Recuerdo las voces agonizantes, como trataba de romper el vidrio, como mi cuerpo dejaba de funcionar llevándose por el caos puro, recuerdo las veces que lloré y la desesperación que conllevaba, recuerdo el impulso de correr, saltar y liberarme de mis ataduras.
Al principio era un reto terrorífico el tratar de tomar el control, tratar de ordenarme y recordar cómo era respirar. De hecho la frase "tranquilo, respira…" aún figura en mi memoria como respuesta automática, siendo vestigio de una rutina tediosa.
Debo recordar que yo puedo manejar esta situación, ya que el proceso, como lo he dicho, no ha sido lineal, y a veces vuelvo al punto que tanto tiempo me costó desligarme, aunque comprendo y poseo conocimiento de que es parte de la sanación.
Sin embargo, me cansé de implorar por la salvación, por ser rescatado, ser merecedor de la luz divina de la respuesta total y la salida fácil, me cansé de esperar algo de los demás, de quienes juraron cuidarme y apoyarme. De hecho, me cansé de la idealización y esperanza que he puesto en la personas, me agotó al punto de que me perdí.
No quiero reprochar acciones que nacieron desde mis deseos moribundos y de la mera idealización, aunque tampoco quiero culparme por ello, ser joven a veces significa pedir mucho y no saber nada. Nadie vendrá a salvarme, solamente yo.
Quiero y deseo solo ser salvado por mí, por quien respiro, por quien como, por quien amo, por mi sol, mi luna y mis estrellas. Yo soy mi todo, y me gusta que sea así.
Quiero ser el amigable y buen vecino superhéroe que me rescate de las garras del villano correspondiente al arco argumental, quiero ser yo quien me entregue ese amor que espero recibir, porque sé que quienes deberían hacerlo, no lo harán, y está bien, estoy bien con ello.
Se que volverán los miedos, la agonía y los recuerdos tomentosos, o puede que no, pero sé que cuando llegue ese momento, solo me pediré a gritos que debo hacer algo, y sé que lo hare, porque poseo todas las herramientas más que necesarias para ello.