Hijos de los dioses - Primer encuentro (on Wattpad) https://my.w.tt/qsjVSZwYMK En donde Hwasa y Eunwoo son hijos de Ares y Zeus respectivamente, y han sido enviados a la Tierra con el objetivo de que cumplan una misión secreta para poder retornar a su hogar en el Olimpo. Sin embargo, sus caminos se cruzan y descubren que el cumplir la misión que les regresará a casa significará el fin para uno de los dos, o al menos eso es lo que piensan.
Me encontraba en el paraíso, en aquella zona que toda estrella desea alcanzar alguna vez. Todo era paz y tranquilidad, sin rasgos de alguna oscuridad que fuera amenazante o que pudiera irrumpir de tal manera que todo lo creado se destruyera. Siempre creyó que el ambiente en el que se encontraba era de una maravilla impresionante, casi como si fuera su imaginación, pero lo que siempre lo devolvía a la realidad era el hecho de la monotonía existente. El balance necesario no existía, era todo un cristal que no podía de teñirse del más mínimo color, y eso era lo que me hacía alejarme. Concordaba con todo lo que proponía la esfera, pero quería de mirar más allá y poder experimentar con ella, pero el solo hecho de intentarlo amenazaba mi permanencia. No era capaz de decidir, y tampoco deseaba hacerlo. ¿Para qué arriesgarme a perder todo lo que tenía, si ni siquiera sabía lo que existía fuera de este territorio?
Sentía que la curiosidad se desvanecía día a día, hasta que encontró a otro, o mejor decir otra, que era igual de inquisidor que él. En el momento que la vi comprendí que no podría alejarme de ella, que, aunque no estuviera permitido el poder conectarnos, el magnetismo existente se encargaría de hacerlo de una manera tan sutil que nadie podría descubrirnos. Hubiera sido el escenario ideal, ya que de darse como él planeaba, nada de lo que sufriría en su vida hubiera existido, pero el destino decide antes que nosotros, por eso se nos recordaba que la no existencia de balance era necesaria.
Una vez que la conocí, comenzamos a encontrarnos día a día, discutiendo sobre todo aquello que se encontraba presente: la falta de oscuridad, el eterno sol que resplandecía y cubría el cielo azulado, la ausencia de temores y arrepentimientos, la pureza de los reflejos, la tranquilidad del agua que recubría los alrededores, las prohibiciones de intentar ver más allá de lo que existía frente a nosotros. Toda semilla de curiosidad que ambos presentaban iba creciendo poco a poco, pero sin que ellos se dieran cuenta, con su curiosidad y sus intercambios, sus ojos que alguna vez fueran puros comenzaban a oscurecerse y a dejar las perlas aisladas. Cada paso que daban en este recorrido de intelecto los acercaba también al límite del que siempre se les advirtió y fueron prohibidos desde el momento en que nacieron. Una vez dimos el paso al cuestionamiento de las normas y prohibiciones algo en nuestro interior se rompió, una suerte de barrera que ni siquiera sabíamos estaba presente desde que habitábamos estas tierras, y en el momento que esa sensación recubrió nuestras plumas nos miramos, y en esa mirada temerosa que sostuvimos por largo tiempo nos dimos cuenta de que ya no habría vuelta atrás, que su destino ya se encontraba zanjado y que las consecuencias de ello serían inimaginables.
Ante nosotros se presentó una pequeña esfera cubierta de lo que asumimos era agua, pero era un agua que nunca habían visto, de un color obsidiana profundo, que sin importar del ángulo que se observara no dejaba ver un reflejo. La pequeña decidió tomarla en sus manos para examinarla, movimiento que alteró por completo a Matías, pero que aún así la dejó. Con esto, las plumas de la pequeña se tornaban oscuras, elemento que no fue observado por ninguno de los dos, y la figura angelical que siempre la representó pasaba a ser una imagen tenebrosa, destruida, corrupta. Decidió empuñarla para sentir lo que le estaba ocasionando, y en el minuto que lo hizo pude ver como su cuerpo se alteraba, pasaba a ser la imagen del temor y arrepentimiento que nunca existió en este mundo, y que yo tanto anhelé por descubrir, pero en el momento que se cumplió mi deseo pude sentir como me rompía por completo en pequeños pedazos, donde ahora la pureza dejaba entrar la oscuridad en mi interior.
