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Happy Birthday, Lily James! (April 5, 1989)
Había recibido el mensaje de Kyle pidiendole que fuera a buscar a su… “prometida”… (aún le causaba nauseas aquella palabra. O tal vez era el embarazo.) Se suponía que había estado en casa de Andie y tenía que ir a cenar con él pero no se había podido liberar aún de un trabajo por lo que necesitaba que la entretuvieran. Mas que claro estaba que iba a pagarlas muy caro. Desde su adolescencia que no pasaba tanto tiempo con la McKay y sin dudas su vida había estado mejor.
Detuvo el auto en la puerta del departamento mirando la hora y esperando que saliera, aún quedaban algunos minutos según el cronograma que Kyle tenía. Pero pudo verla de repente salir con su aire dramatico de siempre y suspira bajandose y adelantandose justo para escucharla y alzar las cejas. —Uhm… viajando cada algunos meses a Santorini para sacudir la mugre de la ciudad.— Le dice encogiendose de hombros y cruzandose de brazos.
—¿Ya estas libre? Tu amado me pidió que te buscara, dice que llegará algo tarde a su… salida. O cita. O lo que sea.— Comenta. La historia de Kyle y ella era algo complicada, o al menos lo había sido cuando en su adolescencia ambos desearon estar juntos y los Hyland defenestraron aquella relación. Habían quedado como hermanos, pero para ella era sabido que iba a sentirse molesta e incluso algo celosa de saber que Kyle estaba con alguien mas. Seguramente era la misma razón por la cual él odiaba a Oliver y se había mantenido siempre molesto durante la relación de ambos.
Apoya la espalda contra la puerta de la entrada al edificio. No es habitual en ella salirse de su coraza, de la máscara amable que ofrecía a la ciudadanía. Pero las emociones se acoplaban y aceleraban cada vez que creía que perdía día a día lo único que Agatha había querido y apreciado durante muchos años. Siempre es dramática y tiende a refugiarse en su egoísmo aunque una parte de ella sí ve lo feliz que se encuentra su mejor amiga. Pero es que hay otra demasiado grande que se desmenuza entre el poco aprecio que le tiene al Malcolm, la envidia de verlos felices y saber que es algo que ella no puede tener, y la soledad que la embarga en Kansas.
Es una voz la que la arrastra a la realidad de esa infame ciudad. Su cuñada política. Agatha se sorprende de que haya ido a su encuentro. No recordaba tener cita con ella... Se endereza con rectitud. -No todo lo sacudiría de esta ciudad. Hay cosas buenas. Una única cosa buena de hecho. No da más explicaciones, ni las necesita ni Agatha quiere que las sepa.
Frunce el ceño ante la palabra escogida. Ella no tiene amados ni queridos. Nadie ha encontrado que merezca tal apelativo. Pero Kyle Hyland es un buen cazador que procede de intachable familia de renombre. Una pieza que su padre aceptaba para su vida. Es todo. Él puede tener su vida, sus sentimientos, lo que quiera... Mientras de cara a los círculos de la familia cumpla su cometido. -Acuerdo. Nombra dada que esa es la palabra que está buscando. -¿Ahora haces de secretaria, querida? Bromea y avanza unos pasos. -Ya he acabado mis asuntos aquí, estoy libre.
¿De verdad pensaba que unas pocas palabras bastaban para convencer a la McKay de que dejara de darle vueltas a un asunto…? No, por supuesto que no… Pero sí que le sorprendía su capacidad de llevar algo a su terreno. Suspiró y dejó que se acomodara en su brazo, en parte la había extrañado bastante desde que se había marchado a Kansas… No solo era su mejor amiga, sino seguía siendo su apoyo fiel en muchos temas.
Solo que esos temas los podía usar en su contra. -Pero mis padres ya no están en Kansas… Ni tampoco Jaime. Para saber lo mucho que le afectaba ese tema para la rubia resultaba sencillo usarlo como apelación para sus fines. No era justo pero tampoco se lo iba a reprochar… ¿De ser la situación al contrario, no hubiera hecho todo lo posible por retenerla a su lado? Tenía que ser sincera con ella, decirle lo que pensaba… Por muy poco que fuera a gustarle. -Detroit no es mi hogar. Ni tampoco lo es Kansas…
-Me da igual dónde vivir… Aquí, allí, dónde sea… Echó a andar por puro nerviosismo, sabiendo que acabarían de todos modos en el lugar que Agatha escogiera. -No es el sitio físico lo que va a hacer mi hogar posible. Además, Kansas le traía demasiado malos recuerdos como para poder soportar regresar a esa ciudad. -Ni tampoco una casa mejor… Sino que es Alan quién hace mi hogar, estemos dónde estemos. Hizo una pausa esperando tarde o temprano su reprimenda o sus dramatismos. Pero esa era la verdad… Y esta vez no podía hacer nada para cambiar de rumbo su vida.
-En parte sí que lo están. Desconoce si Andie acude al cementerio para visitarles, hablarles, recordarles... No es un tema que toquen por miedo a desencadenar la abertura de viejas heridas cicatrizadas. Pero siempre ha creído que debe de ser así tal como ella acude regularmente para dejar flores en la tumba de su madre. Un lugar de paz en el que aboca reflexiones y pensamientos que jamás se atrevería a poner en voz alta. -Y Jaime podría mudarse a la ciudad... Si se lo pidieras seguro que lo haría.
