—Me lo tomaré como un cumplido. —se encogió de hombros, ¿acaso todos creían que Avonelle era incapaz de mostrarse enfadada? Puede que fuera eso lo que más peligrosa la hacía, el hecho de haberse pasado 19 años poniendo la otra mejilla. Rió ante el comentario, negando después. —¿Sabes qué es lo que quería? Una amiga que no fuera desesperadamente detrás de mi novio, una que me respetara lo suficiente. —corrigió, cruzándose de brazos, mientras mentalmente se repetía los discursos que le daba a Archer para ayudarle con el control de su ira. —¿Lo sientes? ¿Te aplaudo? ¿O llamo a Di Caprio para que te ceda su Oscar? —entonces empezó a reír, cual lunática. —¿En serio? ¿Ahora hablamos de ti? Porque te recuerdo que no soy yo la que va buscando al novio de otras para que le presten un poco de atención… —no, no, no, no. Con ella puede meterse, ¿pero con Dios? Oh, esa pelo de escoba irá al infierno, pero antes se llevará otra bofetada de su parte. Y piensa hacerlo, pero finalmente retrocede. —Se acabó, no pienso arrastrarme a tu nivel, ni al de nadie. Mi único error fue enamorarme de él y no dejarle cuando mis amigos me lo advirtieron, reconoceré incluso que no estuvo bien engañarle o besar a su hermana, pero ¿sabes qué? Me da igual. Y tú, me das pena. Porque me atacas a mí sabiendo que estás enfadada contigo misma, ya no por perder a una amiga, sino por caer lo suficientemente bajo como para ser una más de la lista de Cain. Oh, y de eso, solo tienes culpa tú. Ni el alcohol, ni Dios, ni yo, ni las hadas mágicas del bosque. —iba a irse, pero antes debía decirle algo más. —Oh, y esto te lo digo de corazón: gracias por ser la única persona capaz de abrirme los ojos en lo referente a él. —ironizó, haciendo finalmente ademán de irse.
lo único que logra conseguir es juntar las cejas, desconcertada por el comportamiento ajeno, una mueca de disgusto presente en su semblante. no puede culparla, y se arrepentía. de verdad se arrepentía de haberla dañado de aquél modo y sobre todo, de romper el lazo de amistad que las unía. sin embargo, ahora, tras cada palabra que la contraria pronunciaba, deseaba más y más dejar de sentirse así. dejar de lado la culpa que cargaba y simplemente dejar de darle importancia. ‘ ¡carajo, Avonelle, a nadie le interesa Caín! ’ exclama, contradiciendo las palabras de la fémina respecto a ir buscando a su ex novio. Caín no le podía importar menos, no ahora. ‘ me importa una mierda esa famosa lista de Caín. ni soy la única para él, ni él es el único para mí -- la gente tiene sexo por placer y no para casarse o ser la primera y la única, bienvenida al siglo veintiuno ’ la rabia y la frustración estaban provocando que las palabras salieran sin más, atacando directamente en aquél estereotipo en el que muchos podían encasillar a la menor; a pesar de que sus creencias habían sido algo que siempre había respetado. ‘ como sea, Avonelle. ya te rebajaste lo suficiente haciendo todo esto. ahora vete y sigue con tu papel de santa -- trata de no besar a Aspen y a otras chicas en el camino ’