Sofía y los 3 sueños.
I
Amanece y el sol sale del cerro de la silla para acariciar con calidez la mañana de monterrey. Al observar la superficie de la urbe se ven las avenidas principales abarrotadas de un tráfico lento, godín y apurado por verse en sus trabajos puntuales. Sobre una casa de color turquesa ubicada en la colonia Contry descansa Sofía, una niña de 12 años que cursa el último año de primaria mientras ambiciona dejar su pequeña niñez. Se levanta a las 8:23 por un grito de Rafaela, su madre. —¡Ya se te hizo tarde, chamaquita, baja a desayunar!— al mismo tiempo que acompañaba cada silaba con un fuerte golpe a la puerta. Sofía apretaba sus ojos como aferrándose al sueño pero su madre remató con un —¡SOFÍA!— —Mamá…— empezó a replicar modorramente —por una vez déjame andar en mi sueño, tenía una importante carta que entregar. —Nada más que fantasías que te distraen de la realidad ¿qué haremos para componerte? —…—Sofía miró a su madre con la intriga de si conocería la alegría de los sueños. Sofi veía los sueños como una dimensión donde albergar lo bello que florecía en su mente durante el día: los aromas de las flores, lo calido del sol, la risa después de una broma, la tristeza de una despedida y la alegría de un reencuentro. Estas eran algunas flores de su mente que anotaba en su diario antes de dormir. -Iván dijo que era urgente y…si vuelvo a soñar…?— pero su madre interrumpió esa interrogación volviéndola a llamar. Bajó, desayunó y en una acrobacia cepilló sus dientes a la vez que se ponía el uniforme. El camión tardó 15 minutos en pasar y alcanzó a llegar a su primera clase a 5 segundos de que la maestra Georgina le cerrase la puerta. En el recreo Sofía se sentó en la banca que había fuera de su salón, sacó su diario de la mochila y anotó las palabras de la carta que le entregó Iván para el Rey del Desierto. Decía de la siguiente forma:
“Respetadísimo Rey de la Media Tierra Desértica,
por medio de la presente le hago saber que hemos meditado sobre su petición de proveerle una docena de lotes de madera para la construcción de su nueva escuela, pero nos es inconveniente ya que nos encontramos a la mitad de terminar la obra del hospital mágico para peces y hadas que ubicaremos a orillas del lago para permitir una digna recuperación de nuestros colegas marinos y aliadas mágicas en estos tiempos de guerra contra las creaturas del bosque aberrante. Le pido de su comprensión y paciencia ya que seguimos viendo alguna alternativa en que le podamos servir ya que apreciamos su colaboración en esta grave situación que se nos presenta. Sin más por el momento, le envío esta nuestra única y sincera respuesta. Dr. Iván de Leones. “ -Y ahora que lo pienso ¿por qué se estarán peleando los Bosques? Se habían mantenido en paz durante las últimas eras. – dijo en voz alta al pensarse sola. - ¿De qué bosques hablas? – Preguntó Cornelio, que al salir del salón oyó justo esa última oración. -Eh…es algo…que vi…en una caricatura anoche… - -Yo también vi las caricaturas anoche y no suena a nada de lo que había. Suena interesante, puedes decirme la verdad. – apostó por darle una sonrisa pequeña y unos ojos tranquilos a Sofía para ganar su confianza. -Te contaré pero si te parece bobo o te da cringe, ahórrate los comentarios ¿de acuerdo? – Sofía se sentía emocionada de contarle a alguien su mundo secreto pero vulnerable al pensar que podía causarle risa. -De acuerdo. -Desde hace un año he estado teniendo una serie de sueños seguidos que se desarrollan en una tierra compuesta de Tres Grandes Bosques: El Viejo Bosque, de donde surgieron las primeras creaturas y bestias que formaron las tribus originales. Ahí viven los leones y las aves, quienes son protegidos por los espíritus de la naturaleza que son: el Árbol Corazón, el Estanque Espejo y el Girasol inmenso… - Sofi adquirió un brillo en los ojos, pero se vio apagado por el timbre del final del recreo. -Mañana te busco para que me sigas contando – le dijo Cornelio.