Detroit no es un hogar para ella. Solo fue un lugar de paso por una misión encargada que no fue capaz de cumplir. Detroit fue un inicio a descubrir que bajo su capa de imperturbable hielo habitaba la peligrosa estructura de cristal con la que se cubría las debilidades y sentimientos. Pero no puede evitar sentir la puñalada de traición ante palabras que no van destinadas a herir sino a abrir los ojos. -¿Entonces yo no formo parte de ese hogar...? Pregunta lastimada, fuera de dramas y teatros sino herida de verdad.
Suena la campana en su cabeza. Puede tomar sus palabras y jugarlas en beneficio. Si lograse convencer a Alan de mudarse a Kansas todo saldría según lo esperado por la McKay. -Le quieres mucho... Comenta en murmullo siendo afirmación y no pregunta. Se descuelga de su brazo para buscar esta vez su mano en apoyo no verbal. -Aún no entiendo como ha pasado... Y a él aún no lo apruebo. Pero te quiero y si te hace feliz, por mi está bien así. Juega con el silencio, deja pausa de reflexión. -Aún así estaría mejor si ambos vivierais en Kansas.
¡Hogar, dulce hogar! El Malcolm estaba ansioso por llegar a su apartamento ahora que había acabado su turno de trabajo, haciendo solo una pequeña parada en el supermercado para comprar los ingredientes necesarios para unos batidos de chocolate para él y Andie. Ya tenía ganas de ver la cara de la Ward ante la sorpresa… Y esperaba con aquello poder compensar su más que probable mal comportamiento ante la visita sorpresa de Agatha pocos días atrás…
… Y hablando de la reina de Roma.
Alan se detuvo de golpe en cuanto vio a la McKay saliendo de la puerta de su casa, sin poder evitar fruncir el ceño con aires de molestia. ¿Qué hacia ella ahí? Bueno, si lo pensaba bien, la respuesta era bastante obvia. Habría ido a visitar a Andie… Y el cazador tenía que recordarse que la rubia era importante para ella, debía respetar su amistad por poco aprecio que le tuviera él.
Salió de sus pensamientos nada mas oírla, rodando los ojos ante aquel dramatismo poco sorprendente viniendo de la ricachona. A veces le costaba creer que fuera a cambiar en ese sentido por mucho que pasaran los años…- ¿Sabes? Pues lo cierto es que jamás me lo había preguntado… -comentó de forma sarcástica, añadiendo con cierto recochineo:- Hasta este mismo instante, claro esta.
La oportunidad viene cargada con bolsas de la compra. No la va a desaprovechar. Bloquea cualquier discusión que ha tenido con la Ward. A veces uno ganaba cuando se aliaba con el enemigo... -Alan, que gusto el verte por aquí; precisamente mi pensamiento estaba puesto en ti. No del todo pero le ha pasado por la cabeza tan imprescindible alianza. No va a ser fácil, no es sencillo. Avanza y se detiene frente a él siempre a una distancia de cortesía. -Necesito hablar contigo.
La última vez que trató de que interviniera por ella en su relación con la Ward no resultó como ella esperaba. Se había cerrado en banda. Se convencía de que no podía obligar a Andie a hacer lo que quisiera... Y como guinda del pastel se había enterado de que estaban en ese negocio. O relación como desearan llamarlo. En esta ocasión debe ser más cauta y domar el tema con el máximo de tacto posible.
-Sé que lo dijiste en forma sarcástica... Pero te imploro que me respondas. ¿Qué tiene Detroit que no pueda tener Kansas? Sin que sirva de precedente se cuelga en su brazo para llevarlo lejos de la entrada al portal. Camina a paso lento. -¿Puedo robarte unos minutos de tu tiempo? Y si la respuesta es negación no importa porque no la va a tener en cuenta. -Hablemos de Kansas. Dónde ella reside actualmente. -¿Acaso no fue tu hogar? Debes de conservar muchos recuerdos...
Agatha… No contaba los días desde la última vez que se habían encontrado, pero podía jurar que era más de dos años. La McKay ya no se entrometía entre los asuntos de su padre y él, pero aún así el Graham le guardaba cierto recelo que no había pulido con el paso del tiempo. Ella era el tipo de cazador que hacía imposible el querer estudiar a las criaturas, porque las destruía… A esos seres asombrosos. En ese aspecto, iban a ser siempre el día y la noche.
Se había detenido en la acerca para observarla. Era raro que actuara de ese modo tan nervioso, saliendo tan deprisa de un bloque de apartamentos más bien… Modesto. No tenía ni idea de qué había ido a hacer allí la McKay pero no sería nada bueno.
-Más bien tu eres la pesadilla de Detroit. Y lo fue la suya durante un largo tiempo. Resopló, no debía de hacerla enfadar… Conocía el secreto de Elisabeth y por tanto el de su hija, debía de protegerlas… Por lo que necesitaba saber que estaba haciendo en la ciudad. -Si tan poco te gusta… ¿Por qué no te marchas de inmediato? Hizo una pausa. -¿Y por qué estás aquí? Preguntó directamente sin andarse por las ramas.
