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La luna vive en el revestimiento de tu piel. (Pablo Neruda
La luna llena es como un faro en la oscuridad, iluminando nuestro camino hacia la verdad. La luna llena es como un faro en la oscuridad, una luz poderosa que se alza en lo más alto del cielo nocturno.
La luna tiene magia...
"A cada uno le toca una persona mágica, de esas que nos rescatan del voraz embate de la realidad, con su mirada llena de hechizos y sus manos que hilan sueños. Son refugios en medio de la tormenta, bálsamo para el alma herida, que nos envuelven con su ternura y nos devuelven la esperanza en cada latido compartido. ¡Benditas sean esas almas que nos regalan un instante de magia en este mundo desencantado!"
-Francisco J. Zárate
LA POESÍA SE NUTRE DE NOSTALGIAS
Emito mis alaridos sobre los techos de este mundo.
Walt Whitman.
Un poeta de mi tierra dijo alguna vez: “la poesía es el consuelo de bobos sin amor”. Me puse a pensar que mucho de cierto encierra, porque nada nos vuelca a escribir con mayor pasión, necesidad y sobre todo honestidad, que los momentos de desolación, tristeza, desesperación y angustia. Y lo mismo ocurre con quienes leen poesía, precisan de ella cuando están quebrados por la vida. Y la buscamos porque, la poesía puede, en dosis bien servidas, alimentar el espíritu, derrotar la soledad y sobrellevar la tristeza.
Poesía
que no estás hecha
sólo de palabras
amontonadas en versos.
En ti hay una tormenta
esperando en silencio.
En ti existen los mundos
que soñamos
contra todos los pretextos,
en ti se hospedan las dulzuras
pero también los tormentos.
Te escondes en la daga
que hiere
a los amantes eternos,
en el viento que arrecia
en los olvidados cementerios,
en la noche bohemia
que abre los portales del tiempo.
En el lugar donde se han quedado
guardados los recuerdos.
En el valor que admite
que tiene mucho miedo.
En los corazones que se derrumban
después de que rompen sus sueños.
La poesía surge cuando aprendemos a observarnos a nosotros mismos, porque al concentrar la atención internamente, empezamos a sensibilizarnos y esa sensibilidad nos lleva a preguntarnos por qué el mundo que vemos y palpamos es como es, por qué sentimos lo que sentimos. ¿No tiene ninguna relevancia nuestra llegada a este torrente de vida y, aún más, la decisión de quedarnos?
Escribió alguna vez Almafuerte, que la felicidad humana no había entrado en los designios de Dios. Entonces existir, supone soledad y desarraigo. Por suerte, se nos ha regalado el arte para soportar la náusea, por suerte, hay un mago que nos salva y nos cura: el poeta.
Todos estamos solos y somos vulnerables y la poesía es el testimonio de nuestra odisea a la deriva. Nos inventamos acantilados para chocar, y en ese choque se calma nuestro ahogo.
De pregunta en pregunta y de centrar la mirada en algo que por cotidiano no es insulso, de instantes así se va nutriendo la poesía. Y ya ella, tan sabia como el tiempo mismo, sabe en qué momento gobierna las pasiones del ser humano para convertirlas en versos, para que el papel sea el paredón y el receptor de los arrepentimientos, los dolores o las añoranzas. Todo nuestro cansancio, nuestra angustia, nuestra alegría, todas nuestras noches, nuestro desdén y rebeldía, nuestra congoja y abandono, nuestro llanto y agonía, nuestra herencia irrenunciable y dolorosa, todo nuestro sufrimiento, en fin, toda nuestra pobre y maravillosa vida. Por eso es que escribir poesía es el acto más privado de nuestra vida, nace de la soledad y el ensimismamiento, hecha para nadie, para todos, para nada, para todo.
Pero las palabras del poeta no siempre acarician. El poema es almíbar y veneno, pájaro y jaula, infierno y redención. El poeta no teme visitar los recodos oscuros de la poesía. Advierte que, cuanto más cerca la belleza, más cerca la desdicha, cuanto más cerca el amor, más cerca la despedida. El adiós anida siempre en el calor de un abrazo.