Ella me entregaba la esfera, como si fuera un requisito que ahora yo siguiera sus pasos, pero en cuanto la tuve en mis manos comenzó a quemarme, y se terminó por desvanecer. A diferencia de ella, yo no me transformé, y pude ver en su cara una expresión de desconcierto, decepción, ira, y temor de lo que ocurriría. Resulta que él solo había sido engañado para poder corromper a todo aquél que estuviera en contacto con Matías, plan que no resultó. Ante esto, ella alzó vuelo, con sus alas negras y ardiendo, y comenzó a gritar, un grito de desesperación que jamás se había oído en el paraíso. Frente a esto, el resto de los habitantes levantaron su mirada y veían cómo el cielo se tornaba negro y la luz que una vez los cubrió terminaba por desvanecerse. Él la reconoció de inmediato, por lo que les pidió a las personas que se escondieran y que, por ningún motivo entraran en contacto con ella o con la oscuridad amenazante que se expandía. Todos siguieron sus órdenes, excepto Matías, que se encontraba aún bajo el árbol y frente al agua cristalina, sufriendo los efectos del cristal de obsidiana que aún lo hacía retorcerse y jalar de las ramas. No podía permitir que esto me transformara, pero una parte de mí continuaba oscureciéndose poco a poco, hasta que mi mirada ya no veía bondad o paz, sino que deseaba acabar con las promesas falsas de este paraíso.
Sin pensarlo, Matías tomó vuelo y se dirigió hacia los habitantes, quienes, atemorizados, no sabían que hacer. Pero algo los sorprendió, y es que mientras las alas de ella se habían vuelto de un carbón tal que no se podía observar y ardían en fuego, las de él sólo se habían tornado grisáceas, una mezcla de colores que no creían posibles. Y fue esta mezcla de colores la que hizo que muchos de ellos dejaran su escondite y alzaran sus alas para poder sentir contacto con las suyas, pensando que serían igual que él. Sin embargo, eso no pasaba: a medida que tocaban sus alas podía escuchar sus gritos de horror y dolor, un vidrio quebrándose sin previo aviso y que derramaba lágrimas de una perdición no prevenida. Cuando los miré, vi el daño que había causado, vi como había corrompido a cada ángel que toqué, sus alas quemándose con un fuego abrasador y ojos que se tornaban en carbón, quienes se alzaban para apoyarla a ella y poder derribarlo a él.
Estalló la lucha tan temida, todos comenzaban a tomar vuelo, aquellos que se habían convertido se alzaban alrededor de ella, mientras que los que debían de ocultarse decidieron tomar vuelo para apoyarlo a él. En todo este lío, Matías solo era capaz de observar, ya que la lucha externa no le preocupaba, era la lucha interna la que me consumía, una batalla entre la pureza y la obsidiana que intentaban rodear mi corazón, un debate que no me esperaba y del que nadie era capaz de darse cuenta. Me di cuenta de que fui traicionado por aquella que amé, algo que le daba fuerza a la oscuridad, mientras que también pude ver que aquella traicionera fue capaz de entregarme el amor necesario para llenar mi curiosidad constante, lo que le entregaba poder a la luz. No sabía qué ocurría en mi interior, pero si lo sentía, sentía ese fuego abrasador intentando quemar aquel bosque protector, pero también sentía el agua purificada defendiendo el árbol original sin importarle el tiempo que le tomara. La naturaleza de mi interior se encontraba en una batalla decisiva, batalla que lo tenía en el piso gritando de agonía, con sus alas retorciéndose y las plumas brillando con una intensidad impensable, su cuerpo arqueándose de una forma inimaginable, y sus ojos con una mirada perdida y que solo daba señales de dolor.
Una vez todos en el aire, los destellos de luz azotaban el manto de oscuridad temido que ella deseaba expandir en todo el mundo, partiendo por el paraíso que tanto amaban sus enemigos. La oscuridad arremetía con fuerza, evitando cada estela que se les acercaba, pero no tenían la fuerza suficiente para poder contraatacar. Ella se dio cuenta del motivo de esta falta de fortaleza: aquél que debía de luchar a su lado no lo hacía, Matías no era parte de su bando, por lo que todo lo que ella había empezado era fútil, sin importar lo que pasara sabía que perdería. Mientras me encontraba en el piso, un grito del pecho salió con todas mis fuerzas, un alto que logró su cometido. Todos los ángeles se detuvieron y lo observaron, la luz sufría y la oscuridad estaba atemorizada. Con las pocas fuerzas que le quedaban se alzó, con un poder tal que todos tuvieron que retroceder y escucharlo detenidamente, pensaban que daría un discurso que acabaría con todos los problemas en los que se encontraban, pero eso no fue lo que pasó.
Una vez en el aire me dirigí a ella, sentía lágrimas caer de mis ojos mientras me acercaba, y podía ver cómo ella se arrepentía de lo que había hecho, al fin y al cabo, había sido engañada. La besé en la frente, y con ello escuché cómo ella me pedía perdón por lo que había ocasionado; luego me dirigí hacia él, y pude ver la decepción en su rostro combinado con un dolor que nunca había visto, y me arrodillé pidiendo que se detuviera. Ambos seres les dijeron a sus seguidores que frenaran, y con esto ella se alzó en los cielos, todos observándola detenidamente en caso de que hiciera algo. Alcanzando el punto donde antes se encontraba el sol, miró a Matías y le entregó una última sonrisa, para luego soltar una de sus plumas corruptas y dejarla ir en el viento, un viento que terminó por hacerla cenizas. ¿A dónde irán a parar? ¿Será esta su forma de decirme que se arrepiente de verdad? No importa lo que significara, con eso ella me daba una oportunidad de poder encontrarla nuevamente y poder cerrar nuestra historia como correspondía, porque lo que tuve que mirar en ese momento desgarró mi alma para siempre. Una vez dejada ir la pluma, cerró sus alas sobre su cuerpo, y, con un grito estremecedor, todo el paraíso vio como ella ardía en llamas, quemando cada parte de su ser, hasta desvanecerse por completo y, con ello, la obsidiana se retiraba del cielo para dar paso nuevamente al sol eterno que los recubría.
