cuando tenía dieciséis años, soñé que no me querían. Los buitres se abalanzaban sobre mí para arrancar mis uñas pintadas de negro y me volví diminuta, quemé mis barajas y mis crucifijos.
aún una de mis costillas se pregunta por qué.
aprendí a escribir porque limaba mis uñas y nunca supe cómo funcionaban las pistolas. aprendí a dormir porque el mundo me había restado y no sabía de economía. a los dieciséis salí del centro de la tierra sin garras, con mi herencia de molusco. lloré hasta llenar mis pulmones.
ya la he perdonado. pasé por todas las etapas. construí un templo, lo quemé y le tiré flores a las cenizas. a los dieciséis años soné que no me querían, y ese fue el comienzo de la mala suerte.
ahora tengo veintidós y sigo soñando que no me quieren. he dejado de dormir.