Quería gritar, romper algo y hasta llorar de rabia. La niña caprichosa que llevaba dentro que no soportaba como le arrebataban su más preciado juguete. No es justo y acotado que considere a Andie como de su propiedad... Pero por largos años solo se habían tenido la una con la otra. Promesas de protegerse. Pesadillas compartidas, heridas que se habían curado la una a la otra... Ver como avanzaba sin ella es duro y complicado. Le deja una sensación amarga en la boca que se junta con el complacimiento de verla feliz al fin.
Tan lejos de lo que ella había ayudado a construir... Hubo suerte y fortuna que dicha construcción no se asemejara a su reflejo. Son diferentes y por eso cree que la complementa. No obstante hace poco que la realidad le ha devuelto el golpe. Ella no es lo que necesita en su vida... -Déjame en paz, Aiden, no estoy de humor para tus ataques.
Pocos la conocieron en tiempo atrás dónde aún ni siquiera tenía a la Ward a su lado. Aiden es uno de ellos. -Porque he venido a visitar a Andie... Murmura. La situación se invierte. Años atrás trató de sonsacarle información al Malcolm sobre el Graham... Ahora la tornas se han dado la vuelta. -¿No te da un poco... De envidia... Que sean tan felices y nosotros no tengamos nada? ¿Puedo hablar con franqueza contigo?
–Es lo mismo que me pregunto y más ahora- Gaspard había captado por algunos segundos el rostro de la cazadora, pensó que se lo había imaginado, pero al prestar atención no había duda que se trataba de Agatha y su voz (además de su queja), se lo confirmó.
–¿Hay alguna razón que te haya hecho llegar aun más a esa conclusión?- preguntó Terrise, que tenía escasos días en la ciudad y en definitiva no había echado de menos nada de ella, muy por el contrario, o tal vez había echado de menos a una persona.
Y como siempre, los modales del francés se hicieron presentes, una sonrisa cordial, una ligera inclinación de cabeza –Agatha- dijo a modo de saludo –Un gusto encontrarte-
-El gusto es mío, Terrise, me complace ver que se encuentra íntegro. Saluda con un elegante movimiento de mano. Apreciar no sería una palabra que la McKay aplicaría al francés, pero sería lo más cercano para darle significado a lo complacida que estaba con la supuesta implicación de su familia en la caza. Es de las pocas que respeta y considera loables.
El encuentro fortuito hace que las dudas crezcan y la curiosidad se imponga. Cabe la posibilidad de que se halle en Detroit por negocios y de ser así, la McKay estaría gustosa en ofrecer una mano letal (pero la situación es más alejada de esa realidad de lo que cabría esperar, solo que ella no lo sabe). -¿Qué le trae por aquí? ¿Negocios, tal vez?
Evade su pregunta, retiene su respuesta para ella. El motivo, la razón, lo que hace que Agatha se salga de su zona de fría y calculada a una capaz de salir a la calle ofuscada y cargada de sentimientos... Solo es asunto suyo. No quiere exponer tan libremente lo que la hace débil y humana.
“I heard he makes you happy so that's fine by me”
El balbuceo de Andie no hacía más que confirmar sus temores sospechas. Sin lograr entender cómo y porque, Agatha estaba en su casa. Alan miró a su pareja con desesperación en búsqueda de una respuesta, aunque al parecer ella estaba igual de confundida. Por mucho que agradeciera que estuviera intentando aportar algo de consuelo, estaba demasiado perplejo como para decir algo.- ¿Cómo que no lo sabes? ¿No erais tan amiguitas? -preguntó de forma sarcástica y dejó escapar un resoplido al percatarse de su propio tono de voz. El Malcolm trató de calmarse y abrazó a la cazadora como pudo, deslizando los brazos por debajo de las sábanas.- Andie… -la llamó con suavidad hasta que se vio obligado a interrumpirse.
El sonido de la puerta abriéndose de repente y el de aquel grito, hicieron que Alan diera un sobresalto en la cama, buscando taparse todo lo que pudiera con las sábanas mientras sus ojos observaban con horror a la recién llegada. Y, para colmo, no solo no fue una disculpa lo que salió de los labios de Agatha, sino que al parecer él que no pintaba nada allí era él.- No me jodas… ¿Estás de coña? -le preguntó de mala gana a la rubia, volteando después hacia su pareja.- ¿No le has contado que vivimos juntos? -Dado lo mal que se llevaba él con la McKay, puede que no tuviera que sorprenderse por ello… Pero continuaba siendo un tanto deprimente.- Para tu información, blondie, vivo aquí. -informó a Agatha.
Alan se dejó caer en la cama, tapándose hasta el cuello a la vez que cerraba los ojos con fuerza. Con suerte aquello sería una pesadilla… Al abrir de nuevo los ojos, se daría cuenta de aquello no estaba ocurriendo y solamente se había quedado dormido…. Pero cuando abrió uno de ellos y pudo comprobar que la rubia seguía allí, la poca esperanza que había podido obtener se desinfló del golpe. Quería que la tierra lo tragara… Era una situación demasiado surrealista y embarazosa como para poner en palabras.
