Goodbyes
Cuando decidí marchar, no sabía qué quería. Así que marché sabiendo lo que no quería.
Game of Thrones Daily
we're not kids anymore.
NASA
I'd rather be in outer space 🛸
sheepfilms
No title available
ojovivo
Xuebing Du

JVL
Sade Olutola
will byers stan first human second

#extradirty
DEAR READER
Sweet Seals For You, Always

Andulka

Origami Around
Alisa U Zemlji Chuda
Today's Document
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open
trying on a metaphor

seen from Greece
seen from Mexico
seen from United States
seen from Brazil

seen from Türkiye
seen from Canada
seen from United States

seen from Malaysia
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Saudi Arabia

seen from Türkiye

seen from United Kingdom
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Malaysia
seen from United Kingdom
@anna-arkadievna
Goodbyes
Cuando decidí marchar, no sabía qué quería. Así que marché sabiendo lo que no quería.
La universidad me mata
Equinoccio
A ti te amo con miedo; él lo amaba con certeza. Te amo con miedo de perderte, miedo a lo imposible; no a que no sea factible sino a que me digas que esto que tenemos no es posible. Yo me lo digo cada día, tantas veces…
Miedo de que te canses o aburras, de que te rindas, de que me digas que no puedes más con esto -conmigo o con la distancia-. Qué duro Águila, qué difícil e insoportable se me hace.
Vivo con el nudo en el estómago, siento a cada minuto que la mala noticia vendrá, que no querrás, que no seguirás en esta locura. -Tu locura, Águila, tuya, porque yo iba a dejarte volar, iba a ser reserva, puerto seguro, punto de vuelta-.
Te amo con el miedo de la pérdida, de la inseguridad, la de rabia, de las demás. ¿Cuánto vales? Dímelo y quítame el miedo, a mí, a la que amaba con certeza, a su antojo, a sus anchas. A su manera -con todo o con nada-, a su capricho, a su libre albedrío. A la que amaba con descuido, con desgaste, sin ganas, con/por costumbre.
Esto me pesa, el miedo me vence y la cobardía de no dejar ir la vida que me ofreces me inmoviliza. A mí no me gusta lo convencional, así ando, quejándome de los 10.000 kilómetros de en medio y de las ganas de besos.
A mí todo me da miedo, incluso esta cosa que tenemos, incluso tú. No es nada nuevo, mi vida es el miedo y mi rutina es vencerlo, pasarlo o esconderlo, ojalá ignorarlo. Además, no sé de qué me quejo, yo no quiero querer con certeza.
Miss California
No hay nada de poético en cagarme en todos tus muertos rubia. Como no hay nada de poético en la empatía que me produces y en cómo oscilo entre la comprensión y el enfado. El enfado gestado por tu apropiación de lo que eran mis memories.
Has manchado con tu mierda de loca todo los momentos, las canciones y la distancia que era mía. Mi dolor, mi incertidumbre y las ganas de volver a verle.
¿Rubia no te das cuenta de que él estaba bajo el efecto del M?
California es mía, chata.
"American Boy"
El capitán América, un mojito y tu risa sin beso, sería un buen resumen de un inicio de historia.
Una loca mejicana, la pastilla del día después y Macdonals en el aparcamiento de un centro comercial, sería un buen resumen de lo que continuó.
La playa de arena fina, el himno nacional y un barco que debe irse, seguiría hilando la historia hasta llegar a un tres de noviembre en el que no quiero pensar.
Mis buenas historias, aquellas donde el amor verdadero = correspondido estuvo presente, comenzaron en la playa de la esquina. No sé si es amor, no quiero pensar que lo sea, Águila, llegaste hace casi un mes para alegrarme el verano tan ansiado, el verano tan idealizado. Alargándolo hasta todo lo posible, hasta un frío otoño en el que deberás marchar.