Cuando la batalla finalizó, él llamó a todos a su lado, le entregó la bendición a los que lo apoyaron de poder comprender el motivo del porqué se encontraban en este paraíso, y cuál sería su misión el resto de su vida. Para los otros, aquellos que lo traicionaron, el castigo fue expulsarlos del paraíso, y enviarlos a tierras desoladas donde pudieran recobrar el sentido por su cuenta, para luego tener la posibilidad de volver sólo si cumplían sus condiciones, algo a lo que todos accedieron, excepto uno. Aquél que no aceptó lo que se les solicitaba fue castigado, nunca nadie supo de qué forma, ya que, con un chasquido de dedos, él lo hizo desaparecer, luego de murmurarle algo en su oído, pero pude ver en sus ojos que una nueva luz se encendía en su interior, aunque, algo que solo yo noté fue que su mirada era tétrica, como si planeara algo más de lo que ni siquiera él se había enterado. Sin poder tener más información, la figura desapareció, y nunca más se sabría de él, o eso era lo que pensaba Matías hasta ese momento.
Cuando todos los castigos y bendiciones fueron entregados, llegaba el turno de Matías, aquél que había ocasionado todo lo ocurrido. Se acercó temeroso, mirando el piso y sintiendo la mirada de los demás sobre su cuerpo, así como también la manera en que lo juzgaban y le entregaban un odio incomprensible para él. En el momento que estaba frente a él, temía por su destino, ya que su mirada era dura y petrificante, algo que nadie jamás había visto. Cuando todo se encontraba en su lugar, él abrió sus labios y dictó sus palabras finales:
- Nos traicionaste de una manera que jamás imaginé que alguien sería capaz. Te prohibí el investigar por tu cuenta, así también como generar una conexión de amor imposible con los demás. Pero hiciste caso omiso de todas mis advertencias y consejos, decidiste ir por ti mismo en busca de respuestas que no requerían de una pregunta en un comienzo, permitiste que otro ángel cayera en la traición y casi nos destruyes a todos por completo. No hay perdón alguno para todo aquello que hiciste, no hay forma en la que puedas demostrar arrepentimiento, no existe acción alguna que te limpie de todo el dolor con el que deberás de cargar. Tu castigo… será el castigo de no poder volver jamás a nuestras tierras, de no poder volver a ponerte en contacto con ninguno de nosotros, serás desterrado por toda la eternidad, y tendrás que ver cómo aquellos que llegarás a conocer, simpatizar, e incluso amar, perecen con el tiempo mientras tu continúas tu vida sin sentido alguno. Tendrás sólo una posibilidad de romper este hilo constante que he creado para ti, pero la solución tendrás que encontrarla por cuenta propia. Espero logres encontrar la solución correcta, ya que en tu camino se encontrará una batalla constante para que falles, y de fallar conocerás realmente lo que significa el sufrimiento.
Cuando terminó su discurso, se acercó a mis alas, y en un abrir y cerrar de ojos las arrancó por completo. El dolor que sentí no era físico, sino que interno, pude sentir que me arrebataban la vida, todo lo que había conocido y creado se desvanecía de mi ser. Con su otra mano me tocó donde se encontraban las cicatrices y sentí como me quemaba para evitar que me desangrara. Una vez terminó, un agujero se comenzaba a abrir bajo mis pies, y en ese proceso pude ver cómo todos esperaban que yo huyera, pero sabía que no importara a dónde corriera, el agujero igual me alcanzaría. Dejando sus lágrimas correr, y sintiendo el dolor en todo su cuerpo debido a que se le arrancó lo más preciado de todo su tiempo, Matías comenzó a caer, una caída que se sentía eterna, y mientras caía desde lo más alto, pensaba que no tenía idea de dónde terminaría, pero si sabía que donde fuera que terminara tenía que impedir que el hilo se cumpliera.
Una vez formado el plan en su mente, sintió cómo su espalda dio en un piso helado que nunca había conocido. Comenzó a levantarse y apreció algo oscuro y mohoso en el suelo, que al tomarlo se desvanecía por sus dedos, y que causaba una sensación de cosquilleo al momento de pisarlo. Fue en ese momento que recordó el reflejo que siempre veía en el agua que rodeaba al paraíso, y fue ahí cuando se dio cuenta donde se encontraba, en la Tierra, en aquello que ellos observaban y cuidaban desde tan lejos. Llegó a la conclusión de su castigo, y es que sería ser un ángel en un lugar desolado de ángeles, en un lugar donde su existencia era una simple creencia, donde si alguien llegaba a saber quién era él realmente tendría que pasar por centenares de calvarios para que le creyeran, y una vez que lo hicieran comenzarían a jugar con él como una simple marioneta.
