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@gaspardterrise
It’s a miracle that I just woke up
[ &. Beth ]
¿En serio? ¿Encima se atrevía a cuestionar lo que hacía en su librería? Lo hubiera echado a patadas sino tuviera un mínimo de educación. Hizo una mueca de inmediato, trató de coger aire y contar hasta diez… Ese comentario estaba dedicado únicamente a herirla y molestarla. Aún así, a pesar de saberlo, saltó. -Libros que interesan a la gente que quisiera ver en mi librería… No a individuos como tú. Resultaba irreal que precisamente él se encontrara en su negocio… De entre todas las personas odiosas que había conocido…
Suspiró y desvió la mirada. -Pues lo siento, es lo máximo que puedo hacer por ti. Ahora que no había libro posible, la lógica dictaminaba que se marcharía por dónde había venido y rezaba porque sus caminos no volvieran a encontrarse jamás. Pero de repente fue consciente de su mirada disimulada a su hija. ¿Habría averiguado que era suya? Un escalofrío le recorrió de pies a cabeza. No olvidaba que después de todo él era un cazador. Y ella una criatura, conocía de su naturaleza… Y aunque nunca había dado indicios de que quisiera cazarla, no le gustó nada que mirara a su hija, quién probablemente acabaría heredando su naturaleza sobrenatural.
Su pregunta la detuvo de ir a cogerla en brazos. Agrandó los ojos sorprendida y le echó un vistazo a Hope antes de responder. -Dos años… Dos años y medio… Murmuró confundida dada la repentina curiosidad de Gaspard. ¿Era una manera de llamarla mala madre, ahora le saldría con un comentario vil? Lo estaba esperando, pero no llegaba… Por lo que suspiró y respondió. -No es fácil, no te voy a mentir… Pero ayuda tener el apoyo de todos.
“Tener el apoyo de todos” Gaspard no podía decirse que tendría el apoyo de todos, tendría el de Frank… aunque para él con eso bastaba, pero no dejaba de creer que ser padre o madre como en el caso de Beth, no era algo para nada sencillo (y algo para lo que definitivamente, no estaba hecho).
–Parece que te va bien- comentó cruzándose de brazos, aunque su mirada seguía fija en la pequeña hija de Beth, que extraño era ver a ese pequeño ser ahora un poco más grande, conocía de desarrollo humano, pero verlo frente a él, recordar la diferencia de hacía casi dos años que la había visto y ese momento; era sumamente extraño para el cazador.
–No sé, los niños son complicados, es una responsabilidad enorme- o así es como miraba lo que tendría que vivir al lado de ella, y realmente seguía creyendo que no estaba hecho para eso, pero por suerte tendría a Frank a su lado.
Soltó el aire y se encogió de hombros, desviando su mirada de la pequeña y posándola sobre Beth –En vista de que no tienes lo que buscaba, es hora de que me retire- momento de volver a Frank…
Estaba por salir, por salir del lugar, pero se giró sobre sus talones para agregar algo:
–¿Qué te parecería una batalla de karaoke, te puedo dar la revancha?- por supuesto que no se le había escapado lo afinada que Beth había sonado…
.
[ &. Agatha ]
-El gusto es mío, Terrise, me complace ver que se encuentra íntegro. Saluda con un elegante movimiento de mano. Apreciar no sería una palabra que la McKay aplicaría al francés, pero sería lo más cercano para darle significado a lo complacida que estaba con la supuesta implicación de su familia en la caza. Es de las pocas que respeta y considera loables.
El encuentro fortuito hace que las dudas crezcan y la curiosidad se imponga. Cabe la posibilidad de que se halle en Detroit por negocios y de ser así, la McKay estaría gustosa en ofrecer una mano letal (pero la situación es más alejada de esa realidad de lo que cabría esperar, solo que ella no lo sabe). -¿Qué le trae por aquí? ¿Negocios, tal vez?
Evade su pregunta, retiene su respuesta para ella. El motivo, la razón, lo que hace que Agatha se salga de su zona de fría y calculada a una capaz de salir a la calle ofuscada y cargada de sentimientos… Solo es asunto suyo. No quiere exponer tan libremente lo que la hace débil y humana.
