Estoy atrapada. Puedo sentirlo, me quedaré aquí para siempre. No puedo salir. No hay salida, no hay escapatoria. Esto es así y así se queda. Por. Siempre.
Y en el mientras tanto, ¿qué voy a hacer yo? No soy como esa chica que deliberadamente decidió pasar quinientos días atrapada, aislada y sola en una cueva y aprovechó su tiempo leyendo libros y viendo rocas. No. Para nada. Esa no es mi vida. Esa no soy yo. Yo tengo que trabajar, mantener mis cosas, cumplir con responsabilidades, seguir adelante (incluso cuando no sepa bien qué significa eso)
Quiero irme, salir de aquí, correr lejos. Pero no puedo. Estoy en un nudo, una especie de bucle temporal del cual es imposible zafarme. No lo entiendo. Yo sabía que no sería fácil pero, ¿esto? Este nivel de dificultad es simplemente insostenible.
No se puede ir hacia atrás pero tampoco planificar hacia adelante. Porque no se tiene nada. NADA. Y se tiene que hacer de todo. Hay que cumplir con sus expectativas porque, de lo contrario, es el fin. Y aunque el fin suena seductor cuando todo es tan agobiante, a la vez resulta agotador siquiera pensar en la posibilidad de hacerlo, de llegar a él.
Entonces, ¿cuál es la que nos queda? ¿Cuál es el sentido de todo esto?