Mi plan era claro: evitar contacto con aquellos que yo conocía como humanos, alejarme de toda zona que pudiera involucrar el caer en cercanía con todos ellos, para así salvarme de ese sufrimiento que me mencionaron antes de caer. Quizás sería una vida solitaria, pero con eso Matías sabía que protegía su interior. Pero con ello vino una ventisca que le hizo ver las cenizas de aquella pluma que ella había dejado ir, y se dio cuenta de a qué se refería él cuando le dijo que intentarían que fallara. Ella sería su calvario por una eternidad, y sería la encargada de guiarlo por el mal camino como ya lo había hecho una vez, por lo que sabía que no debía de confiar en ella, pero una parte de él también quería reencontrarse, para poder continuar su historia.
Lo que nunca me imaginé fue el que luego de miles de años aprendiendo a mimetizarme con los humanos y poder finalmente seguir el ritmo, es que encontraría amores y pasiones no en sujetos, sino en el conocimiento y en diversos talentos. Luego de haber aprendido todo lo habido y por haber, decidí aventurarme en la escritura, algo ajeno para todos los ángeles, sobre todo para un ángel caído como yo. Fue esa decisión la que lo hizo seguir a la pluma quemada sin que se diera cuenta, y que lo llevaría a enfrentar la misión que tenía desde un comienzo: encontrarse con ella para poder poner fin a todo esto, y ganarse nuevamente la confianza de su superior. Lo que no me esperaba de todo esto era ver que ella se había alojado en el corazón de alguien, una persona que acababa de nacer, y que yo seguiría por diecinueve años sin darme a conocer hasta el momento oportuno.
Dicen que los ángeles no tenemos derecho a enamorarnos, ya que con eso caemos en la tentación, pero para alguien como yo, un ángel caído que ya había probado esa manzana, la regla no regía. Y fue por esa misma razón que, sin darse cuenta, su corazón comenzó a enamorarse ¿Pero de qué se enamoraba? ¿Acaso se enamoraba de la oscuridad nuevamente que esta vez simplemente se ubicaba en otro corazón? ¿O se estaba enamorando de la persona detrás de ese manto de oscuridad? La respuesta le fue clara desde el momento que lo vio sufrir, ya que sentía dolor, pero no dolor en la forma que sintió alguna vez allá en las nubes, paraíso borroso en su memoria, sino un dolor de preocupación, de querer ser él quien evitara que el otro sufriera daño alguno. Así es, se dio cuenta que esta vez no era la manzana lo que lo tentaba, sino que era cuidar el árbol del que ésta crecía lo que movía sus sentimientos. Sin poder verlo, el destino comenzaba a retorcerse y, desde los cielos, él se sentía feliz de que comenzara a romperse el hilo que pensó sería eterno.
Era un nuevo comienzo, algo en lo que él soñaba desde que tenía memoria. Siempre quiso escapar de la zona rural que habitaba en su infancia, ya que jamás sintió que lo representara. A pesar de todo lo que perdería con su decisión, nunca se cuestionó el deseo interno que tenía, ¿Por qué debería de hacerlo? ¿Acaso es algo loco lo que quiero alcanzar? Simplemente quiero ser capaz de avanzar en la vida, de seguir este impulso con el que nací; el no seguirlo sería algo de lo que me arrepentiría el resto de mi vida, por lo que no daré espacio a que eso suceda.
Andrés, nombre dado en honor a su abuelo para mantener su legado con vida, era de aquellos chicos que no se preocupaban por lo que ocurría, sino que simplemente seguía su vida tranquilamente, tratando de intervenir lo menos posible en la de otros. Algunos lo describen como alguien recatado, tranquilo, pensativo, como si viviera en un mundo que él creó especialmente para sí mismo, de manera que pudiera escapar de la realidad que tanto lo dañó en su infancia. Pero cuando yo lo observaba no sentía nada de eso, sentía que todo lo que realmente era se encontraba escondido detrás de esa máscara creada por su esencia, una máscara que solo yo podía derribar, pero más allá de que pudiera o no hacerlo, comprendo que es mi misión, es aquello para lo que vine y que finalmente me permitirá alcanzar lo que realmente soy, o lo que merezco ser.
Para solo tener diecinueve años, Andrés era un chico que ya había tenido que enfrentar una multitud de eventos que podrían hacernos imaginar algo totalmente diferente: una dura infancia marcada por la violencia impuesta en forma de disciplina por parte de su madre, la frialdad de un padre que sólo se encargaba de cuidarlo en los momentos que el alcohol circulaba por sus venas para luego romper el cristal que comenzaba a formar, el posterior divorcio de sus padres que lo llevó a soñar con liberarse de las cadenas que lo aprisionaban por años ya que podría vivir con su hermano como siempre imaginó, algo que no duró demasiado debido al accidente que ocasionó la muerte de la única persona que amaba, y lo devolvió a la tortura de la que alguna vez había logrado escapar.