Se pasó una mano por el rostro con aire cansado hasta que la pregunta formulada por Agatha le hizo agrandar la mirada sorprendido, inclinándose de inmediato en la cama y asegurándose de que, por supuesto, la sábana le cubriera lo máximo posible (ya tenía el mal recuerdo de la McKay habiéndole visto con poca ropa como por encima empeorarlo…).- ¿Fines reproductivos? -repitió sin terminar de creer lo que habían escuchado sus oídos, sintiendo como las mejillas le ardían de la vergüenza.- ¿No podemos simplemente pasar un buen rato en pareja?
Antes de que pudiera decirle algo, el Malcolm cayó en la cuenta de que Agatha estaba pasando por alto lo más escalofriante de la situación.- ¿Y por qué somos nosotros los que tenemos que darte explicaciones? -quiso saber a la defensiva.- ¡Tú eres la que ha entrado a nuestra casa sin permiso! ¡Eso es allanamiento de morada!
Puso los ojos en blanco… Al parecer no tenía que lidiar solo con la incómoda situación de Agatha entrando por la puerta de su habitación, sino que además Alan estaba cargando contra ella. Entornó los ojos y se apartó las sábanas de la cabeza para fulminarlo. ¿Es que creía que tenía algo que ver en ello…? ¿Y a qué había venido ese tono de voz? ¡Pero si a ella le fastidiaba tanto como a él semejante interrupción! Enfadada, lo apartó cuando trató de abrazarla. Ahora no le servía ningún tono suave que intentara compensar el otro. -No, no lo sabía. Volvió a insistir y se cruzó de brazos a la espera de que la McKay llegara hasta la habitación pues había escuchado sus pasos acercarse.
Dio un brinco de la cama, bajando de ella, y permitiendo a su pareja que acaparara cuántas sábanas quisiera. Si iban a matarse en esa habitación, al menos quería tener la oportunidad de huir vestida. Saludó con la cabeza a su amiga mientras recuperaba parte de su ropa del suelo, manteniendo la calma en todo momento… A diferencia del Malcolm. Cualquier palabra de Agatha lo iba a crispar más… Y la McKay parecía aplicarlo, de manera consciente o no, porque usó las palabras mágicas para que saltara de nuevo.
Emitió de nuevo un quejido, recibiendo otra puñalada por parte del cazador. ¡Ugh! -Eres idiota. Concluyó sin querer darle explicaciones que probablemente en su enfado no iba a creer o dejaría en la duda. Por supuesto que se lo había contado a Agatha… Era su mejor amiga y un paso como aquel no se escondía, por mucho que ambos se llevaran a matar. No le contestó a la McKay, de eso ya se encargaba Alan él solo.
Se sentó en la cama para ponerse cómodamente los zapatos, ignorándolos a los dos. Agatha se había presentado sin avisar, no entendía porqué ni quería saber sus razones pero allí estaba y ya no había nada que hacer respecto a ello. Por supuesto que la fastidiaba porque había interrumpido en semejante momento… Pero por otro lado estaba contenta de que su mejor amiga se encontrara allí. ¿Cuánto tiempo hacía desde la última vez? Ahora no pasaban tanto tiempo juntas desde que se había marchado a Kansas… Y aún se le hacía raro no tenerla alrededor…
Suspiró, retirándose de cualquier respuesta. Dijera lo que dijera sería posicionándose en defender a uno y a otro… Y no quería hacerlo. Si querían lanzarse cuchillos allá ellos, no no quería verse en mitad de aquella pelea. Aún así se acercó a la rubia para darle un abrazo de bienvenida y luego se retiró a sentarse en la cama al lado de Alan. Le prestó atención, viéndolo completamente a la defensiva. Se inclinó para besarlo en el hombro y acabó por ascender con besos fugaces hasta su cuello, acercándose a su oreja para poder susurrarle. -Lo siento… No sabía que venía… Y por supuesto que le he contado que vivimos juntos, ¿qué creías? Se separó de él escrutándolo con la mirada para luego volver a suspirar cansada, desvió la atención a Agatha que tampoco se iba a librar de un par de palabras. -¿Qué haces aquí y por qué no has avisado que venías? Y, para que te quede claro, los fines de nuestra vida sexual es cosa nuestra. No vuelvas a preguntar por ello. Rodó los ojos, ya se hacía bastante incómodo que apareciera así por la puerta como para que encima viniera preguntando.
Complacida se detiene a observar lo mucho que logra sacar a Alan de su zona de confort. Ahora no es tan agradable y hasta disfruta de ver lo que llega a criminarle a Andie. Debería de ofenderse porque creyera que estaba desinformada sobre el estado de su mejor amiga, lo que incluía también aquella farsa relación sentimental que seguía no aprobando, pero calla ese dato porque logra implantar algo de duda en la pareja y eso solo le trae un beneficio. Lo que una sencilla frase puede desencadenar...