El poeta se asoma al abismo, al suyo, a ese que Nietzsche advertía no asomarse demasiado. Se asoma y lamenta ya no ser él, sino otro. Sin embargo, lo consuela escribir, él ha sorteado las oscuras y bravías aguas del abismo interior, y con la sangre del corazón ha precisado el bosquejo de amores y desventuras. Tal vez sea mejor no separar el amor de la desventura. El amor es desventura.
El poeta escribe para herirse, también para gritar el dolor que le causa herirse. Herida y grito hay en el poema. Esa misma necesidad tienen los lectores, precisan de la poesía para vivir, tanto como el pan y los besos, aunque les llueva en los ojos la nostalgia fugitiva de los versos.
Dice Shakespeare, que el amor es una criatura bifronte y la pareja es un monstruo de dos cabezas. Lo aprendemos o lo sufrimos, o sólo sufrimos y complacidos vamos al abismo, aun sabiendo que lo único seguro en el amor es la ceniza. Porque la otra cara del amor o quizá la única es la del abandono, que se esconde desde la primera mirada. Después vienen los recuerdos a secarnos la boca, después viene el fantasma a instalarse en la memoria.
“Si tengo la sensación física de que me levantan la tapa de los sesos, sé que eso es poesía”, es así como explicaba Emily Dickinson su oficio de tejer palabras para lograr levantarle a alguno la tapa del cráneo.
Reconocerse vulnerable, verse débil en el exterior e irse diluyendo en el interior y agarrarse de la poesía y encomendarse a ella como diosa que ahonda en la melancolía sin condenarnos a ella.
¡Ay de aquel que no responde con su canto a los dulces y furiosos llamados del corazón!
Cuando se ama se corre el riesgo de sufrir, no hay amores que no hagan sufrir, no importa la lealtad o subyugar, todo amor desgarra. La palabra demuestra que amar tiene sus consecuencias… sufrimientos.
Escribimos mientras aguardamos a que esta realidad nos agobie un poco menos y seguimos caminando, buscándonos en lo desconocido, hasta que el dolor que llevamos dentro nos sobrepasa y nos hace regresar una y otra vez a la pluma.
¿De qué sirve pensar y sentir si todo ello no nos ayuda a vivir mejor? Nos arrojaríamos al vértigo de la ignorancia.
El gozo y la tristeza son dos fuerzas que se desafían, pero que dolorosamente duermen en el mismo lecho, el poeta los enfrenta y consigue que cada uno se desnude y cuente su historia. El poema yace en lo cotidiano, en lo humano, en lo visceral y es allí en donde el escritor ha encontrado un asilo al que nos invita, no sin antes dejarnos ese aliento de esperanza que nos deja la posibilidad de seguir escribiendo, la poesía no tiene que ser glamorosa ni excelsa, sino que debe acercarse a la profundidad del ser, a lo que nos duele, a lo que nos aleja o a lo que veces también nos retiene. Amamos en lo profundo, amamos en el dolor.
El poeta debe estar despierto a las simples cosas, agudizar los siete sentidos, incluido el de la magia y el del absurdo. Hay que vivir la poesía, después, si queda tiempo, se escribe. La esencia de la poesía está en el modo de percibir, escribir es una añadidura. Hay que ubicarse a un ladito del camino y ver pasar las personas y las cosas. Hacerse amigo de los duendes. Tener un dolor permanente en el costado, el mundo suele derrumbarse sobre la cabeza del poeta.
La poesía no le da la espalda al dolor, a ningún dolor, tampoco lo glorifica, más bien rechaza que sea sufrir.
Lo que ella no perdona es que haya quien dañe. La poesía detesta la crueldad, la golpea en su centro y de ese choque ilumina una cara distinta. Que haya quienes naveguen a su gusto el ajeno dolor, eso la poesía no lo tolera.