No te digo lo feliz que me haces, no te digo cómo las horas son minutos, cómo el minutero martillea en mi corazón descontando días hasta ese en el que no volverás. “Hay cosas que son mejor no decir, guardarlas aquí -tu dedo apuntando mi pecho izquierdo- porque hacen daño a la salud”. Tú y tu español mal hablado. “Soy americano”, un americano con más años cerca de la caja de bombones que yo misma.
Grises ojos, corazón tierno. No sacas el aguijón, duermes en el lado de la pared acurrucándote contra mí como un bebé, no me sueltas en toda la noche, “siempre quieres dormir conmigo, -me dices, callas, me miras con la mano enredada en mi pelo- pero yo también quiero siempre dormir contigo. ¿Qué harás en la capital durmiendo sola?”
Por la cam
No te iba a escribir pero si me conocieras algo más sabrías que morderme la lengua me emponzoña, no solo el cuerpo sino también el alma. Y mi cuerpo resistiría, mas mi alma hastiada por los embates emocionales -putas construcciones sociales- poco aguante le queda.
No te iba a escribir, te lo juro que no pero un poco más de polvo en la ropa y arañazos en las rodillas -por el arrastre- no pesan tanto como la impotencia de saberte tan cerca y tenerte tan lejos. Cerca tú- lejos todos. Mi eterno drama.
No te iba a escribir, teóricamente no lo estoy haciendo, sin embargo, necesito cerrar. ¿Cuántas veces he sentido que te echaba? ¿Cuántas has vuelto? Dime, ¿cuántas?, sin que yo estuviera preparada. Tanto no me quieres, tanto no quieres, tanto, tanto… ¿¡Qué mierda, Faisán!? Faisán el inoportuno, el que no se aburre -o sí y en su hastío caluroso, de reclusión en la calurosa ciudad de las torres, se acuerda de que alguien en la caja de bombones es capaz de enseñarle el coño por la cam.
Autorretrato: en la mierda. Marzo 2017
Lobo
Me costaste el sueño de una semana, las ganas de comer y alrededor de 30€. Fuiste el dolor en la boca del estómago desde el miércoles hasta el martes. Las ganas de verte pletórico, sin ropa, todo tú, más allá del calentón adolescente de verano en la playa bajo la vista de todos. -Te encanta que te miren, nos encanta que nos miren-. Fuiste el miedo, más que la vergüenza, de una semana. El miedo de que me dejases tirada. (Debería apuntar las veces en las que escribo o en las que digo miedo).
El autobús se hizo eterno por culpa de la memoria de mis labios acogedores -mencionar el miedo es redundar-. Agradecida por la porcelana de mis uñas y por el Spotify. Recé, como siempre, para que el devenir fuese favorable. Llevaba en la maleta la ropa interior y las ganas de que todo fuese bien y de que estuvieras conmigo para siempre, a tu manera, como quieras pero conmigo. En el fondo (o en la superficie), me agarro a un clavo ardiendo.
Te esperé detrás de la estación con el eterno Kundera -en julio- en la mano y la intención de vencer las inseguridades. Entré en el coche, me pediste un beso, nos dimos dos; cortos, mullidos. Tú boca o los besos, ya no sé. Mi corazón roto por mí -o por mis ganas de volar- nada de blando tenía, solamente grietas que lo convirtieron en resquicios de lo que era. Grietas esperando ser llenadas por caricias gratuitas y mentiras. No te creo, Lobo. Ni a ti, ni a tus historias, pero me da igual, me hablas siempre y no sé dónde va a terminar todo esto. Supongo que en silencios eternos y fotos sin likes, en una pantalla del móvil vacía sin tus notificaciones. Como ha terminado todo lo demás.
Fuimos al hotel, cumplí todos tus requisitos de anonimato. Demasiado paranoico eres o yo no comprendo la envergadura de tu posición, de quién eres o de quién has sido, más bien.
Nos duchamos por separado -tampoco hubo ducha de después juntos como hablamos tantas veces- estábamos frenéticos, impacientes, yo por lo menos pero al final eres como los demás, sin preliminares y del tirón. De esos que necesitan enseñarme cómo funciona mi cuerpo sin ser conscientes de que mi cuerpo es mío desde que yo soy yo.
