El 8 de Enero cortaron la luz en el departamento.
Esa noche Karla y Kristal llegaron a casa de Ángel con una botella de vino tinto, y conversamos mientras él dormía. Era mi despedida, y al mismo tiempo era el reencuentro de las tres brujas artistas.
Después de un rato Ángel despertó y se unió a la fiesta, observábamos la ciudad desde su cuarto piso, en penumbras. Solo afuera había luz.
De hecho, de un momento a otro, una intensa luz naranja inundó el cielo nocturno. Fue como un incendio en la nada, y se apagó casi instantaneamente, así que detuvimos la plática para preguntar: “¿vieron eso?”.
De pronto hubo otra luz, era verde. Ángel y Karla se pusieron de pie diciendo “va a temblar”. No entendí nada.
Una última luz azul brilló sobre el centro de la ciudad, mientras Kristal me explicaba que en Septiembre pasado, antes de que el temblor sacudiera los edificios, asustara a la gente, y derrumbara la torre Latinoamericana (la de Cuernavaca) la gente pudo avistar en el cielo extrañas luces similares a las que acabábamos de presenciar.
Los minutos pasaron, hicimos planes para escapar, para salvarnos. Tampoco sabíamos si estábamos locos, si había una explicación fácil que contarnos o si la paranoia nos convencería a arrojarnos por la ventana antes de que algo más sucediera...
Fue una noche sorprendente. Los minutos pasaron y finalmente no ocurrió nada. Lo unico que tembló fueron mis piernas, cuando durante la madrugada, entre charla, recuerdos y risas, me fue informado que ese día no podría regresar a Guadalajara.
Cancelaron mi viaje.