II -Sofía ¿dónde estabas? Estamos en un gran aprieto…no entregaste la carta – entró Sofi al sueño y lo recibió un reclamo de Iván, un león que se encarga de dirigir la dirección del viejo bosque. -Doctor, lo siento, tuve un… - recordó la abrupta interrupción de su madre pero no atinó a explicarlo. -Eso ya no importa, Sofi. Tenemos que encontrar una forma de resolverlo y estoy contando contigo para una misión de espionaje en el desierto, sospechamos que traman algo. – dijo el Doctor a la vez que veía a Sofi algo nerviosa y le explico el plan. Sofi sería escoltada por una manada de venados hasta llegar a su frontera, se infiltraría haciéndose pasar por una vendedora de madera que va a comerciar con Umo, rey del desierto, mientras Astor y los demás venados averiguan si traman algo.. Así partieron, la pequeña niña montada sobre un venado en el centro de la formación romboide que les encantaba adoptar. Volteaba arriba al cielo para darse valor pues tenía miedo de ser descubierta y capturada. Salieron por la gran puerta del bosque y aún les faltaba un día de camino. Hasta ahora en sus sueños anteriores sólo se había quedado un día y una noche, nunca más que eso, por lo que temía despertar en cualquier momento de esa madrugada. -Astor ¿por qué estamos espiando al Desierto Medio? Parece que el acuerdo de convivencia pacífica entre Tierras se acabó. – Sofi había estado presente en la ceremonia donde se firmaron estos acuerdos. -Bueno, niña, el acuerdo sirvió para mitigar algo de la riña que tienen últimamente el Nuevo Bosque y el Desierto, sí. Pero la reciente agresión del bosque aberrante a cada Tierra vino a estropearlo. Astor y nuestra pequeña Sofi eran amigos desde el inicio de estos sueños, fue quien la encontró cuando ésta apareció en medio de las llanuras a las afueras del Viejo Bosque en su primera visita a estos sueños. -Ha sido terrible tener que defendernos de esas creaturas abominables. ¿Un Elefante magullado de tres colmillos a la par de lobos gigantes lampiños? No creí que existiría algo tan horrible. – La pequeña cerraba los ojos y los abría, dándose cuenta que su mera evocación le espantaba y era difícil alejarla de la mente. Trató de seguir platicando con Astor como un intento de anclarse al sueño, pues había aprendido que el curso de los sueños sigue sin ella y en esta instancia era vital su presencia para cumplir la misión que le había encargado el Dr. Iván. -¡NIÑA YA VAS TARDE! – Rafaela se pronuncia maternal y cariñosamente. Abría los ojos y el disgusto la invadió rápidamente. -No iré a la escuela, mamá. Me siento enferma – Sofi estaba decidida a quedarse y volver a soñar. -No lo voy a repetir, jovencita. Mientras nuestra pequeña niña enfrentaba la decepción, Astor no entendía a dónde se había ido su amiga. Había oído que solía desaparecer pero nunca lo había atestiguado. Así que tomó la decisión de seguir con la misión y averiguar si el Rey del desierto planeaba algún ataque peligroso.
III -Sofi, parece fascinante lo que está pasando con tus sueños. Me ha ocurrido tener un par de sueños que son continuación uno del otro, pero… ¿que ocurra por más de un año? Wow. Y parece que tienes un papel muy activo en el transcurso de ellos…- Así platicaba Cornelio con su nueva amiga en el recreo. -Sí! Y justo hoy estaba en medio de una misión importante, pero me desperté. Astor se enojará conmigo…temo que Iván ya no confíe más en mí – expresaba sus temores y una vez más el timbre marcaba el fin de su conversación. Rafaela preparaba la cena favorita de Sofi: Pozole verde. Lo que ella llamaba el “ramen mexicano”. Y en ese momento recordó todo lo que había aprendido que le gustaba a su hija; entre las cosas que ambas disfrutaban y su lazo que empezaba a desvanecerse. Cuando Sofi era más chica, como una cariñosa madre, se sentaba a leerle cuentos a su niña. Historias acerca de princesas, muñecos de madera, hombres transformados en bestias y alguna historia de terror cuando la época de Octubre lo ameritaba. Así intentó redimir la relación que había tenido ella con su madre, la Abuela de Sofi. Quien trabajó mientras Rafaela crecía y al haber atravesado el abandono de su padre un dolor se enraizó en el corazón de ambas. Cuando nació Sofía apareció en su madre la ilusión de brindarle el amor que anhelaba obtener de su madre y acompañar sus noches juntas mientras le leía fue lo mejor que pudo encontrar.
Así había sembrado en su hija la fantasía.
-¿Dónde habías estado, niña? Capturaron a Astor y si no mandamos el pago de rescate, vendrán a invadirnos y tratarán de conquistarnos…¿Por qué nos abandonaste? – Decía el presidente León con un rugido al final para exigir que la pequeña se marchara. Sofía no pudo encontrar una palabra que le ayudara a convencerlo. Astor había logrado cruzar la entrada al Desierto. Cuando se presentó en el palacio intentando hacerse pasar por un mercader el zorro guardián Oper lo reconoció, descubrió su mentira y lo llevó ante el búho Umo, regente del desierto, quien ordenó su detención y tomó ese acto como una oportunidad para declarar su amenaza. Nuestra pequeña niña había salido del viejo Bosque y paseaba por las llanuras donde conoció a su querido amigo. Se sentía horrible, le apretaba la garganta y su corazón se entristecía cada vez más mientras recordaba cómo se despegó del sueño la última vez. -Si pudiera encontrar una forma de vivir aquí, pausar el curso del sueño al despertar ó…no sé. – Ya sólo esperaba despertar mientras veía la puesta del sol y entonces… -Sofía. – Sonó en su mente la voz firme y clara de el Árbol Corazón. -Aún queda tiempo de salvar a tu amigo Astor y restaurar la paz. Ven a visitarme. Sé que despertarás pronto, pero detendré el tiempo hasta que vuelvas, no temas y encuentra algo que ilumine tu corazón.