Siempre pensé que esta vida era la realidad de todos, era algo que todos debíamos de afrontar, pero cuando comencé a relacionarme con gente externa sólo me di cuenta de mi maldición: el dolor y tormento al que fui sometido sólo estaba en mi destino, y no en el de los demás, al menos eso era lo que se decía cada noche para poder dormir en tranquilidad. Con todo el sufrimiento que tuvo que enfrentar, el manto de oscuridad que siempre lo seguía se hacía cada vez más duro y acechaba su corazón en cada oportunidad que tenía. Sin embargo, una sensación de calor siempre lo cubría en el fondo, algo que llamaríamos esperanza, pero que para él era simplemente el instinto de supervivencia de todo ser humano. De alguna manera tenía que ser lo suficientemente fuerte para poder sobrevivir, no podía dejar que mi sueño muriera conmigo sin antes poder llegar a cumplirlo, ese era el motor que mantenía a todo mi ser en funcionamiento.
Cuando finalmente fue su cumpleaños número dieciocho tuvo la energía suficiente para escapar del hogar que tanto lo hizo sufrir, y decidió ir a vivir con la única persona que siempre ha estado para él. Joaquín era el único que logró acercarse a ese niño que alguna vez pudo sonreír sin sentir dolor, que simplemente jugaba en el pasto y se dedicaba a mirar nubes para escapar de la realidad. Desde el minuto que lo vi, supe inmediatamente que seríamos amigos por un largo tiempo, que tenía que estar ahí para él para poder ayudarlo a sobreponerse a todo aquello que intentaba derribarlo, y no estuve equivocado en absoluto, diez años de amistad y aún sigo a su lado, y lo seguiré estando mientras él sea capaz de permitírmelo.
Una vez que se mudó con Joaquín, las cosas comenzaron a mejorar progresivamente, era capaz de ver aquella luz que habitaba en su interior liberarse lentamente y expandirse en su propio mundo ¿Quién diría que un chico como yo podría encontrar tanta felicidad en un período de tiempo tan breve? Ni yo podía creerlo, era algo impensable, pero esa era la realidad en la que me encontraba, logré hacer amigos con mayor facilidad, mi amistad con Joaquín continuaba progresando y ya parecía como si fuéramos hermanos, mis calificaciones comenzaban a dispararse hasta lograr ser el primero de la clase, ya nada podría detenerme. Pero su instinto siempre le decía que se mantuviera a la defensiva, que no se liberara de la carcasa que por años fue capaz de crear y que lo llevó a protegerse, así nadie podría de enterarse de lo que realmente sufrió alguna vez. El manto se encontraba amenazante como siempre, pero no era capaz de acercarse ni una milésima ahora que disfrutaba su vida. Vaya suerte, pensé que el destino sería capaz de ayudarme un poco con mi tarea, pero sé que esta es la forma en la que aparece mi castigo, debo ser yo quien logre que el manto lo invada y así poder finalmente acceder a aquello de lo que se me ha mantenido alejado por tantos años, ya podía saborear la victoria.
Cuando ya todo parecía estar en su lugar, una sorpresa que no se imaginaba sería lo que cambiaría el curso de su vida por completo: a los diecinueve años, recibió una beca para poder estudiar literatura en una de las universidades más prestigiosas de la zona, aquello con lo que soñó por años. Sin embargo, esto traía un precio que debería pagar, tendría que alejarme de todo aquello que conseguí en un año: amigos, sensación de familia, éxito académico, tranquilidad. Era un precio justo que estaba dispuesto a pagar, ya que el poder cumplir con este deseo implicaba que la luz interna finalmente llenaría mi vida por completo.
Las despedidas son algo que disfruto, traen consigo una oscuridad imposible de comprender, pero mis vigilantes me informaban que este no era el caso, él disfrutaba el poder despedirse de la ruralidad en la que vivió todo el tiempo, ya que significaba que podría volver a nacer en cierto sentido. El reloj seguía corriendo, y él no podía permitir que su esperanza interfiriera con el plan que llevaba desarrollando por años, tenía que frenarlo de alguna forma, y eso implicaba el tener que acercarse por primera vez a él, pensamiento que causó un estremecimiento que jamás había sentido en su interior, una señal que decidió ignorar, pero que sería la señal que iniciaría el caos que se avecinaba.
Una vez tomada la decisión y enviada la carta, Andrés se despidió de todos sus amigos, y con sus pertenencias en mano comenzó una nueva aventura en su vida, aquella que añoraba desde un comienzo y que finalmente ocurría. Se subió al autobús que comenzaría su vida de nuevo, y con ello, se despedía de todos sus demonios, era hora de empezar de cero, de dejar atrás lo dañino de lo rural y emprender viaje hacia la ciudad, lo urbano que me daría una nueva oportunidad para poder surgir en la realidad que siempre sentí merecer, la emoción me llenaba, y aunque las lágrimas corrían por mis mejillas, sabía que no eran de dolor, son lágrimas de felicidad de finalmente poder ser yo sin que nadie pudiera dañarme ni impedirlo de otra forma.