-Intento no memorizar detalles temporales... Comenta con desdén ante la implacable defensiva del agitado plebeyo Alan. No es que sea que no van a durar mucho conviviendo juntos... Pero interviene para fastidiarlo y alimentar ese carácter menos agradable. Sorprender a Andie había sido su objetivo, ganarse un tiempo con ella como antes. Pero se ha encontrado con un diamante en bruto. Cuánto más le molesta más puede sacar partido y crear conflictos. La situación ya no resulta incómoda, no para ella.
Menos cuando su amiga se separa de él y recupera su vestimenta. La sigue con la mirada... Pero pronto victoriosa se desplaza visualmente al Malcolm. Se ha acabado su rato con pareja. Se considera ganadora de haber cortado tales atenciones... Y es más, por el comentario de Andie deduce que se ha molestado por las maneras de abordar el conflicto por su parte. Glorioso. -Y también es grosero... Añade al fuego con dramatismos teatrales y una mano sobre el pecho con gesto inocente. Ella no ha tenido nada que ver... -No creo que me merezca semejante bienvenida... Pero no debería de sorprenderme, nunca ha tenido buenos modales.
Es tanto decepcionante que se trate solo de deseo carnal y no de un fin más productivo. Si algo decente podía salir de esa relación es la posibilidad de cuidar, amparar y ahijar a la descendencia de su mejor amiga (y solo de ella porque Agatha excluye mentalmente al progenitor paternal). -Solo preguntaba, no entiendo porqué tienes que atacarme tanto por todo. Falsamente afligida acorta la distancia que ha empezado a descender hasta recibir el abrazo por el que valía la pena la situación incómoda de antes.
La ha extrañado. En este tiempo ha sido como tener lejos a una parte de ella.
-Quería ver dónde vivíais... ¿Es que no te parece bien que quiera saber si mi mejor amiga vive en condiciones? Se acerca sin ser invitada y ocupa el puesto en la cama junto a Andie sentada a su lado. Trata de ignorar que hay otra persona y que ésta está aún en paños menores... Al no tener un interés físico en él no le importa lo poco que se le vaya a ver, después de todo tuvo la desgraciada oportunidad de presenciarlo únicamente en ropa interior. -Os he extrañado. Coloca en plural cual estratega. Quiere ser la primera en alzar banderas de supuesta paz para ganar puntos frente a la Ward.
Toma las manos de su amiga con el único fin de apartarla de su pareja. -Lo siento... Lamento mucho no haber avisado pero pensé que sería una grata sorpresa para ambos. Dirige una mirada a Alan en actitud de disculpa. Pero es falsa, se le dan bien las apariencias. -¿Podríamos volver a empezar? Me gustaría que me presentarais el piso... E incluso puedo esperar fuera si necesitáis un rato de intimidad.
It took me a while to warm to the ‘20s costumes on ‘Downton.’ I love it when women accentuate their curves, and that era was all about hiding them. The shapes they wore then were in tune with female empowerment. Cutting off their hair and hiding their busts was a way of saying, ’We’re equal to men!’
Ha tomado la costumbre de ir caminando al trabajo, quizá porque se siente libre de ir por esa ciudad que finalmente siente como su hogar, a pesar de los cambios, a pesar de los problemas, muchas cosas han sido superadas probablemente.
Es por ello que a esa hora y con un pequeño retraso que nadie va a reclamarle, da pasos tranquilos, revisando su celular, que llevaba en mano, de vez en cuando, aunque sin tropezar jamás gracias sentidos desarrollados.
En el semáforo peatonal se detiene y no evita escuchar a unos pasos más atrás a la chica que se queja sobre la ciudad. No, Queen no tiene porque meterse y jamás ha sido de defender la ciudad, nunca ha sido tan patriótica “¿Entonces qué haces aquí?” Sin embargo, está en su naturaleza a veces ser un poco… Queen “Nadie te ha pedido que vengas aquí” Se encoge de hombros. Se detiene a ver el rostro de la joven y no duda en que alguna vez la vio, de hecho, sabe que ha cruzado más de algunas palabras con la contraria, aún así se encoge de hombros como si le restara importancia “¿No vives tú aquí también?”
No esperaba una respuesta. Ni mucho menos que resultara tan impertinente. Se ha ganado su atención pero no de un modo positivo. Ya está enfadada de por si, añadir leña a un fuego como aquel es peligroso. -¿Disculpa? Se enfrenta a su mirada directamente. La recuerda o si más no recuerda que han habido encuentros en los que sus caminos han congeniado. -Si tuvieras unos buenos modales sabrías responder educadamente... Incluso cuando no se le ha pedido una opinión directa. Agatha no estaba hablando para alguien ese momento... Y mucho menos ella.
-No tiene idea si me lo han pedido o no... Que acuda a la ciudad. Pero la rubia acierta. No ha sido invitada en ningún momento. Se ha presentado de hecho sin avisar en la ciudad. Debería de recordarlo para no molestarse por no ser bien recibida... Pero no lo hace y prefiere enfadarse con el mundo (y más concretamente esa joven). -Y para su información... Ya no vivo en este infierno.
Había salido tras ella aunque no tendría porqué… Sin embargo, y aunque muchas veces le fastidiara su comportamiento, seguía siendo su mejor amiga y alguien a quién le debía demasiado. Además, ¿cuando había sido la última vez que se habían visto y pasado un tiempo juntas? Antes siempre lo estaban. No se separaban… Claro que eso había sido mucho antes, incluso mucho antes de Detroit e Italia.