La poesía es una forma de resucitar, una segunda vida para los recuerdos. Los poemas sirven para detener el tiempo, todas esas imágenes se encuentran aquí, imágenes de otro tiempo: en ocasiones la poesía es más una pintura, una imagen estática del tiempo, que una reflexión sobre su paso.
Todos nosotros soñamos, amamos y sufrimos, y de todo eso se nutre la poesía, no vivimos sólo para cumplir deseos vulgares.
Buscamos la fuerza expresiva como una forma de conjurar nuestras fragilidades y nuestros miedos. La poesía es un territorio donde uno puede reconstruirse, ir hasta el fondo, desentrañarse.
Los versos podrían ayudarnos a mirar más allá y, ojalá, darnos consuelo en estos tiempos en los que da miedo vivir. La palabra poética tiene que servir para cortarnos la respiración, para hacernos parpadear de la sorpresa, para exorcizarnos, para sonreírnos hacia adentro.
El poema puede llegar a ser un ejercicio compensatorio y también nos lleva a exponernos, a enfrentar riesgos.
Los poetas han sido los primeros en revelar que la eternidad y lo absoluto no están más allá de nuestros sentidos, sino en ellos mismos. Esta eternidad y esta reconciliación con el mundo se producen aquí y ahora, en nuestra vida mortal. Porque si hay alguna inmortalidad es seguramente la que nos otorga el amor y la poesía.
Habrá que buscar resquicios de vida bajo las ruinas de los actos cotidianos para no morir, encontrar la forma de transgredir lo que se nos impone.
Que se acabe todo, pero que nos quede la poesía, la música, que nos quede la esperanza, como dijo Emily Dickinson: “La esperanza es esa cosa con plumas que se posa en el alma, y entona melodías sin palabras, y no se detiene para nada, y suena más dulce en el vendaval”.
VIENE DE ADENTRO
En la hora del silencio,
un poeta camina de cara al cielo,
invoca al inválido recuerdo,
los tumultuosos recuerdos.
Manotazos de ansia
resuenan en su alma.
En una copa de vino
asiste a su propio naufragio.
En la hora de la lluvia,
un fantasma
camina sangre adentro,
persigue incansable
la gota ebria
que apagará la llama
de algún sueño.
El poder de la pluma es la de traducir la realidad en emoción pura y esa llama es suficiente para avivar el espíritu y derrotar la tristeza
Si no brota del alma no es poesía, porque la poesía es carne y sangre, es desgarro y todo en movimiento es espíritu. “Escribe con sangre y verás que la sangre es espíritu”.
Algunos poetas se jactan de llevar una corona de laurel, otros en cambio seguirán soñando caminos con la espina en el corazón.
¡Ay poesía!
Nos viene de lejos esa melancolía.
Aquella nostalgia que en nosotros anida
sabe de felicidades, pero también de agonías.
"Cada vez que lo consideres necesario.
Enciende un sueño y déjalo arder en ti".
William Shakespeare
Quiero beber estrellas, quiero empacharme de planetas, emborracharme de universos - grandes, infinitos- que inunden mi interior de auroras boreales, de constelaciones, de mundos perdidos...
Llegaron los pobladores de mas allá de las estrellas, vinieron cómo había augurado el cine de ciencia ficción: en naves nodriza. Naves cargadas de hombrecillos con antenas por orejas y un cerebro ultra desarrollado, o quizás eso nos pareció a nosotros, una humanidad atontada por el exceso de distracciones digitales, incapaz de leer en más de 150 caracteres, desarrollar una idea original, pensar por uno mismo sin buscador en la red, o mantener la atención por mas de veinte segundos.
Los que venían de allí comprendieron cual era el punto débil, y atacaron. Lanzaron un rayo que dejó inoperativa por completo la señal de telefonía móvil del planeta, las comunicaciones cesaron. Desconectados del mundo, en esa red llena de agujeros, aún sintiéndonos esclavos de las ondas electromagnéticas que eran nuestros hilos conductores, cómo cables de cobre que reconducían nuestra vida, nos encontramos de pronto en un vacío sin ruido, sin nada, solos con nosotros mismos, aislados en nuestro miedo, atemorizados ante la idea de tener que pensar por uno mismo.