Luego de ocho horas de viaje, descendí del autobús, el cual había llegado finalmente a la universidad. El campus era enorme, podía ver todos los edificios de las distintas facultades, a los alumnos en sus distintas facetas: realizando deportes, charlando sobre quizás alguna fiesta a la que asistieron, jugando en consolas que asumo trataban de cosas digitales a las que nunca tuve acceso, un grupo sentado bajo un árbol mientras leían y señalaban lo que realmente destacaba de los libros en mano; todo el mundo compartiendo en una completa tranquilidad pero llena de vitalidad a la que nunca pude asistir pero que ahora era mi realidad. Con su bolso en mano fue a la dirección de asuntos estudiantiles, donde le entregaron la llave de lo que sería su nueva habitación y le informaron que debería de compartirla al ser un alumno becado, le informaron sobre las condiciones para mantener la beca, y finalmente le indicaron el lugar donde sería la bienvenida para todos los alumnos de primer año.
Me encaminé hacia mi habitación, y una vez dentro comencé a desempacar. La verdad no fue algo que tomara demasiado tiempo, puse la poca ropa que tenía en el armario, ocupando menos de un tercio de lo que se me había designado, luego ubiqué mis libros en la parte inferior de la cómoda que se encontraba al lado de mi cama, y finalmente puse mi computador en el cajón con llave para poder protegerla de todos, al fin y al cabo, era el recuerdo que tenía de mis amigos. “¡Mis amigos!” pensó una vez que guardó la computadora, y salió disparado hacia el teléfono público que se encontraba en el primer piso, algo que lo dejó exhausto considerando que él fue asignado al quinto. Cuando llegó, sacó una moneda y comenzó a marcar el número de Joaquín, a quién le contó todo sobre su viaje, desde el momento en el que bajó del autobús hasta que conoció su dormitorio, se podía notar la emoción en su voz y eso era algo que llenaba de felicidad a su amigo. Una vez terminada la llamada se dirigió nuevamente a su habitación, y al llegar pudo finalmente conocer a quién sería la persona con la que fue designado.
Su primera impresión le hizo creer que sería alguien soberbio, obstinado, fascinado por las actividades deportivas, egocéntrico… Siempre tiendo a imaginarme lo peor de cada persona, es mi forma de ser, pero en el minuto que comenzamos a conversar pude apreciar que lo que pensaba no era para nada la realidad. Franco demostró ser alguien agradable, curioso, que le encantaba estudiar y ampliar sus conocimientos en diversas áreas, infantil en varios sentidos, que compartía mucho de los intereses literarios de Andrés, todo indicaba que una nueva amistad daría inicio. Una vez que concluimos nuestras presentaciones comenzamos a dirigirnos hacia el aula A1, donde se realizaría la presentación para nosotros, los nuevos, “las semillas” como nos decían los de años superiores. La verdad es que el apodo le parecía algo tierno, pero yo lo repudiaba, un apodo tan indigno para mentes tan inferiores, deberían de haberlos llamados escoria, especialmente si consideramos que muchos de ellos tuvieron que llegar a este lugar por medios no dignos, pero debía de tragarme todo eso, debía comenzar a fingir nuevamente para no ser atrapado en plena excursión, y así lograr el alcance necesario para hacerlo caer y triunfar de una vez por todas.
Cuando vio que Andrés ya se encontraba sentado, se apresuró en su dirección para poder ubicarse en el espacio vacío que había dejado Franco a su lado, y así Matías podría comenzar su plan final. Un escalofrío recorrió el cuerpo completo del primero, y un calor abrazante el del segundo. Ambos asombrados por las sensaciones se alejaron un poco el uno de otro, y así aquello que sintieron disminuyó considerablemente. Se preguntaban qué había ocurrido, pero ninguno fue capaz de pensar por mucho tiempo en ello ya que Franco decidió interrumpir y presentarse, con su infantilismo de siempre:
- Mucho gusto, me llamo Franco, soy de primer año de literatura, ¿Y tú eres?
- Matías, primer año, literatura.
- ¡Genial! Parece que compartiremos muchas clases en ese caso, podremos llegar a conocernos bien.
- No lo creo.
- ¿Por qué dices eso?
- No es de tu interés.
- ¡No digas eso! No necesitas hacerte el rudo con nosotros, ¿Cierto Andrés?