Suspiró sin saber muy bien lo que iba a decirle cuando la alcanzara. Era la reina de los dramas y seguro que ya estaría dramatizando acerca de su visión de todo aquello… Y acertó. En cuando dio con la cazadora escuchó como empezaba a quejarse. Resopló y le dio un toque en la espalda para que supiera que estaba allí, después la adelantó y se colocó cara a cara, cruzándose de brazos a la defensiva. -Deberías no ser tan exagerada… Además, te recuerdo que has vivido aquí durante meses.
¿Una pesadilla? ¿En serio? Aghhh… Estaba segura de lo que la llevaba a todo aquello, por lo que prefería no preguntarle. -¿Y si te invito a un café para relajarte? O a una tila mejor… Así quizás veas las cosas de otra manera.
Estaba dolida... Pero es difícil admitirlo cuando el dolor implica debilidad y capacidad por sentir. Los sentimientos doblegaban a la gente, los volvían vulnerables y ciegos ante las verdaderas importancias y sobretodo a las obligaciones de sus existencias. Agatha sabe cuál es su lugar en el mundo. Su padre se lo impuso desde el primer llanto de vida. Hacer un mundo mejor en el que las criaturas no tienen cabida.
Pero últimamente no caza... No muestra interés por lo que siempre la ha motivado. Se deja consumir por la añoranza de otro tiempo y otra época. La primera brecha de humanidad que se ha convertido en su secuencia de cambio. Baja la mirada cuando se le recuerda otra de sus misiones inconclusas que acabaron cambiando por vulnerabilidades... Llegó aquí buscando cambiar a Aiden y acabó cambiando ella.
-Es verdad. No hay necesidad de negar lo cierto. -Pero éste nunca va a ser mi hogar... Ni tampoco el tuyo, Andie. Se atreve a pronunciar junto con su mirada que la busca en apoyo de que confirme sus palabras. -Tú eres de Kansas... Como yo. Como Alan. Como tus padres... Como Jaime. Antiguo hogar de muchos pero solo ella habita en la ciudad a la que no está segura de poder nombrar hogar. -¿Por qué no dejáis esto y os volvéis a Kansas...? Os puedo conseguir una casa mejor. Al lado de la mía.
Suspira teatralmente y cuando se acerca a ella se toma libertad de acomodarse en su brazo. -Un café suena bien... Así podemos seguir conversando sobre nuestras prioridades y futuros cambios.
¿Ah? ¿Alguien le habló? Frank se detiene y dirige hacia la mujer.
Frank mira hacia ambos lados y al parecer no había nadie a quien iba dirigida aquella pregunta, aunque al parecer hacia él tampoco, por lo tanto era una interrogante retorica. Aún con las gafas de sol puestas, entrecierra la mirada ante el rostro de la muchacha, se le hacía ligeramente familiar, y…
¡Oh!
Ensancha una sonrisa pre-fabricada. Y asintiendo, para validar su pesar. — Ja. — Le responde en alemán para luego volver al inglés, olvidándose que ha vuelto al país angloparlante. — Este sitio es infernal, pero henos acá, de vuelta a estas tierras. —
Alemán. Cazador. Procedente de una importante familia de ellos. Son todos los datos que Agatha relaciona con esa persona. En otras circunstancias hubiera mostrado senda sonrisa carismática enmascarando sus retorcidas ideas y conspiradores intereses... Pero la caza resulta haber caído en planos menos prioritarios en los últimos días para la McKay.
Por lo que él ahora solo es un ciudadano más del que no puede decir que se alegre de reencontrar. -Tener el cielo abierto pero ser tentado por el infierno. Murmura para sí. No importaba lo cómoda que estuviera en su mansión en Kansas, dónde tenía todo lo que deseaba. Siempre debía volver a Detroit porqué allí estaba lo único que realmente Agatha quería.
Se endereza con rectitud ante la presencia del alemán. -¿Y cuál es su excusa para bajar a los infiernos? ¿Negocios?
“I heard he makes you happy so that's fine by me”
Aún no estaba muy seguro de como habían acabado de aquel modo… Bueno, no. Mentira. Andie y él coincidiendo en su día libre en el trabajo, solos, en su apartamento compartido (aún se le hacía de ensueño)… Entre el buscar picar el uno al otro y alguna que otra broma, cuando menos se habían dado cuenta ya habían acabado en el dormitorio *coffcoff*deshaciéndose de la ropa*coffcoff*. No estaba seguro de cuantos minutos habían pasado, pero Alan se vio obligado a detener de golpe los besos y las caricias.
Se inclinó sobre la cama, mirando de un lado a otro a modo de alerta.- ¿Has oído algo? -preguntó a su pareja en un murmuro, sin atreverse a alzar la voz. Estaba seguro de que había sido una voz de mujer… Una voz que se le había resultado peligrosamente familiar (en su cabeza ya estaba sonando la sirena de Kill Bill *?????*). Pero era imposible… Primero, porque tenían la puerta cerrada. Y segundo, porque ni siquiera habían llamado al timbre. Era imposible que hubiera alguien más en el piso (o eso quería creer)…
Dejó escapar un suspiro aliviado y esbozó una tenue sonrisa, sintiéndose más relajado después de su auto convencimiento.- Habrá sido el contestador del teléfono... -susurró para no poner nerviosa a Andie, sin tardar en avalanzarse *????* rodearla con sus brazos y besarla de nuevo.