De cómo acabamos poblando aquel lugar, aquel nuevo planeta violeta y pueril, es una larga historia, porque nos creíamos dueños de nuestra tierra hasta que nos despoblaron, nos llevaron cómo ganado esclavo a aquel nuevo lugar sin que nuestra inteligencia cómo humanidad pusiera freno a la invasión. No pudimos evitarlo, ni luchar, sobre esa supremacía no hubo guerra, no hubo rescate ni final feliz para nosotros los terrícolas, mano de obra barata en ese extraño planeta del que los damnificados de la Tierra queríamos huir a cómo diera lugar. Pero, ¿cómo huir sin morir? Ellos nos llevaron allí, nos implantaron eficientes mecanismos pulmonares, con los que podríamos respirar algo parecido al oxígeno, ese oxígeno que dejaba un sabor metálico en la lengua.
Allá a los que somos del planeta azul nos llaman los soñadores, todos soñamos con lo que éramos antes, con ser libres como antes, aunque fuesemos adictos de nuestras estúpidas tecnologías. ¡Ojalá hubiéramos contemplado más al universo! De haberlo hecho, de haberlo estudiado, no habríamos sucumbido a los conquistadores.
A veces, de noche, dormía con los ojos abiertos bajo un cielo que goteaba estrellas. Vivía entonces.
(Albert Camus)
Me hundí en su pupila, entonces,caí en su interior como absorbida por un agujero negro. No había gravedad y aunque flotaba en ese espacio neutro, caía, sentía el vértigo y la velocidad en mi rostro, comprimiendo mi cuerpo, mis pulmones, mi corazón, mi estómago. Un viaje hacia ese negro azabache bordeado de un iris furioso que era un mar verde y azul, brillante como mil soles, cómo cien diamantes juntos. Iba a chocar contra su pupila sin casco de astronauta, sin máscara de oxígeno, pero no choqué, entré dentro, dentro de esa mirada llena de estrellitas, sucumbiendo al misterio que desprendían sus ojos, que me llevaba en un viaje galáctico a las profundidades de una grandiosa galaxia. Por un instante mi propia pupila se dilató, y por allí se escaparon las mariposas de mi estómago, mariposas que se hicieron estrellas fugaces, fuegos artificiales.
Por un segundo compartimos fuegos.
Nunca me sentí más plena, más eufórica, más alegre y triste a la vez, con una mezcla plasmada en la cara de sonrisa boba y lágrima helada, tatuando en mi rostro alguna señal de amor, deseo, esperanza, tantos sentimientos cómo universos. Exploré su cara con las manos. En plena penumbra me pareció percibir que él también lloraba. "¿Por qué?", pregunté. Él respondió: "Porque hace mucho que no encontraba un sol como tú".
¿En qué mundo encajaré...?
Sólo ella me habla, a veces lo hace mirándome a la cara, entera y plena, llena de sí misma, y percibo que su voz denota gravedad, hay algo rasposo en ella, en esa voz cavernosa, cómo llena de ceniza, o tal vez sea escarcha porque a veces se muestra esquiva, dividida, cómo si tuviera otra cara, eso me perturba, la veo distinta cada vez, y cada vez habla diferente, no sé si es que está rota, pero se le nota herida, ha recibido muchos golpes, pero sigue, sigue girando, sigue existiendo y brillando. Me dice que haga lo mismo, que no me rinda, que no pierda mi carisma, mi esencia... No quiero, por supuesto, no quiero perder mi identidad, porque ella aún siendo cada vez otra distinta, conserva su embrujo, esa aureola atrayente y especial, ese poder influyente. Quiero parecerme a ella, ponerme roja, amarilla, blanca, quiero estar llena, aunque a veces me vea menguada o chiquita, porque sé que siempre volveré a brillar con todo mi esplendor, reinando en mi universo. Ojalá fuera como la Luna y no sólo serlo porque nos llamamos igual.