Los modales de Agatha se sintieron como un déjà vu, como si estuviera regresando a la realidad o teniendo contacto con el pasado, pocas personas poseían ese tipo de cordialidad como la de Agatha (su madre alabaría a la cazadora) y escucharla hablar, saludarlo de aquella forma, fue un encontronazo con Detroit (y el pasado).
Terrise, no era de los que solía soltar información con facilidad, no, si no se le ha pagado con la misma moneda, por lo que escuchó la pregunta de McKay, pero también fue consciente que no había recibido respuesta por parte de la cazadora a su propia interrogante, sin embargo, podía dar datos vagos, moverse entre las verdades a medias, y estar bien con ello, así que podía responder, haciendo uso de sus modales y la cortesía.
–En realidad son asuntos laborales- no negocios, no cacería, pero pensó que Agatha entendería aquella respuesta –Además de algunos asuntos personales que debían ser tratados en este continente- porque en el viejo continente no podría hacer nada al respecto –¿Alguna novedad, sobre los negocios que tenemos en común?- cuestionó llevando la conversación al terreno que a los dos les interesaba.
Entscheidung ▬ Gaspard
[ &. Frank ]
Si, era necesario preguntar porque eso era exactamente lo que Frank quería escuchar; que Gaspard haría cualquier cosa por él. Sentía que años atrás esa misma devoción podría estar presente en ambos pero jamás habría sido dicha tan abiertamente, sin duda alguna, sin espacio para los arrepentimientos, esto era el gran cambio entre ellos; el no temor a decir las cosas que querían decirse (incluso si estas fueran insanas, egoístas, macabras).
La sonrisa en el rostro del alemán se posó latente entre sus labios a la par de que mantenía sus rostros cercas, sabiendo que son palabras que deben ser dichas en la cercanía, en miradas que no pueden desviarse para no mentir. Su mueca se amplía satisfecho, sintiéndose poderoso de saber que tenía la última decisión y que Terrise sería capaz de darle la espalda a su familia por un capricho de Gottschalk, que sólo bastarían un par de palabras para derrumbar todos sus planes si Frank así lo deseaba.
Pero, a su vez el alemán sabía que si él quería mantener al francés a su lado, eso significaba sacrificios, ceder, y no hacerle elegir una opción que a la larga podría hacerlo infeliz. Frank lo supo, siempre lo supo desde la noticia y podría decirse que siempre intuyó su respuesta aunque no imaginó que la vociferaría a voz viva.
El mayor de los dos elevó una de sus manos y posó su palma sobre la mejilla del heredero de los Terrise, extrañamente es un gesto en agradecimiento. Antes de soltar un suspiro y hacerse para atrás, colocando nuevamente la distancia entre ellos, porque si va a pensar con claridad debe al menos alejarse de Gaspard un par de centímetros aunque sea momentáneamente.
— Mein Gott, necesito otra cerveza para decir esto. — Se dice a sí mismo, saltando de la mesa para colocarse de pie una vez más, tomar el vaso cervero en su camino en dirección a la cocina, abrir el refrigerador y abrir otra lata de licor bávaro. Sabía que la ingesta de alcohol reducía el efecto del litio diluido en su sangre gracias a sus medicamentos, pero demonios, lo necesitaba. Vuelve a llenar su vaso y vuelve a beber sin control alguno, hasta el fondo, era un buen placebo.
Suspira cuando lo acaba. Bueno, ya tenía que decirlo. — Sabes que te apoyaré en todo lo que requieras, aunque eso significa, una vez más, tener que enfrentar a nuestras familias. Incluso yo sé lo terrible que son tus padres, ni siquiera a mi peor enemigo le deseo tal cosa. — Porque si bien los padres de Frank tampoco eran un lujo, estos le ignoraban, no posaban expectativas en él, era un tipo de negligencia desde el abandono, pero el matrimonio Terrise le pedía cosas insanas a su hijo por cumplir, él era su orgullo y debía seguir al pie de la letra cada una de sus ordenes, sin descanso, como una maquina, es un tipo de maltrato.
