Thomas sonrió de lado al oírle, bastante satisfecho de que Áedán correspondiese lo que él mismo sentía en ese momento. Lo cierto era que “ansioso” se quedaba corto para describir la cantidad de emociones mezcladas que tenía, era deseo, ganas, nervios, expectación; necesitaba tenerle a solas para disfrutarle como nunca antes. —Buenas noches, East —se despidió, subiendo casi corriendo junto a Áedán. Suponía que tenían que ser discretos en la casa, así que esperó a estar dentro de la habitación para atraerle contra sí y besarle con ímpetu. Atrapó sus labios con los propios, mordiéndolos suavemente, para luego colar la lengua dentro de su boca. Poco a poco, sin embargo, tornó el beso más dulce y más lánguido, perezoso. —Por fin, tú y yo —susurró entre besos.
Una vez en el dormitorio, Áedán recibió los labios de Thomas con ganas, dejando que los propios se amoldaran a éstos como si realmente estuvieran echos el uno para el otro. Mas no le pasó desapercibido que poco a poco ese beso fue bajando de intensidad, cosa que no le molestó en absoluto. --Solos tú y yo...--. Concordó, guiando una mano a su trasero. Caminó por la habitación y se dejó caer con él en la cama, dejando pequeños besos en sus labios, pero poco a poco bajó los propios por su mentón y se hundió en su cuello, el cuál lamió y besó con deseo, succionando en algunos puntos para dejar pequeñas marcas. --Mío...--. Zanjó, posesivo.














