Fluyendo entre los edificios.
-Mi papá era músico, mi mamá cuidaba abuelitos y escribía sobre sus historias. Cada noche al tomar once, poníamos los vinilos favoritos de mi papá, que usualmente eran Bob Marley y mi mamá nos leía las nuevas aventuras recopiladas de los abuelitos que cuidaba.-
Hoy me dedico a algo muy parecido a lo que mi madre hacía solo por amor. Recopilo historias de diferentes personas, dependiendo de lo que queramos comunicar, en una revista digital. Es un trabajo hermoso, pero muy duro. Como buena piscis, la empatía es mi superpoder. Y absorbo todo lo que estas personas me entregan. Esta vez tenía que entrevistar o más bien conocer sobre Rosa, una bailarina de un antiguo burdel de Santiago, en los 60's, me contaba, el tarot y la astrología no era tan popular, pero sí en su entorno. Con sus amigas, según la luna que hubiera en la noche, elegían su ropa, el color de sus maquillajes y qué personaje serían esa noche para presentarse a su público. Pero iba tarde. Corría por la ciudad e intentaba fluir con los edificios. Salto de una cuadra a otra, cuando el semáforo cambia y un auto casi me choca. El conductor alcanzó a detenerse, bajándose del auto pidiéndome disculpas, pero no lo escuché. Solo reaccioné y le pegué una patada a su parachoque. "Fíjate"- le dije. "Tssss"- responde.
Llego al fin a la cafetería en donde Rosa me esperaba, con un pastel de chocolate y un espresso martini. Estaba nerviosa, porque nunca sabes cómo serán estas personas. Pero Rosa fue tierna, educada aunque algo distante, pero se sentía que era algo más sobre su personalidad. No lo tomé personal.
Ya en mi departamento, prendo unas velitas e intenciono nuevamente protección, relajación y que solo amor llegue a mí. No siempre soy así de optimista, pero amerita estar en esta vibra. Pongo uno de los vinilos de mi papá, prendo un porrito y observo la ciudad desde el escritorio en mi taller. Hada se me acerca y se acuesta en mis piernas. Observaba todas las luces de las ventanas de los edificios y pensaba en todas las personas que viven ahí. Cuantas historias quieren ser contadas, también. Cuántas de ellas ya me he follado. Y cuántas de ellas quedan por conocer. La ciudad siempre trae algo nuevo cada día. Y esta vez era además diferente. Alguien quien era parte de mi día a día ya no formaba parte de esa dinámica. Está bien, las cosas evolucionan, no negaré el dolor que provoca, pero no dejaré que mis emociones sean menos preciadas. No en mis treinta y tantos.
Con ella solíamos fluir por la ciudad. Nos conocimos a los diecinueve, ambas modelábamos para diferentes ateliers de Santiago. Emergentes, conocidos, reconocidos, comerciales, independientes, etc. En esos tiempos éramos pocas las modelos que existíamos y que éramos repetitivas. Chanel y yo éramos de las más importantes. Vivimos demasiadas cosas, y hay experiencias que nadie más que nosotras podrá entender. Eso nos une. Pero en mis casi 33 nuestra amistad es diferente. Su personalidad me pesa y creo que mi comportar le molesta. No siempre se puede fluir del todo.
Esta vez, mi agua interior quiere estar tan tranquila como una tina tibia con pétalos de rosa. Y así me quería quedar por un buen rato.
Y eso es lo que haré.
-Pam.
