— Pero tengo una condición. —
Desde niños, los dos cazadores habían compartido gestos, golpes, caricias, roces que eran parte de su interacción, así como de su comunicación, al volver a verse, al reencontrarse, aquello no se había perdido, se había restablecido, logrando con ello que con un pequeño gesto, los dos pudieran entender al otro, por tal motivo, el roce que Frank había depositado en su rostro; expresaba más que mil palabras, Gaspard lo agradeció.
De mala gana, dejó que Frank se separa, así que también dejó que su cuerpo se alejara del de el alemán, a pesar de que lo que menos deseaba en ese momento era estar lejos de él, podían pasar los años, pero la necesidad seguía latente.
Gaspard, aun estaba a la espera, de la respuesta de Frank, de lo que tenía por decir y no podía ignorar el latir de su corazón, ante la expectativa de lo que su pareja desearía, lo que se decidiría a partir de ese momento; lo observó alejarse y beberse todo el alcohol, en otro momento, Gaspard hubiera replicado ante aquella acción, hubiera hecho las observaciones (que Frank ya sabía) y probablemente, hubiera perdido esa batalla, sin embargo, en ese momento, no peleó por ello, lo dejó estar porque ¡Por Dios! Él también necesitaba alcohol para afrontar todo lo que seguía o hacerse a la idea de ello.
Segundos después, eternos segundos después, finalmente la respuesta de Frank fue pronunciada, Terrise tenía sus ojos clavados en la figura de Gottschalk, expectante, hasta en cierto punto nervioso. Le tomó algunos segundos, procesar la respuesta de Frank, entender lo que aquello significaba, lo que cambiaría, pero la gratitud, el agradecimiento fue lo primero en abrirse paso en el francés –Gracias- expresó soltando el aire de forma pesada –Gracias por hacer esto por mí, por nosotros- porque el menor sabía que si Frank estaba aceptando la situación, era por él, no por ella, no era por compasión, era por él, porque era lo que el francés creía lo correcto (no lo que deseara) y ese era un sacrificio que Gaspard jamás olvidaría.
Nuevas palabras, fueron pronunciadas por el mayor, un asentimiento de cabeza fue la pronta respuesta de Gaspard que se puso de pie, para acortar la distancia con el alemán, quería, necesitaba estar cerca de él –Sabes que aceptaré, sea cual sea la condición- porque Gaspard Terrise, haría cualquier cosa por Frank Gottschalk –Pero primero- empezó a decir, antes de arrepentirse –No lo digo con frecuencia o casi nunca, porque no – “no somos así” –Porque esas palabras son tan comunes, tan usadas- no era parte de ellos, sin embargo… –Es lo más cercano para describirte lo que siento- en ese momento y siempre – je t'aime-
[ &. Cassandra ]
Mala jugada. Había tenido que volver a observar el cadáver nuevamente, pero bueno, la verdad es que ella también sabía que la ballesta no era el arma homicida, no cuando las heridas son más bien de un corte bestial. Pero si se es sincera, la banshee sólo había estado buscando un tiempo para frenar la confusión del momento.
Tuerce una mueca no convencida con su explicación, y no tiene filtro al mencionar: — Un pasatiempo extraño ¿no te parece? — Extraño era decir poco, parecía cruel; porque cuando portas un arma está la necesidad y capacidad de herir. Cassandra recuerda a quienes portaban armas en Grecia, los cazadores. La duda es implantada, pero no quiere caer en la paranoia y sólo lo deja como una de infinitas explicaciones.
…Cierto, su respuesta. La lección es: la mejor manera de mentir es decir una verdad parcial. Su mejor jugada; jugar a la ignorancia/ingenuidad.
— Algo extraño pasa en esta ciudad hace años. Sé que suena desquiciado, pero está claro, no sé lo que es, pero he visto esto tantas veces en la morgue… — Otro dato para la mentira: utiliza datos conocidos, familiares, que anclen el conocimiento. Y a la vez pone en juego el conocimiento del otro.
