“¡Ni se te ocurra volver a mencionar a mi papá!” De no ser por la persona que la sujetaba en esos momentos, Eleanor ya habría estado encima de la otra chica, aun cuando no era en esencia una persona violenta. Estando a la salida de la Facultad de Artes, lo que había comenzado como susurros a sus espaldas por parte de otras bailarinas, se había transformado en uno de los enfrentamientos más fuertes de su vida. Sabía que la competencia entre bailarinas era dura, tanto como sabía que no era del agrado de todas sus compañeras. Aun así nada justificaba que la otra hubiera investigado sobre ella entre amigos y conocidos para sacar a la luz la muerte de su padre por medio de tan terrible y brutal comentario “¡Maldita asquerosa! ¡¿Cómo te atreves?!” Y no se refería a la persona que la retenía en sus brazos, sino a la culpable de su estado actual. Como era de esperarse, la neoyorquina se había defendido con prudencia en cuanto su discusión había comenzado. Sin embargo, en el instante en que la chica se atrevió a mencionar a Alexander (su padre), no se pudo contener y cruzó el rostro ajeno de una cachetada, a lo cual la otra respondió empujándola y tirándola al suelo. Y en ese momento, todo se salió de control. El púbico acrecentaba a medida que la otra chica seguía lanzado insultos, y ella trataba de replicarle aun estando practicamente inmovil.Cualquiera que la viera en esos momentos con sus ojos llorosos y con tanta ira, no la reconocería. Alguien había logrado sacar de sus casillas a la joven Bowman y aquello estaba lejos de ser buenas noticias. Una cosa era meterse con ella , y otra cosa era meterse con su familia
Estaba en medio de su rotación cuando la puerta de la sala de urgencias se abrió con un golpe y un rostro agitado apareció en escena. El inglés ni si quiera se inmutó, aquellas entradas eran típicas del lugar, familiares espantados, personas que perdían la razón, era una escena usual en aquel lugar. Esperando que atendieran al chico, él siguió revisando a su paciente, sin esperar entonces que aquel cuerpo se acercara hasta él. No tuvo que escuchar mucho para hacerlo reaccionar, olvidó a su paciente y llevó su estetoscopio al cuello, comenzando a correr fuera de la institución. Con la bata sobre su atuendo quirúrgico, corrió por a través del campus, buscando desesperadamente el lugar indicado. No costó mucho encontrar a la horda de estudiantes inservibles, los cuales se encargaban de grabar el conflicto en lugar de hacer algo de provecho, pero ahí estaba, justo en el medio de todo, la americana que más conocía---Mierda---Murmuró antes de abrirse paso entre los cuerpos que se alzaban alrededor de ellas. Un cuerpo masculino comenzaba a entrar en escena, con hombros cuadrados y un rostro enojado, el novio de la contraria, quiso suponer. Apunto estaba de comenzar a gritarle algo a Eleanor, cuando los brazos ingleses lo empujaron, dejando que el suelo fuera su lugar de descanso---En tu puta vida te atrevas a dirigirle la palabra, a no ser que quieras buscar tus extremidades por el campus---Se volteó entonces a la neoyorquina, observando su rostro cargando de ira, como jamás pensó encontrárselo. Pensó en hablar con ella, en llevársela de una forma tranquila, pero estaba muy alterada y aquel no era el lugar.---Tu vienes conmigo---¿Decepcionado? No, en realidad, si no le preocupara la chica quizá lo encontraría valeroso en cierta forma, sin embargo, le importaba, lo cual causaba que una extraña versión del enojo comenzara a crecer en su pecho. Hizo que el que la sostenía la soltara para luego agacharse y colocar su estómago sobre su hombro, enrollando su espalda con uno de sus brazos y cargándola cual costal fuera de la escena.