No eres León, pero me gustó, estás muy bueno, eres increíble físicamente y me pones mucho, aunque ni puta idea de tocarme.
Te fuiste a las 17:38. Me dejaste ahí usada, casi satisfecha y cuestionada. Lloré dos horas y media por Skype con mi mejor amiga al otro lado. Me vestí, no sin antes ducharme por costumbre, esta vez me gustaba el olor ajeno. Me acordé de León y de Koala. De León por la falta que me hace y de Koala por ser considerado, por no hacerme sentir un objeto.
Cogí un autobús -tres- hasta un pueblo remoto de Granada. Disfrazándome de fuerza y entereza durante el trayecto. Con la maleta a cuestas y la desolación como vestido.
Un día después estoy en casa. Siento que hablar no es lo mismo no sé si te volveré a ver, ni siquiera si compensa o compensó. Aunque a estas alturas ya debería saber que en la vida todo, hasta lo más leve, enseña.
Pero yo he salido de todo y ahora debo coger mi vida y hacer lo de siempre: avanzar a cabezazos.
Me gustas mucho Lobo pero yo me agarro a cualquiera que me diga bonita dos veces. Y tú, no ibas a ser menos. No te preocupes, nada tiene que ver con que seas jugador profesional y conocido de baloncesto -sé que esto te preocupa, el que te quieran por la fama y toda esa mierda-; solamente me habías dicho bonita tres veces.
Souvenirs
Ahora guardo lo que pasó y lo que no pasó -lo que pasó lo he guardado desde siempre. Lo que pasó fue guardado con la intención de volver siempre al recuerdo feliz, o quizás no tan feliz. La prueba empírica de que pasó, tanto lo que quería como lo que no. Ahora también, guardo lo que no pasó. Ahora guardo el billete del sábado con destino a la ciudad de las torres. A través de él vuelvo a tus cuatro días de desplantes, mentiras y amor negado.
Faisán, por favor.
Plegaria
Pena
León, te has hecho de piedra mientras yo, algodón de azúcar, me deshago con saliva ajena sin defensas.
Etapas
León ha aceptado marcharse -me temo que yo no. Koala se fue -me temo que para siempre. A Faisán lo eché yo -o eso creo. WELCOME TO THE JUNGGLE LADY
Escombros
Prometí que no iba a derrumbarme, no por ti. Mucho menos por ti.
Adoquines
Granada se acaba y tú te acabas con ella. Y no, no es despecho o resentimiento por ser efímero -no digo esto sino tú-. Es una suerte de tristeza o nostalgia, por yo qué sé qué.
Como un perro mojao' en alcohol, como un Koala - colgao' -, tocao' del ala sin sol voy.
VDV
De alma
Que soy mala, dicen. Que la vida no tiene una escala infinita de grises. Que soy egoísta. Que soy injusta. Que una persona que me ama tanto no se merece lo que le hago. Que valore lo que tengo y si no, lo deje ir siempre siendo clara. ¿Acaso tú sabes lo que es tener miedo de irte sola a dormir? ¿Acaso tú sabes lo que es el dolor - físico, ese de tener una enfermedad de mierda - y no poder con él?, que venga León y me desvista para ayudarme a dormirme. ¿Acaso tú sabes los que es sentirte un paria, tener que dar mil y una explicaciones cada vez que te propones salir? Tú ni te lo imaginas ni un tantito. Los paseos en coche cuando te sientes imbécil porque tú cabeza no da más, porque la memoria te falla - ojalá fallara para lo verdaderamente importante -. Cuando me da la ansiedad, el cabreo y me embarga la frustración, me coge y me saca de donde esté. Me dice que todo irá bien. ¿Que no valoro esto? Claro, que lo valoro por eso le miento - si es que le sigo mintiendo... - Porque no lo quiero perder, porque es el único que sin hablar sabe cómo me siento. Pero, ¿sabes? Yo también tengo derecho a sentirme válida por una vez, a probar nuevas experiencias, y a que me toque alguien que no es él. Pero de alma... De alma siempre ha estado él. A pesar de que me da una pena infinita no tener ni un wa de Faisán; a pesar de los desplantes de Koala. Tú no te imaginas ni un poquito qué es ser yo.
León: cómo te echo de menos.