Una vez escuché su nombre por primera vez, no pude evitar mirarlo inmediatamente. Su mirada resplandecía con pequeños destellos de ilusión e ingenuidad que jamás me esperaba, y sólo pensaba a qué podría deberse aquello. Iniciar una conversación es el primer paso, no puedo cuestionarme cosas ahora, tengo que liberarme de estas dudas y ejecutar el plan, algo que si no ocurre ahora simplemente no ocurrirá jamás. En el minuto que iba a abrir su boca para presentarse, Andrés se levantó y salió corriendo por el pasillo, sin saber el motivo claro de aquella decisión, por lo que Matías comenzó a seguirlo tranquilamente, para así no espantarlo. No entiendo aún el por qué hice lo que hice, pero ahora que me encontraba lejos sentía que podía respirar nuevamente, no me había dado cuenta de que mi respiración se había dificultado hasta el momento en que dejé que el aire puro entrara en mis pulmones. Cuando logré calmarme, tomé asiento bajo el árbol que se encontraba cercano y, recostándome sobre el pasto, el cual me otorgó una sensación de relajación máxima, cerré los ojos y dejé que mi imaginación empezara a hacer de las suyas, algo que siempre lograba tranquilizarme cuando me sentía desesperado.
- ¿Vas a volver a la presentación? No sería sensato que te perdieras lo primero que se les da a los novatos ¿No crees?
Su voz retumbó en mis oídos y, cuando abrí los ojos, lo vi parado a un lado del árbol, observando el cielo con una mirada perdida, casi de dolor inconmensurable. Decidí levantarme, pero cuando iba a hacerlo se sentó sin cambiar su posición, por lo que ya no me sentía tan intimidado por su presencia.
- Si volveré, no debes de preocuparte, simplemente necesitaba respirar un poco, me sentía encerrado.
- Tranquilo, le puede ocurrir a cualquiera.
- Gracias, ¿Matías cierto?
- Así es, y tú eres Andrés ¿O no? Eso dijo tu amigo cuando se presentaba.
- Un gusto. Y no es mi amigo, al menos no aún, simplemente somos compañeros de habitación.
- Comprendo. Debe ser difícil el poder hacer amigos tan rápido.
- Así es, no estoy para nada acostumbrado a eso.
- ¿Y qué haces? Digo, para relajarte, ya que te veo bastante tranquilo.
- Simplemente miro las nubes, e imagino las infinitas posibilidades de lo que se podría encontrar allá
- Algo bastante agotador a mi parecer, podrías hacer cosas más simples para calmarte.
- Si, podría, pero nunca he sido así. Dejar a mi mente trabajar me permite descansar, siempre he sido así.
- Eso es cierto.
- ¿Qué es cierto?
Cuando hizo esa pregunta, me di cuenta de que estuve a punto de arruinar todo, por lo que decidí cambiar de tema inmediatamente, así mantendría mi identidad cubierta hasta que fuera necesario no hacerlo más. Continuaron en sus ubicaciones, uno sentado y el otro recostado, sin mirarse ni hablarse, sólo observando el cielo, sumidos en una tranquilidad que parecía algo tétrica, pero que no parecía de alertar a ninguno. En un momento, Matías mencionó distintas curiosidades que tenía sobre el cielo, desde la forma de las nubes hasta el color que tenía, pero en ese punto cometió un error garrafal que no le hizo sentido en un comienzo.
Sin pensarlo, simplemente dije que hay curiosidades que nunca se responderán, menos a aquellos que fueron privados eternamente de tal belleza. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de lo terrible de mi comentario, ya que significaba el imponer una pequeña distancia nuevamente entre ambos, pero me pregunto aún el por qué dejé salir esa frase, si normalmente soy bastante precavido. En el momento que lo oí decir eso, aprecié como el manto de oscuridad que alguna vez sólo me cubría a mi comenzaba a rodearlo a él, y el sólo pensar en que podría resultar dañado me generaba punzadas insoportables, por lo que decidí levantarme rápidamente y volver al aula antes de perderme la presentación. No pudo dirigirle palabra alguna ya que, por algún extraño motivo, sentía como si hubiera perdido el habla.
En ese momento, comenzaba la historia que uno añoró por años, y el otro no quería tener que vivir desde un comienzo. Pero algo extraño ocurrió en el manto, algo que ninguno de los dos se percató, y es que, por primera vez, el manto tenía tintes de blanco dentro de todo el negro que lo componía, como si algo se hubiera roto y dejara pasar luz en la oscuridad, una ruptura que traería mayores consecuencias, incluso inimaginables, pero que ya estaban en acción.
Por mucho tiempo lo vi a la distancia, pensaba que era alguien en el que no podía confiar, que no podía conocer quién era yo realmente, pero ya no podía resistir más, sin importar lo que pasara me veía siempre atraído hacia él, y el destino siempre se encargaba de cruzar nuestros caminos, era un magnetismo inexplicable que ya no era capaz de rechazar, debía de aceptarlo: ya no lucharía en contra de ello.
En cuanto lo vi supe que algo no estaba bien, ya que un raro estremecimiento recorrió mi cuerpo por completo, diferente al que ocurría en otros momentos; normalmente el estremecimiento siempre ocasionaba que se alejara, que se mantuviera a salvo y yo así poder seguir acechando a mi presa, pero esta vez noté como el estremecimiento lo abrazó, su actitud y su mirada cambiaron inmediatamente, “Esta vez no me rechazará, aun cuando es lo que más deseo” fue el último pensamiento que se cruzó por mi cabeza, un pensamiento que no tiene sentido en una mente que fue corrompida miles de años atrás.