Hasta que escuchó ESA voz de nuevo… Y esta vez estaba convencido de que no se lo había imaginado.
Se detuvo de inmediato a la vez que se apartaba, sintiendo como un escalofrío de terror le recorría el cuerpo entero.- Oh no… Oh no, oh no. -buscó la mirada de la Ward, observándola con el pánico reflejado en sus ojos.- Dime que me lo he imaginado, Andie. Dime que ella no esta aquí… -le suplicó en voz baja. Dios mio, eso no podía estar pasando. Agatha no podía haber entrado tranquilamente en SU casa como si nada. Trató de respirar hondo y no sufrir un infarto allí mismo *???*, pero era imposible.- ¡¿Cómo puede estar aquí?!
Emitió un sonido lastimero en cuanto detuvo por primera vez los besos, sin entender a qué venía su estado de alarma. Ella no había escuchado nada… Aunque también era verdad que se había absorto por completo en él, olvidándose del resto del mundo. Ladeó la cabeza y negó con la cabeza, no había sido nada. Ahora que prestaba atención no escuchaba nada alarmante. Le acarició la mejilla hasta mover la mano por su cabello, pasando los dedos entre los mechones de pelo del Malcolm.
Lo besó en el cuello buscando a la vez una posición ventajosa ahora que él se había distraído con sonidos inventados, pero Alan no tardó en volver al momento y recibió aliviada los labios del cazador sobre los suyos. Era una pobre excusa, aquello del contestador, pero si eso servía para tener de nuevo toda su atención… Asintió dándole la razón como a los tontos.
Quería hacerle rodar para colocarse sobre él, pero Alan se apartó de repente y aunque estuvo apunto de quejarse… Tuvo la certeza de que esta vez sí había escuchado algo. O más bien a alguien. Agrandó los ojos. Aquello no estaba pasando.
-Aah… Es A-Agatha… Balbuceó sin saber cómo responder a las palabras de su pareja. -¿No está… aquí…? Aquí aquí no está, debe de estar en la entrada. Si le servía como consuelo… Era lo único que podía articular como convencimiento. Tragó saliva, por mucho que pensaba en cómo estaban sucediendo las cosas… Menos entendía cómo era posible. Emitió un sonido de horror y como acto reflejo se tapó con las sábanas por encima de la cabeza, quería enterrarse ahí mismo antes de lidiar con aquello. -¡No lo sé! ¡No lo sé! ¿¡Cómo quieres que lo sepa!?
Escucha murmullos que la hacen dirigirse ciegamente hasta su encuentro. Aún no tiene aceptado e interiorizado los cambios que han sucedido en la vida de su mejor amiga, y no cree que sea fácil que eso llegue a ocurrir a modo de aceptación. Nunca ha habido un tercero en su relación. El Malcolm siempre había estado de paso... Apareciendo solo para fastidiar con su presencia plebeya pero desapareciendo al poco. Aunque nunca su estada en sus vidas se había alargado tantos años, Agatha seguía aferrada a la idea de la temporalidad.
Cuando le comunicó en aquella cafetería sus intenciones y sentimientos creyó que sus motivos eran puramente vengativos contra la McKay. Le había demostrado que no era así. No era por venganza ni para fastidiarla... Pero tampoco Agatha creía que fuera por amor. Para ella ese sentimiento es comercio y falsedad, tan rápido aparece como se va. En cuanto dejara de creer en esa mentira, se marcharía dejándolas en paz.
-¿Andie? Ha escuchado su voz. La distinguiría por encima de una multitud. La conoce tan bien como a ella misma. Se desplaza hacia otra parte de la casa sin prestar atención a los detalles del hogar que de seguro nada tenían que ver con el buen gusto y la elegancia. -And-¡AH! Se horroriza con solo entrar en esa estancia (que pequeña, que poco iluminada, que poca clase tenía ese sitio). ¡Esas sábanas tan baratas! (Las recordaba iguales que cuando se había despertado al lado de ese infame individuo).
Sabe lo que está viendo y a la vez no lo sabe (o lo correcto sería decir que no quiere saberlo). -¿¿Qué hace él aquí?? Otra persona se hubiera disculpado, saldría avergonzada cerrando la puerta y esperaría una explicación cuando los otros estuvieran listos. Pero Agatha no es otra persona. Ella se plantifica en los pies de la cama aunque no ha sido invitada, ni a su casa tan siquiera ni a aquella íntima interacción. Ha cogido aire, se ha serenado.
Recuerda que enemistarse con el Malcolm delante de Andie solo puede restarle puntos frente a su mejor amiga. Redirige la situación hasta su punto de vista ideal. -¿Es con fines reproductivos? Pregunta casi al borde de la ilusión.