Otro punto a su favor; si Terrise se fijaba bien en el astro sobre sus cabeza, notaría que estaban a horas de una luna llena y ella se encontraba perfectamente bien, esperando que su temple en esta época del año le ayude a crear su fachada de civil.
Escuchó con atención a la castaña, brazos cruzados, aun sosteniendo la ballesta, mientras esperaba respuesta a la pregunta que había formulado y que consideraba tanto importante como determinante; aunque la luna que brillaba en lo alto, debería ser también una prueba o respuesta.
–Algo tan extraño pasa, para que hayas terminado en un bosque junto a un cuerpo- estuvo de acuerdo el francés ¿o no? –Parte de lo que has dicho, tiene su verdad, pero no ha respondido mi pregunta ¿Cómo fue que terminaste, precisamente aquí?- Gaspard sabía que la pregunta también podría ser dirigida hacía él, pero las verdades a medias (en las que siempre se movía) serían su salida (como siempre), además que en esa ocasión, la casualidad y el destino, lo habían llevado a encontrarse con esa escena en particular.
–En lo que estarás de acuerdo conmigo, porque ambos, en teoría, somos del mismo bando- y en cuanto a bandos, se refería en lo profesional, no en sus naturalezas, ya que eso estaba claramente en duda, aún tendría que esperar para saber aquello –Hay una llamada que tenemos que hacer ¿harías los honores?- aviso a la policía, como los dos sabían que tenía que ser.
[ &. Beth ]
Se cruzó de brazos a la defensiva. Normalmente se contenía para no influenciar a Hope y ofrecerle un mal ejemplo… Pero con él era muy difícil guardar las apariencias y no reflejar lo que verdaderamente sentía. Era odioso… Y si servía para que su hija aprendiera a evitarlo, entonces se daría por satisfecha.
Rodó los ojos sin contestarle. Era tarde para empujarle por dónde había venido, ya que acababa de entrar por completo a su tienda. Con un poco de suerte encontraría el libro que buscaba y se marcharía para no volver jamás. Era tan bonito pensar en ello que por poco se echa a llorar. Chasqueó la lengua y se acercó al mostrador para bajar el volumen de la radio, aunque subirlo al máximo y no escucharlo era demasiado tentador. -Oh sí… Muero y vivo por tus cumplidos.
Volvió su mirada a él, agrandando los ojos. Debía de estar de broma… ¡Menudo fastidio era! -Tengo suficiente con lo que sé, gracias. Serró los dientes y se acercó para comprobar la portada del libro, con lo sencillo sería que le dijera directamente el título y el autor… -Te he extrañado tanto como tú a mí, querido. Es decir, mucho menos que nada. -Mmm… No me suena, no lo tengo… Pero puedo consultar si lo puedo tener otro día al pedirlo por encargo…
–¿Entonces que clase de libros, tienes en esta librería?- preguntó con toda la intención de fastidiar, además de canalizar su repentina molestia, ya que tendría que ver, que diablos haría para hacer una consulta ya que lo necesitaba en calidad de urgente –Lo necesitaba ya, así que no sería necesario el encargo, gracias- cortesía y educación, ante todo, aunque fuera con Beth.
Consideró en irse, dar media vuelta, dedicarle un comentario más en tono de burla y salir de ahí, pero por el rabillo del ojo seguía observando a la pequeña, lo cierto es que los niños, jamás habían llamado su atención (por eso siempre había proclamado que jamás tendría uno ¡Que cruel era la vida e irónica! ), pero en ese punto, después de las noticias y verdades descubiertas, el cazador había empezado a observar y prestar más atención a los niños.
Así que sin pensarlo, la pregunta brotó de sus labios –¿Cuántos años tiene tu hija?- la curiosidad, era evidente en su tono, no había mofa, ni burla ni nada de lo que regularmente era evidente, cuando mantenía una conversación con la pelirroja –No debe ser nada fácil, tener la responsabilidad de una niña- y eso, era más bien para él, que para Beth, ya que no tenía precisamente instinto paternal.
barryspivot :
Barry Allen + Suits
[ &. Oliver ]
Su hermana lo iba a matar. Lo. Iba. a. Matar. Estaba seguro. Y sino lo hacía, él mismo se tiraría por un barranco. ¿Cómo había podido despistarse tanto? ¡Jamás le había pasado! Tenía demasiada energía -y él se estaba haciendo viejo(?). Tenía suerte de que podía seguir su rastro y eso lo había llevado hasta el parque… Pero su sobrina sabía esconderse bien. -¡Hope! ¡Hope! ¡Hope, no estamos jugando al escondite! Nervioso empezó a pasarse una mano por su sedosa y deslumbrante melena, despeinándose aunque quedando estupendo igual.