Ya estábamos solos, los dos en el cuarto oscuro al que siempre me invitaba y yo rechazaba por completo, un impulso de salvación constante que apreciaba con todo mi ser. Pero esta vez fue distinto, esta vez accedió sin duda alguna, sin remordimiento de lo que podría ocasionar su aceptación, el temor que siempre lo salvaba de esta situación ahora se encontraba profundamente arraigado en su ser, por lo que su salvación se había transformado en aquello que lo destruiría, al parecer, para siempre.
En el momento que accedió supe que había alcanzado mi objetivo finalmente, el objetivo por el que luché años y del que no me permitía descansar, aquello que tanto añoré, debería de estar feliz por aquello; pero por algún extraño motivo su mirada parecía perdida, trastocada, una lucha interna, como si quisiera que esta situación nunca llegara, alejarla el mayor tiempo posible, alejarlo de aquello que él alguna vez amó.
Era demasiado tarde, en el minuto que puso un pie en el cuarto, cuando yo estremecía de dolor y de temor por lo que ocurriría el absorbió todo lo que lo rodeaba desde un comienzo, desde que entramos en contacto, ahí fue cuando se lanzó sobre mí y, yo ya sin fuerza alguna para poder salvarlo de la desgracia en la que lo había atrapado, me besó con una pasión inimaginable, como algo que deseaba desde ya mucho tiempo.
Añoré por mucho tiempo este momento, o eso creo, lo disfruté cada segundo que pasaba, y mientras cada parte de mi disfrutaba del calor que absorbía pude ver como caían lágrimas de sus ojos, algo se había roto dentro de él, yo gané algo, pero el perdía aquello que anheló por tanto tiempo. “Al fin eres mío” pensaba uno, “¿Qué hice?” pensaba el otro, y mientras ellos se perdían en este momento en el que se entregaban en cuerpo y alma, la unión que deseaban por distintos motivos era aquello que los separaría más que nunca, aquello que haría que el camino rocoso que habían recorrido por tanto ahora se llenara de espinas encargadas de alejarlos, de hacerlos sufrir si tan solo osaban desafiar lo que debía de ocurrir en un futuro próximo, y ya no había forma de detenerlo porque el pacto se había sellado, la tortura del mal y su promesa se cumplían frente a sus ojos.
Pero algo que nunca esperé ocurrió, los roles que cada uno cumpliría en la profecía habían cambiado, se invirtieron de tal forma que el tiempo se detuvo, las manecillas del reloj dejaron de moverse y en ese momento fue que lo supe, esto jamás estuvo planeado en nuestro destino, se descoció aquella parte que era esencial en el plan final. Con esta ruptura en la línea asignada, volvía a tener un arma para salvarlo de todo esto, de aquello a lo que yo lo llevé.
Sin embargo, el ser salvado ya no era mi propósito, ¿Por qué desearía algo tan innecesario?, ¿Por qué querría aquello que nunca se me fue entregado cuando realmente lo necesitaba? No, esta vez no lo aceptaría, lo rechazaría con todas mis fuerzas si era necesario ¿Cierto? Ya no sé lo que debo pensar, pero lo que sí sé es que el manto de oscuridad ahora me cobijaba, ya no me causaba temor ni dolor, ahora era parte de mí, el rompecabezas finalmente se completaba.
Iluso, ese rompecabezas no está completo, lo destruiste por completo en el minuto que accediste a mis deseos, que caíste en mi trampa. Si está destruido, ¿Cómo puedes siquiera pensar que ya terminaste? Tendrás que empezar de cero, o al menos yo me encargaré de que así sea, que abras los ojos y la luz vuelva a entrar en ti.
Mientras uno de ellos creía que podría revertir todo lo ocasionado, el otro sólo deseaba que el mundo que alguna vez amó pero que lo torturó viera su forma real. ¿La ironía de todo esto? Ahora estos deseos tan contrarios se encontraban fusionados en ellos, en un intercambio constante de energías, y ya no era el flujo normal que se suponía debía de seguir el curso del río infernal, era un flujo que podía de revertir todo el daño causado y podría significar la salvación de ambos, o al menos eso era lo que aquella representación de la tentación y el mal, ahora repleta de dolor y arrepentimiento, anhelaba con todo su ser.
Es el momento que empiece mi propia lucha, ya no seguiré lo que se suponía que debía de cumplir; ya no habrá forma de salvarme, no importa lo que ocurra. Era hora del enfrentamiento final entre sus pasiones y el destino escrito.
Pareciera que la tecnología nos consumiera día a día, pero basta con ver un atardecer para recordar que la naturaleza siempre nos dará una segunda oportunidad para admirarla
Muchos piensan en cambiar el pasado, esperando un futuro mejor. Pero ¿Realmente cambiaríamos el pasado por algo mejor, o sólo lo queremos porque deseamos olvidar una parte de nosotros?