Una vez en el dormitorio, Áedán recibió los labios de Thomas con ganas, dejando que los propios se amoldaran a éstos como si realmente estuvieran echos el uno para el otro. Mas no le pasó desapercibido que poco a poco ese beso fue bajando de intensidad, cosa que no le molestó en absoluto. —Solos tú y yo…—. Concordó, guiando una mano a su trasero. Caminó por la habitación y se dejó caer con él en la cama, dejando pequeños besos en sus labios, pero poco a poco bajó los propios por su mentón y se hundió en su cuello, el cuál lamió y besó con deseo, succionando en algunos puntos para dejar pequeñas marcas. —Mío…—. Zanjó, posesivo.
El rubio sonrió sobre los labios de su mejor amigo cuando notó la mano sobre su trasero, dejando que le guiase por la habitación hasta llegar a la cama y caer en ella. Sus manos recorrieron su espalda bajo la camiseta, buscando sentirle lo más cerca posible de él. --Áe... --suspiró, al notar las succiones en su cuello. --Tuyo, ¿hm? --repitió un poco divertido, mientras mordía despacio y flojito el lóbulo de su oreja. Lamió después su cuello y se apartó para buscar sus labios, apretando a la vez los dedos sobre los músculos de su espalda. --Creo que siempre lo he sido --admitió en un susurro antes de besarle.