-¡Si sales ahora mismo, prometo quitarme la camiseta! Unos segundos de silencio… Pero nada. Al menos tenía que intentarlo. Gruñó para sus adentros sin dejar de mirar a su alrededor, empezaba a llenarse de gente y eso dificultaba más el encontrarla usando el olfato.
A pesar de que tenía escasos días de vuelta en la ciudad, Gaspard no dejaba de lado el hecho que debía seguir ejercitándose (no lo hacía por vanidad, era por su condición de cazador), la disciplina y la constancia eran vitales para el cazador. El lugar que solía frecuentar para ejercitarse era uno de los parques cercanos al antiguo loft de Frank, y siendo Terrise un hombre de costumbres y rutinas; ese fue el lugar que justo eligió para correr.
Cuando cumplió con los kilómetros que debía correr, Gaspard se acercó, casi sin ser consciente a los juegos de aquel lugar; pequeños se encontraban ahí, niños posiblemente de la edad de ella… Antes de que sus pensamientos siguieran vagando, un comentario llamó su atención –Si te quitas la camiseta, en un parque con niños, bien se te puede tomar como un pervertido- comentó Terrise cruzándose de brazos sin voltear a ver a la persona que había dicho tal comentario.
Entscheidung ▬ Gaspard
[ &. Frank ]
Alza una ceja, a pesar de que puede deducir las siguientes palabras de Gaspard quería escucharle, quería escucharle y saber que es lo que tanto le importaba. Alzó su mentón con cierto orgullo cuando su contraparte expresa que su preocupación era ciertamente lo que Frank pudiera pensar y actuar en torno de la situación. De alguna u otra forma es el francés dándole el control de decisión, que una palabra suya bastaría para poder decidir el destino de muchos de esta larga cadena de tragedias (porque la familia Terrise se ha condenado desde el día que le ocultaron esta información a su heredero).
¿Va a poder Frank con esto? Realmente no lo sabe. Aplazando su silencio con el objetivo de acrecentar la ansiedad en el ambiente. Porque si Gaspard es insano, pues entonces Frank es cruel. Es egoísta, es caprichoso y no evita disfrutar del momento al saberse tan importante, y por eso hace una jugarreta solamente por el mero gusto de hacerlo (y hacerle pagar un poco por el dolor de estomago que retuerce sus tripas desde la noticia de que otra cargó con la herencia de Gaspard, hija de sangre, algo que él jamás le daría).
Se levanta de su asiento, dejando el vidrio del vaso aún en la mesa y acercándose al otro extremo de la cabecera de la mesa donde se encontraba Gaspars sentado. Se sienta sobre el mueble cuando llega a su lado, se cruza de brazos en un gesto exageradamente pensativo, el peso de su cuerpo apoyado en la misma mesa y sólo ladeándose para inclinarse hacia adelante para restar distancia entre los dos.
— ¿Si acaso puedo? ¿Que harías si no? — Murmura a voz ronca. — ¿Realmente lo harías, Terrise? — Le cuestiona, porque maldita sea, necesita que lo diga de verdad. — ¿Realmente abandonarías a esa niña si yo te lo pidiera? —
¿Lo haría elegir? Gottschalk puede llegar a ser despiadado, ruin, solo por enfermizos celos. Aunque sea crearle la duda, la crisis, que se sintiera aunque sea la mitad de mal de lo que se siente él ante la existencia de aquella quien ninguno ha querido pronunciar su nombre. — Porque si te admito que no podré con esto, sabes que vas a tener que decidir. —
Sólo necesita decirlo, y Frank mostrará clemencia.
