kingdom
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from United States
seen from Canada
seen from Malaysia

seen from India
seen from Türkiye

seen from Australia

seen from Germany

seen from Israel

seen from Malaysia
@acidsh
How long will this pain last?
Perdón pero se viene mi desahogo:
Este año me ha dolido y enseñado al mismo tiempo. No ha sido un año fácil de explicar, porque no tuvo un gran evento que lo marcara, sino una acumulación de sensaciones pequeñas, incómodas, silenciosas, que se fueron juntando hasta mostrarme que algo ya no estaba funcionando en mí ni en mis vínculos
Una de las experiencias más difíciles fue alejarme de personas que antes fueron importantes, no por rabia ni por castigo, sino por necesidad. Entendí que estar cerca de ciertas personas me hacía daño, que me desgastaba ver cómo algunas conseguían atención o afecto a través del llanto, el drama o incluso el riesgo. Me cansé de ser quien contenía, quien sostenía, quien se acomodaba. Me cansé de ver cómo otros avanzaban a costa de manipular emociones, mientras yo me quedaba con la incomodidad, la culpa y el peso de hacerme cargo de todo. Alejarme fue duro, pero fue un acto de amor propio.
También viví la sensación de no pertenecer, de ser el “extra” en todos los espacios: en mi familia, en mis amistades, en los grupos sociales. Sentí que no era alguien que las personas realmente quisieran cerca, que estaba por obligación, por costumbre, o simplemente porque era más fácil tenerme ahí que sacarme. Esa sensación me acompañó en varios momentos: las salidas donde no me consideraban, los silencios incómodos, los planes que se daban conmigo o sin mí. Fue una soledad rara, porque no era física; era emocional.
Aun así, hubo pequeños instantes que me sostuvieron: la playa, el sonido del mar, el viento frío en la cara. Las risas inesperadas en clases. La energía honesta de mis estudiantes. Esos momentos simples fueron un cable a tierra, un recordatorio de que también existo fuera de los vínculos que no funcionan.
Este año, aunque a la fuerza, me obligó a mirarme con más sinceridad. Aprendí que no tengo tantas ganas de socializar, que no quiero llenar mi vida de gente solo por llenar. Que me cuesta relacionarme, y que no tengo por qué forzarme a encajar en dinámicas que no van conmigo.
Aprendí que, aunque me vea fuerte, por dentro me he sentido un bicho raro muchas veces, desadaptada en una sociedad que parece avanzar hacia direcciones que no entiendo: tantos diagnósticos, tantas relaciones dañinas normalizadas, tantas violencias silenciosas.
¿Qué quiero dejar atrás?
Quiero dejar atrás a esa Rosa que todos veían como fácil de pasar a llevar.
A esa Rosa que siempre daba más de lo que recibía.
A esa Rosa que se tragaba todo, que soportaba todo, que dejaba que los demás decidieran por ella.
Quiero dejar atrás la versión de mí que estaba siempre disponible, siempre lista, siempre entregada, aunque eso significara quebrarme por dentro.
¿Y qué quiero llevar conmigo al 2026?
La verdad es que no siento que haya ganado mucho este año. No siento grandes conquistas ni aprendizajes gloriosos. Y está bien. Porque a veces no se trata de ganar; se trata de soltarse.
Dejar espacio vacío para que algo nuevo, sano y verdadero pueda entrar.
Para el 2026 quiero permitirme empezar de cero, sin pretender tener todas las respuestas. Quiero abrir espacio para vínculos más tranquilos, más honestos, más recíprocos. Quiero recuperar la energía que entregué durante tantos años. Quiero ser leal conmigo antes que con cualquier otra persona.
No sé si este año fue bueno o malo. Pero sí sé que fue verdadero. Y que, aunque dolió, me empujó a reencontrarme conmigo misma.
Y bueno, no tengo nada más que decir.
Adiós a esta red social, nos vemos (no sé cuando)
lo lindo y lo simple de estar
Este año fue un momento de revelación para mí. Después de mucho tiempo, sentí de nuevo esa conexión especial hacia alguien, una atracción genuina que creía perdida. Sin embargo, otra vez, no fue correspondida. Y aunque entiendo que eso es parte de la vida, me doy cuenta de que debo seguir adelante, de que no puedo detenerme en lo que no fue.
También, en este proceso, he empezado a ver con más claridad el tipo de amistad que ofrezco. Sé que no soy perfecto, y que mi manera de estar y de acompañar quizás no es lo que todos mis amigos esperan o necesitan. Pero a veces me pregunto: ¿por qué no me lo dicen? ¿Por qué el cambio o la mejora deben partir siempre de mí? Esto me hace reflexionar sobre lo que doy y lo que recibo en mis relaciones.
He comprendido, además, que hay momentos en los que yo también necesito ser contenido, un abrazo o alguien que me ayude a salir de ese lugar oscuro al que a veces me voy. Suelo hacer esto por los demás, pero cuando se trata de pedirlo, siento que incomodo, que soy una carga, que soy "difícil" o que parezco siempre enojado.
Estoy aprendiendo a reconocer y aceptar mis necesidades, aunque aún me cuesta darles voz. Reconozco que soy humano, con defectos y momentos de vulnerabilidad, pero con mucho para ofrecer. Solo me gustaría que, a veces, alguien lo viera, o al menos, que yo mismo me permitiera reconocerme sin tanto juicio.
Katie Silvester
@crxmes
𝐍𝐨 𝐞𝐧𝐭𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐢𝐠𝐨 𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐚𝐥𝐠𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐩𝐚𝐬𝐚𝐫𝐚.
"Tantas veces me pregunté, ¿qué hay de malo conmigo?, ¿de verdad tengo una personalidad tan mierda? Fue duro para mí afrontar que nadie se quedaba conmigo por mucho tiempo."
Fingir que las cosas van bien me hacen pensar que realmente van bien, pero a veces sucede que de la nada todo se desmorona y ya no puedo fingir, y me doy cuenta de que nunca estuve bien.
Luux