“I heard he makes you happy so that's fine by me”
Agatha está predispuesta al cambio. Cree que así está más cerca del perdón completo de Andie y de Aiden por lo que les hizo. Trata de ser una persona más franca, sin máscaras que cubran sus verdaderas intenciones e intereses. Ha descubierto recientemente que no todo es completamente negro y blanco sino que hay gama de grises e incluso de colores.
Es ese entusiasmo por el mejorar que la llevan a ser más espontánea. Por supuesto que la palabra tiene un significado muy limitado y acotada por la McKay que tiene planificada cada hora del día con meses de antelación. Pero esta vez se ha saltado el guión. Quiere darle una sorpresa de bienvenida a su mejor amiga, no ha contactado con ella para comentarle su recién llegada a la ciudad pero si con la comisaría para asegurarse de que en ese puntual día no estaría de servicio.
Acude en coche privado al portal. Tiene una llave que consiguió haciendo prometer que es únicamente para emergencias... Se convence que eso es lo que es esto. Una emergencia por haber pasado tanto tiempo lejos de ella. Se han de poner al día... Hasta tiene pensado invitarla al hotel dónde se aloja (así la separa de cierta persona en la que intenta no pensar, Agatha solo desea que se encuentre trabajando y se le haya caído un coche encima).
-¿Andie? Abre la puerta. Es un lugar desconocido para ella... Hasta ahora no ha tenido tiempo de hacer una visita a su mejor amiga para que le mostrara dónde se aloja actualmente. La desaprueba solo con poner un pie en el piso. La Ward se merece mucho más este modesto lugar. -¿Andie, estás en casa?
I @alanoutlawhunter ; @andieward I
La McKay se encuentra en Detroit habiendo reservado un mes completo para regresar a la ciudad que tantas alegrías (y desgracias) le había dado. Pasear por sus calles aún se hace familiar, como si jamás si hubiera marchado de vuelta a Kansas, su ciudad natal después de todo... Ha planificado su estancia por completo, dónde dormir, dónde comer, dónde comprar y el qué, a la gente que visitará... El tiempo reservado para cada persona...
No obstante hay sucesos que se escapan de sus planes y termina marchándose del apartamento de su mejor amiga más pronto de lo que tiene estipulado en su agenda personal. Cierra el portal a sus espaldas, inspira el aire de la ciudad que de primeras no le trae ningún recuerdo específico... Pero si la añoranza de un tiempo en dónde no había tenido que soportar determinadas relaciones.
-Detroit es una pesadilla. Murmura con la espalda contra la puerta y finalmente en la calle. No observa a nadie en concreto pero es consciente de la gente que camina ajena a sus quejas. -¡Cómo pueden vivir en esta ciudad!
casual talk with @alanoutlawhunter
SU HISTORIA
Agatha es la única hija de Joseph McKay, jefe de un gran clan de cazadores. Ha crecido a imagen de su padre: fría, decidida y letal. Al perder a su madre a temprana edad, Agatha también perdió quién era su única fuente de tolerancia y emociones… Desde entonces ha vivido en un ambiente sin amor, sin más sentimientos que el odio y el rencor a las criaturas sobrenaturales. Se le dijo que su futuro estaba decidido: ser presidenta de la empresa de su padre, casarse con el hijo de los Graham y repetir la misma vida que la de su padre. Pero las cosas empezaron a cambiar para ella. Primero fue la llegada de Andie. Aunque su padre nunca vio con buenos ojos que resultara cercana a aquella chica, por muy culpables que fueran del accidente que la dejó sin familia, finalmente cede ante la insistencia de Agatha para que la acojan. Andie se convierte en su mejor amiga y, a la vez, en su corazón. Aunque se mudó a Detroit para vigilar a Aiden Graham y asegurarse de que siguiera el camino correcto de ser cazador, desistió a lo largo de los meses cuando poco a poco empieza a darse cuenta de que no todo tiene que ser blanco y negro.
LO QUE FUE DE ELLA…
Sabe que le ha hecho mucho daño a Andie al haberle ocultado que su hermano pequeño estaba vivo… Lo hizo para que la chica creyera que solo la tenía a ella y únicamente tuviera esa posibilidad de vida. Ahora ve que aquello fue un error, que resultó muy egoísta. Está aprendiendo a no manipular a la gente para que hagan lo que ella desea y evita forzar las elecciones que deben de tomar en sus vidas.
Se muda a Kansas de vuelta cuando su padre enferma y tiene que ocuparse del puesto de presidente de la empresa. Hace unos pequeños viajes a Detroit, los cuales aprovecha básicamente para compensar a Aiden por lo que sucedió en el pasado y por intentar recuperar su relación con Andie... Su mejor amiga le ha perdonado pero Agatha sabe en el fondo que le ha hecho mucho daño.
Está comprometida con Kyle Hyland (pero no piensa cambiar su apellido al casarse), ya que es algo que su padre deseaba para ella.
Sigue sin soportar a Alan, lo considera el culpable directo de que Andie se haya distanciado de ella. Aunque en el fondo sabe que es bueno para su mejor amiga y que le gusta verla feliz a su lado... Prefiere refugiarse en el odio que le tiene (Aún así quiere que le den muchos sobrinos para poder malcriarlos).