El silencio, la espera de la respuesta de Frank le aceleró el pulso, porque desde que la noticia fue dada, una parte de él, sentía que todo pendía de un hilo, la sensación de que lo que habían construido podía esfumarse en cuestión de segundos, de palabras, le estaba enloqueciendo, la opresión estaba en el pecho (¿en el corazón? ¿tenía corazón?).
En segundos que parecían eternos, como si el tiempo se detuviera, Gaspard observó las acciones de su contraparte, sus ojos fijos en los movimientos del cazador alemán que disfrutaba de tener como espectador al francés; Gaspard observó los gestos teatrales, histriónicos de Frank, en espera de una respuesta, esperando por él, deseando por él.
El cuerpo de Frank se acercó al de Gaspard, sus manos acostumbradas al tacto, a la cercanía, tomaron de manera posesiva las caderas del menor (por que no solo Frank podía llegar a ser posesivo, en ocasiones, Terrise necesitaba aferrarse y reclamarlo como suyo).
La respuesta de Gottschalk finalmente fue pronunciada, pero dicha respuesta eran preguntas que si Terrise era sincero; las esperó y al mismo tiempo las deseó ( las preguntas eran mucho mejor que un “lárgate”, un “arréglatelas solo”).
Gaspard dejó que su cuerpo se acercara al del alemán, que su rostro, estuviera lo suficientemente cerca para responder –¿Realmente tienes que preguntar?- preguntó el menor –Pensé que no tenía que decirte que haría cualquier cosa por ti- se lo había expresado en una ocasión (cuando se había sincerado con él), y había dicho la verdad, había sido sincero; haría cualquier cosa por él, así fuera no hacerse cargo de una niña que llevaba su sangre, aun cuando su responsabilidad le dictaba que debía hacerlo, pero podía luchar con ello, si eso era lo que Frank deseaba.
Gottschalk podía ser despiadado, ruin cuando los celos lo embargaban ¿Pero en qué convertía a Terrise que no le importaba y podía darle lo que quisiera, solo con que lo pidiera? –Si decides, si admites que no puedes con esto, tomaré la decisión que nos mantenga juntos, no estoy dispuesto a no tenerte a mi lado- “a perderte otra vez”… no lo expresó pero los dos sabían que era lo que sus palabras habían querido decir.
[ &. Cassandra ]
Ahora si creía que estaba viendo a un fantasma, lamentablemente el cadáver era otro y no el forense.
Aún puede recordar las quejas de sus compañeras cuando el hombre no volvió aparecerse por la morgue por meses. Meses en donde Cassandra se sintió en paz consigo misma, su remplazo había sido una muchacha y prácticamente ninguna de sus compañeras voltearía a verla. Pero, lo importante en esta situación no era la terrible referencia que tenía de su contraparte, era que justamente se encontraba en una situación de encrucijada y no tenía mucho que decir sin que sonase a una locura.
Aunque hablando de locuras, — Te explicaré cuando me expliques que andas haciendo con una ballesta en medio del bosque, porque lo que a mi me hace pensar es que esa podría ser el arma homicida. — Devolver la pregunta. Ella alza sus brazos mostrando que no tiene ningún arma, por lo tanto a su lógica y su peso/estatura no concuerda con el patrón, el cadáver era demasiado grande como para que ella pudiese ser la responsable. (Y asumirá que el otro no saber nada de las criaturas ¿verdad?)
–Dudo mucho que el arma homicida sea una ballesta- replicó Gaspard, sus ojos habían vagado por el cuerpo inerte y lo que había ocurrido con este no tenía como responsable a alguien como él y seguramente tampoco a alguien como la castaña, pero las apariencias engañaban, sobre todo en el mundo, donde se movía Terrise, donde cualquier podría ser una bestia, un monstruo.
–Utilizar mi ballesta solo es una actividad recreativa- respondió Gaspard encogiéndose de hombros; mintiendo descaradamente, porque aquella ballesta, su fiel compañera había arrebatado las vidas por las que el antes menor de los Terrise se había manchado las manos de sangre.