Si te paras a escuchar te darás cuenta que tiene música...
Mi abuelita decía que las almas no mueren cuando muere el cuerpo, porque suben al cielo y se convierten en estrellas, que es en definitiva, de lo que estamos hechos.
Mi cuerpo no había muerto, pero por dentro una parte de mí si que lo estaba, mí corazón tenía una fractura tan grande que no se podía coser, ni grapar, ni reparar, por eso se había ennegrecido, por eso me sentía muerta, pérdida, acabada...
Eso significa que iba por ahí con la mitad de mi alma a oscuras, la otra mitad había subido ella sola al cielo, sin guías, sin permiso, dejándome fría y abandonada, medio muerta. No podía seguir así. Existir sólo a la mitad, la mitad de mí misma, la mitad del mí esencia, una mitad que necesitaba recuperar para volver a brillar, para sentirme iluminada, normal.
Esa noche alargué una mano al cielo y empecé a buscar una estrella nueva y pequeña, ¡la mía!, la que había perdido, mi estrella, mi suerte, mi vida...
Me convertí en una ladrona de sueños, de estrellas, de almas, del universo. Buscando y rebuscando, colocando y desordenando, persiguiendo luces que cambiaban de sitio cada vez. Debí llenarme de Luna, porque un día ya no me sentí la mitad, no me sentí ni muerta, ni rota, sólo llena de luz, tan llena que empecé a deslumbrar a quien me miraba.
Ver "【breathe】- Fleurie -『SUB ESPAÑOL』" en YouTube
Aún sigo sin aliento.
Reanimame.
Insuflame.
Devuélveme la respiración.
Me basta una bocanada.
Hasta un suspiro sirve.
Sálvame.
En su corazón un eco resuena, oye su propio latido aunque hace tiempo que vive sin respirar, ardiendo cada noche, resucitando cada mañana. Sólo quiere volver a sentir una bocanada, una respiración resucitadora, un poco de aire anegando sus pulmones, y que su garganta vuelva a la vida, que pueda suspirar, ser una gota de vaho al estornudar. Entonces (no sabe si por pedirlo o porque tenía que pasar) el calor vuelve a ella, no es el sol, ni la mañana, es una mirada lejana, y vuelve a oír su corazón, todo está fuera de control; y se oye pensar: "si estoy viva, ¿por qué me cuesta tanto respirar?"
Exploté. Y todo mi mundo interior escapó a borbotones. Mojé países y fronteras, anegué continentes y ciudades, se desparramó hasta la última letra, no quedaron más lágrimas, no hubieron tsunamis ni gotas ni gaitas...
A bordo de esa nave que se movía a la velocidad suficiente en la que mi cerebro no coordinaba las palabras y mí garganta no lograba vocalizar nada que no fuera un suspiro helado, ya expuesta a una dosis de radiación de rayos cósmicos que convertía a mi cuerpo en el de otra persona -pues no lograba reconocerme-, entendí que fuera de mi mundo no era yo pero paradójicamente era yo misma, yo entregándome a otro universo, a otra dimensión, a otra resolución, quizás a la oportunidad perfecta, a una segunda parte, o a una tercera versión, a un capítulo extraño, nuevo o viejo al mismo tiempo, entregándome a una persona reciclada, lanzada al vacío, llenándose de vacío, de estrellas, de planetas, de agujeros negros o de guión, de preguntas sin respuesta, de estaciones sin trenes, de astronautas sin rumbo. Yo, perdida en el espacio, en esa habitación sin muebles, en ese cerebro sin pliegues. Yo caminando hacia una nueva parada, esperando el siguiente bus con cinco céntimos en la cartera. Yo, allí parada, flotando en la ingravidez, yo, con todas las venas hinchadas, el corazón palpitando, y esperando una nueva temporada...