Ella con su falda corta, nosotros de película de domingo, mi mano ascendiendo por su pierna ajena a los acontecimientos de la pantalla.
Aquellas últimas filas a finales de los 80 fueron el verdadero escenario y cómplice testigo de cómo mis dedos recorrían sus muslos suaves y trémulos, del roce por la tela húmeda, de mi avance al retirarla para descubrir sus labios excitados y empapados, de mis juegos en su vagina, de mi aprendizaje de los movimientos más perfectos de mis dedos en su clítoris y de sus orgasmos ahogados.