Gaspard observó a la contraria con detenimiento, sin restricción alguna, buscando respuestas, buscando pruebas, formulando hipótesis –Te he dado mi respuesta, ahora, responde tú ¿Qué es lo que haces aquí?-
Entscheidung ▬ Gaspard
[ &. Frank ]
Y por supuesto, por supuesto que sabía que es lo que Gaspard iba a hacer. Su reacción es natural, bajar el rostro en un pesado ‘ya lo sé’. Solo en ese momento toma el vaso de cerveza y se lo lleva a sus labios bebiendo por completo el contenido, como si el pasar del licor por su garganta fuera la solución de todas sus dicótomías, pero no era más que un distrator que se colaría en su sangre y aliviaría el peso de la tormenta que se venía.
Oh, porque lo era; era una tormenta. Porque significaba ir en contra de la familia Terrise, y era sacrificar sus propias libertades. Gaspard le decía que no estaba listo ¡y le creía! ¿quién lo estaba realmente? Pero la decisión era tan palpable que era dolorosa, por supuesto que él no iba a dejar que una hija suya sufriera el mismo tipo de infancia. La responsabilidad era de Gaspard y no de Frank, no lo era.
Pero, en parte si, porque estaba envuelto en esto desde que le prometió al francés el permanecer en su vida, desde el primer momento (desde que eran pequeños). Gottschalk quisiera ser un maldito egoísta (y lo es) y decirle que ellos no tienen por qué pagar por lo que estaba pasandole a la infante, pero; la niña era sangre de la sangre del heredero de los Terrise, quien ya no era el último.
— ¿La verdad? No importa si estás listo o no, si la decisión está tomada; tendrás que hacerlo. — Es así de franco, es así de duro, pero es que el alemán jamás ha tenido pelos en la lengua en asuntos como estos y quizás su contraparte lo único que quería es validación. Sólo una idea logró que ladeara sus labios en una sonrisa un manto maquiavelica. — Ya quiero ver los rostros de tus padres. No sé que será mejor; la furia o la decepción. —
No le extrañó la respuesta de su contraparte, las palabras tajantes y claras, que alejaban las miles de preguntas, cuestionamientos y dudas que el francés tenía, porque Frank era franco, claro y no tenía filtro, mientras Gaspard pensaba cada pequeño detalle y se torturaba pensando en posibilidades, en decisiones, a pesar de que en esa situación, solo había una respuesta, algo que debía hacer y debía dejar de aplazarlo; necesitaba reclamar a la pequeña y hacerse responsable, porque al fin y al cabo era su hija, su responsabilidad, su error.
Gaspard también podía imaginarse el rostro de sus padres, todo lo que aquello ocasionaría, las disputas, los conflictos, que ya habían iniciado, y quería decir que no le importaba; pero más de veinte años de seguir sus normas, de respeto y en ocasiones hasta de temor, eran difíciles de olvidarse, a pesar de que la rabia invadiera al cazador, debido a lo que sus padres habían tenido el descaro de ocultarle.
–Sé que tengo que hacerlo y tú mismo lo sabes- empezó a decir el menor mientras se incorporaba ligeramente y dejaba que sus ojos se encontraran con los de Frank a pesar de la distancia –Pero hay que también me importa- tal vez eso era lo que más le importaba ¿eso lo convertía en un mal padre? Gaspard siempre era lo peor, en cuanto a naturaleza humana se tratara…
–¿Vas- “¿vamos?” – a poder con esto?- porque no quería ocasionar, desatar nada que perjudicara a Frank –Me importas tú y te quiero a mi lado, pero si esto es demasiado… lo entenderé- podría decir que lo amaba, que haría cualquier cosa que el decidiera (algo que ya había hecho antes), pero aquellas palabras, las recién pronunciadas por los labios de Gaspard eran también un “te amo”, significaban aun más que cualquier declaración cliché o promesa de estabilidad que pudiera darle, porque las cosas serían complicadas a partir de ese momento y quien le importaba era Frank, terrible padre.
