I. Pétalos pútridos (Más metano que la performance)
Yo, Margarita que creció entre lavandas, ni siquiera había terminado de florecer; no había vivido. Nunca había sentido calor de la primavera que me quemara naturalmente, ni frío de las heladas por brotar antes de tiempo. Yo, Margarita de los campos, no había sentido las brisas del rocío en el amanecer. Blanca sobre amarillo, me posé sobre pastos infecundos, creciendo, a pesar de los cortes ajenos, intentando surgir entre malezas que quitaban mi oxígeno y mi agua para beber. Yo, Margarita que gozaba de belleza natural, rústica embellecía la naturaleza del lugar, por vulnerabilidad entre tanta fortaleza hostil. Margarita. Morí arrancada de los suelos natales, cuando me trasplantaron a un patio gris. Yo, Margarita, no pude sobrevivir a las envidias de las hiedras venenosas, a la institucionalidad de las pestes codiciosas y a los amores corruptos de insectos que, coquetos, solo me querían comer. Margarita de pétalos blancos, prístinos, engañada por el amanecer falso de los mentirosos gallos que cantan antes de ver el sol.
Margarita, pobre Margarita. Como ve su belleza reflejada en otras flores campestres, que se nutrieron de su podredumbre para poder brillar. Una rosa, una flor silvestre, las mismas rocas que cubren su tumba sin nombre al lado de la vid del Ser que no la quiso proteger; y es que todos los hombres necesitan la materia biológica para saciar su sed.
Margarita, Margarita… Todos los poemas sobre tu nombre y todos los campos que lloran tu muerte.
III. Margarita en tela cruda
¡Que asco! Una mujer pariendo
¡Que asco! Una mujer muriendo
Que asco, una niña sobreviviendo
IV. El invierno en los rosales
Porque las rosas florecen
Y ella entristece el paisaje
Los males del mundo en el limonero
Su musgo carcome el suelo
Amenazando a las flores que crecen silvestres
El diseño de los jardineros
Cómo las palas golpean la tierra
Pero no arrancan el musgo ni la maleza
Hiedras venenosas vanidosas
Insultos a las cortinas de agua
Mármol cercano a las astas
V. Amapola (Poppies envy daisies)
El opio que alimenta a tu país
Como las iras que florecen en desiertos
En kilómetros de silencio
El opio que adormece tu culpa
Como canción de cuna se ciñe
En las sombras de los cactus
Que imita el contorno bordado
Y mi flora se rinde ante su falta de agua
Porque tus especies no necesitan luz
Y mi región sucumbe ante tu idioma
Porque tu corazón es de hielo
Y mi razón robada paraliza
Los pobres capullos que imitan mis mariposas
Margarita, viuda negra sobre trigos
Y mi aridez cede a tus lluvias
Pero se siente como la peor acritud
Margarita, tres veces viuda
Margarita, huérfana, madre
A Margarita, la mataron, los asesinos
De la cumbre en donde duermen las siestas
Y mueren las curvas que faltan el respeto
VI. El león de los jardines
“Si me atas a tu alma”, continuó
“Sabrá todo lo que toca la luz,
Las flores que no tengan colores
Inmortalizadas en banderas
Te juro, que no dolerá mi haz
Inmortal sobre los hombres
Margarita yace con el León
Diluviará en las margaritas
El precio, fue dejar de ser
Para fundir el resplandor
Luz no es lo mismo que calor
Margarita, ¡Haz reverencia!