[ &. Beth ]
A pesar de que tenía la radio lo más alta posible, le había escuchado perfectamente. La canción seguía, en sus últimos acordes, por lo que no dejó de moverse a pesar del recién llegado. No era un cliente cualquiera… Ni uno, por supuesto, que fuera bien recibido. -¿Talentosa? ¿Yo? ¿Acabas de hacerme un cumplido, Gaspy? Se auto señaló, fingiendo no haber escuchado el tono de burla que había impregnado las palabras del francés. -Oh, vamos, me vas a hacer sonrojar.
Rodó los ojos. Si algo a destacar había habido en estos últimos meses era la ausencia del Terrise, la cual había dado paz a la vida de la banshee. Sin tener que aguantar su voz, su cara, sus modales y el poco agrado que se tenían el uno al otro. ¿Y ahora por qué estaba ahí…? En Detroit… Y más aún, ¿por qué en su librería? -No sabía que leyeras. Se burló y miró de reojo a Hope para vigilarla, seguía en su sitio pero apartada del libro, ahora curioseaba por lo que sucedía.
-En fin… ¿A qué desgracia debo tu non-grata presencia, Gaspy?
Gaspard rodó los ojos (gesto que parecía reservaba para Beth), al escuchar su replica –Por supuesto, tú, talentosa- respondió con claro sarcasmo en su voz, ya que después de su duelo en karaoke, si algo le había quedado claro, además de irritable era la persona menos afinada que había escuchado en su vida.
–Si yo sé que te encantan mis cumplidos- agregó entrando de lleno al establecimiento y dedicándole una rápida mirada a la pequeña que se encontraba acompañando a Beth ¿tan rápido crecían los niños? Y pensar que el no había visto a ella así.
–Créeme que hay muchas cosas que no sabes de mí- comenzó a decir el francés –Y estoy seguro que te mueres de ganas por descubrir- si como no… –¿Desgracia?- preguntó mientras soltaba un bufido –Admítelo, Beth, me has extrañado y no puedes vivir sin mí- y una gran sonrisa apareció en su rostro, (otra muestra de sus burlas y sarcasmo) –Dejando de lado tu amor por mí, vengo por un libro de ciencias- dijo finalmente, mientras extendía su celular, donde tenía una fotografía del libro.
[ &. Cassandra ]
¿De qué serviría decir la frase cliché? De nada, por eso: — Esto es exactamente lo que parece. —
— Pero no fui yo. —
¿Qué imagen es la que estaban presenciando en estos momentos? A Cassandra en medio del bosque, con guantes de látex que utiliza en su trabajo en lo que sostiene el brazo de un cadáver. Si observaban bien podrían notar el maquillaje corrido debajo de sus ojos, el rimen negro denotando que lloró hace unos momentos; pero por favor no lo mencione.
La banshee se encontró nuevamente gritando a todo pulmón momento atrás y encontrándose en medio de la nada junto a un cuerpo muerto. Pero debía ser fuerte, se contuvo y se vio a si misma en la necesidad de observar las causales de muerte para advertir que es lo que estaba sucediendo en Detroit.
Aun el Jet lag, estaba haciendo de las suyas con el francés, un par de días en la ciudad y seguía sin acostumbrarse al cambio de horario, no tenía sueño, no podía dormir y prefería pasearse por el bosque que tumbarse en la cama (de todas formas no dormiría, sus desordenados pensamientos no se le permitirían).
Sus pies se movían reconociendo el terreno, reconociendo lo que había sido su normalidad hacía dos años, en el bosque parecía que el tiempo no pasaba, que los años se detenían, pero el bosque era engañoso, era tramposo y si alguien no se cuidaba sería devorado por él y por las criaturas que abundaban en aquel terreno.
Su recorrido, sus pies y el bosque lo guiaron a una escena que es tan familiar y al mismo tiempo tan nueva que logró que el cazador frunciera su entrecejo y no ocultara su ballesta (siempre podía mentir con respecto a ella)…
–¿Debería creerte?- preguntó Terrise frunciendo sus cejas, sin caminar, sin acercarse aun más, aquello ya era una escena del crimen y en ella se encontraba alguien que conocía pero que hacía un año que no había visto –Explícate- ordenó el forense.